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Autor RALLT Idioma Español Pais Bolivia Publicado 7 mayo 2015 11:29

Análisis de la Cumbre "Sembrando Bolivia". Boletín N° 607 de la RALLT

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"La Cumbre Agropecuaria Sembrando Bolivia, que se realizó entre el 21 y 22 de este mes en la ciudad de Santa Cruz, determinó que el uso de la biotecnología en cultivos de algodón, soya y maíz transgénico por cinco años con criterios de zonificación sea tratado en una mesa de debate."

RED POR UNA AMÉRICA LATINA LIBRE DE TRANSGÉNICO

BOLETÍN 607

ANALISIS DE LA CUMBRE AGROPECUARIA “SEMBRANDO BOLIVIA"

Contenido

1. Los agroindustriales se salieron con la suya

2. ¿Soberanía Alimentaria o Agronegocios? Contribuciones para la Cumbre Agropecuaria “Sembrando Bolivia ”

3. Gobierno boliviano deja en manos de los productores uso de transgénicos

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¿SOBERANÍA ALIMENTARIA O AGRONEGOCIOS? CONTRIBUCIONES PARA LA CUMBRE AGROPECUARIA “SEMBRANDO BOLIVIA ”

Fuente: Plataforma Agroecológica Trópico, Sub-Trópico y Chaco

La Cumbre Mundial, convocada por la FAO, sobre la alimentación realizada en 1996 en Roma, plantea que la seguridad alimentaria es el derecho de toda persona a tener acceso a alimentos sanos y nutritivos, sin importar el origen nacional de los mismos. Esta definición, establece la apertura de los mercados internos de los países atrasados e impulsa un beneficio para las empresas é industrias de los países desarrollados. Esta orientación de la economía expresada en la producción agropecuaria ha supuesto un fortalecimiento sin precedentes del sector de los agronegocios a nivel mundial, mas no en la calidad de los alimentos, provocando graves consecuencias globales en el plano social, ambiental y la salud pública.

Es así que en la actual coyuntura mundial, existe una amplia discusión -fruto de la preocupación global - con referencia a la crisis alimentaria, la crisis energética, la crisis económica y la crisis ambiental. Todas interrelacionadas.

También existe una fuerte presión desde los intereses económicos de algunos países y empresas que plantean la solución a la crisis alimentaria en base a sus intereses. Plantean el aumento de la producción de alimentos, a través de semillas transgénicas, que soló rinden si van acompañadas de herbicidas, insecticidas, fungicidas, etc., todos estos insumos que son fabricados por las mismas empresas semilleras y/o por sus socios.

Esta “crisis” alimentaria, desde la perspectiva de estas empresas, implica a su vez el crecimiento sustancial de los precios de los alimentos en el mercado internacional y su lógica consecuencia del crecimiento de la frontera agropecuaria (por la oportunidad de ganancias). Asimismo crece la demanda de energía (oportunidad para promover la producción de agrocombustibles y biocombustibles). Este conglomerado de causa-efecto representa una fuerte amenaza para la biodiversidad y al medio ambiente en su conjunto.

Frente a la crisis alimentaria mundial, en muchos sectores del mundo y también en Bolivia han surgido las voces de las organizaciones campesinas é indígenas, así como de las asociaciones de productores, instituciones de desarrollo, académicas, consumidores, etc. , que plantean la necesidad de establecer políticas de Estado que prioricen la seguridad y soberanía alimentaria.

La seguridad y soberanía alimentaria no es solamente la capacidad de generar suficientes alimentos para el consumo interno, se deben brindar alimentos sanos, conocer en manos de quienes está la producción de los mismos y cuáles son las variables externas (Bolsas de Valores de Chicago y Rosario, por ejemplo) é internas (las estructuras de costos, el contrabando, etc.) que influyen en los precios. Es esencial no perder de vista que la seguridad y soberanía alimentaria se asienta en: el uso y acceso del recurso tierra, uso de recursos genéticos y recursos hídricos. Su optimización tiene que ver con el carácter de responsabilidad social y ambiental que debe imperar en un modelo productivo sostenible.

