Indigenismo de Estado: el paradigma mexicano actual

Idioma Español
País México

El asalto sobre los territorios de las comunidades indígenas, es más fuerte que nunca. Estas enfrentan ahora las nuevas amenazas de la prospección y explotación de la biodiversidad en sus territorios ancestrales, de la titulación y privatización de sus tierras, y de la expropiación turística de sus manifestaciones culturales, además de las insidiosas agendas externas de desarrollo personificadas en una multiplicidad de programas gubernamentales, sin anclaje en la realidad local

Bertha Dimas Huacuz 1/

Se viven en México momentos difíciles, de riesgo e incertidumbre, ante las inconformidades y problemas asociados con la inminente sucesión presidencial. Nuestro país atraviesa igualmente por situaciones de conflicto permanentes, ante las presiones económicas y sociales de una sociedad injusta y globalizada. El acecho y las amenazas a las que se enfrentan las comunidades rurales e indígenas del país –despojos y expulsiones de las mejores tierras, crisis derivadas de la explotación ilegal del bosque, “focos rojos” ancestrales de linderos de propiedades y tenencia comunal–, no han disminuido.

El asalto sobre los territorios de las comunidades indígenas, es más fuerte que nunca. Estas enfrentan ahora las nuevas amenazas de la prospección y explotación de la biodiversidad en sus territorios ancestrales, de la titulación y privatización de sus tierras, y de la expropiación turística de sus manifestaciones culturales, además de las insidiosas agendas externas de desarrollo personificadas en una multiplicidad de programas gubernamentales, sin anclaje en la realidad local. Estas amenazas son efectivas, se generan desde los centros de la política pública y los intereses comerciales privados. La colonización interna no es una frase inventada; como caudal en cascada, es una realidad en el ámbito de las capitales de los estados y de las cabeceras municipales, con respecto de sus regiones periféricas formadas por miles de comunidades y rancherías dependientes y empobrecidas.

A. DEL PACTO FORZADO AL PACTO FALLIDO

El Pacto Forzado: La Relación Estado-Pueblos Indios

México vive bajo un pacto forzado que, históricamente, no se ha tenido el coraje y la determinación de superar. La esperada “nueva civilización” del “encuentro de dos mundos”, nunca se dio y la conformación de una verdadera sociedad pluriétnica y multicultural ha sido negada, sistemáticamente, por todos los gobiernos post-revolucionarios, bajo una relación con los pueblos indios que se mantiene, hasta nuestros días, en términos de injusticia y desigualdad.

Inicialmente, las políticas integracionistas, elaboradas por los teóricos del indigenismo, esperaban que, por medio de reformas agraristas y programas educativos de “castellanización” –ejecutados con la participación directa de los evangelizadores estadounidenses del Instituto Lingüístico de Verano–,2/ las poblaciones indígenas fueran asimiladas, aunque lentamente, en la vertiente cultural principal de la nación (Lewis, 1999). Pero al no haber sido invitadas a la fundación del Estado mexicano, las comunidades indígenas permanecieron arrinconadas en las declaradas “regiones de refugio”, entre los remanentes de la benevolencia religiosa que se pretende beatificar en la actualidad, y sufriendo las acciones y puntos de vista de progreso unilateral de una sucesión de encomenderos gubernamentales.

El Pacto Fallido: Las Contrarreformas Constitucionales

A consecuencia de la contrarreforma constitucional en materia de derechos y cultura indígenas de 2001 –que en su versión original, como se establecía en los Acuerdos de San Andrés, buscaba modificar, de fondo, la relación entre el Estado y los pueblos indios–, en la práctica, además de que se continúan negando nuestra autonomía y nuestros derechos colectivos, incluyendo la posibilidad de asociación de comunidades y municipios, tenencia comunal de tierras y territorios, entre otros, los indígenas de México seguimos siendo tratados como objetos y no cómo lo que somos, sujetos de derecho.

