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Biodiversidad en América Latina y El Caribe

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Autor Nadia Jimenez y Amiel Aketzali Idioma Español Pais México Publicado 13 junio 2018 10:39

Una luz del otro lado del muro. Si no hay mujer, no hay revolución. Sin madre Tierra, no hay vida

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"¿Qué rumbos agarrarán la resistencia, la rebeldía, y esa sororidad que vivimos en Morelia? Quizá es muy pronto para saberlo, pero el 8 de marzo las compañeras zapatistas nos dieron quizá el regalo más grande de todos, y un compromiso aún mayor. Nos dieron una luz para alumbrar el camino. Esto es algo que no dejará los corazones de ninguna de las que estuvimos ahí presentes."

Primer Encuentro internacional, político, artístico, deportivo y cultural de mujeres que luchan.

“Para llegar aquí hemos tenido que vencer a todos los que
nos ven como algo que sobra, algo que quieren que no exista.
Hemos llegado aquí, venciendo la resistencia de algunos de nuestros
propios compañeros que no entienden la importancia
de que las mujeres estemos participando de la misma manera
que los hombres.
Comandanta Ramona, 1997, Oaxaca.

Foto de Nadia Jiménez

La Esperanza tiene corazón

Corazón del Arcoíris de la Esperanza. ¿Escucharon? Sí, la Esperanza tiene corazón, así se siente en el Caracol IV «Torbellino de nuestras palabras» ubicado en la región Tzotz Choj, en Chiapas, México. Llegamos de todos los rincones, atravesamos miles de kilómetros y decenas de horas para encontrarnos del 8 al 11 de marzo de 2018. Recorrimos nubes, autopistas y caminos para llegar a un cachito de Otro Mundo. Llegar al Torbellino de nuestras palabras implica aguantar complicadas vueltas, retenes de personajes desagradables y amenazas de bloqueo, pero al fin llegamos y el estrés disminuye. Ser mujer es vivir con la violencia en el camino, y a veces morir por serlo y morir más.

¿Han sentido la música en el rostro al despertar? Un regalo valioso es que a las 6 de la mañana amanezcas al ritmo de las mañanitas y no te sientas sola. Un 8 de marzo te despiertas y te das cuenta de que estamos juntas, mujeres de todas las edades, con todos los sueños que nos caben en las sonrisas. Despertamos al sueño que nos brinda la música zapatista, con el sol naciéndonos en el rostro. Bienvenidas las mujeres que luchan en todos los rincones del mundo, ya lo sabíamos desde la Gira del Concejo Indígena de Gobierno por los caracoles zapatistas en octubre de 2017.

La palabra colectiva de bienvenida que nos dieran las mujeres zapatistas está viva porque es expresión de sus modos y decisiones colectivas a la hora de actuar para defenderse como pueblo y como mujeres de la violencia colonial, patriarcal y capitalista. El sistema patriarcal es un sistema de control y dominio. Hay hombres y mujeres patriarcales, ellos y ellas humillan, desprecian y explotan. Como la Margarita Zavala que es una mujer patriarcal y también capitalista, es decir, que ha asumido e interiorizado los valores de la explotación y la dominación. Así que no todas las mujeres luchan.

Una mujer que lucha es una mujer con rabia

Del dolor nace la rabia y que con ella se hace camino, ya lo han dicho las y los compas que piensan en justicia y no en venganza. Así lo sienten también las madres que se convierten en peritos, exploradoras, antropólogas forenses para buscar a sus hijas e hijos por los intrincados terrenos de este país; las mujeres que marchamos para que dejen de faltarnos; los pueblos que se levantan y resisten para luchar por la vida.

Una mujer que lucha es una mujer con rabia y esperanza. Tal vez esos sentires nos llevaron al Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Tal vez esa rabia en nuestros corazones nos llevó a miles de mujeres a ese espacio de compartición, tal vez fue el efecto Marichuy. El proceso del Concejo Indígena de Gobierno nos ha dotado de herramientas de lucha a una nueva generación de mujeres jóvenes: los siete principios zapatistas, el diálogo, la organización, el encuentro, la escucha, el ejercicio de la palabra y la voz.

