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Autor Daniel Robison Idioma Español Pais Bolivia Publicado 21 septiembre 2016 15:09

Bolivia - Represas en el Bala y Chepete: ¿“Pura Ganancia” o Monumento irreversible al extractivismo?

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"Demostraré a continuación que la propuesta de una represa (y peor dos) en la zona viola varios principios fundamentales ambientales y económicos. No es energía ni limpia, ni renovable, ni rentable."

Figura 1. Chito Valle, Prefecto de La Paz por ADN, con el consultor Norteamericano Greg Morris en las cercanías del Bala. El Deber, 4 de noviembre, 1999.

En los últimos meses la propuesta del gobierno boliviano de construir dos megarepresas en el río Beni ha tomado mucho impulso, con fichas ambientales procesadas y una empresa italiana contratada para el estudio a diseño final. Está claro en el discurso oficial que, ante la baja de precios de los hidrocarburos, y minerales en general, el Gobierno busca sustituir esos ingresos con la venta de energía eléctrica a países vecinos. Así lo explicó el Presidente Morales quien además indicó que las represas, después de unos 6 años de operaciones para recuperar la inversión, serían “pura ganancia”[1]. Este proyecto de desarrollo energético para la exportación se plantea como una idea no solo compatible con un proceso de cambio basado en el concepto del Buen Vivir, sino que ahora sería esencial para el mismo. En otras palabras, no se habla de alternativas ni se acepta cuestionamientos al proyecto.

Primero creo necesario establecer el origen de la idea de las represas, como también establecer de que se trata en terreno. Existen personas completamente a favor o en contra sin conocer las características de la propuesta. Luego demostraré que este proyecto sería el peor uso imaginable de los recursos de la zona, donde la decisión una vez tomada sería irreversible. Mostraré que el tema ilustra una tragedia actual para Bolivia: es un país rico en recursos naturales renovables con muchas alternativas de uso a largo plazo, pero al gobierno, y a mucha gente que lo apoya, solo les interesa un uso extractivo inmediato como si fuesen recursos no renovables. Es más, no parece interesarles las acciones en menor escala, en forma incremental y estratégica, sino que les interesa lo grande, lo monumental, aparentemente sin preocuparse mucho del impacto social y ambiental o inclusive de la rentabilidad misma de la idea.

Vale aclarar que no me opongo a la producción de energía hidroeléctrica (inclusive para exportación) a menores escalas y en lugares más apropiados, donde puede considerarse energía renovable. Me opongo a mega represas en este tipo de lugares y en esta escala. Demostraré a continuación que la propuesta de una represa (y peor dos) en la zona viola varios principios fundamentales ambientales y económicos. No es energía ni limpia, ni renovable, ni rentable.

Duplicar la deuda nacional[2] para adelantar las obras más grandes de la historia de Bolivia, con repercusiones irreversibles, sin primero evaluar la rentabilidad a largo plazo, ni incluir los verdaderos costos sociales y ambientales, y sin comparar con alternativas más pequeñas, más modernas y de menor impacto, parece “casi” incomprensible. Pero hay una explicación, que daré al final, y no me gusta para nada.

¿Son las mega represas del río Beni un proyecto de la izquierda?

El Vicepresidente ha calificado de pseudointelectuales a los que se oponen a la propuesta. No me preocupa que el Vice me considere pseudodintelectual, pero me ofende que él plantee a las represas como una propuesta de izquierda y a los que se oponen como de derecha. Como han señalado otros, la idea de una represa en El Bala viene de los años 50 pero sonó con más fuerza entre el 1998 y 2000 como propuesta de “Chito” Valle, yerno del General Banzer y prefecto del Departamento de La Paz por el partido ADN (para los lectores no bolivianos, partido de derecha del exdictador Banzer - Figura 1.) Igual nos opusimos cuando era propuesta de la derecha.

No me opongo al proyecto de las mega represas porque sea de izquierda o derecha. Me opongo porque sería el peor uso imaginable de los recursos naturales de toda la zona y por tanto es una pésima idea como fuente nacional de ingresos económicos, de fortalecimiento de la economía y de desarrollo en general. Sin embargo, justamente ese es el objetivo oficial de la propuesta de las mega represas, como lo dijo el Presidente Morales [3] (negrilla en la fuente):

“No va a faltar que algunas hermanas y hermanos que viven bien, pero a veces a grandes proyectos se oponen (…) para que no avancen estos proyectos so pretexto del medio ambiente. Tenemos que cuidar el medio ambiente, es nuestra obligación; pero también tenemos la obligación de cómo buscar o planificar, planificando invertir para que otros rubros nos den plata”, afirmó el Jefe de Estado en Palacio de Gobierno, durante un acto donde recibió el saludo protocolar de las autoridades originarias de la localidad de Tiwanaku.

"Esta energía va a ser para exportar al exterior", remarcó Morales y luego explicó que actualmente Bolivia posee 200 MW para su venta al exterior. "Ahorita solo ganamos plata vendiendo gas, pero después vamos a ganar plata vendiendo energía y para eso hay que invertir. Yo hablé con los técnicos y me dicen que instalada esta planta (los) ingresos generales va a dar como 1.250 millones de dólares por año", añadió.

