Argentina: qué hay debajo de la alfombra de soja en Santa Fe

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País Argentina

La soja encandila por los beneficios económicos que implica para la región. Pero catedráticos de las facultades de Veterinarias, Agrarias, Medicina, Ciencia Política y Económicas, agrupados en el Observatorio del Sur, detrás del fenómeno ven desde la pérdida de biodiversidad hasta los daños de una "agricultura sin agricultores"

A contrapelo del boom agrícola que llena de divisas las arcas del Estado y de autos último modelo a los pueblos del interior, investigadores de cinco facultades de la Universidad Nacional de Rosario se unieron para lanzar un alerta sobre el modelo "sojadependiente" que ha ganado las explotaciones rurales, y cuyas consecuencias negativas se sienten en la reducción de puestos de trabajo, la destrucción de la biodiversidad, el aumento de los riesgos para la salud y hasta la pérdida de valores culturales, como el sentido de pertenencia a la tierra, que es vista solo como un bien económico. Académicos de las facultades de Ciencias Agrarias, Veterinarias, Ciencia Política, Ciencias Económicas y Medicina confluyen en el "Observatorio del Sur: hacia un desarrollo rural sustentable" (ver aparte), que en lo inmediato se plantea encarar una ronda de contactos con distintos actores del tema, para realizar el año próximo un foro regional.

Eduardo Spiaggi, vicedecano de la Faculta de Ciencias Veterinarias de la UNR, está al frente del Observatorio del Sur. Y Sur es en referencia a la parte inferior de la bota santafesina, que en los últimos años aportó millones de hectáreas a la extensión del "mar verde" de soja, como parte de un boom nacional casi sin precedentes en el mundo: La superficie de cultivo de soja creció el 170 por ciento en los últimos diez años. Si se toma como referencia el año 1977, la superficie aumentó un 1122 por ciento y la producción un 1453 por ciento, llegando en la última temporada 2004/2005 a los 14,6 millones de hectáreas.

"La idea del Observatorio es analizar que hay una idea de desarrollo dominante, con algunas aristas positivas innegables, como el aumento de la producción, lo que trae aparejadas más divisas para el país -señala Spiaggi-; pero lo que ponemos en análisis es si este modelo es sustentable".

Ahí se hacen ver las grietas que presenta el modelo de monocultivo, básicamente vinculadas a cuestiones ambientales y sociales, a partir de fijar la mirada aquí nomás, en el sur de Santa Fe:

* Química pura. La comercialización de agroquímicos y plagicidas se triplicó en la última década, predominando el glifosato, que se aplica en la soja. "Se dice que el glifosato es muy poco tóxico, pero algo que mata de todo menos la soja transgénica, ¿puede ser inocuo? -se pregunta Spiaggi- Eso es muy discutible. Entonces desde el Observatorio del Sur nos preguntamos qué puede pasar a largo plazo con esos productos". Además muchos chacareros usan el glifosato "con mucho descuido, como si fuera un jarabe", en dosis masivas por avión o por vía terrestre.

* Sin datos. A pesar de la intensificación del uso de químicos en el campo, no existen estudios sistemáticos sobre sus consecuencias para la salud de los trabajadores rurales. María Alejandra Silva, investigadora de la Facultad de Medicina y miembro del Grupo Salud de los Trabajadores (Federación Argentina de Medicina General) resalta que en la región el 70 por ciento de las consultas sobre intoxicaciones en los centros de salud especializados son telefónicas. "Se carece de datos epidemiológicos certeros y tampoco hay estudios de población in situ", resalta. Desde el sindicato de peones rurales detectan un incremento de casos de cáncer, pero no cuentan con datos registrados estadísticamente.

* A la banquina. Otro fenómeno negativo es la disminución de la biodiversidad. "La soja está transformando toda la zona en un desierto verde, donde no hay corredores biológicos -resalta Spiaggi-. Las banquinas de las rutas y hasta los terraplenes del ferrocarril, que antes eran refugio de biodiversidad y corredores para la fauna, ahora son sembradas y fumigadas". Además "desde el punto de vista ecosistémico, cuando vos metés un solo elemento, como la soja, y eliminás todo lo que esta al lado, le estas dando oportunidades solamente a los organismos que viven de esa planta. Así aparece la roya, que va a ser un problema grave, y estás generando todas las condiciones ambientales para que ese invasor no encuentre predadores. En cambio, debería haber sistemas diversificados, ademas de soja, con cortinas forestales que te protegen el cultivo, donde puedan anidar pájaros que atacan a los invasores".