Mientras que el apartado B del artículo segundo entroniza, a nivel constitucional, el tutelaje del gobierno y un modelo de desarrollo asistencialista, filantrópico de Estado (que nos supedita al voluntarismo de los gobiernos a recibir, en abonos, a lo que tenemos derecho como cualquier mexicano), la contrarreforma agraria del artículo 27 constitucional (1992), conduce al desmantelamiento de los territorios, su conversión en parcelas certificadas, expuestas a los vaivenes del mercado, y a la destrucción paulatina de la comunalidad de los pueblos indígenas 3/. Por su parte, las reformas constitucionales en materia indígena, en el ámbito de las entidades federativas, con la salvedad de Oaxaca, i.e., Quintana Roo, Campeche, Chiapas, San Luis Potosí, revelan que el pacto de dominación, no se ha modificado. En todos estos casos, los Acuerdos de San Andrés y los preceptos del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), ordenanza mundial en la materia, son horizontes lejanos (Assies, et al, 2006).

B. DE ESO QUE LLAMAN INDIGENISMO MEXICANO

Si bien por indigenismo se entiende una compleja y extensa interrelación de políticas, acciones y declaraciones de gobierno hacia los pueblos y comunidades indígenas –habiendo sido concebido en México, desde los años cuarenta, como una estrategia gubernamental para la integración de los indígenas a la vida nacional,–, no existe, ni ha existido, un solo tipo o perfil de indigenismo. El indigenismo es institución, ideología, etnología, sociología rural, cuerpo teórico-práctico de intervención; y su objetivo, filosofía, misión y pasión, es la integración y civilización de las poblaciones autóctonas. Dicho con mayor fidelidad y elegancia, más que su incorporación al progreso de la nación, es la salvación de su alma, la eliminación del pecado original de ser indios. “Es mestizaje biológico y evangelización cultural como forma de consolidación de la identidad de los mexicanos” (Aguirre Beltrán).

Aunque el indigenismo mantiene ciertas características genéricas (tutelaje, asistencialismo, corporativismo, y no sólo trato diferenciado para el desarrollo de zonas rurales y comunidades indígenas), éste ha evolucionado a través de los tiempos, expandiendo o contrayendo sus acciones al ritmo marcado por las intenciones del Ejecutivo federal, i.e., indigenismo clásico, multiculturalista y neoliberal, etcétera. Este mecanismo de intervención se mantiene vivo, se reanima, mostrando dinamismo y características particulares, tanto a nivel nacional como en el ámbito sub-regional, como es el caso de los periodos de campañas políticas y electorales. Aunque todavía sin representación legítima en ninguna instancia gubernamental, las demandas de los indios dan colorido a los programas de campaña y de gobierno.

Conceptualizado para la acción de campo, el indigenismo dictaba, en sus primeras etapas, que la administración de las áreas indígenas debería ser responsabilidad de los antropólogos, considerados como una composición de misionero educador, científico social y burócrata comprometido. Este mismo fenómeno de control territorial se mantiene, en nuestros días, a través de funcionarios federales y estatales (algunos indígenas), como un instrumento de penetración del Estado en la vida social, económica y política de las comunidades, y se inscribe en un federalismo ejecutivo, normativo y presupuestal que ha condenado a las regiones a la desigualdad.

El indigenismo –establecido formalmente desde el Primer Congreso Indigenista Interamericano (Pátzcuaro, 1940), y sostenido en nuestro país por más de sesenta años con el aparato burocrático del Instituto Nacional Indigenista (1948) y sus Centros Coordinadores Indigenistas–, se consolida y expande en nuestros días, con la creencia presidencial de que las acciones “transversales” de las entidades de gobierno, coordinadas por una estructura externa de esta naturaleza, ahora la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (2003) 4/, siguen siendo la mejor manera “para el pago de la deuda con nuestros hermanos y nuestras hermanas indígenas” (frase favorecida por el Presidente saliente de la República).

En esta etapa reciente del indigenismo, la Comisión está asociada, de manera creciente –en alianza simbiótica–, con los programas benefactores de las dependencias gubernamentales de desarrollo social, promoción turística y “empoderamiento” de la mujer, a la vez que sus acciones se complementan con recursos de fundaciones filantrópicas, nacionales y extranjeras, y de las agencias de cooperación internacional.