En este contexto, las organizaciones e instituciones abajo firmantes creemos que es importante aclarar lo siguiente:

1.- Han surgido las propuestas del sector del agronegocio relacionado con las exportaciones, en sentido de que la biotecnología es una herramienta fundamental para el incremento de la productividad en la lucha contra el hambre y por lo tanto proponen la legalización de transgénicos para la siembra de soya, maíz y algodón fundamentalmente. Esta posición ha generado un falso debate en torno al uso de la biotecnología.

En realidad se pretende confundir a la opinión pública con que la biotecnología es sinónimo de transgénicos. Nada más falso! La biotecnología se usa hace más de 3.000 años cuando los asirios y sumerios fabricaban vino, quesos, y otros derivados. Esa es la biotecnología de primera generación. Los transgénicos son una parte de la biotecnología y no son sinónimo de la misma. Por lo tanto nuestra oposición a los transgénicos no es una oposición a la biotecnología en sí.

Por otra parte, éste tipo de agronegocio local insiste en presionar al actual gobierno en liberar más eventos de soya transgénica, autorizar el uso de maíz transgénico y de algodón transgénico, coincidiendo con las tendencias globales del uso de transgénicos en esos tres cultivos principalmente.

Queremos aclarar que el cultivo transgénico no es sinónimo de mejor rendimiento. El incremento de la productividad y por lo tanto de los rendimientos, está en función a las siguientes variables: calidad de la semilla, buen manejo del cultivo, suelos y principalmente el clima. Estas cuatro variables inciden en el rendimiento del cultivo independientemente de que el mismo sea transgénico o no. Lo anterior demuestra que a los sectores del agronegocio no les interesa la seguridad y la soberanía alimentaria del país sino más bien generar mayor ganancia a costa de provocar dependencia a estas semillas patentadas y a su tecnología.

2.- Nuestro país tiene más de 77 variedades nativas de maíz que se encuentran en todas las regiones, desde la Amazonia al Chaco y desde el Altiplano a la Chiquitania. Bolivia tiene la mayor diversidad genética del planeta en este cultivo seguido por México que cuenta con 69 variedades. Autorizar y legalizar el uso de maíz transgénico generara un desastre ambiental, social, alimentario y productivo para nuestro país, ya que todos los bolivianos tienen como base de su alimentación al maíz.

La posibilidad de incorporar el maíz transgénico en la agricultura boliviana viola la Constitución Política del Estado, las leyes sectoriales aprobadas y vulnera las bases de la seguridad y soberanía alimentaria subordinando las políticas públicas a los intereses del sector del agronegocio.

Nos preocupa que este tema se plantee en el debate y que el gobierno no tenga una postura firme al respecto.

3.- La ampliación de la frontera agropecuaria en un millón de hectáreas anuales, supone la destrucción de enormes extensiones de bosques tropicales ricos en biodiversidad y no aptos para la agricultura con el propósito de subordinar más la agricultura nacional a los mercados externos. Esto profundizara más el desabastecimiento y el aumento de precio de alimentos para los bolivianos. Además esta ampliación supondrá mayores gastos como:


a) Según la CAO se requiere 100.000 millones de litros de diesel, es decir que los gastos en la subvención por el diésel soló para el desmonte representaran más de 46 millones de dólares. Los mismos que tendremos que pagar todos los bolivianos, para el beneficio del agronegocio dedicado a los cultivos de exportación como la soya, girasol, chía, sésamo, caña, etc.

b) La ampliación de Un millón de hectáreas suponen inversiones millonarias en infraestructura, energía, subsidios, créditos, etc. ¿Quiénes se van a beneficiar? ¿Qué se va a sembrar? ¿Hortalizas, tubérculos, granos, frutales? No!!!. Se pretende sembrar cultivos industriales destinados mayormente a los mercados internacionales, en detrimento de la alimentación de los bolivianos.

c) Miles de campesinos e indígenas están siendo expulsados del campo ante la imposibilidad de asumir estos “ paquetes tecnológicos” vinculados a la producción de soya transgénica y otros productos del agronegocio.

d) La deforestación de estas amplias áreas, afectará fuentes de agua, suelos y biodiversidad de todos los bolivianos.

