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Autor RALLT Idioma Español Pais Internacional Publicado 28 mayo 2015 12:49

El problema de los antibióticos en la agricultura. Boletín N° 610 de la RALLT

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“El uso de antibióticos en granjas está asociado directamente con la transferencia de bacterias resistentes a los mismos de animales a humanos”, señala James M. Tiedje, investigador de la Universidad Estatal de Michigan. Se trata de un problema conocido, sobre el que las autoridades europeas y estadounidenses habían tomado medidas; pero, hasta ahora, nadie había investigado cómo gestionaba el asunto el mayor productor de antibióticos del mundo: China.

RED POR UNA AMÉRICA LATINA LIBRE DE TRANSGÉNICOS

BOLETÍN 610

EL PROBLEMA DE LOS ANTIBIÓTICOS EN LA AGRICULTURA

Contenido

- LA “AMENAZA MUNDIAL” QUE ESTÁ OCULTANDO LA INDUSTRIA ALIMENTARIA

- ANIMALES SILVESTRES CON SOBREDOSIS DE FÁRMACOS

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LA “AMENAZA MUNDIAL” QUE ESTÁ OCULTANDO LA INDUSTRIA ALIMENTARIA

El uso de antibióticos en granjas está asociado directamente con la transferencia de bacterias resistentes a los mismos de animales a humanos

Miguel Ayuso – El Cofindencial

“El uso de antibióticos en granjas está asociado directamente con la transferencia de bacterias resistentes a los mismos de animales a humanos”, señala James M. Tiedje, investigador de la Universidad Estatal de Michigan. Se trata de un problema conocido, sobre el que las autoridades europeas y estadounidenses habían tomado medidas; pero, hasta ahora, nadie había investigado cómo gestionaba el asunto el mayor productor de antibióticos del mundo: China.

Tal como señala Tiedje en un estudio publicado esta semana en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), “en China el uso de antibióticos para tratar enfermedades en animales, y como aceleradores del crecimiento, no tiene control alguno, lo que generalmente provoca un uso indiscriminado de estos, que se refleja en las altas concentraciones de residuos de antibióticos (cientos de miligramos de tetraciclina por kilogramo) que se detectan fácilmente en las heces de los animales”.

Los genes resistentes a los antibióticos en las granjas porcinas de china no sólo son diversos, además son extraordinariamente abundantes

El investigador estadounidense, con la ayuda de varios científicos chinos, ha analizado la presencia de genes resistentes a los antibióticos (ARG, por sus siglas en inglés) en tres granjas porcinas de distintas regiones del país asiático, tomando muestras del estiércol que se producía en éstas, el compost resultante, y los suelos donde se había vertido éste. En su opinión, el estudio demuestra que “los ARG en las granjas porcinas de china no sólo son diversos, además son extraordinariamente abundantes, lo que provoca una alta probabilidad estadística de que se dispersen, surjan nuevas mutaciones y se produzca una transferencia horizontal en el ambiente”.

UN PELIGRO MÁS CERCANO DE LO QUE PARECE

Para Alfonso Carrascosa, investigador del área de microbiología del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación del CSIC, el peligro que conlleva el uso indiscriminado de antibióticos en el ganado es una “obviedad” que, por desgracia, muchos países no tienen en cuenta. Tal cómo explica el científico, el uso no selectivo de antibióticos en animales puede traer dos problemas: “En primer lugar, la bacteria que desarrolla una mutación que la hace resistente a los antibióticos puede ser patógena, y si la comemos o nos exponemos a ella provoca una enfermedad para la que el antibiótico no sirve. En segundo lugar, las bacterias pueden transferir los genes resistentes a los antibióticos a otras bacterias próximas, entre ellas las que provocan enfermedades en los seres humanos”. Estos fenómenos, junto a otros similares, han dado lugar al desarrollo de bacterias resistentes a los antibióticos: las “super bacterias” que mantienen en vilo a la comunidad científica.