Según el Mandatario, Bolivia podría obtener $us 1.000 millones de utilidad neta, lo que significaría que en seis años se pagarían las deudas respectivas."Después pura ganancia. Por diez, veinte, treinta, cuarenta años. Son grandes proyectos que estamos emprendiendo",

¿Pura ganancia? Para que esto sea cierto tendría que haber en el momento de terminar las obras un mercado grande asegurado y no haber impactos sociales y ambientales permanentes, o por lo menos deberían haber sido identificados, tomados en cuenta y mitigados. Aun así, como detallaré más abajo, desde un punto de vista netamente financiero, si consideramos que estiman construir la primera represa en 7 años, podría haber ingresos netos recién después de unos 15 años (suponiendo que no habrá ningún retraso en la obra).

Considerado que el vicepresidente ha dicho que las represas serían, entre otras cosas, “para pagar a los profesores[4];” ¿No habrá alternativas de más corto retorno, para “pagar a los profesores” a corto plazo y no recién después de 15 años? ¿Y no habrá alternativas de ingresos, inclusive en base a electricidad, más rentables, más seguras, y de mucho menor impacto social y ambiental? En realidad, no se puede decir que esta es una obra de derecha o izquierda, lo que sí se puede decir es que es el directo opuesto del concepto del Buen Vivir inserto en la Constitución Política del Estado.

Infelizmente, en Rurrenabaque ya tenemos experiencias amargas del rechazo de este Gobierno a evaluar seriamente las alternativas a una idea ya adoptada y prometida como “regalo” en alguna reunión pública[5]. Sin embargo, si se compara los impactos de los “regalos” del puente mal ubicado sobre el río Beni y el ingenio azucarero mal ubicado en San Buenaventura, con aquellos que ocasionarían Bala/Chepete en forma irreversible, sería como comparar la compra de un charango de tercera con organizar el carnaval de Oruro. Esta vez no podemos ser pasivos, no sólo quienes vivimos cerca del área de impacto directo, sino todos los bolivianos que pagaríamos por el costo monumental de esta obra.

¿Cuáles son las características de la propuesta?

Generalmente el Gobierno y muchas otras personas – incluyendo activistas en contra de la obra - se refieren al tema de las mega represas en el río Beni bajo el nombre del Bala; esto es incorrecto y no contribuye al debate pues en realidad se trata de un proyecto que contempla la construcción de dos represas, cada una con diferente potencial y diferentes impactos específicos, además de los impactos acumulativos de ambas obras.

Desde los años 50 se hablaba de una represa en el angosto del Bala, considerando que el gran volumen de agua del río Beni que pasa en ese punto y lo angosto del paso daba la opción teórica de una represa angosta para elevar el nivel del agua a través de un embalse.

La hidroelectricidad que se puede generar en un punto es proporcional al volumen del agua y a la elevación que puede caer hasta las turbinas. Mientras mayor el volumen o mayor la elevación, mayor la carga hidráulica (hydraulic head) y mayor el potencial de producción de energía eléctrica. En Rurrenabaque (20 km aguas abajo del estrecho de El Bala), hemos tenido eventos de inundaciones del río Beni donde han alcanzado niveles de 33,000 m3 por segundo y un promedio anual de 2046 m3/s [6]. Esto es una enormidad, y la gente se embriagaba haciendo cálculos de energía potencial. Sin embargo, en 1999, cuando llegó el consultor norteamericano Greg Morris, contratado por Chito Valle, rápidamente se detectaron muchas limitantes del Bala como sitio para una represa grande y se comenzó a hablar de dos represas: una en el Bala y otra en el angosto del Chepete.

¿Cuáles eran las numerosas limitantes del sitio del Bala? Primero, un embalse ideal es donde el valle detrás de la represa es angosto, perpendicular a la represa, con costados empinados y sin mucha vegetación. Así, con una sola represa se eleva el nivel del agua rápidamente, sin crear un embalse grande, y sin inundar grandes áreas de bosque. El Bala no cumplía y sigue sin cumplir con estos criterios fundamentales. Como se ve en la figura 2, el embalse del concepto original (gris claro) era demasiado grande (aproximadamente 400,000 ha) y con una capacidad estimada de “apenas” 1600 megavatios (menor a las capacidades de la propuesta actual del Chepete, detallado abajo). Esto se debe a que los valles que se inundarían no son angostos ni perpendiculares a la represa proyectada. Tanto el valle del río Tuichi en La Paz, como el valle del río Quiquibey en el Beni y La Paz, son los valles interandinos más amplios de Bolivia, y por mucho. Esto quiere decir que para que el agua se eleve un metro sobre las turbinas tendría que elevarse un metro en todo un embalse grande. Para elevar el nivel del agua 1 metro con un embalse de 400,000 ha, se requiere 4000 millones de m3 de agua. Esto implica no sólo que se necesite de varios años para construir la represa, sino de varios años adicionales para que se llene el embalse. Entre otros aspectos negativos está que se inundarían grandes extensiones de bosque y el agua en promedio estaría mucho tiempo dentro del embalse. Mientras más tiempo está el agua en un embalse tropical peor es el deterioro de la calidad del agua.

Luego, ya con mapas topográficos en mano, en el año 2000 se dieron cuenta que al lado oeste del área gris de inundación hay un abra en la serranía, por donde sale el río Colorado en dirección al río Yacuma; esta abra limita la elevación del embalse haciendo necesaria una segunda represa, más ancha que la proyectada en El Bala, y hacía aún menos atractivo el potencial energético de la obra originalmente prevista.