C. FILANTROPISMO DE ESTADO:

EL PARADIGMA INDIGENISTA ACTUAL

Bajo la frase, “México, diversas culturas, muchos pueblos, una sola nación” que aparece en la portada del Informe General de Resultados de Propuestas Nacionales. Consulta Nacional sobre Pueblos indígenas, políticas públicas y reforma institucional (Presidencia de la República, et al, 2002), arranca una nueva etapa de atención al indio mexicano. Pero el modelo de intervención de las administraciones de gobierno, federales y estatales, sigue siendo de corte esencialmente indigenista. Están cortados con la misma tijera, y dependen del mismo presupuesto. Este indigenismo del presente se fundamenta en las mismas acciones, paternalistas, fragmentadas y localistas y sin recursos garantizados, en lugar de orientarse a una integración y aumento de los activos sociales y económicos de las comunidades y de facilitar su autonomía y reconstitución como pueblos.

El “problema indio” se sigue abordando en México y Michoacán de manera parcial y sin resultados definitivos, al ser enfocado como un fenómeno de “interculturalidad” y bilingüismo educativo, y no para la eliminación del despojo, la marginación y la pobreza en todos sus aspectos. Este indigenismo de la “transversalidad”, de la “participación y consulta ciudadana”, del “ir de la mano” con el gobernante, de la proyección en foros internacionales, y de las sistemáticas campañas de mercadotecnia gubernamental, no nos ha hecho avanzar tampoco durante el último sexenio. Pero, por otra parte, tiene la intención de permanecer, ofreciendo nuevos “productos”, e.g., Tramita-Tel en Michoacán, y obteniendo nuevos certificados “ISO 9001” de innovación y calidad a nivel nacional.5/

Filantropismo de Hecho y de Derecho

Fortalecido con los múltiples programas de subsidios, becas, premios y transferencias de asistencia social, de varios sectores y dependencias (principalmente el programa “Oportunidades”), el indigenismo actual obliga a las comunidades indígenas a enfrentarse con un proyecto que busca hacerlas dependientes del Estado, para que así no asuman el control de su destino. Esta es la forma con la cual se pretende cumplir con la “deuda”, pero que resulta, por el contrario, en una convenenciera reinvención de la pobreza.6/

Fundamentalmente, esta estrategia de intervención gubernamental está consagrada en el apartado B del artículo segundo de la Constitución, resultante de las reformas de 2001. Estos nuevos preceptos constitucionales elevan al altar de la buena fe, el voluntarismo del gobierno mexicano. A la luz de estas razones, “el gesto misericordioso (del indigenismo) se hizo caridad institucionalizada y burocratizada” (cfr., Jean Robert, 2001).7/

Estas reformas establecen mayores responsabilidades de atención a las comunidades indígenas por parte del Estado, consolidando el tutelaje, en lugar de favorecer la autogestión y la transferencia de recursos para ser aplicados directamente por municipios y comunidades indígenas. En este sentido, el gobierno retiene todas las funciones, a la vez que simplifica sus acciones, generando padrones de beneficiarios, los que incluyen una gama completa de derechohabientes a nuevos servicios (niños, jóvenes, adultos, adultos mayores, mujeres emprendedoras, etcétera), supeditados todos a ciertas condiciones especificadas en diversas normas y reglas de operación. Además del carácter degradante de recibir el cheque o la autorización de pago en ceremonias públicas o de hacer la fila afuera de oficinas gubernamentales, estos procedimientos niegan, ante todo, la oportunidad de ser uno mismo. Oprimen a la gente humilde, en lugar de facultarla y preservar la dignidad que se merecen.

Territorio “Telcel”

Pero además, en paralelo, el Estado abandona responsabilidades fundamentales con respecto de la salud, la educación, las emergencias, y la vivienda de los mexicanos, cediendo el control de muchas de estas acciones a diversas fundaciones privadas y organizaciones no gubernamentales, incluyendo las de Televisa, el Teletón y TV Azteca, además de la privilegiada “Vamos México”.

Es así que aparece un nuevo tipo de personaje indigenista, público o privado: un prototipo de benefactor, el que a cualquier ciudadano que encuentra en circunstancias diversas a las suyas –de acuerdo con sus perspectivas unilaterales y etnocentristas– lo transforma ya sea de campesino o indio, en mexicano pobre; y a cualquier mujer indígena o campesina, la convierte en objeto de piedad, ayuda, al mismo tiempo que en beneficiaria de capacitación y terapia de “empoderamiento”. El indio es el carente de todo aquello que debería tener, y el donante, es el prestador de la ayuda necesaria y quién busca, pudieramos decir, la salvación de su alma o el juicio positivo de la historia.