LAS BACTERIAS RESISTENTES PUEDEN MIGRAR A CUALQUIER PAÍS

En el caso concreto de los cerdos chinos, el peligro para las sociedades occidentales es mayor de lo que parece. “El cerdo tiene en su intestino un reservorio importante de salmonella”, explica Carrascosa, “y esta puede trasmitirse por las heces que están en contacto con el agua que luego acaban bebiendo los humanos”. De ahí, su contagio a otras latitudes, cuenta el investigador, sólo hay un paso: “Las cepas resistentes de cualquier bacteria patógena pueden trasmitirse de muchas maneras. No tienen una masa apreciable, vuelan y están en el mar. Hace poco descubrieron incluso que había bacterias en la estratosfera. En definitiva, pueden migrar a cualquier país gracias a diversos fenómenos meteorológicos pero, además, a través de los movimientos de masas poblacionales. La gente va y viene de china todos los años”.

EL USO DE ANTIBIÓTICOS PARA EL GANADO NO DEJA DE CRECER

Tal como cuenta Carrascosa, la Unión Europea, consciente del peligro, legisló en 2006 sobre el asunto, prohibiendo los potenciadores del crecimiento –uno de los usos que se dan a los antibióticos–. No es el único organismo que se ha pronunciado al respecto. La propia Organización Mundial de la Salud presentó en verano un informe sobre resistencias antimicrobianas en el que insistía en la necesidad de disminuir el uso de antibióticos en ganadería y calificaba el asunto como “amenaza mundial”.

La realidad es que, en la actualidad, se emplean más antibióticos en la industria alimentaria que en la farmacéutica, algo que las autoridades sanitarias están tratando de evitar, no sin dificultades. En EE.UU., de hecho, el problema ha degenerado en una cruenta batalla legal entre los grupos de defensa del consumidor y la industria alimentaria.

En la actualidad, se emplean más antibióticos en la industria alimentaria que en la farmacéutica.

La poderosa FDA –la Agencia Estadounidense de la Alimentación y el Medicamento– publicó el año pasado un conjunto de directrices voluntarias destinadas a empujar a la industria cárnica a reducir el uso de antibióticos pero, tal como denunció la semana pasada la ONG The Pew Charitable Trust, nadie se ha molestado en seguir las directrices. La realidad es que, según denuncia esta organización, mientras que el uso de antibióticos para el consumo humano ha dejado de crecer, estabilizándose por debajo de los 3,5 millones de kilogramos anuales, el uso de éstos en ganadería no ha dejado de subir, rozando en 2011 los 13 millones de kilos. Esto supone que la industria alimentaria está consumiendo el 73% de los antibióticos que se usan en EE.UU. Un porcentaje superior al de China que, al menos en 2007, dedicaba el 46,1% de los antibióticos a estos menesteres. El total del país asiático, según el estudio de Tiedje, es sin embargo mucho mayor, y está en torno a los 97 millones de kilos.

El problema no acaba aquí, y es que la industria alimentaria está intentando ocultar que los ganaderos estadounidenses utilizan los antibióticos de forma cada vez más indiscriminada. Tal como informaba la revista estadounidense Mother Johns, el Instituto Americano de la Carne (que agrupa a la industria ganadera estadounidense) aseguró en un informe que entre 2010 y 2012 el uso de antibióticos en pollos sólo había aumentado en un 0,2%, unos datos radicalmente distintos a los que maneja la FDA que asegura que su uso creció un 2%.

URGE LEGISLAR, PERO HAY INTERESES ENCONTRADOS

Para Carrascosa es evidente que “se deben dejar de usar antibióticos en alimentación sin una causa justificada” y, aunque asegura que en la Unión Europea y EE.UU. se está intentando atajar el problema, apunta a diversos intereses encontrados que hacen difícil avanzar en el asunto.

Para niños, ancianos y enfermos una bacteria patógena para la que no hay cura puede ser fatal.