4.- Más del 51% de las importaciones, corresponde al trigo, harina de trigo, arroz, maíz y papa. Dichos productos son los fundamentales para la seguridad alimentaria de los bolivianos. Hasta hace unos años, el consumo de arroz, el maíz y la papa, eran cubiertos totalmente por la producción nacional. Es decir, existe un retroceso en la producción de dichos cultivos, que se refleja en un déficit que no ha sido abordado adecuadamente por el gobierno ni por los sectores productivos y ello debe analizarse en dicha Cumbre a fin de tomar en serio la tendencia cada vez mayor a la importación de alimentos, aspecto que incide en la economía nacional.

La creciente tendencia a demandar productos que no son de la producción de la agricultura familiar, sino de la agroindustria, incide también en una disminución gradual del aporte de la producción familiar. ¿Qué está haciendo el Estado al respecto?

5.- El modelo agrícola industrial vinculado al agronegocio en Santa Cruz, es insostenible desde el punto de vista ambiental, ya que ha erosionado más de 300.000 has de suelos productivos, contaminado fuentes de agua, erosionando especies, expulsado poblaciones indígenas y campesinas.

Asimismo en el occidente el cultivo de la quinua, es punta de lanza del agronegocio ya que se destina el 90% de su producción a la exportación, por su alta demanda y sus precios atractivos que también son establecidos en las bolsas internacionales, lo que motiva a una ampliación de la frontera agrícola en un ecosistema muy frágil. Lo anterior está generando graves impactos socioambientales en el altiplano boliviano, dando lugar al desplazamiento de la actividad ganadera (camélido y ovino) y agudizando los procesos de desertificación en los suelos.

Lo anterior nos muestra la importancia que tiene un análisis profundo de lo que verdaderamente significa la seguridad y soberanía alimentaria en Bolivia.

Las organizaciones que asistan a la cumbre agroalimentaria deben analizar el actual modelo de producción y tomar en cuenta:

- ¿Qué pasa cuando usamos semillas patentadas de transnacionales?

- ¿Cómo afectan los precios internacionales en el mercado interno?

- ¿Cuáles son las consecuencias de la dependencia tecnológica en el uso de
los insumos químicos y semillas?

- ¿Cuál es el valor de la biodiversidad y los recursos genéticos para la
soberanía y seguridad alimentaria?

- ¿Cuál es la consecuencia de enfocarse solamente en unos cuantos
cultivos para la exportación?

- ¿Qué pasa cuando se centra solo en transgénicos y no se impulsa otros
aspectos de la biotecnología para mejorar la productividad?

- ¿Qué pasa cuando no se orienta correctamente el desarrollo de la
biotecnología (control biológico, mejoramiento de semillas, etc.) para
mejorar la productividad en función de la soberanía alimentaria?


El debate debe estar centrado en el fortalecimiento de la seguridad y soberanía alimentaria y no en el fomento al agronegocio que solo generan grandes ganancias a costa de mayor dependencia de insumos, afectando de manera irreversible el medio ambiente, la salud pública y la economía nacional.