Figura 3 - Angosto del Chepete, foto Carlos Espinosa

Todo esto es sin hablar del impacto de inundar 400,000 ha de bosque dentro de dos áreas protegidas nacionales (Pilón Lajas sobre el Quiquibey, y Madidi sobre el Tuichi) y además las partes productivas y habitadas de dos TCOs (Tierra Comunitaria de Origen) con títulos ejecutoriales, Pilón Lajas y San José de Uchupiamonas.

Y sin hablar del impacto sobre calidad de agua y procesos naturales de repoblamiento, y ciclos de vida de peces, y sobre procesos de sedimentación y nutrición de ecosistemas río abajo. Cualquier obra que corte completamente el flujo del río Beni incurriría en estos impactos.

Los estudios mostraron que el proyecto de una mega represa en el Bala no había sido tan atractivo como en los sueños, pero también mostraron que los angostos en las Serranías de Chepete y Beu, (río arriba de El Bala en el mismo rio Beni) contaban con valles más angostos, más empinados y perpendiculares a una potencial represa (Figuras 2 y 3). El embalse del Chepete se representa en la figura 2 con negro y a la izquierda del punto denominado “Chepete”. Es difícil creerlo, pero dada las condiciones del lugar, el Chepete permitiría una represa más alta que El Bala, permitiendo más elevación y por ende mayor potencial bruto con un embalse mucho más pequeño (20% del concepto original).

Es así que el estudio de factibilidad encargado a la empresa italiana Geodata y la primera ficha ambiental que se ha tramitado y aprobado en las últimas semanas son para una primera obra de represa del río Beni en el angosto del Chepete, 50 km aguas arriba del Bala. De acuerdo a la ficha, esta represa sería de 3,676 megavatios, o sea mucho más de lo que calculaban originalmente para El Bala, pero con un embalse 80% menos extenso. La empresa Geodata ya fue contratada para hacer un estudio a diseño final, aunque el estudio de factibilidad no se haya entregado aún.

Entonces, cuando los proponentes dicen que “El Bala” solo va a afectar el 0.7% del Madidi[7], en realidad están hablando de una represa en el angosto del Chepete, que efectivamente inunda mucho menos de Madidi y Pilón Lajas, pero que tiene otros impactos que los proponentes minimizan.

En efecto, el embalse para la represa de Chepete inundaría:

· Todo el valle bajo del río Quendeque (Parque Madidi), que en ese sector es también la TCO Lecos de Apolo.

· Subiendo en el río Alto Beni, hasta la población de Sapecho y el valle de Inicua, incluyendo la parte habitada de la TCO Mosetenes, cuya población alcanzaba las 3,400 personas en el 2011[8]

· Por el río Kaka, hasta la población de Teoponte, inundando a poblaciones de colonos y mineros establecidas hacen décadas, tales como Mayaya y Tomache

Figura 4 - Embalse de acuerdo a cálculos de Espinoza y Molina[9]. Si bien hablan de una represa en el Beu (otra alternativa), la represa en el Chepete tendría un embalse con la misma elevación que muestran aquí.

Estos valles no solo tienen relativamente alta densidad poblacional, sino que como edafólogo puedo aseverar que tienen los mejores suelos del trópico boliviano; estos excelentes suelos rojizos (en muchos casos con plantaciones de cacao, un cultivo estratégico para Bolivia), quedarían clausurados para siempre. ¿Será necesario inundar estas tierras productivas para pagar a profesores de agronomía?

Otro tema que no ha sido mencionado por el Gobierno es el impacto de la represa de Chepete sobre la minería de oro, ya que la cuenca del río Kaka es aurífera y cuenta con muchas cooperativas en funcionamiento. Esta actividad, de mucho impacto ambiental, pero que también genera importantes divisas desaparecería por el embalse. Curiosamente, a finales de agosto el alcalde de Teoponte declaró estar de acuerdo con la obra (junto con los alcaldes de Rurrenabaque y Apolo[10]). Me pregunto si firmó realmente conociendo la inundación irreversible de buena parte de la población de su municipio, junto con su fuente de trabajo.

También en base a la información preliminar de Geodata se ha procesado una segunda ficha ambiental para una segunda represa, “de poca caída” (15m), que se construiría “después de 10 años”, esta sí para el angosto del Bala. Aquí se habla un potencial de 352 MW, creando un embalse de 66.64 Km2 (Figura 5). Si bien es mucho menor que el concepto anterior, es poca energía a cambio de obstaculizar un río tan importante como es el Beni. Esto sería comparable a meter una tachuela con un combo ya que Bolivia tiene muchos lugares donde se puede construir una obra hidroeléctrica de 352 megavatios sin los impactos de una represa en el Bala (mayor detalle más abajo). En comparación Bolivia tiene en funcionamiento una central hidroeléctrica, Taquesi, cerca del nevado Murata que tiene un embalse regulador de apenas 11 ha (0.11 Km2) con caída de 3000 m que genera 88 MW[11]. O sea que genera 25% de la potencia del “nuevo Bala” que tendría un embalse 666 veces más grande. Yo comparo el Taquesi con tecnología de teléfonos 4G, cuando la propuesta para el Bala sería apenas 2G.

Figura 5 - Mapa a grande escala del mismo Ministerio que omite mencionar impactos a otras dos TCO (Mosetenes y Lecos de Apolo) y a poblaciones de Teoponte. Fuente ANF.

