Frente al terror, siempre la comunidad

Idioma español
País Ecuador

Revista Biodiversidad, sustento y culturas #119 

El martes 9 de enero de 2024, Ecuador presenció en vivo y en directo la toma por asalto del set de noticias de un canal público a manos de un grupo de jóvenes fuertemente armados y muy beligerantes que golpean e intimidan al personal mientras las cámaras siguen encendidas y el sonido apagado. Durante casi media hora, el terror se instaló en las pantallas de los hogares y restaurantes donde es usual ver las noticias. Para la noche el presidente Noboa declaró el estado de guerra interna “contra el terrorismo” y nombró a una docena de bandas delincuenciales como el enemigo a combatir. Un impactante corolario para más de siete años de rebeliones y matanzas en centros penitenciarios, donde líderes de bandas delincuenciales imponían sus términos a un estado sistemáticamente saboteado. De las cárceles volvieron a las calles a imponer la pedagogía del miedo y la extorsión; mientras en los salones ministeriales y presidenciales, narcogenerales, fiscales de turbios procederes, presidentes amigos de capos de las mafias transnacionales, gobernaban con estados de excepción, haciendo regla de la excepción, la impunidad y la indefensión. Así nos fueron acostumbrando a que así sería, a tener miedo, a resignarnos ante la injusticia. A nosotros, el país peor preparado para transitar vertiginosamente de “isla de paz” en la región a territorio peligroso e ilegal.

Para tratar de entender el momento, debemos recorrer el largo camino de más de 3 décadas transitado por organizaciones populares, comunidades campesinas, pueblos y nacionalidades originarias, resistiendo permanentemente las distintas avanzadas de las oligarquías criollas y el capitalismo transnacional en su ejercicio continuo y progresivo de acumulación y despojo.

En este duelo desigual, las organizaciones indígenas, campesinas y populares, lograron detener a momentos la voracidad de las élites y las transnacionales del agronegocio, de la extracción petrolera y ahora, de la extracción minera. Lograron también desenmascarar y combatir parcialmente, vergonzosas estafas y quiebras de banca corrupta, sistemáticamente salvada por los gobiernos con fondos del ahorro nacional. Han resistido también al despojo del agua, a la individualización de la sociedad, a la criminalización de la protesta a la fragmentación del tejido social organizado.

En este largo periodo, la acumulación de capital y la apropiación de territorios, ha debido también modificar estrategias, avanzar y retroceder. Esta acumulación fue favorecida y conducida por gobiernos neoliberales y progresistas, ya sea desmantelando el Estado para facilitar la ocupación parasitaria de territorios y bienes públicos, o fortaleciendo la institucionalidad del Estado para imponer por la fuerza en los territorios, la presencia de megaobras y corporaciones extractivas transnacionales. También se saboteó la institucionalidad para favorecer la penetración delincuencial en todos sus ámbitos. Y se ejercieron sus gobiernos bajo estados de excepción permanentes. (De los 18 meses de gobierno de Lasso, 13 fueron bajo estados de excepción.)

Un aspecto clave es el rol geopolítico de los capitales lícitos e ilícitos asignan a los países. Ecuador no fue nunca productor de drogas, pero sí constituyó un espacio ideal para el tránsito de las mercancías ilegales producidas en los países circundantes, el tráfico de personas y el tráfico de armas también son parte de ese trasiego. Tras la dolarización, asumió la función de gran lavadora de los capitales generados por estos negocios. Según estimaciones del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) “en la economía ecuatoriana se lava dinero por un monto anual de entre 1 %, 2 % y hasta un 5 % del PIB, que a cifras actuales resulta en un monto anual promedio de 3 mil 500 millones de dólares”. [1] Los negocios ilegales, al igual que los otros negocios, se transnacionalizan, se conforman en cárteles y cadenas que tienden al monopolio, se reacomodan de acuerdo a su capacidad de abrir mercados, disputar demandas, posicionar productos y se insertan en las corporaciones legales. Todo se lava y entrevera en este mismo espacio. El giro del consumo hacia el fentanilo en Estados Unidos, provoca un desplazamiento de algunos cárteles de la cocaína hacia Europa, donde crece el consumo de este producto y donde se vuelve necesaria la alianza comercial con las mafias dominantes en estos territorios. Se calcula que el negocio de la droga en Europa mueve 2 mil millones de dólares anuales. Por otro lado, el proceso de paz en Colombia, torna urgente la constitución de una “sucursal” para el negocio de armas y el tráfico de personas. Así, todo se viene tejiendo desde hace mucho, pero se dispara y descarna en los últimos 7 años.