Santa Cruz 6 de Marzo de 2015
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LOS AGROINDUSTRIALES SE SALIERON CON LA SUYA

La Revolución democrática cultural que encabeza el presidente Evo Morales consolidó su alianza con el empresariado agroindustrial del oriente boliviano, en desmedro de los movimientos sociales que llevaron al Movimiento Al Socialismo (MAS) al poder. La Cumbre Agropecuaria “Sembrando Bolivia”, cuyo eslogan fue “en busca de consensos para favorecer al sector productivo”, concluyó ayer con completa satisfacción para el empresariado de la tierra, el cual obtuvo lo que deseaba: expansión de la frontera agrícola y el compromiso de que la Asamblea Legislativa Plurinacional analice su propuesta de permitir el cultivo de algodón y maíz transgénicos, tal como ya se siembra soya transgénica desde hace 10 años. Los legisladores del MAS tendrán que viabilizar este y otros pedidos del sector que demostró ser quien realmente determina la economía y la política boliviana, más allá de lo que pudieran querer el Estado Plurinacional o las organizaciones sociales.

Este 22 de abril, Día Internacional de la Madre Tierra, el Gobierno nacional y el empresariado le regalaron la deforestación de cientos de miles de hectáreas para expandir monocultivos regados con agrotóxicos. Le regalaron la inminente deformación de sus semillas, para que ya no sean de ella ni de nadie que no pague la correspondiente patente.

En la Cumbre Agroindustrial no fue posible aprobar la legalización los cultivos transgénicos, como pretenden los empresarios nucleados en la CAO (Cámara Agropecuaria del Oriente), el presidente Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera. Contaban con la oposición de grupos de manifestantes afuera de la Fexpo, en la ciudad de Santa Cruz. Contaban con la oposición de las organizaciones sociales del Pacto de Unidad, que por primera vez en años se atrevieron a abrir la boca para oponerse a algún plan del Gobierno nacional. De todas maneras, las y los 25 dirigentes campesinos e indígenas aliados al MAS no pasaron de formar parte de la decoración del Salón Chiquitano, frente a los 50 agroindustriales y sus asesores que hicieron una Cumbre a su medida. La mayoría de los funcionarios de segunda línea del Gobierno nacional presentes también expresaban su desagrado ante la posibilidad de aprobar la introducción en Bolivia de semillas transgénicas, junto con los agroquímicos que van de la mano.

Esta oposición, sumado a la certeza de que caería definitivamente su máscara internacional de Defensor de la Madre Tierra, hizo que la dupla Linera-Morales optaran por patear la piedra hacia adelante. Ya la Asamblea Legislativa se encargará una de estas noches de satisfacer los deseos de la agroindustria. Para ello ya se cuentan con los votos positivos de la oposición de derecha, que ahora representa los mismos intereses del oficialismo.

“Seamos realistas: los alimentos de esta naturaleza tienen costos elevados y existe la posibilidad de que no podamos lograr abastecer el consumo interno”, dijo el Presidente. Quien recordó que cuando visitó el Canal de Panamá supo que enormes barcos trasladaban por ahí la soya boliviana. “En ese momento no pregunté si era transgénica o convencional, lo importante es que la producción local llega a diferentes partes del mundo”, dijo.

En la inauguración de esta Cumbre, el Presidente expresó su anhelo de que en 2020 el Producto Bruto Interno (PBI) del sector agropecuario sea de 10.000 millones de dólares. Actualmente, esta cifra se ubica en 3.000 millones de dólares.

“La forma moderna de aumentar la producción es con productividad. Es mejorando semillas, es mejorando riego, es introduciendo biotecnología. Esa es la forma moderna de mejorar la producción y aumentar los rendimientos a cuatro y en cinco toneladas por hectárea sobre los distintos productos”, dijo García Linera. Ir detrás de la modernidad por el simple hecho de que es moderna no es parte de ninguno de los postulados del modelo civilizatorio del Vivir Bien, tan livianamente cacareado y agregado como floritura en el texto de la actual Constitución.

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"Nosotros queremos producir mucho más, casi un 130 por ciento más de producción en apenas cinco años. Y lo podemos lograr, lo vamos a lograr con estos tres principios: equidad, distribución de la riqueza y protección de la Madre Tierra”, dijo el vicepresidente al clausurar este encuentro.

