Transgénicos: ¿dónde estamos y dónde vamos?, RAFI

Es imposible entender la realidad de la ingeniería genética sin analizar el poder y el alcance global de las empresas transnacionales gigantes que usan, compran, venden y controlan el mercado aceleradamente creciente de los productos bioindustriales

El control de las tecnologías genéticas

Un grupo cada vez más reducido de corporaciones está logrando un control sin precedentes sobre todos los aspectos comerciales de los alimentos, la agricultura y la salud:

Hace 20 años existían miles de empresas que vendían semillas, la mayoría de ellas pequeñas empresas familiares. Hoy, las diez empresas de semillas más grandes controlan aproximadamente la tercera parte del comercio mundial de semillas que está valuado en 23 mil millones de dólares.
Hace 20 años existían unas 65 empresas de agroquímicos que producían insumos agrícolas. Hoy, las 10 empresas principales de agroquímicos controlan más del 90 por ciento del mercado mundial, valuado en 30 mil millones de dólares.

En 1989, las 10 mayores empresas farmacéuticas controlaban el 29 por ciento de las ventas mundiales. Hoy, las 10 mayores controlan cerca del 50 por ciento.
Actualmente, las diez empresas mayores del mercado veterinario controlan el 61 por ciento de ese mercado, calculado en 16 mil millones de dólares.
Las compañías dominantes en todos estos sectores -en mejoramiento vegetal, en plaguicidas, en medicina farmacéutica y veterinaria- son las mismas que dominan en todos los sectores. Son verdaderos "gigantes genéticos". Los nombres de estas compañías resultan familiares. En el campo de la biotecnología agrícola, son esencialmente cinco las que dominan globalmente -y todas están entre los 10 principales fabricantes de plaguicidas. Syngenta (Novartis + AstraZeneca, Aventis = Hoechst + Rhone Poulenc, Monsanto (actualmente propiedad de Pharmacia); Dupont, y Dow.
Las compañías que tenían la mayoría de las patentes agrobiotecnológicas en Estados Unidos hasta finales de 1998 son las mismas cinco, y el sexto lugar lo ocupa la mexicana Grupo Pulsar. Esas seis empresas tienen el 74 por ciento de todas las patentes en ese sector.

Trangénicos ¿globalizados?

Ahora veamos lo que ha sucedido con los cultivos modificados genéticamente. A los promotores de la tecnología transgénica les encanta señalar que el área global de cultivos transgénicos se ha multiplicado 25 veces en cinco años, pasando de 1.7 millones de hectáreas en 1996 a cerca de 44.4 millones en el 2000. Afirman orgullosos que dichos cultivos se han difundido más rápido que ninguna otra tecnología agrícola en la historia. Eso demuestra, dicen, que los agricultores realmente aprecian esta tecnología.

Pero las estadísticas globales llevan a confusiones si no las analizamos con detalle. En realidad, los cultivos transgénicos no son un fenómeno global. No demuestran una amplia aceptación de parte del diverso grupo de agricultores responsables de la mayoría de los diferentes cultivos alimentarios en el mundo: más bien, se trata de una exitosa campaña de mercadeo, a cargo de, prácticamente, una sola empresa, que promueve los transgénicos en algunos cultivos industriales de exportación en un puñado de países.

El año pasado, solamente tres países, Estados Unidos, Argentina y Canadá, fueron responsables de 98 por ciento del área plantada con transgénicos. Y las tres cuartas partes de todos los transgénicos en campo habían sido modificados con una sola característica: la tolerancia a herbicidas, es decir que no se mueren al rociarlos con un herbicida químico. Además, el mercado de semillas transgénicas está abrumadoramente dominado por una sola corporación. En el 2000, las semillas modificadas genéticamente por Monsanto fueron plantadas en 38 millones de hectáreas en el mundo. Esto es, el 86 por ciento del área total dedicada a los cultivos transgénicos comerciales.

La uniformidad, la agricultura industrial y la concentración corporativa son las características que mejor describen a los cultivos transgénicos, no la diversidad ni la seguridad alimentaria, ni los mercados competitivos.

Los cultivos modificados genéticamente son una herramienta de la agricultura industrial, no de la agricultura sustentable. Los beneficiarios de esos productos son las corporaciones multinacionales, no el público. Son productos diseñados para sacar la producción de alimentos de las manos de las comunidades locales y crear dependencia de los agronegocios a las corporaciones transnacionales.

¿Y qué pasó en los últimos cinco años con la tecnología de los cultivos transgénicos? Por todo el mundo, los consumidores, las organizaciones de la sociedad civil, muchos gobiernos y mayoristas de la distribución y venta de alimentos han rechazado los alimentos y cultivos transgénicos. ¿Por qué? Las generaciones 1 y 2 de productos biotecnológicos fueron lanzados al mercado con grandes prisas y la industria no tuvo en cuenta que ninguno de esos productos tenía atractivos para los consumidores y prácticamente tampoco para los agricultores, salvo algunos beneficios marginales para los grandes productores industriales.