Pero por encima de estas consideraciones, se ocultan las causas y consecuencias de la pobreza urbana y rural, y en las esferas gubernamentales no están interesados en entender las relaciones intrínsecas de causalidad, i.e., que hay riqueza porque se ha provocado la pobreza y viceversa.

D. ¿UN FENÓMENO INDISOLUBLE?

Mientras que en una “optimista y persuasiva” conferencia ofrecida en la Universidad de París, en 1956, el Dr. Alfonso Caso (1896-1970), ideólogo del indigenismo y primer director del INI, vaticinaba que “el problema indígena como tal desaparecería en los próximos 20 años” 8/, la Sra. Xóchitl Gálvez, Directora General de la CDI, declaró el año pasado, en la misma ciudad de Pátzcuaro, durante el acto inaugural del Taller Internacional sobre el Proyecto de Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas (septiembre de 2005) que:

(i) “El rezago en el sector indígena de México es tan amplio que se requerirá el trabajo de por lo menos cuatro gobiernos más para disminuirlo, siempre y cuando actúen sin demagogia y mucho trabajo”; y

(ii) “La deuda con los indígenas se está pagando pero hay que meterle más lana (sic) para que sea más rápido".9/

Como se ve, este fenómeno persiste, “no ha muerto, está resucitando con nuevos disfraces y nuevos discursos, que suenan gastados y demagógicos, de que ahora sí este gobierno va a resolver los problemas ancestrales” (Sámano Rentería, 2004). Es así que habrá que estar alerta a sus elementos de mutación y estrategias de sobrevivencia, pues “lo que hace definitivamente ‘especial’ al indigenismo mexicano, son (también) sus visibles implicaciones entre los diferentes espacios de los ejercicios del saber/poder social, es decir, entre las esferas académica, política y los espacios institucionales de integración y asistencialidad” (Palacios Ramírez, 2004).

Finalmente, a este respecto, no puede haber mejor ejemplo que las propias reflexiones del Dr. Alfonso Caso, hace quince años, al momento de ser condecorado con la Presea Belisario Domínguez (octubre de 1991), mensaje que se convierte en auto-elogio, homenaje al indigenismo neoliberal, elegía del presidencialismo, y negación de la autonomía y la libre determinación:

“El reconocimiento que hoy se me hace implica, además, reconocer la vitalidad de un paradigma que tiene en alta estima las formas de vida humana, las formas de vida indias en el presente y en el futuro. Como lo demuestran en los últimos sexenios los programas encaminados al mejoramiento y desarrollo de los pueblos étnicos. Basta mencionar el de Solidaridad, impulsado con evidente preferencia por el ciudadano Presidente de la República Licenciado Carlos Salinas de Gortari, merecedor de todo aplauso. Muchas gracias.” 10/

E. EL CAMINO DE LA RECONSTITUCIÓN DE LOS PUEBLOS

Después de décadas de indigenismo y tutelaje gubernamental, existe ya una clara conciencia de que es necesario comenzar a construir, de manera más sólida, los elementos, que puedan cimentar el ejercicio de la libre determinación y la autonomía, y que conduzcan –en base a nuestras historias y lenguas compartidas, estructuras de representación democrática directa, y mecanismos de responsabilidad y gestión colectivas– a una consolidada gobernabilidad rural comunal.

La reciente presencia en nuestro estado y comunidades de la caravana zapatista, y las reuniones de trabajo, regionales y nacionales, del Congreso Nacional Indígena (CNI) (San Pedro Atlapulco; Nurío, P’amatákuarhu, Zirahuén, Cherán), han sido oportunidades valiosas para discutir –con bases y compromiso–, las ideas y hechos que tienen que ver con la urgente definición de nuevos rumbos para la reconstitución de los pueblos, la refundación del Estado mexicano y la creación de una auténtica nación de naciones.

La disyuntiva, por lo tanto, para nuestras comunidades en México y Michoacán, es la de saber elegir entre un modelo propio de desarrollo –el de la autonomía, la gobernabilidad y la reconstitución de los pueblos–, o el modelo que se nos ha impuesto desde siempre, de la dominación, la burocracia, el individualismo y la erosión de la vida comunal.