El presidente de la CAO, Julio Roda, está viendo la misma película que el Gobierno nacional. “El desconocimiento en algunos sectores genera una reacción u posición equivocada frente al uso de los transgénicos, siendo que los mismos ya vienen siendo consumidos por el pueblo boliviano”, dijo.

Por ello, la CAO solicitó que se realizaran estudios independientes sobre la peligrosidad o no de los transgénicos. Mientras tanto, pidió que se permita el cultivo de algodón transgénico. Roda dijo que en la Cumbre “había más posiciones ideológicas que técnicas. Por eso solicitamos que no se apruebe nada, porque entraríamos en conflicto. Vamos a hacer un trabajo técnico y vamos a demostrar, con argumentos, el uso de biotecnología. ¿Qué productos y qué eventos se van a emplear? Vamos a hacer un trabajo técnico de aquí en adelante”, dijo al finalizar la reunión, el martes a la noche.

“El algodón transgénico es para dar oportunidades a miles de pequeños productores ubicados en las zonas sur y este del departamento, donde no tienen alternativas de cultivos. Sin embargo, la industria nacional importa fibra de otros países y en muchos casos transgénica”, dijo la CAO en un comunicado público. Entonces, cuando el Presidente dice que se debe cultivar transgénicos para que no haya desabastecimiento de alimentos ¿quiere decir que nos comeremos el algodón?

Según Roda, si se legalizan los transgénicos, hasta 2025 se logrará un crecimiento del 132% en la superficie cultivada, pasando de 3,7 millones de hectáreas (ha) en esta gestión a 8,6 millones de ha en 2025. Mientras que en producción se estima alcanzar un incremento de 141%, pasando de 16,08 millones de toneladas (t) a 38,79 millones de t en los próximos diez años.

Los integrantes del Pacto de Unidad no podían ocultar sus carotas. Una vez más, las organizaciones habían sido utilizadas para agregar su sello en un documento que no les conviene ni los representa. Estas organizaciones, sumadas a decenas de agrupaciones de pequeños productores, habían llegado al encuentro con un documento firmado por todos ellos, en el cual dejaban claro su posicionamiento:

“Los precursores de la ‘revolución verde’ pretenden mantenernos en una situación de colonizados y dependientes permanentes de los intereses del lucro y poder, de las multinacionales de semillas, agroquímicos y transgénicos, ya que en los últimos años en Bolivia se incrementó en un 500% la importación de los mismos, provocando la erosión de la Agricultura Andina Amazónica y en consecuencia de nuestra Madre Tierra; por lo que exigimos la reversión inmediata de esta tecnología y el desarrollo y difusión de alternativas agroecológicas para contrarrestar los pasivos ambientales de los monocultivos”.

En otro párrafo de su pronunciamiento, manifestaron la necesidad de “consolidar el modelo social y comunitario inscrito en nuestra Constitución Política del Estado, potenciando la economía social comunitaria y la agricultura indígena originaria campesina, como el corazón de la soberanía alimentaria y pilar de la Agenda patriótica 2025, para eliminar la pobreza y el hambre, sin la dictadura del mercado capitalista”. De nada sirvió al Pacto de Unidad basar sus argumentos en el texto de la Constitución. Porque en ningún momento ni el Gobierno ni los agroindustriales invocaron el respeto a la Carta Magna. Al contrario, permanentemente recordaban que la Asamblea Legislativa está para legalizar lo que le diga el Órgano Ejecutivo.

“Si hay que cambiar leyes, hay que cambiarlas. Si hay que modificar decretos, hay que modificar los decretos. Si hay que ampliar la frontera agrícola, hay que ampliarla. Si hay que mejorar la tecnología, hay que hacerlo para el pequeño, mediano y gran productor, para asociaciones, cooperativas”, dijo Morales.