La rabia se comparte y la esperanza nos despierta la imaginación. Echamos reta en las canchas, bailamos y gozamos, cantamos y sanamos al mismo tiempo (a veces hasta cantamos con el cuerpo, cuenta una mujer abrazada por el sentimiento de 43 estudiantes que el Estado ha desaparecido). Los días 9 y 10 de marzo transcurrieron entre cientos de talleres y pláticas. Llegamos dispuestas a compartir, charlar, mostrar, escuchar y observar lo que somos; sintiendo que tal vez a Otra le funcione también bordar, abrazar, masajear, cantar, bailar, filmar, pintar, tejer, grabar, organizarse, sostenerse con otras mujeres.

En las exposiciones vimos la mirada de diversas mujeres; decía Machado, «El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas; es ojo porque te ve». Los pueblos y las mujeres que luchan son un espejo en el que se reflejan las rebeldías y resistencias de quienes luchan por la vida, la libertad, la democracia y la justicia. La práctica del compartir es el esfuerzo de espejearnos. Es así como las compas zapatistas también compartieron sus estrategias de lucha. A ellas les funciona la autonomía, caminar junto con sus compañeros zapatistas, cuidar el territorio y trabajar en colectivo. No es que estando entre mujeres no estemos bien, al contrario, se nos ve a todas sonriendo, gritando, abrazando, cantando, bailando en el Torbellino; pero vivir con la esperanza también es recordar que vivimos en una sociedad de hombres, mujeres y otros.

Acordamos vivir, y como para nosotras vivir es luchar, pues acordamos luchar.

Ha pasado mes y medio desde que finalizó el Primer Encuentro Internacional de Mujeres que Luchan. Un Encuentro que no solo nos permitió echar un vistazo en una de esas grietas que hombres y mujeres, con sus resistencias y rebeldías, se empeñan en hacerle al muro capitalista. Fue un Encuentro que nos permitió estar del otro lado del muro y reafirmar que otro mundo es posible.

Durante tres días y tres noches, compartimos y expresamos, como dice la compañera Everilda del Caracol II La Garrucha, “nuestros dolores, nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestra rabia y coraje, nuestras formas de lucha… nos expresamos libremente como mujeres que somos”. Sin embargo regresar a este lado del muro no ha sido fácil. Después del Encuentro todo el desprecio, el machismo y la violencia hacia las mujeres se siente con más fuerza. Hemos vuelto a una realidad patriarcal, clasista, individualista, capitalista y con ello, nos hemos reencontrado con los asesinatos, las desapariciones, los feminicidios y con toda la violencia y represión que simplemente no para en México y el mundo.

La semilla zapatista se regó hacia distintas geografías en los cinco continentes. El mensaje fue claro durante todo el Encuentro. Antes, durante y después, la invitación continua fue a no rendirnos, no vendernos y no claudicar como mujeres que luchamos. Las diferencias teóricas e ideológicas entre posiciones feministas muy diversas y hasta encontradas, quedaron del otro lado de las rejas del Caracol pues la invitación fue amplia; “si eres una mujer que lucha, que no está de acuerdo con lo que nos hacen como mujeres que somos, si no tienes miedo, si tienes miedo pero lo controlas, pues entonces te invitamos a encontrarnos, a hablarnos y a escucharnos como mujeres que somos.” Y nos encontramos, hablamos y escuchamos casi ocho mil mujeres de distintos países, pueblos y tribus. Mujeres que, como dice la compañera Everilda, “luchamos de diferentes modos y formas… mujeres de diferentes colores, lenguas y culturas, pero todas explotadas por el mismo explotador que se llama sistema capitalista neoliberal, criminal, encarcelador, violador, dominador; que nos intimida y amenaza, que nos desprecia y nos olvida, nos hostiga, desaloja, migra, desemplea, haciéndonos creer que solo podemos vivir con dinero”. Somos diferentes y diversas, pero en la lucha nos encontramos.

El acuerdo fue vivir, para vivir hay que luchar, para luchar hay que organizarse. En el conversatorio “Miradas, escuchas, palabras, ¿Prohibido pensar?” convocado por la Comisión Sexta del EZLN, que se llevó a cabo del 15 al 25 de abril del presente año, compañeras coordinadoras del Encuentro, pertenecientes a los cinco caracoles zapatistas, compartieron el cómo fueron los preparativos, cuáles las dificultades, cómo vieron y sintieron, qué les hizo pensar y qué hicieron después. Sus palabras no hacen más que reforzar lo que por los oídos, los ojos, la piel, la razón y el corazón, percibimos durante esos días. Cada una de las tareas y actividades que se llevaron a cabo fueron resultado de un proceso organizativo de ocho meses y de una lucha de más de 25 años.