Jimbánerani Uinhápikua. La brújula del zapatismo indígena nos marca el camino. Es este nuestro nuevo paradigma y plataforma de acción, con el cual se abandona la exigencia del “reconocimiento”, para buscar concretizar el ejercicio –en la práctica– de los derechos de los pueblos y comunidades indígenas (CNI, 2006) (COAPI, 2006).

Sabemos que las tareas son vastas y difíciles, pero también que las comunidades respiran libertad cuando están organizadas. Y, así, hemos descubierto, además, que el corazón de los pueblos palpita abajo y a la izquierda. ¡Irétaeri mintsíta nineshïndi kétsekua ka uikíxkanda!

Barrio de San Pedro Urhépati, Comunidad Indígena P’urhépecha de Santa Fe de la Laguna, Michoacán, México, en conmemoración del día de la dignidad y resistencia de los pueblos indios, octubre de 2006.

BIBLIOGRAFÍA

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K’umánchikua Jauátantani. Perspectivas y Tareas para la Reconstitución de los Pueblos Indígenas de México y Michoacán. Documento de trabajo, otoño de 2006. Morelia: Centro de Estudios de Libre Discusión.

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“El indigenismo institucionalizado en México (1936-2000): Un análisis”. En: La construcción del Estado nacional: democracia, justicia, paz y Estado de derecho. XII Jornadas Lascasianas. José Emilio Rolando Ordoñez Cifuentes, Coordinador. Serie Doctrina Jurídica, Núm. 179. México: Instituto de Investigaciones Jurídicas, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

NOTAS Y REFERENCIAS

1/ La autora es médica egresada de la Universidad Michoacana, especialista en salud pública por la Universidad de Harvard, y comunera de Santa Fe de la Laguna, Michoacán, México. Recibió el Premio Nacional de Periodismo José Pagés Llergo 2004 (Opinión) y 2005 (Mención especial de derechos humanos). Dirige el Centro de Estudios de Libre Discusión. Este ensayo –publicado en La Jornada Michoacán, el 11 y 12 de octubre de 2006–, es un extracto del estudio K’umánchikua Jauátantani. Perspectivas y Tareas para la Reconstitución de los Pueblos Indígenas de México y Michoacán.

2/ La misión evangélica Summer Institute of Linguistics (SIL), creada en México en 1936, se dedicó específicamente a la traducción del Nuevo Testamento en lenguas indígenas que entonces todavía no contaban con escritura. Su estrategia era la formación de informantes de la lengua, los que se seleccionaban para ser los primeros intérpretes e intermediarios, y conversos y agentes evangelizadores de una nueva religión (i.e., no católica) (Barros, 2004).

3/ Ramón Vera Herrera, “Antes tierra y libertad, hoy territorio y autogobierno”, Ojarasca, suplemento mensual de La Jornada, No. 112, agosto de 2006.

4/ “La transversalidad ha sido a lo que el Gobierno de México le ha apostado para trabajar en coordinación con las Secretarías de Estado”. Declaraciones de Xóchitl Gálvez (Sala de Prensa 2006, página web de la CDI, 31 de agosto de 2006).

5/ “Recibe la CDI Certificado de Calidad ISO 9001:2000”. Este certificado, con fecha 24 de febrero del presente, se otorgó por el proceso de “prestación de servicios jurídico-legales en representación y defensa de la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas, así como servicio de asesoría y consulta para las diversas unidades administrativas que integran a la propia Comisión”. Hay otros dos procesos en preparación: el de Desarrollo de Pueblos y Comunidades Indígenas, y el de Ejercicio Presupuestal (Sala de Prensa 2006, página web de la CDI, 29 de marzo de 2006).

6/ “(…) Sabemos de la pobreza, sabemos de la marginación de las familias indígenas, sabemos de nuestro compromiso en este sentido, para llevar empleos, para llevar fuentes de desarrollo económico, para llevar oportunidades de crédito, financiamiento y capital a las empresas familiares indígenas; para promover todas las agrupaciones productivas que existen en las comunidades indígenas; para promover acceso a mercados para la artesanía y para todos los productos que se fabrican en las comunidades indígenas; para promover la exportación de los productos que se fabrican en las comunidades indígenas, para que lleguen a otros mercados fuera del país. Ya está en construcción esa red”. Palabras del Presidente Vicente Fox Quesada, durante la presentación del Programa Nacional de Cultura Indígena, en el Centro de Cooperación Regional para la Educación de Adultos en América Latina y el Caribe (CREFAL), Pátzcuaro, Michoacán, 7 de marzo de 2001. (Página web de la Presidencia de la República).