Por ejemplo, los alimentos genéticamente modificados no son más baratos, ni tienen mejor sabor, ni son más saludables ni más nutritivos. La mayoría de la gente se dijo entonces: ¿para qué voy a aceptar cualquier nivel de riesgo si no me da ningún beneficio y si hay muchos problemas potenciales asociados con los alimentos y cultivos transgénicos?

Ahora, ¿qué significa generación 1 y generación 2 en productos biotecnológicos?

La primera generación se refiere a las características introducidas como insumos agrícolas. Son las plantas modificadas genéticamente para tolerar herbicidas o expresar genes insecticidas. Su objetivo es modificar el uso de plaguicidas aplicados a los cultivos para expandir el negocio de los plaguicidas y de los agroquímicos.

La generación 2 se refiere a la modificación de caracteres posteriores a la cosecha que están diseñados para reducir los costos de la industria del procesado de alimentos. Esto incluye la manipulación de cultivos para reducir los costos de energía, procesamiento y almacenaje de productos. Un ejemplo temprano de esta segunda generación es el tomate de maduración retardada que produjo Calgene para permitir una vida más larga en los anaqueles.

Hasta la propia industria biotecnológica admite que la estrategia de introducir transgénicos a los mercados a través de esta primera y segunda generación de productos fue, por decir lo menos, estúpida.

Pero las corporaciones aprendieron la lección y debemos prepararnos para la próxima generación de productos modificados genéticamente. Estamos a punto de ver grandes cambios en sus estrategias.

La generación 3 se refiere a productos transgénicos diseñados para los mayoristas y minoristas en ventas al público de alimentos y medicamentos. Serán productos que se pretende sean percibidos por consumidores de alto poder adquisitivo como benéficos para la nutrición y para la salud. La generación 3 incluye plantas y animales modificados para producir drogas, vacunas y plásticos.

Con la tercera generación, será imposible distinguir las líneas divisorias entre granjas y farmacias, alimentos y medicinas. Incluirá "nutracéuticos" ?productos alimentarios que se afirmará tienen un "valor agregado" desde el punto vista nutricional o de salud. Vamos a ver alimentos con ácidos grasos omega-3 para la prevención de enfermedades cardiovasculares, lechugas con vitamina C, maíz que combatirá la anemia y mucho más. Y si los gigantes genéticos se salen con la suya, todo esto será transgénico.

No quiero decir con esto que los productos de la tercera generación, efectivamente serán más sanos, más baratos o más nutritivos, sino que serán hábilmente promocionados y emocionalmente atractivos para la gente que tenga dinero para pagar por ellos.

Un representante de esta industria describió los alimentos transgénicos terapéuticos del futuro. Usó como ejemplo un plato de espaguetis cuya harina contendrá ingredientes que reducirán 75 por ciento las posibilidades de contraer cáncer de colon. Aseguró que los jitomates usados para la salsa tendrán antioxidantes que disminuirán el envejecimiento, y que el té para acompañar ese plato ¡disminuirá la ansiedad!

Estos ejemplos ilustran cómo la industria biotecnológica está intentando desesperadamente desarrollar productos que tengan atractivos para los consumidores. Además, está buscando legitimidad moral para convencernos de que las semillas transgénicas son sanas y buenas para nosotros. Por eso, oímos tanta propaganda de productos como el "arroz dorado" de AstraZeneca. Según ellos, este arroz modificado genéticamente para contener vitamina A es un producto que va a alimentar a los pobres y hambrientos y curar sus deficiencias nutricionales.

La tercera generación de productos biotecnológicos es promovida en nombre de los pobres y hambrientos de los países del Sur. Pero una cosa es segura: no tendrá nada que ver con alimentar a los pobres ni con la agricultura sustentable. El mercado al que se dirige es a los consumidores con poder adquisitivo, principalmente en los países del Norte. Necesitamos reflexionar sobre todo esto y prepararnos para la próxima generación de productos biotecnológicos y preguntarnos constantemente quién controla y quiénes se benefician de estas tecnologías. Cuando la raíz del problema es la injusticia y la desigualdad, la tecnología no es nunca la solución.

Esclavitud biológica

¿Qué significa todo esto para la seguridad alimentaria, los campesinos y agricultores?

Estamos especialmente alarmados por la tendencia actual a eliminar el derecho de los agricultores a conservar sus propias semillas, guardarlas para la próxima cosecha, producir y mejorar sus propias semillas. Este es un derecho ancestral que está reconocido en el marco de la fao de Naciones Unidas como Derechos de los Agricultores. Más de mil 400 millones de personas en el mundo ?básicamente campesinos pobres? dependen del almacenamiento de sus propias semillas para disponer de ellas.