Por ello, el vicepresidente dijo en la clausura: “Los acuerdos de esta Cumbre son mandatos para el Gobierno”.

Pero respecto a los transgénicos no hubo un mandato. Quedaron dos posiciones antagónicas que serán resueltas más adelante. La primera postura apunta a una coexistencia entre producción transgénica y orgánica: “1.1 Introducción temporal de algodón, soya y maíz transgénico con un periodo de cinco años con criterios de zonificación de pisos agroecológicos promoviendo la coexistencia de sistemas transgénico y orgánico. 1.2 Desarrollo de la normativa de bioseguridad. 1.3 Activación del comité nacional de bioseguridad. 2.1 Evaluación de los eventos transgénicos de la soya previa autorización del uso de nuevos transgénicos, monitoreo de los efectos socioeconómicos en salud humana del evento autorizado”.

La segunda opción es mantener la prohibición de los transgénicos: “2.2 No se debe utilizar los transgénicos en consistencia con las normas actuales. 2.3 Sanción para los que emplean maíz transgénico porque están contra la normativa”.

En caso de que no se pudiera dirimir esta cuestión, hay consenso en ir a un referéndum para que la población boliviana decida si permite o no que los agroindustriales contaminen los alimentos de consumo humano.

FES o no FES

Otro de los puntos importantes que trató la reunión refirió al cumplimiento de la Función Económica Social (FES) en las propiedades agropecuarias. Allí se determinó la “ampliación del Plazo de la verificación de la FES de dos (2) hasta cinco (5) años, en las propiedades medianas y empresariales, acompañada de producción e inversión, que en caso de incumplimiento será sancionada bajo lo establecido por las Leyes Nos. 1715 y 3545, (conforme acuerdo realizado en el encuentro plurinacional en Cochabamba)”.

“Ellos pedían para 10 años (el plazo de verificación). Se hizo un debate profundo y, tras varias discusiones, quedamos para cinco años. Pido a los empresarios producir y trabajar en conjunto”, dijo en la Cumbre Juanita Ancieta, de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Originarias de Bolivia ‘Bartolina Sisa’ (CNMCIOB-‘BS’).

“Nosotros propusimos que la FES sea ampliada a 10 años, pero ante la oposición de los sectores sociales decidimos acordar que esta llegue a 5 años, tiempo que de todas maneras nos complace porque el ciclo productivo ganadero es a largo plazo (5 años) y el estar rindiendo exámenes cada dos años ante el Gobierno no permite conseguir créditos bancarios para realizar grandes inversiones", explicó Roda.

Como concesión para las organizaciones campesinas, se les permitió extender el desmonte para actividades agropecuarias de cinco a 20 hectáreas.

En Bolivia hay 48.8 millones de hectáreas de tierras saneadas y tituladas. De esta cifra, 5.8 millones de ha están destinadas a las actividades agropecuarias. Hay 17.5 millones de ha que son parques y reservas fiscales, mientras son 38 millones de ha en proceso de saneamiento. En la Cumbre, agroindustriales e indígenas campesinos consensuaron repartirse esta tierra para beneficio mutuo.

El Presidente aprovechó para deslizar una amenaza a los pueblos indígenas que cuentan con grandes extensiones en sus Tierras Comunitarias de Origen (TCO). “Estoy muy preocupado porque algunos hermanos de las TCO están vendiendo o están alquilando (las tierras). No es para eso. Es para que los hermanos trabajen, exploten su tierra”, sostuvo.