La ficha ambiental para la represa en el Bala no tiene pies ni cabeza. Primero cita como el objetivo de la obra: “el aprovechamiento hidroeléctrico integral de las aguas del rio Beni, como desarrollo multipropósito para el control de inundaciones, navegabilidad, turismo, desarrollo integral de la región, y exportación de energía.” Todo el mundo que conoce a Rurrenabaque sabe que la zona ha tenido un desarrollo sostenible hasta ahora en base turismo internacional navegando libremente por el río Beni, con toda su naturaleza, hacia las áreas protegidas y comunidades originarias río arriba, y con el Bala como uno de los principales atractivos paisajísticos de ese recorrido. La idea que al crear un embalse inundando estos bosques tropicales (figura 6) y comunidades indígenas se potenciaría el turismo sobrepasa el absurdo.

Finalmente, la ficha ambiental cita a las comunidades Asunción del Quiquibey y Sani como colindantes a la obra cuando las coordenadas las muestran bien adentro del embalse. Al mismo tiempo cita como dentro del embalse a las comunidades San Miguel, Villa Alcira y Carmen Florida, cuando en realidad están río abajo del Bala, y las últimas dos más de 20 km abajo. No está claro si hay una intención de confundir o si la calidad del trabajo realmente fue pésima. En resumen, genera vergüenza ajena.

Choque fundamental de visiones de desarrollo

Habiendo establecido el contexto toca retomar el análisis de la tragedia boliviana que se ejemplifica en este tema, donde el Gobierno pone a Bala/Chepete como el proyecto abanderado de su modelo de desarrollo. Por un lado, tenemos la predominancia de una mentalidad de minero o extractivista, y por el otro, visiones de un desarrollo basado en aprovechar una abundancia de alternativas sostenibles para la generación de ingresos para el país, con menores impactos sociales y ambientales, que el Gobierno rehúsa tomar en cuenta.

La mentalidad de minero se explica por la dependencia de 500 años en la minería. Sin embargo, esta mentalidad es muy problemática cuando se extiende al uso de recursos renovables. Un ejemplo de este problema, de mi interés personal, es lo que se observa en zonas de colonización de bosques tropicales. Me crié en Caranavi[12] rodeado de un proceso de colonización en base a la agricultura de chaqueo. Yo observaba que la gente tenía una existencia muy dura en base a deforestar bosque natural para reemplazarlo con cultivos: principalmente arroz y en menor grado otros granos, frutales, café y cacao. Este tipo de agricultura permite que al quemar el bosque (primero bosque primario y luego chume, bosque secundario o barbecho) la ceniza abone la tierra permitiendo que los cultivos puedan prosperar durante un tiempo, hasta que predomine nuevamente el chume y el ciclo comienza de nuevo. Aparte de los productos agrícolas mínimos que permiten una supervivencia, este sistema tiene dos productos principales: tierra (y bosque) degradada y gente pobre.

Figura 6 - Embalse con bosque tropical inundado. Foto. Marco Octavio Ribera.

Esa gente pobre, sus hijos y posteriormente sus nietos siguen avanzando sobre el bosque sin que haya mucho progreso económico contra tanto esfuerzo (y tanto desperdicio de recursos), es decir siguen siendo pobres. Sin embargo, defienden su derecho de usar este recurso renovable como una mina que eventualmente se acaba.

Reitero que es una vida muy dura. En la figura 7 muestro un árbol gigante que para ser tumbado requirió varios días de trabajo y luego dinamita, en 1985. Se tuvo que tumbar porque sombreaba toda una hectárea y para secar y quemar el rastrojo tenía que caer el árbol. Después de tanto esfuerzo quedó simplemente como abono en el potrero. Esto sería (casi) el uso menos provechoso posible del bosque. Pero sería peor aún que el bosque se inunde por un embalse y que al podrirse todos los árboles y vegetación, se convierta en una fuente de gases, contribuyendo al cambio climático.

En la actualidad este sistema se caracteriza por comenzar con una tala selectiva de árboles de valor comercial. Este árbol podría aprovecharse para madera y podría venderse en unos 200$US (al pie del tocón), existiendo camino de extracción y permiso de “la forestal”. Hoy, podría haber un ingreso de hasta 1000$ por hectárea para el agricultor que tenga buena madera en el bosque de su lote y permiso para aprovecharlo. Hoy, los agricultores reciben más por un árbol de madera semi-comercial, que lo que recibían por un árbol de mara (caoba o mahogany) hace 20 años. ¿Quién sabe si de aquí a otros 20 años ese bosque podría valer mucho más? Pero en el tiempo de la foto solo había mercado para la mara y una que otra especie más. Para ellos no había alternativa y se reservaban (y se siguen reservando) el derecho de colonizar y deforestar más tierras. Es decir, se reservaban el derecho de acabar un recurso renovable a precio de rifa. Yo me preguntaba (y me sigo preguntando), ¿es este un buen uso de los recursos naturales y de vidas humanas? ¿Existen mejores alternativas?

Figura 7 - Tala manual de un árbol centenario para establecer un pastizal, 1985, Alto Beni, Bolivia. Foto Daniel Robison.

Y, ¿Esto qué tiene que ver con una represa en el Bala o Chepete? Bueno, cuando esta mentalidad está a nivel de un agricultor, finalmente es su tierra y lo que invierte es SU mano de obra y desde su punto de vista no hay alternativa. Realmente no hay mucho que se pueda decir. Pero si esta mentalidad se aplica a - posiblemente - la mayor decisión que se haya hecho sobre el uso de recursos renovables en Bolivia, y si esa decisión implica prestarse $US 7,000 millones a nombre nuestro, hay que pensarlo dos veces… hay que pensarlo mil veces.

