Argentina: en clave sojera

Idioma Español
País Argentina

Las eventuales consecuencias del cambio climático no son ajenas al modelo agrícola extendido en todo el territorio

¿Qué costo tiene la pérdida de los bosques nativos? ¿Cómo se mide la pérdida de la biodiversidad? ¿Cuáles son las consecuencias del mal uso del suelo? Según datos de la Convención contra la Desertificación de las Naciones Unidas, que en marzo de este año realizó su quinta reunión anual en Buenos Aires, el 70 por ciento de los 5200 millones de hectáreas de tierras áridas utilizadas en todo el mundo para la agricultura ya están degradadas, con una pérdida estimada en 42.000 millones de dólares por año.

“La problemática del cambio climático impacta directamente en la degradación de las tierras, generando sequías, falta de productividad, aumento de la salinidad, erosión hídrica y eólica”, asegura a Cash Octavio Pérez Pardo, director de Conservación del Suelo y Lucha contra la Desertificación de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. Las eventuales consecuencias del cambio climático no son ajenas al modelo agrícola extendido en todo el territorio nacional y a la forma en que se utiliza el suelo. “El 50 por ciento de los suelos cultivados sufrirá procesos de salinización y desertificación y habrá una menor productividad en cultivos y carnes, amenazando la seguridad alimentaria en varias regiones. Los fenómenos ambientales y las catástrofes (inundaciones, tornados, sequías) serán casos más recurrentes y de aparición permanente en un país que prácticamente no las tenía”, afirma Walter Pengue, investigador del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente de la UBA. Esta situación se explica –según Pengue– por un proceso de “pampeanización”, es decir, la importación de un modelo tecnológico sobre un territorio que no es pampa, como ocurre en la zona chaqueña.

A partir de ese proceso, la frontera de la agricultura industrial está llegando a zonas de bosques nativos. Según datos de la Dirección de Bosques de la Secretaría de Ambiente, en el período 1998-2002 se desforestaron aproximadamente 920.000 hectáreas. El responsable de esa dependencia pública, Jorge Menéndez, indicó a este suplemento que en el período 2002-2006 las provincias de Salta y Santiago del Estero duplicaron sus áreas deforestadas. “Actualmente se desmontan por año 230.000 hectáreas de bosques nativos, es decir, el primer dique natural contra las inundaciones”, explica Menéndez. “Cuando llueve, los montes frenan las lluvias y sólo llega una parte a la tierra. Si se saca el monte, no hay ningún freno. En Santa Fe decían que el problema de las inundaciones tenía que ver con que el paredón de contención era bajo. Pero se van a cansar de levantar el paredón. Todos los desmontes que se están produciendo en la cuenca del Chaco y Santiago del Estero tienen consecuencias sobre Santa Fe”, destaca Pérez Pardo.

La práctica habitual de la deforestación implica primero el desmonte y luego la quema de los residuos dejados por las topadoras. “La quema produce la liberación de dióxido de carbono, y como ya no hay bosques desaparece la posibilidad natural de absorberlo y purificar el ambiente con oxígeno”, explica Pengue. Argentina aprobó la Convención de Cambio Climático de las Naciones Unidas (1994), por lo que se comprometió a “promover y apoyar con su cooperación la conservación y el reforzamiento de los sumideros y depósitos de todos los gases de efecto invernadero. Es decir, los bosques”. Actualmente, el Senado tiene en seis comisiones diferentes un proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos para la defensa de bosques nativos, que ya cuenta con media sanción de Diputados.

“El eje del proyecto es el ordenamiento del territorio, es decir, que cada provincia determine cuáles son los bosques que pueden tocarse y cuáles no. El primer argumento de las provincias del norte para oponerse a este proyecto es que la normativa invade jurisdicciones locales. Nosotros consideramos que los bosques no reconocen límites geopolíticos y que el Estado Nacional debe reglar el desmonte”, indica a Cash Natalia Machain, coordinadora de Política Ambiental y Conservación de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales. Para Menéndez, todos los bosques que se desforestan se destinan al cultivo de soja por especulación inmobiliaria. “El valor de una hectárea desforestada en alguna provincia del norte vale cerca de 1400 dólares. Mientras que en el noroeste de Córdoba, sur de Santa Fe, o en la ciudad de Rojas y Pergamino esa misma hectárea cotiza a 13.000 dólares. La realidad es que no se hacen los estudios correspondientes y se dan permisos de tala y cultivo de manera imprudente”, asegura.

Deforestación, incremento en las precipitaciones, concentración de cultivos forman parte, entre otras variables, del mismo problema: la relación entre un modelo económico sustentable y el cuidado del ambiente y los recursos naturales. Detrás de la frontera agrícola existen poblaciones que viven de lo que produce el bosque, como harina de algarrobo, goma o miel orgánica. La Dirección de Bosques calcula que de cada 70.000 hectáreas arrasadas, se echan de su lugar autóctono a 400 personas.