“Pues la verdad, hermanas y compañeras, es que sufrimos mucho porque no sabemos cómo vamos a hacer. Es la primera vez que como mujeres que somos, solas, organizamos un encuentro así. Lo organizamos desde abajo, o sea que primero hicimos reuniones y discusión en nuestros colectivos en los pueblos y comunidades. Luego en las regiones, luego en las zonas y luego ya de las 5 zonas juntas… Tardamos meses y así hasta que llegó el acuerdo de todas, porque es que, si vamos a hacer, es porque tenemos que hacer entre todas, en colectivo.”

Como dicen las compañeras zapatistas, “la rebeldía, la resistencia y la lucha es también una fiesta, aunque a veces no hay música ni baile y sólo hay la chinga de los trabajos, de la preparación y de la resistencia”.

¿Qué rumbos agarrarán la resistencia, la rebeldía, y esa sororidad que vivimos en Morelia? Quizá es muy pronto para saberlo, pero el 8 de marzo las compañeras zapatistas nos dieron quizá el regalo más grande de todos, y un compromiso aún mayor. Nos dieron una luz para alumbrar el camino. Esto es algo que no dejará los corazones de ninguna de las que estuvimos ahí presentes. Sin manifiestos rimbombantes, tratados teóricos o protagonismos mediáticos, las mujeres zapatistas mostraron al mundo la fuerza colectiva de las mujeres que luchan y nos dieron la libertad de utilizarla según nuestros modos, nuestras formas y nuestras geografías para luchar por la vida.

“Hermanas y compañeras: Este día 8 de marzo, al final de nuestra participación, encendimos una pequeña luz cada una de nosotras. La encendimos con una vela para que tarda, porque con cerillo rápido se acaba y con encendedor pues qué tal que se descompone. Esa pequeña luz es para ti. Llévala hermana y compañera. Cuando te sientas sola, cuando tengas miedo, cuando sientas que es muy dura la lucha, o sea la vida, préndela de nuevo en tu corazón, en tu pensamiento, en tus tripas… y no la quedes, compañera y hermana. Llévala a las desaparecidas, llévala a las asesinadas, llévala a las presas, llévala a las violadas, llévala a las golpeadas, llévala a las acosadas, llévala a las violentadas de todas las formas, llévala a las migrantes, llévala a las explotadas, llévala a las muertas, llévala y dile a todas y cada una de ellas que no está sola, que vas a luchar por ella. Qué vas a luchar por la verdad y la justicia que merece su dolor. Que vas a luchar porque el dolor que carga no se vuelva a repetir en otra mujer en cualquier mundo. Llévala y conviértela en rabia, en coraje, en decisión. Llévala y júntala con otras luces. Llévala y, tal vez, luego llegue en tu pensamiento que no habrá ni verdad, ni justicia, ni libertad en el sistema capitalista patriarcal. Entonces tal vez nos vamos a volver a ver para prenderle fuego al sistema. Y tal vez vas a estar junto a nosotras cuidando que nadie apague ese fuego hasta que no queden más que cenizas. Y entonces, hermana y compañera, ese día que será noche, tal vez podremos decir contigo: Bueno, pues ahora sí vamos a empezar a construir el mundo que merecemos y necesitamos.”

Por Nadia Jimenez y Amiel Aketzali

Nadia Jiménez: Ambientóloga de nacimiento y profesión, he dedicado mis últimos años a acompañar y aprender de los procesos organizativos de comunidades indígenas en México desde la compartición de saberes en las áreas de la comunicación comunitaria y la economía social y solidaria.

Amiel Aketzali: Activista anticapitalista, socióloga y fotoperiodista en construcción. Gestora en la Cooperativa de Consumo La Imposible. Temas de interes: defensa territorial, feminismos anticapitalistas y organización en red. amielaketzalireyes@gmail.com

Fuente: Revista Amazonas


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