En cuanto a la abundancia de alternativas a mega proyectos como el de las represas del Bala y Chepete, vale la pena comparar a Bolivia con otros países del mundo. He tenido la suerte de viajar bastante, habiendo visitado 25 países de África y número similar en Europa, Asia y Norte América. Lo que queda clarísimo es que Bolivia en comparación con cualquiera de esos países, especialmente los africanos, es sumamente rico en recursos naturales, renovables como no renovables. Los recursos forestales, biológicos, hidrológicos, hidroenergéticos, paisajísticos, arqueológicos, mineros, petroleros (etc., etc.) de Bolivia son, en su conjunto, la envidia de todos los entendidos en este tema. Bolivia tiene muchos recursos, relativamente poca población y por ende muchas alternativas.

Como contraste menciono un país, Namibia, que no tiene en todo su territorio un solo río donde fluye el agua año redondo. La India, con su población de más de 1000 millones, solo tiene fragmentos insignificantes de vegetación natural y la mayoría de sus ríos pequeños y medianos están muertos. Van camino a la sequía más grande en su historia y no hay agua en todo el país para satisfacer las necesidades actuales, menos reponer las reservas. En varios países africanos del Sahara tienen poblaciones mayores a Bolivia y no tienen un pedazo de bosque. Así, hay muchos países que tienen una población grande frente a muy pocos recursos naturales.

Más cerca de casa, el Ecuador tiene una población similar a Bolivia, pero el 10% de la superficie, y el 10% de los recursos naturales renovables de Bolivia. Un estudio del año pasado puso a Bolivia como el cuarto país en el mundo en cuanto a árboles por persona[13]. Primero estaba Guyana cuya población no alcanza al millón de habitantes.

El tema en sí no es nuevo. Recuerdo desde niño que era común describir a Bolivia como un mendigo sentado en un trono de oro[14]. Pero ese trono no solo está hecho de oro, y de otros minerales, y de petróleo, también consiste de bosques, agua, tierras agrícolas, sabanas naturales, biodiversidad, paisaje, recursos arqueológicos. Sin embargo, ¿el hecho de tener muchos recursos nos da el derecho de derrocharlos? ¿De rifarlos? ¿De prestar dinero de la China para fundir el trono y trasladarlo a la China en el menor tiempo posible, porque necesitamos “platita” para el Bono Juancito Pinto?

Reitero que el vice presidente explicó el otro día que se necesitaba seguir en un plan extractivista “para pagar a los profesores”. ¿Serán las mega represas la forma más efectiva de generar ingresos para “pagar a los profesores”? ¿Tan pobres estamos de alternativas que debemos inundar al parque más biodiverso del mundo para pagar a profesores de biología? Claramente estamos en un país con muchas alternativas, gobernado por personas que ven lo más grande, lo más caro, lo más impactante y monumental como la única alternativa.

Principios ambientales y económicos

Habiendo descrito un poco el contexto mencionaré algunos principios ambientales y económicos que la construcción de estas represas violaría. En un mundo cambiante, es sumamente importante tener grandes áreas donde predominan procesos naturales con poca intervención humana, que aseguran la provisión de servicios ambientales imprescindibles para nuestra sobrevivencia. El principio básico #1 es que mientras más grandes son esas zonas naturales, mejor protegida está la biodiversidad, las poblaciones de animales y plantas, y los servicios ambientales tales como la regulación de agua y de clima, y el repoblamiento de ríos y bosques. En el mundo, pocos países cuentan aún con importantes proporciones de su territorio en estado natural. Bolivia está entre los países más favorecidos y el Parque Madidi es la joya de su sistema nacional de áreas protegidas.

El Parque Nacional Madidi, (considerado por muchos como el área protegida más biodiversa del mundo) es el núcleo de un gran complejo binacional de áreas naturales, colindando en la parte alta con el AMNI (Area Natural de Manejo Integrado) Apolobamba, y sobre el río Beni, con la Reserva de Biosfera y TCO Pilón Lajas. Cruzando la frontera, Madidi colinda con dos áreas protegidas del Perú: el Parque Nacional Bahuaja Sonene y la Reserva Tambopata. En su conjunto, este complejo de áreas protegidas representa 4.2 millones de hectáreas y es una de las extensiones de naturaleza más importantes del mundo. Proponer las mega represas de Chepete y Bala, sin pensar dos veces en un posible impacto a esta gran área natural, muestra el desprecio que tiene el actual gobierno por esta gran zona y su valor único, y por la muy mentada Madre Tierra o Pachamama.

El principio básico #2 en una zona con muchos recursos es que se debe apuntar al uso sostenible de varios de ellos (diversificar) y evitar clausurar el buen uso de otros recursos. El enfoque de optar por el uso mayor de la tierra (en el sentido amplio) será siempre un tema de debate, ya cada parte interesada insistirá en defender su uso preferido (el que está en turismo dirá que éste es el uso mayor, el petrolero dirá que el petróleo es mayor, y el minero cooperativista dirá que la mina de oro es el mayor uso). Lo que queda claro es que al inundar un área con un embalse se excluye en forma permanente cualquier otro uso, de cualquier otro recurso en forma permanente.