* Tierra cansada. La introducción de la siembra directa trajo un beneficio para la tierra, ya que evita la erosión que sufría antes al darse vuelta con el arado y quedar expuesta a la lluvia y el viento, que provocaban erosión. "Desde ese punto de vista la siembra directa es conservacionista -indica el vicedecano de Veterinarias-, pero a partir de los precios que tomó la soja, los productores la transforman en monocultivo, sin rotarla con otros cultivos como el maíz o, mejor aún, con pasturas, incluyendo un ciclo anual de explotación ganadera. Porque la soja de una siembra a otra no deja rastrojos (restos de las plantas) que se incorporen al terreno, y entonces la materia orgánica de la tierra comienza a disminuir".

* Poco agregado. Otra consecuencia del monocultivo es que deja una gran rentabilidad, pero no da más valor agregado a la producción ni genera empleo. Spiaggi cree que "en la misma superficie, con explotaciones más intensivas, agroecológicas, no se contamina el medio ambiente, se genera más trabajo y se gana más plata". Pone como ejemplo una explotación que visitó recientemente en Reconquista. Allí un productor con 200 hectáreas da trabajo a doce empleados más nueve miembros de su familia. "Paga sueldos dignos a todos y sin contaminar", resalta Spiaggi. ¿El secreto? Diversificar la producción, incluyendo leche, quesos, yogur, frutales, cerdos, pollos, juevos, miel. Todo con una concepción muy moderna y con el apoyo de la Universidad que certifica la calidad de sus productos. "¿Qué pasaría si de los 2000 millones de dólares en juego de las retenciones agrícolas, un 5 % se destinara a fomentar producciones alternativas que no dañen el ambiente y generen empleo?", se pregunta Spiaggi.

* Taperas. La gente ya no vive en el campo: donde antes había casas, hoy solo se ven taperas. La Argentina cuenta con una población urbana superior al 90 por ciento aunque, paradójicamente, su principal riqueza nacional es el campo. "Estamos frente a una agricultura sin agricultores -señala Spiaggi- lo que es grave, porque se pierde el sentido de pertenencia a la tierra. Se la ve solo como una fuente de recursos y ese es el punto donde no valorás tener un árbol; peor aun, tratás de sacarlo para pasar mejor con las máquinas. Para cambiar eso, hay que recuperar el sentido de pertenencia a la tierra y generar condiciones distintas para quien vive en el campo, que no lo vea como símbolo de atraso, sino de progreso". Pero la soja da la posibilidad de vivir todo el año en el pueblo o la ciudad, trabajando solo dos meses en el campo. Una solución sería alentar otras producciones que exigen una presencia constante en el campo, como el tambo, cuyos rindes son muy buenos, "pero es un trabajo esclavizante, ya que exige levantarse todos los días de la semana, de madrugada".

* Menos trabajo. Otra paradoja del modelo sojero es que ha disminuido la cantidad de trabajadores rurales registrados. En 2002 había 60 mil peones rurales en la provincia (datos del Censo Nacional), mientras que este año el registro nacional del sector (Renatre) señala que son 30 mil. Incluso hay menos trabajadores permanentes en el sur de la provincia que en el norte, donde la explotaciones son menos rentables. María Alejandra Silva destaca que muchos productores se quejan por la falta de mano de obra para la cosecha de frutilla o de naranja. "La gente prefiere cobrar un subsidio por desempleo y hacer changas antes que trabajar regularmente por menos dinero. ¿Cuál sería una solución? Pagar sueldos más dignos. Si un obrero rural ganara 800 o 900 pesos, difícilmente preferiría cobrar un subsidio. Otra posibilidad es darle al productor el monto del subsidio para que lo incorpore como parte del sueldo de sus empleados".

* La plata se va. Otra página del libro negro de la soja es que la plata pasa de largo de los pueblos. "Mucha soja no deja dinero en los comunas -dice Spiaggi- porque hay pools de siembra que manejan miles hectáreas, compran los insumos en Buenos Aires a gran escala, cosechan y se van. Los intendentes quieren fomentar otro tipo de producción que deje más plata en las arcas de las comunas y que los recursos se gasten en los negocios del pueblo y no en construir un edificio en Buenos Aires o Rosario".

A partir de este inventario parcial, el Observatorio del Sur se plantea generar un amplio debate, donde se incluya a todos los actores, desde las entidades impulsoras del actual modelo, como la poderosa Aapresid (lobby de la siembra directa) hasta las ambientalistas. "El objetivo es ponernos de acuerdo -dice Silva- en algunas cuestiones, como producir en el campo sin dañar el ambiente, generar empleo y lograr una mejor distribución". A partir de la actual ronda de consultas, en 2006 se avanzará hacia un foro regional.

"Vamos a ver si la sociedad y el Estado deciden intervenir sobre la conservación de los recursos que no deberían ser potestad exclusiva del propietario, porque la tierra tiene un interés estratégico para el país, y hay que pensar lo que puede pasar de aquí a cien años", concluye Spiaggi.

Diario Rosario 12, Argentina, 14-11-05

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