Las semillas son el primer eslabón de la cadena alimentaria. Quién controle las semillas controlará la disponibilidad de alimentos. Con el advenimiento de la ingeniería genética, las semillas se han convertido en un "sistema operativo" que los gigantes genéticos usan para desarrollar nuevas tecnologías genéticas. Por eso vemos compañías como Monsanto gastando en los años recientes más de 8 mil 500 millones de dólares para comprar compañías de semillas y de biotecnología. Es por esto que Dupont gastó más de 9 mil 400 millones de dólares para comprar Pioneer Hi-Bred, la mayor empresa de semillas del mundo. El tema clave es el control. Los gigantes genéticos están usando las semillas transgénicas para dictar cómo cultivarán los agricultores y en qué condiciones. Uno de los efectos más graves para los agricultores, los pueblos indígenas y para la investigación pública en general es que están perdiendo su derecho a usar y desarrollar la diversidad.

Terminator

Tomemos como ejemplo la tecnología denominada Terminator. Son plantas manipuladas genéticamente para volver estériles las semillas. Aquí está una tecnología cuyo objetivo primario es maximizar el lucro de la industria a través de destruir la capacidad de los agricultores de guardar y mejorar sus semillas. La esterilización genética de semillas va más allá de la propiedad intelectual. Una patente típica le otorga al que la posee un monopolio legal exclusivo por 20 años. Con Terminator, este monopolio no tiene fecha de expiración. Es la herramienta perfecta para la industria corporativa de semillas en el mercado global porque deja totalmente hueco el concepto de soberanía nacional en semillas.

En 1999, debido a la enorme oposición pública a las semillas suicidas, Monsanto y AstraZeneca hicieron un compromiso público de no comercializar semillas Terminator. Esto llevó a mucha gente a creer que la crisis había pasado. Nada podía estar más alejado de la verdad. Tanto Monsanto como AstraZeneca se fusionaron con otras empresas después de este anuncio. Solamente en 1999 se registraron más de siete patentes nuevas con tecnologías Terminator que se agregaron a las decenas que ya existían.

Pese a que Terminator está en el foco de la atención pública. Hay tecnologías estrechamente ligadas a ésta, ?el control de las características genéticas que llamamos tecnología Traidora (Traitor) es el mismo tipo de tecnología, pero es potencialmente más peligrosa e insidiosa?. Con el control de la expresión de las características genéticas, la meta es lograr que las características de una planta se puedan "prender" o "apagar" al aplicarle un químico determinado. Si, por ejemplo, las compañías pueden modificar genéticamente las semillas para que reaccionen solamente ante la aplicación de su propio plaguicida o fertilizante patentado, van a reforzar enormemente la dependencia en la agricultura. Tanto los agricultores como la seguridad alimentaria se convertirán en rehenes de los gigantes genéticos. A menos que los gobiernos tomen acciones urgentes para prohibir estas tecnologías, serán comercializadas con consecuencias devastadoras para los agricultores, la soberanía alimentaria y la biodiversidad.

¿Qué nos espera?

Las decisiones cruciales sobre los planes de trabajo de la investigación agrícola y el futuro de la agricultura en el mundo entero están siendo tomados por un grupo cada vez más pequeño de grandes empresas. El poder de las patentes monopólicas exclusivas les está dando a estas compañías el derecho legal a determinar quién tiene acceso a la ciencia y a qué precio. Esto tiene implicaciones muy serias para el futuro de la salud humana y la seguridad alimentaria en todo el mundo. La negligencia del bien común es inevitable cuando la agenda de investigación está basada en el lucro de las corporaciones en lugar de la satisfacción de las necesidades humanas.

Para que cualquier nueva tecnología beneficie a la agricultura y al desarrollo humano se debe construir sobre la participación informada, la transparencia y las instituciones democráticas centradas en las necesidades de todas las personas, no en el lucro de las empresas. Estamos comprometidos en una lucha común, y necesitamos diversas estrategias para detener y revertir estar tendencias ?a nivel local, nacional, regional e intergubernamental. Para rafi, algunas de las metas claves inmediatas, para una definición de políticas para el bien común son:

Resistir y revertir el patentamiento de la vida en todas sus formas.
Combatir y desafiar la biopiratería.
Prohibir las tecnologías Terminator.
Promover e implementar los Derechos de los Agricultores.
Conclusión: en el actual contexto social, económico y político, la ingeniería genética no es saludable, implica niveles de riesgo inaceptables para la gente y el medio ambiente, y por tanto, no puede ser utilizada en beneficio de la humanidad.

Hope Shand
Directora de investigaciones de la Rural Advancement Foundation International (rafi)
www.rafi.org
Los gigantes de la agroindustria producirán alimentos con "valor agregado" sólo para consumidores de alto poder adquisitivo
Publicado en Ecológica, La Jornada, México el 29-5-01
http://www.jornada.unam.mx/2001/may01/010529/eco-b.html

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