Figura 8 - Imagen del Bala. ca 1903. Autor anónimo. De un juego de postales de un viaje de La Paz hasta la zona gomera en tiempos de la Guerra del Acre.

Un embalse en el Bala excluirá para siempre todo uso turístico, forestal, agrícola, petrolero, cultural, y arqueológico en los valles bajos del Quiquibey, Tuichi y Bajo Alto Beni. En términos de conservación afectaría para siempre la calidad del agua, los procesos naturales hídricos y de repoblamiento de peces, no solo dentro de las áreas protegidas, sino muy lejos río abajo y muy arriba, ya que el Beni representa una arteria fundamental conectando al gran ecosistema andino con el gran ecosistema amazónico. Representantes del Gobierno repiten que “solo” se afectaría al 0.7% del Madidi y el 1.2% del Pilón. Sin embargo, afectaría los procesos hídricos en casi todo el PN Madidi, un 100% de Pilón Lajas, y un 100% de la cuenca del río Beni que incluye buena parte de los departamentos de La Paz y Cochabamba.

Si no hubiera alternativas, uno tendría que contemplar la posibilidad. Pero hay muchas y mejores alternativas que impactan menos en todo sentido.

Un embalse que parte del Chepete no inundaría gran parte de Madidi y Pilón Lajas, pero tendría el mismo efecto de cortar la arteria principal del noroccidente boliviano. Como ya se ha mencionado excluiría para siempre el uso forestal, agrícola, minero, y petrolero sobre el bajo río La Paz , el río Kaka, el Inicua y el Quendeque. En la ausencia de alternativas se podría contemplar. Pero reitero, hay muchas alternativas.

Principio No. 3. Esta zona de Bolivia tiene la suerte de contar con varias TCOs tituladas (Pilón Lajas, San José, Lecos de Apolo, Mosetenes y Tacana I), a veces sobrepuestas con áreas protegidas, a veces contiguas. Esto es importante porque, así como está desapareciendo la vegetación natural en el mundo, aún más rápido está desapareciendo el conocimiento tradicional de esos recursos, que tiene tanta importancia como conservar los recursos mismos. En mi experiencia, una gran parte del conocimiento oral muere con cada generación. Su desaparición está vinculada a la migración, a la pérdida de recursos y a la transformación en los sistemas de uso de los recursos. Demorar o revertir estos procesos de pérdida de conocimientos depende de mantener la integridad territorial de las TCO, cuyas áreas han sido determinadas en base a detallados estudios de necesidades espaciales para la sobrevivencia de los pueblos indígenas que los habitan.

Lo veo un poco como el futbol. Para tener buenos jugadores, hay que tener canchas donde puedan jugar. Tener canchas sin jugadores tampoco produce buenos jugadores. O sea que para preservar el conocimiento tradicional de la zona es necesario que haya una “cancha” donde los habitantes puedan “jugar”, ensayar, transmitir conocimiento y hacerse “Craks”. Con el Bala y El Chepete se inundaría las canchas principales que quedan para las etnias Mosetenes, Tsimanes, Tacanas y Josesana/Quechua. En el estado plurinacional el preservar la esencia de esas diferentes naciones, debería ser de mayor importancia frente al extractivismo. Si no hay alternativas, tal vez habría que contemplar este tipo de proyecto. Pero reitero, hay alternativas donde no ocurren estos impactos no mitigables.

¿Es rentable?

Vayamos por los principios económicos. Acepto que si Bolivia tiene potencial energético (en el sentido amplio) se debería estudiar la posibilidad de generar divisas si se puede hacer en forma rentable y con bajo impacto social y ambiental. No sería aceptable generar energía barata (y sería peor aún generar energía cara) para un vecino, pagando un alto costo social y ambiental en Bolivia, que los vecinos no están dispuesto a pagar en su propio territorio. Brasil acaba de cancelar una mega represa en la Amazonia[15] y en Chile acaban de descontinuar planes para 5 represas hidroeléctricas por un total de 2,115 MW[16] debido a los altos costos sociales y ambientales.

El primer paso, una vez que se reconoce que uno tiene recursos, es estudiar el mercado: dónde queda, qué dimensión tendría a largo plazo y qué están haciendo los competidores actuales y potenciales. Luego uno analizaría los recursos nacionales en toda su oferta (hidroeléctrica, termoeléctrica, geotérmica, solar, eólica) y estimaría sus costos de producción, costo ambiental, social y cultural, incluyendo costos de transmisión (transporte) hacia los mercados más promisorios. Cuento con una copia del “Plan Eléctrico del Estado Plurinacional 2025” y les aseguro que no tiene este tipo de análisis. Conseguir esta información costaría mucho menos que los estudios que se han lanzado y se están lanzando para Bala/Chepete, y si existe esa información el Gobierno no la está utilizando para justificar sus decisiones.

Sin embargo, podemos contribuir un ejercicio de lógica en forma gratuita. Perú y Argentina tienen potenciales de generación de energía similares a los de Bolivia, incluyendo gran potencial solar y eólico, además del hidroeléctrico. No me parecen muy probables como compradores en gran escala, pues pueden generar energía por su propia cuenta. Chile, por razones geopolíticas, dudo que se preste a depender del suministro energético de Bolivia, pues eso implicaría que Bolivia pueda amenazar con bajar la palanca a cambio del mar. Es más, pareciera que Chile está optando por alternativas energéticas que no se basan en represas.