7/ Esta sección se nutre del abordaje y referencias contenidas en “Auge y decadencia del concepto de pobreza en Occidente”, trabajo seminal de Jean Robert (2001).

8/ Como citado por Carlos Montemayor (“Adiós al INI”, La Jornada, 25 de mayo de 2003).

9/ Citas de La Jornada Michoacán, 27 de septiembre de 2005, y otros diarios michoacanos del mismo día.

10/ Palabras con las que concluye el discurso del Dr. Gonzalo Aguirre Beltrán durante la ceremonia solemne en la que se le impone la medalla "Belisario Domínguez" por la LIX Legislatura (9 de octubre de 1991) (Página web del Senado de la República).

Comentarios

22/11/2006
Mensaje de Aztlan, por Tupac Enrique Acosta

Saludos a los Pueblos y Naciones Milenarios de Anahuac

Nohuanyolqueh: Amixpanzinco, Amixtlamatqueh:

Fue en Teotihuacan, México en el año 2000 al reunirnos en la Primera Cumbre Continental de Pueblos y Naciones Indígenas cuando formalizamos frente el Fuego Sagrado los compromisos mutuos entre nuestras organizaciones, Pueblos y Naciones Indígenas al nivel continente.

La Cumbre de Teotihuacan fue convocado por el Consejo de Organizaciones y Naciones Indígenas del Continente – CONIC, tomando como trayectoria desde el Primer Encuentro Continental de Pueblos y Naciones Indígenas 1990 en Quito, Ecuador y luego el Segundo Encuentro Continental de Pueblos y Naciones Indígenas 1993 en Temoaya, México.

El Fuego Sagrado nos ilumina todavía, dejando huellas de nuestro sendero sagrado y recordándonos de la historia verdadera de nuestro movimiento indígena continental. Encarnado de acuerdo con la ética milenaria de nuestros pueblos y con nuestra propia Ley Internacional Indígena, estos compromisos mutuos al nivel continente siguen vigentes por medio del Tratado de Teotihuacan, que sirve como la constitución de la Confederación Continental del Águila y el Cóndor con sus cuatro aspectos:

Alianza Espiritual
Solidaridad Política
Conformidad Cultural Continental
Proyectos Económicos de Intercambio y Comercio Indígena


Ya entonces ahora nos encontramos de vuelta con nuestra gran familia humilde y poderosa, la familia de los Pueblos y Naciones Indígenas de nuestra madre tierra de Anahuac. Los gobiernos y los partidos van y vienen pero lo principal sigue siendo lo principal.

Hermanos y hermanas de los Pueblos Indígenas de México, en cumplimiento de estas obligaciones y compromisos mutuos afirmados con nuestro Tratado de Teotihuacan de La Primera Cumbre Indígena Continental de Pueblos y Naciones 2000, entregamos lo siguiente para la discusión y la toma de acción:

Tema: Libre Determinación y Descolonización

El negar de nuestro derecho de auto-determinación por los gobierno estados sigue siendo el tema de mayor importancia para los Pueblos y Naciones Indígenas de nuestro continente Abya Yala (las Americas). Existe una gran discrepancia conceptual en el eventual resultado del proceso de libre determinación visto desde la óptica de los intereses de los gobierno estados, en contraste con la visión cultural Nican Tlacah, la cosmovisión de los Pueblos Indígenas.

Esta discrepancia es producto de dos distintos sistemas de conocimientos, ejes de realidades distintas evidentes en el concepto de territorio, en la forma individual y colectivo: La de las sociedades de los gobierno estados y la de los Pueblos y Naciones Indígenas. La jurisdicción de los estados en términos de territorio es una de dominación y colonización, mientras la de la relación de territorialidad de nuestros pueblos esta basada en la inter-relación y la reciprocidad. Como esta evidenciada por la Asesoria Ecosistema Global Milenaria (MA), recién comisionada y cumplida por la ONU, la realidad de la relación del concepto de territorialidad de los Pueblos Indígenas esta reconocida al nivel global como la mejor esperanza y ciencia para que la humanidad pueda alcanzar la homeostasis con el entorno natural de ecosistemas del mundo.