El sabotaje sistemático y decidido del estado de derecho, el aniquilamiento de cualquier forma de seguridad social, el empobrecimiento extremo al que ha sido sometida la mayor parte de la población, la pedagogía del miedo y la impunidad, la permisividad con los evasores de impuestos, las políticas de shock, la precarización del trabajo, son otra parte necesaria del recetario, para instaurar la paramilitarización de la sociedad. El narco ofrece cosas que nadie ofrece en un estado de desamparo: salarios y vínculos de “solidaridad” en la lógica de bandas, aunque sean temporales. Empobrecer y marginalizar es la mejor manera de configurar ejércitos de “descartables” encargados de la primera línea del control territorial para los diferentes negocios en las disputas de los cárteles. Son también los objetivos militares de la guerra contra el narcoterrorismo declarada por el Estado. Sujetos de un perfilamiento racial y discriminador, sus muertes garantizan informes de éxito militar y no tendrían por qué importar.

Otro aspecto clave es que la entrada de mafias y carteles tienen a la minería como punta de lanza para penetrar el corazón de las comunidades indígenas y campesinas, para desestructurar territorios, deshabilitar cualquier control local o comunitario e impedir cualquier forma de regulación del extractivismo.

Esta imposición desde arriba de la guerra contra el narcotráfico constituye una persecución abierta de pobres por parte de un Estado racista y castigador que genera un marco mediático que desvía el foco de atención, para que nadie pregunte pese a lo escandaloso y visible de la participación directa de personas de las élites económicas, altos funcionarios militares y de justicia claramente vinculados a ese trasiego de capital legal e ilegal, los “peces gordos” en el engranaje de las transnacionales de los tráficos (drogas, personas, armas) que nunca son apresados. Todo siempre ejecutado bajo la cercana tutela, asesoría y presencia de las fuerzas más oscuras de Estados Unidos, que llegan a través de su embajada, poniendo de nuevo en juego sus bazas frente a la avanzada de los BRICS en el control de los recursos.

La guerra contra las drogas es una guerra que destruye el tejido social organizativo, es una estrategia de contrainsurgencia ampliada, los gobiernos neoliberales se benefician controlando poblaciones. No es gratuita la campaña de Lasso de responsabilizar a la Conaie como actor del narco y el terrorismo.

Por eso es necesario que miremos arriba y no hacia abajo donde quieren instalar una guerra entre los “últimos y los penúltimos” en el acceso a los medios de vida. Los grandes grupos económicos del país lucran y mantienen el modelo últraneoliberal que está generando esta situación actual, el blanqueo de capitales está en la banca, la droga se incauta en cajas de banano y se lleva a través de las flotas navieras de los grupos oligopólicos, los que siempre gobiernan.

 

Cuando no esperas nada de la sociedad ni del Estado, es fundamental encontrar alternativas al desamparo. Ahí las comunidades indígenas y campesinas del Ecuador, las luchas que teje y articula la Conaie, las resistencias comunitarias a la minería, las organizaciones de jornaleros agrícolas, muestran alternativas vividas. Sin buscar fuera o lejos, los atisbos de esperanza surgen de recuperar la comunidad, organizar la sociedad, la seguridad comunitaria, formas de vida sustentables. Eso es lo que el Estado pretende combatir con su lógica paramilitar y guerrerista, precisamente porque cuestionan esas formas de acumulación, privatización, despojo y flexibilización laboral. Hoy más que nunca el cuidado mutuo, la necedad en promover y ejercer prácticas anticapitalistas, anti racistas, desde el feminismo, defender los territorios contra la guerra, impedir la entrada del ejército estadounidense, son la opción posible y necesaria para resistir y sobrevivir a los embates del terror.

[1]        https://www.celag.org/cuanto-dinero-se-lava-en-el-sistema-financiero-ecuatoriano-una-aproximacion-desde-las-cifras-macroeconomicas/

 

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Temas: Crisis capitalista / Alternativas de los pueblos, Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades, Geopolítica y militarismo, Movimientos campesinos

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