Paraguay ya es el segundo exportador de energía eléctrica en el mundo porque en los años 70 construyó con Brasil el complejo hidroeléctrico Itaipú, del cual Brasil consume la mayor parte y paga a Paraguay, porque la mitad del embalse está en Paraguay. Aun así, hay problemas ya que Brasil paga un precio debajo del promedio de mercado internacional e inclusive podría ser menor que los costos de producción[17].

Esto deja a Brasil como el único comprador obvio, y no es tan obvio. Aquí es donde murió la idea del Bala (y Chepete/Beu) en la época de Chito Valle. Primero, Brasil no tenía interés en comprar la energía, menos en pagar por la construcción. Una empresa china se ofreció para construir la represa, pero no había quien le pague. Además, quedó claro que Brasil, en caso de necesitar esa energía, la necesitaría puesta en Mato Grosso do Sul. Habría que atravesar todo Bolivia hasta Puerto Suarez (más de 1000 km campo atravesado cruzando la Reserva Pilón Lajas y el TIPNIS) con una mega línea de alta tensión. Esto aumentaba el precio total tremendamente (en el año 2000 se hablaba de más de 600 millones de dólares) sin hablar del impacto ambiental. El Gobierno estima 6.300 millones de dólares para el Chepete y esto NO incluye el costo de la obra de transmisión, ya que no se sabe quién compraría la energía. Si el comprador fuese Brasil y saliera por Puerto Suarez, haría un costo total de al menos 7000 millones de dólares. En el contexto actual es posible que la China nos prestaría el dinero, y que habría una cola de empresas chinas dispuestas a construirla, pero no sería un regalo, sería un préstamo que habría que pagar. ¿Será rentable tomando una visión amplia con todos los costos sociales y ambientales?

Siguiendo con el plan de negocio, la ficha ambiental para la represa en el Chepete estima que requerirá de 74 meses para la construcción. Suponiendo que el tiempo de construcción se va a extender un poco sobre lo planificado más un tiempito para que llene el embalse, pongámosle 9 años para que caiga en el famoso año 2025. De acuerdo al Presidente, luego en otros 6 años estaría generando platita. Es decir, lo que están proponiendo es prestarnos 7000 millones de dólares para construir una gran represa de gran impacto para un mercado de energía incierto, para pagar profesores de aquí a 15 años. Si en ese tiempo el costo de producir energía de fuentes alternativas (principalmente solar y eólica) baja por debajo del costo de producirla en el Chepete y Bala, ¿quién nos va a comprar? Igual habrá que pagar el crédito ¿Por qué arriesgarnos si tenemos alternativas más pequeñas, y seguramente más rentables al dimensionarlas contra mercados seguros?

Si ahora nos sobran 200 megavatios, de acuerdo al Presidente, ¿por qué no apuntar a 500 megavatios producidos con obras de bajo costo y bajo impacto, más cerca de un mercado ya acordado, aprovechando y mejorando nuestra red de distribución actual? ¿Por qué no construir un sistema más variado que comience a generar ingresos en el corto plazo?

¿Cuáles serían las famosas alternativas?

No entraré en detalle, ya que ha habido y seguirá habiendo otras fuentes que enfatizan este tema[18] pero haré mención de algunas. La primera alternativa a las mega represas “Modelo 2G”, son centrales hidroeléctricos de menor tamaño e impacto “Modelo 4G” como el mencionado Taquesi. La ficha ambiental para el Bala se llama “Componente 2 Angosto el Bala 220” porque el nivel máximo del embalse coincidiría con la cota 220. Esto quiere decir que entre el límite superior del embalse y la boca del río Amazonas a varios miles de kilómetros hay una diferencia de 220 m de elevación y de acuerdo a la ficha ambiental solo aprovecharía 15 metros para las turbinas. En contraste existen entre 3800 y 6000 m desnivel entre el Bala y los páramos de la parte alta de la misma cuenca, donde nace buena parte del agua del río Beni. El agua está más dispersa que en El Bala o Chepete, pero los desniveles son espectacularmente más grandes.

De acuerdo a un estudio, la cuenca del río Beni, del Bala para arriba, tiene un potencial hidroeléctrico total estimado en 22,222 MW. El cuadro 1 muestra este potencial por subcuencas. Aquí lo que destaca es que la nueva propuesta para el Bala sería apenas para producir 352 Mw, o el 1.5% del potencial de producción energética de la cuenca. También destaca que el Rio Kaka tendría el mayor potencial, y es lo que intenta aprovechar la propuesta de Chepete, que con 3,676 MW desarrollaría el 17% del potencial de la cuenca. El restante 81.5% estaría en la cuenca media y alta. ¿Quién sabe si con tecnología 4G podría ser más aún? También destaca en ese cuadro que desarrollar energía en las diferentes subcuencas no solo tendría diferentes costos económicos, sino también sociales y ambientales. Las subcuencas de Charazani y Pelechuco están dentro de áreas protegidas. Las cuencas bajas de los ríos Challana y Tipuani tienen alta concentración de cooperativas auríferas, etc.

Reitero que este tipo de análisis no está en el Plan Plurinacional de Electricidad, y no es realizado por Geodata, que se enfocó en 4 alternativas de mega represas en los angostos de Beu, Chepete, Bala y Susi (apenas 1 Km aguas arriba de Rurrenabaque).