En primer lugar, cuenta el investigador, hasta la fecha “la incidencia de patologías de origen alimenticio, por el uso de antibióticos, es bajísima”. Esto se debe a que el sistema sanitario funciona con rapidez y se desarrollan nuevos antibióticos antes de que las bacterias resistentes sean fatales. Aún así, cuenta, “nos podemos llevar un susto” y, de hecho, ya nos lo llevamos con la E. coli, que provocó la muerte de al menos 32 personas. Los enfermos, los niños y los ancianos son los colectivos más vulnerables. Para ellos una bacteria patógena para la que no hay cura puede ser fatal y, en opinión de Carrascosa, no deberíamos bajar la guardia ante nuevas, y probables, amenazas.

Por otra parte, explica Carrascosa, la limitación del uso de antibióticos en ganadería requiere un gigantesco cambio legislativo, en el que entran en juego muchas administraciones, y muchos intereses. El investigador no niega lo lucrativo que es el uso de aceleradores de crecimiento para la industria alimentaria, “a la que no le interesa que disminuya la producción”, y la presión que realiza ésta para que se puedan seguir utilizando juega un importante papel.

La solución al problema, según el científico, pasa por encontrar alternativas naturales a los antibióticos: “En nuestro Instituto estamos buscando antimicrobianos de origen natural, procedentes de residuos de la industria enológica en los que abundan los polifenoles del vino, unas sustancias complejas que tienen efectos similares a los de los antibióticos, pero sin los efectos negativos de estos”. ¿Será esta una alternativa viable?

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ANIMALES SILVESTRES CON SOBREDOSIS DE FÁRMACOS

Eva Rodríguez Nieto (AGENCIA SINC)

El crecimiento y el envejecimiento de la población humana han disparado el consumo de medicamentos, y los animales sufren sus efectos. Estudios recientes prueban cómo los residuos de nuestra botica hacen estragos en la vida silvestre. Buitres deprimidos por antiinflamatorios y que mueren en cuestión de horas, estorninos consumidores de Prozac que dejan de comer, y peces feminizados por la píldora anticonceptiva son algunos ejemplos.

A nadie se le ocurriría suministrarle un antidepresivo a un pez de río, ni un antiinflamatorio a un ave rapaz salvaje sana, pero eso es lo que ocurre cuando se ‘medicaliza’ el medioambiente. Vertebrados silvestres, aves y mamíferos se intoxican si se les expone a productos farmacéuticos de uso humano y doméstico.

En España, uno de los ejemplos más destacados es la reciente aprobación en 2013 del uso de un fármaco, el diclofenaco, para el tratamiento de las dolencias del ganado. El mismo medicamento ha provocado la práctica extinción de buitres en la India que carroñaban las vacas muertas tratadas con esta sustancia.

Es bien conocido también el efecto que han tenido los estrógenos sintéticos usados en píldoras anticonceptivas al llegar a través de las aguas residuales a los ríos. Los científicos probaron una feminización de los machos de varias especies de peces en aguas contaminadas con hormonas sexuales. Alguno de estos estudios se realizó en España.

Rafael Mateo Soria, del grupo de toxicología de vida salvaje del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), explica a Sinc: “A través de los vertidos residuales urbanos llegan muchos tipos de fármacos a las cuencas fluviales y humedales que pueden afectar a la vida acuática”.

En un total de 17 artículos que publica la revista Philosophical Transactions, Mateo y varios grupos de investigación de Reino Unido, EE UU, Canadá y España aportan datos y experiencias que abordan la complejidad logística y ética que supone afrontar este problema.

“LA DOSIS HACE EL VENENO”, DECÍA PARACELSO.

Un abismo separa al fármaco y el veneno, que suele ser mortal en una determinada proporción, y no tiene ninguna función terapéutica. Sin embargo, al igual que cualquier sobredosis en humanos, los medicamentos también pueden ser letales en la naturaleza. El médico suizo Paracelso decía en su obra Trilogía: "¿Hay algo que no sea veneno? Todas las cosas son veneno, y no hay nada que no lo sea. Solamente la dosis determina que una cosa sea o no veneno”.