Cualquier posición sobre la cuestión de libre determinación, sea por la política de los gobierno estados o por los Nican Tlacah como Pueblos y Naciones Indígenas será determinada inevitablemente adentro de contexto de la suma de relaciones globales de los ecosistemas planetarias como parámetro, incluyendo la humanidad misma como una de estas.

En términos de nuestro continente Abya Yala (las Americas) existe un régimen de políticas genocidios en la forma de Doctrina que tiene siglos en construcción, siendo una de ellas la Doctrina de Negación. Empezando con la Bula Papal Inter Caetera de 1493, continuando con la Doctrina Monroe actualmente implementado por las fuerzas militar de los EEUU, y ahora proyectado por el Área de Libre Comercio de Las Americas - ALCA, la Doctrina de Negación es insidioso por negar a la conciencia de la Humanidad la existencia histórica de los Pueblos y Naciones Indígenas en el contexto del reconocimiento legal como Pueblos con derecho de auto-determinación.

En el caso especifico del La Republica de México, clarificamos que aun que se celebre con mucha pompa y popularidad la independencia de México del España en 1821, en realidad la independencia toda vía no se ha logrado en términos legales, además de considerar los aspectos económicos, culturales, y políticas de la relación entre nuestro México Profundo y la sociedad Hispano-Mexicano.

Las evidencias son claras, tomando desde el contenido en el texto de los Tratados de Córdoba con España 1821 lo cual nunca fue ratificado por El Cortes de España hasta el lenguaje del primer tratado oficial entre España y México en 1836 que mantiene una relación de subordinación de la civilización Mexicana atrás de prejuicios a favor de la Corona Española y el Estado Vaticano, y llegando hasta la situación actual en términos de los Acuerdos de San Andrés.


En vista de lo anterior proponemos lo siguiente:

Es hora que se convoca una sesión especial del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, establecida bajo sección 73(e) de la Carta de la ONU, con el fin de evaluar las mencionadas Doctrinas del Poder en el Espíritu de Verdad, y en el contexto de los principios de evaluación establecidas por Resolución de la Asamblea General 1514 "El Derecho a la Libre Determinación" y la AG 1541 las cuales elaboran los procesos y los criterios para identificar y rectificar el crimen de colonización de acuerdo a las normas de la ley internacional de los estados miembros del sistema de las Naciones Unidas.

Como caso especifico, la historia de la relación y jurisprudencia entre el estado de la Republica de México y los Pueblos Indígenas de Anahuac podrá servir como aporte al proceso de descolonización, clarificando de que desde nuestro punto de vista como Pueblos Indígenas de Abya Yala en realidad La Otra es: América. (en este caso América Latina).

Proponemos que en el proceso de implementación de la iniciativa de la DESCOLONIZACION del los Territorios y Pueblos Naciones Indígenas de nuestro continente Abya Yala, que sin esto cualquier declaración de libre determinación quedaría solamente como retórica y con mínimo valor practico en términos de la Ley Internacional: Que se considera con atención especial al establecimiento por las Naciones Unidas de la organización regional de la Organización de Estados Americanos (OEA) mismo, siendo esto un ejemplo mas de la usurpación y violación del Derecho de Libre Determinación en nuestro hemisférico por haberse establecido otra régimen mas de representación política en nuestros territorios en nuestro continente sin nuestra participación o consentimiento y en violación de AG 1514, evidenciadas por los principios de AG 1541.

Y por ultimo, pedimos al los Pueblos y Naciones Milenarios de Anahuac que no se olviden de los Pueblos Indígenas que hemos quedado al norte de una línea imaginaria de los estados desde el Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, y que de igual manera quedaremos con el mismo espíritu de solidaridad con ustedes en la lucha por el reconocimiento, el respeto, y la protección de los derechos de los Pueblos Indígenas de México.



Respetuosamente presentado,

Tupac Enrique Acosta, Yaotachcauh
Tlahtokan Nahuacalli
Izkalotlan, Aztlan






NAHUACALLI
Embajada de los Pueblos Indígenas
c/o TONATIERRA
Tel: (602) 254-5230
P.O. Box 24009 Phoenix, AZ 85074
Email: chantlaca@aol.com
www.tonatierra.org