¿Qué costo tiene la pérdida de los bosques nativos? ¿Cómo se mide la pérdida de la biodiversidad? ¿Cuáles son las consecuencias del mal uso del suelo? Según datos de la Convención contra la Desertificación de las Naciones Unidas, que en marzo de este año realizó su quinta reunión anual en Buenos Aires, el 70 por ciento de los 5200 millones de hectáreas de tierras áridas utilizadas en todo el mundo para la agricultura ya están degradadas, con una pérdida estimada en 42.000 millones de dólares por año.

“La problemática del cambio climático impacta directamente en la degradación de las tierras, generando sequías, falta de productividad, aumento de la salinidad, erosión hídrica y eólica”, asegura a Cash Octavio Pérez Pardo, director de Conservación del Suelo y Lucha contra la Desertificación de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación. Las eventuales consecuencias del cambio climático no son ajenas al modelo agrícola extendido en todo el territorio nacional y a la forma en que se utiliza el suelo. “El 50 por ciento de los suelos cultivados sufrirá procesos de salinización y desertificación y habrá una menor productividad en cultivos y carnes, amenazando la seguridad alimentaria en varias regiones. Los fenómenos ambientales y las catástrofes (inundaciones, tornados, sequías) serán casos más recurrentes y de aparición permanente en un país que prácticamente no las tenía”, afirma Walter Pengue, investigador del Grupo de Ecología del Paisaje y Medio Ambiente de la UBA. Esta situación se explica –según Pengue– por un proceso de “pampeanización”, es decir, la importación de un modelo tecnológico sobre un territorio que no es pampa, como ocurre en la zona chaqueña.

A partir de ese proceso, la frontera de la agricultura industrial está llegando a zonas de bosques nativos. Según datos de la Dirección de Bosques de la Secretaría de Ambiente, en el período 1998-2002 se desforestaron aproximadamente 920.000 hectáreas. El responsable de esa dependencia pública, Jorge Menéndez, indicó a este suplemento que en el período 2002-2006 las provincias de Salta y Santiago del Estero duplicaron sus áreas deforestadas. “Actualmente se desmontan por año 230.000 hectáreas de bosques nativos, es decir, el primer dique natural contra las inundaciones”, explica Menéndez. “Cuando llueve, los montes frenan las lluvias y sólo llega una parte a la tierra. Si se saca el monte, no hay ningún freno. En Santa Fe decían que el problema de las inundaciones tenía que ver con que el paredón de contención era bajo. Pero se van a cansar de levantar el paredón. Todos los desmontes que se están produciendo en la cuenca del Chaco y Santiago del Estero tienen consecuencias sobre Santa Fe”, destaca Pérez Pardo.

La práctica habitual de la deforestación implica primero el desmonte y luego la quema de los residuos dejados por las topadoras. “La quema produce la liberación de dióxido de carbono, y como ya no hay bosques desaparece la posibilidad natural de absorberlo y purificar el ambiente con oxígeno”, explica Pengue. Argentina aprobó la Convención de Cambio Climático de las Naciones Unidas (1994), por lo que se comprometió a “promover y apoyar con su cooperación la conservación y el reforzamiento de los sumideros y depósitos de todos los gases de efecto invernadero. Es decir, los bosques”. Actualmente, el Senado tiene en seis comisiones diferentes un proyecto de Ley de Presupuestos Mínimos para la defensa de bosques nativos, que ya cuenta con media sanción de Diputados.

“El eje del proyecto es el ordenamiento del territorio, es decir, que cada provincia determine cuáles son los bosques que pueden tocarse y cuáles no. El primer argumento de las provincias del norte para oponerse a este proyecto es que la normativa invade jurisdicciones locales. Nosotros consideramos que los bosques no reconocen límites geopolíticos y que el Estado Nacional debe reglar el desmonte”, indica a Cash Natalia Machain, coordinadora de Política Ambiental y Conservación de la Fundación Ambiente y Recursos Naturales. Para Menéndez, todos los bosques que se desforestan se destinan al cultivo de soja por especulación inmobiliaria. “El valor de una hectárea desforestada en alguna provincia del norte vale cerca de 1400 dólares. Mientras que en el noroeste de Córdoba, sur de Santa Fe, o en la ciudad de Rojas y Pergamino esa misma hectárea cotiza a 13.000 dólares. La realidad es que no se hacen los estudios correspondientes y se dan permisos de tala y cultivo de manera imprudente”, asegura.

Deforestación, incremento en las precipitaciones, concentración de cultivos forman parte, entre otras variables, del mismo problema: la relación entre un modelo económico sustentable y el cuidado del ambiente y los recursos naturales. Detrás de la frontera agrícola existen poblaciones que viven de lo que produce el bosque, como harina de algarrobo, goma o miel orgánica. La Dirección de Bosques calcula que de cada 70.000 hectáreas arrasadas, se echan de su lugar autóctono a 400 personas.

Página/12, Argentina, 10-06-07

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