Los investigadores que han estudiado las consecuencias del diclofenaco en aves carroñeras lo dejan claro: “Los buitres que lo ingieren se deprimen y entran en letargo, a menudo les cuelga la cabeza. Después, en un plazo de entre 24 y 48 horas mueren. En la necropsia aparece siempre gota grave en sus vísceras; las aves mueren de insuficiencia renal”, declara a Sinc Mark Taggart, científico del Instituto de Investigación Medioambiental (ERI, por sus siglas en inglés), que acaba de volver a Reino Unido desde la India, donde ha estado analizando precisamente muestras de diclofenaco.

Las aves carroñeras consumen los fármacos a través de la carne de animales muertos procedentes de la ganadería. Es tan letal que una pequeña cantidad puede matarlas. “Como todas las sustancias tóxicas, la mortalidad depende de la dosis, pero en el 50% de los buitres, esta es muy baja. Un ejemplo: solo de 0,098 a 0,225 mg por kilo de peso corporal supone la muerte del buitre dorsiblanco bengalí (Gyps bengalensis)”, argumenta Taggart.

“Lo recomendable es no caer en los errores de la India y otros países asiáticos, que se han quedado casi sin estas rapaces, más cuando sabemos que existen alternativas poco tóxicas, como el meloxicam”, enfatiza Mateo Soria. “Lo normal –añade– sería retirarlos”.

El investigador de Reino Unido opina igual: “La aprobación de este fármaco en la ganadería ha sucedido por un vacío en las normas de concesión de las licencias europeas. Creo que es una decisión muy desafortunada. La UE está ahora reconsiderándola, ya que en España se encuentra más del 95% de los buitres europeos, que ahora corren riesgo. Sabiendo lo que ha pasado en la India, me parece irresponsable”.

Un estudio publicado recientemente por este y otros investigadores, a partir del análisis del hígado de más de 6.000 cadáveres de ganado, demuestra que la prohibición del uso de diclofenaco en la India redujo la presencia de esta sustancia en un 50% entre 2005 y 2009 en las reses, y un aumento del meloxicam en un 44% (la alternativa más segura). Sin embargo, el uso ilícito persiste, ya que cerca del 10% de las muestras dio positivo en 2009.

UNA MUERTE MARCADA POR LA ESPECIE

En España ya se ha detectado un caso de intoxicación de un buitre en Córdoba por otro antiinflamatorio, el flunixin. El riesgo está muy presente. “Contenía niveles elevados en sus tejidos y también presentó gota visceral grave. La conclusión más probable es que murió después de alimentarse de un cadáver medicado con flunixin. Sabemos que este medicamento puede ser tóxico para pájaros carroñeros, pero este parece ser el primer caso claro”, asume Taggart, que también hizo los análisis del buitre de Andalucía.

El flunixin no estaba catalogado como letal para estas rapaces. Según comenta a Sinc Jaume Martorell Monserrat, científico del departamento de medicina de cirugía animal de la Universidad de Barcelona, “produce efectos tóxicos en el riñón y gastrointestinales, pero depende de la dosis ingerida”.

En 2007 la revista Veterinary Record publicaba un estudio sobre los efectos de este antiinflamatorio en periquitos. Las muestras de sangre que recogieron en el experimento –realizado en un total de 64 aves jóvenes y sanas– indicaron que esta especie no sufre ningún tipo de daño renal después de un tratamiento con flunixin durante siete días. Estudios previos habían demostrado que, en un mismo período de tiempo, dosis mínimas sí causaban lesiones en codornices (Colinus virginianus) y la muerte en grullas siberianas (Grus leucogeranus).

Esto hace suponer a los investigadores que también hay que tener en cuenta las especies, que responden de manera diferente al mismo fármaco, y no solo la dosis.