Tata Cancio Rojas, arquiri apu mallku del Consejo Nacional de Ayllus y Markas del Qullasuyu (CONAMAQ) Orgánico, no avaló con su presencia lo acordado en esta Cumbre. “Dicen que van a hacer este referéndum sobre transgénicos. Pero el Gobierno y los agroindustriales tienen todas las armas a su favor. Eso ya lo han evaluado: tienen a su disposición el Tribunal Electoral, los medios de comunicación. Pueden hacer campañas para tergiversar, elaborar las preguntas a su antojo. Por ello, ahora depende de nosotros, como organizaciones sociales independientes, trabajar en la socialización de lo que son los transgénicos, los riesgos que realmente implican. Las organizaciones de la sociedad civil y las organizaciones de los pueblos indígenas debemos unirnos y movilizarnos”, consideró.

“El Gobierno es cómplice de esta situación. Lo único que quiere es que haya ingresos económicos -como en la minería y los hidrocarburos- para manejar a la gente”, agregó la autoridad originaria.

“Ya está comprobado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) que los agrotóxicos vinculados a los transgénicos provocan cáncer. Pero hay un contubernio entre los empresarios y Monsanto para enfermar a la gente y seguir llenando los bolsillos de las empresas farmacológicas”, dijo.

(Equipo de Comunicación Indígena Originario)
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GOBIERNO BOLIVIANO DEJA EN MANOS DE LOS PRODUCTORES USO DE TRANSGÉNICOS

Todos los sectores deben llegar a acuerdos y consensos, afirma

24 de abril 2015

El Gobierno dejó ayer en manos de los grandes, medianos y pequeños productores la decisión sobre la utilización o no de semillas transgénicas para aumentar la producción de alimentos, como lo planteó la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO). “Nosotros no vamos a marcarles la cancha, lo que queremos es que ellos (los productores nacionales) se pongan en consenso (sic)”, sostuvo ayer en conferencia de prensa la ministra de Desarrollo Rural y Tierras, Nemesia Achacollo Tola, cuando un periodista le consultó cuál era la posición del Gobierno respecto a los transgénicos.

La Cumbre Agropecuaria Sembrando Bolivia, que se realizó entre el 21 y 22 de este mes en la ciudad de Santa Cruz, determinó que el uso de la biotecnología en cultivos de algodón, soya y maíz transgénico por cinco años con criterios de zonificación sea tratado en una mesa de debate.

“El único punto que ha quedado en discusión (tras la realización de la cumbre del agro) es (el tema de los) transgénicos, pero todavía van a haber reuniones de evaluación y seguimiento”, explicó la ministra Achacollo, quien dijo que por ello el Ejecutivo les dio “un poco más de tiempo” para que “sigan discutiendo” esta temática.

Los pequeños productores, sobre todo del occidente del país, se oponen al uso de las semillas genéticamente modificadas. De acuerdo con la CAO, estos sectores “se han opuesto sin presentar argumentos técnicos”.

REALIDADES. El Instituto Boliviano de Comercio Exterior (IBCE) recuerda que en el país hay dos realidades productivas distintas (oriente y occidente), pero que pueden y deben coexistir, sin perjudicarse la una con la otra. Por ello plantea que para mejorar la productividad, hacer frente al cambio climático, bajar costos y ganar competividad, se debe hacer uso de la biotecnología pero solo en el oriente del país, donde se produce a escala comercial.

“Así como Bolivia usa tecnología de punta en otros ámbitos, hay que poner
‘la ciencia, al servicio del hombre’”.

La Ley Marco de la Madre Tierra y Desarrollo Integral para Vivir Bien, promulgada el 15 de octubre de 2012, señala en su artículo 24, numeral 7 que se deben “desarrollar acciones de protección del patrimonio genético de la agrobiodiversidad, prohibiendo la introducción, producción, uso, liberación al medio y comercialización de semillas genéticamente modificadas”. El numeral 8 precisa que se deben “desarrollar acciones que promuevan la eliminación gradual de cultivos de organismos genéticamente modificados autorizados en el país (…)”. La Ley 144 de Revolución
Productiva, Comunitaria y Agropecuaria, promulgada el 26 de junio de 2011, prohíbe también el uso de transgénicos o semillas transformadas genéticamente.