Otro problema español que está documentado es el de los buitres y quebrantahuesos del Pirineo expuestos a antiparasitarios externos de forma muy continua a través del consumo de restos de ovino.

“Estos tratamientos afectan al sistema nervioso, y en exposiciones a bajas cantidades pueden causar hipotermia. Es algo preocupante en especies como el quebrantahuesos, porque comienzan su nidificación en la alta montaña en pleno invierno”, argumenta Mateo Soria.

ANTIDEPRESIVOS EN EL AGUA, AVES SIN APETITO

Durante la estación invernal, el famoso antidepresivo Prozac complica también la vida de las aves. Kathryn Arnold, del departamento de medioambiente de la Universidad de Nueva York (EE UU) –que ha sido la encargada de coordinar y editar el especial publicado en Philosophical Transactions–, lidera un estudio sobre este medicamento.

Arnold expone a Sinc el trabajo realizado en el norte de Inglaterra: “Alimentamos a estorninos con concentraciones muy bajas de Prozac durante seis meses, imitando los niveles que están consumiendo los animales que se alimentan de aguas residuales durante el invierno en la naturaleza. Los principales efectos que observamos fueron en la alimentación”.

En este período, las aves sanas deben nutrirse de manera adecuada en la mañana para reponer su energía, debido al frío durante todo el día. Antes de acostarse, tienen que cenar copiosamente para soportar las largas noches invernales. “En cambio –añade la científica– las aves que habían recibido Prozac se alimentaron menos y no mostraron los picos en la alimentación de la mañana y la tarde”.

Los investigadores no están seguros todavía de si estos efectos tienen consecuencias a largo plazo, pero su preocupación son los riesgos que corren durante esta estación si les falla el alimento. Además, este problema es extrapolable a todas las aves que beben aguas contaminadas.

En los peces también se ha comprobado que los psicotrópicos alteran su comportamiento, lo que les puede provocar dificultades para desenvolverse con normalidad en el medio salvaje, por ejemplo, a la hora de defenderse de sus depredadores.

“Se está investigando el efecto que la presencia de ciertas drogas psiquiátricas pueden tener en los peces en cuanto a la alteración de su comportamiento, y que podrían llegar a afectar de diversas maneras al ecosistema acuático. Se espera que en los próximos años tengamos conclusiones al respecto”, puntualiza a Sinc la investigadora Sara Rodríguez Mozaz, del Instituto Catalán de Investigación del Agua, que participa en la Red Europea sobre Contaminantes Emergentes en el medio ambiente.

La científica apunta que los fármacos detectados en los peces de río de la península ibérica pertenecen a diferentes tipos de grupos terapéuticos, desde inflamatorios y drogas psiquiátricas a fármacos betabloqueantes. “Es difícil evaluar cuáles son los más dañinos porque no puede separarse del efecto combinado de otros contaminantes químicos presentes en el medio acuático. En cualquier caso, cabe destacar la presencia del diclofenaco en varios de los peces analizados, especialmente en aquellos cerca de las plantas depuradoras”.

Pero ahí no acaba la lista. Medicamentos antihipertensivos –que reducen la presión arterial– han llegado a encontrarse en depredadores de peces, como nutrias o águilas pescadoras, “aunque los efectos que pueden tener sobre su salud están menos estudiados”, añade Mateo Soria.

Existen aún muchas incógnitas sobre los riesgos de los productos farmacéuticos en el medio ambiente, en la vida silvestre y en los ecosistemas. Los científicos son conscientes y se afanan en recopilar datos del pasado y actualizarlos con nuevos estudios. Sin embargo, su trabajo está incompleto si los administradores legales no toman el testigo y convierten estas evidencias en instrumentos para que las especies en peligro no acaben en la mesa de autopsias.

Fuente: ARGENPRESS.info - Prensa argentina para todo el mundo

Miércoles, 12 de noviembre de 2014

Eva Rodríguez es periodista y redactora de SINC especializada en información sobre ciencias naturales y sociales.

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