Se habla de referéndum

El presidente de la Cámara de Senadores, José alberto Gonzales, abrió ayer la posibilidad de realizar un referéndum para resolver el tema del uso de semillas transgénicas (organismos modificados genéticamente) en el sector agrícola del país. ABI

Más de 40 consensos entre todos los sectores

La Cumbre Agropecuaria Sembrando Bolivia finalizó el miércoles con más de 40 consensos alcanzados entre pequeños, medianos y grandes productores. El vicepresidente Álvaro García Linera resaltó la capacidad de diálogo de los participantes y calificó la cumbre de extraordinaria. “No cabe duda que este encuentro es extraordinario, no solo por los resultados sino por el propio encuentro, por su capacidad de diálogo, tolerancia, por su capacidad de ceder y defender sus propios principios”, señaló García, según un reporte de ANF.

La cumbre se instaló el martes en la ciudad de Santa Cruz de la Sierra con gran expectativa de los asistentes y la población en general. Uno de los propósitos del evento era el de ampliar la frontera agrícola y aumentar la capacidad de producción de alimentos con miras a la agenda 2025.

POSITIVO. La Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO) calificó como positivo el encuentro y consideró que “se han logrado avances importantes y se han trazado lineamientos que debemos continuar en adelante” para lograr un mayor crecimiento de la producción agropecuaria. “Existen una gran cantidad de temas que han sido consensuados y pueden implementarse de inmediato, otros son resultados parciales y también algunos que aún quedaron en debate y esperamos que pronto se resuelvan”.

Bolivia, con bajos índices de producción

Bolivia registrará nuevamente este año los niveles de producción más bajos de Latinoamérica en cultivos agrícolas de arroz, papa, maíz y trigo. El sector agropecuario cruceño planteó la introducción temporal de transgénicos por un periodo de cinco años para mejorar la competitividad. La propuesta, sin embargo, fue aplazada en la cumbre Sembrando Bolivia.

El vicepresidente Álvaro García Linera exteriorizó su preocupación por la mala performance de Bolivia en la producción de cuatro cultivos. “Bolivia tiene los niveles más bajos de productividad en arroz, trigo, maíz y papa de América Latina”, afirmó.

García dijo que en rendimiento y superficie de cultivo de arroz el país está por debajo de Ecuador, Colombia, Brasil, Chile y Uruguay. Comparativamente, este último país produce 8 toneladas por hectárea frente a las 3 toneladas que genera el suelo boliviano. “Hay una diferencia abismal de 5 toneladas, estas cifras nos muestran que tenemos un desafío grande por delante”, sostuvo García.

Según el Vicepresidente, la situación es similar con relación a la producción de papa, maíz y trigo. “Tenemos problemas de productividad, este encuentro ha servido para valorar lo avanzado y ahora definimos la nueva hoja de ruta”, manifestó el miércoles en la clausura de la Cumbre Agropecuaria.

El presidente de la Cámara Agropecuaria del Oriente (CAO), Julio Roda, pidió validar el uso de las semillas transgénicas de maíz, algodón y soya para garantizar la competitividad internacional en rendimiento y superficie de producción y evitar el desabastecimiento del mercado interno.

Los sectores sociales y productivos que forman parte del Pacto de Unidad, afín al Gobierno, se resistieron a la aprobación del uso de biotecnología en maíz, soya y algodón, alegando que la misma sería atentatoria a la salud humana. Rodolfo Machaca, que tiene la representatividad de este sector, indicó que el uso de semillas transgénicas daría el monopolio al sector empresarial en desmedro de los sectores productivos pequeños. “Estamos de acuerdo con que debemos incrementar las cifras de producción y para ello se debe apostar al cultivo convencional que es más apetecido por los mercados internacionales”. “Nosotros estamos pidiendo que sea un debate técnico y no ideológico”, expuso Julio Roda, de la CAO.

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Fuente: RALLT


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