Bolivia ya genera un 40% de su energía eléctrica en hidroeléctricas[20]. Lo más conocido es el Zongo, donde se genera la mayor parte de esa energía en un solo valle, con pequeñas estructuras y con pequeños (o ningún) embalses. Se recoge el agua, se entuba y se deja caer 1000 o más metros, para mover las turbinas. Se vuelve a recoger, cae otros 1000 metros y así sucesivamente. El Zongo es un solo valle, y como él hay muchos en la vertiente occidental de la Cordillera Real, la Cordillera Tres Cruces y la Cordillera de Apolobamba. Para comenzar está el valle siguiente al norte, las cabeceras del río Challana. Está casi despoblado en la actualidad, tiene mucha agua y grandes desniveles. Actualmente es inaccesible, con entrada por Peñas (pero el Chepete también es de difícil acceso y en la ficha ambiental hablan de construir 140 km de carretera). Lo importante es que se podrían generar, solo en ese valle, interesantes cantidades de energía sin la necesidad de un gran embalse, y a poca distancia del interconectado actual.

Esta forma de generar energía en el Zongo y Taquesi sin grandes embalses se conoce como “a filo de agua” o “de paso” (run of the river). Canadá, por ejemplo, ha optado por esta forma de generar energía en gran escala, sin contar con los grandes desniveles que tiene Bolivia.

Más allá de la hidroelectricidad, como han señalado muchas personas, existe la energía solar y eólica. Bolivia tiene gran potencial en ambas y su costo viene bajando a tal punto que países como Alemania y Uruguay están apostando por estas alternativas sobre formas convencionales. En el caso de Alemania está apostando por energía solar teniendo niveles de radiación solar muy por debajo del Altiplano, por ejemplo.

Cuadro 1. Potencial hidroenergético estimado. Cuenca del río Beni hasta Angosto del Bala. Adaptado de Molina (2000), con fuente original CBP (1995)[19]. Área (área de drenaje de la cuenca (km2), EFIR (Energía firme (Gw/año), EMED (Energía media (Gw/año) PIN (Potencia instalable (Mw).

Otros compañeros han escrito específicamente sobre este tema, pero quiero apuntar a un tema adicional. Gran Bretaña, que ha tenido una historia de generación de energía nuclear relativamente segura durante décadas, no había construido una nueva planta en más de 30 años. Había planes adelantados para construir una nueva central, tema que se acaba de postergar indefinidamente[21]. ¿Por qué? Porque han podido demostrar que para el año 2025, cuando la central nuclear podría entrar en producción, los costos de energía solar y eólica proyectan ser igual o menor que generar con energía atómica, sin pensar en los costos permanentes y milenarios de las plantas nucleares y sus desechos, una vez usadas. ¿Por qué insistir en mega represas “2G”, cuando alternativas “4G” ya existen y “5G” ya se vislumbran con mayor eficiencia y rentabilidad, y menor impacto social y ambiental?

¿Por qué rehúsan contemplar alternativas?

Esta ha sido la pregunta del millón en relación al puente de Rurrenabaque. En el 2007 hubo una propuesta de alternativa de la consultora Car BRO, consensuada con los dos municipios. El gobierno la rechazó, instruyó a la consultora dejar de coordinar con Rurrenabaque y seguir con la propuesta original. Tuvieron que usar bloqueos de caminos y rescindir un financiamiento del BID para comenzar, recién en el 2013, con su propuesta original. O sea, retardaron la obra 6 años para “ganar” el conflicto.

Claramente hay muchas agendas que influyen en las decisiones sobre las mega represas y que tiene poco que ver con la obra misma, con su rentabilidad, o con “pagar a los profesores”. En conjunto, es evidente es que este gobierno, al igual que muchos gobiernos liberales y/o populistas, pone mayor interés en las mega inversiones. Ya que no es una agenda de derecha o de izquierda entonces surgen por lo menos tres explicaciones para la fascinación con las mega obras: 1. Son una fuente populista de votos, pues estos grandes “regalos” responden al regionalismo histórico, o a un nacionalismo mal encaminado que equipara el éxito de la nación a la realización de mega obras, más allá de su utilidad, rentabilidad e impactos socioambientales negativos. 2. Son un monumento a la gestión del partido de gobierno y su líder, y a su capacidad de vencer a la oposición 3. Representan un interés personal y colectivo en beneficiarse económicamente de las mega licitaciones necesarias para llevar adelante este tipo de obras.

Ninguna de estas explicaciones justifica adelantar las obras más grandes de la historia de Bolivia, con repercusiones irreversibles, sin primero evaluar los verdaderos costos sociales y ambientales. El gobierno, con mentalidad de minero, apunta a la veta más grande, de mayor impacto sin preguntar sobre la rentabilidad de las alternativas. Si realmente les interesara generar divisas para pagar a los profesores (y esperemos, a los profesionales en la salud) estaríamos en una discusión sana de alternativas sobre eficiencia y sostenibilidad.

Siendo que la factura de esta mala idea sería de al menos 6.300 millones USD (Posiblemente 7000 millones incluyendo costos de transmisión) y que estos mega monumentos tendríamos que pagarlos todos los bolivianos, mejor sería devolver este “regalo” antes de abrirlo.

Desde la amazonía boliviana

Por Daniel Robison - Rurrenabaque, Beni, Bolivia

Notas

[1] http://www.la-razon.com/...

[2] http://radiofides.com/...

[3] http://www.la-razon.com/...

[4] http://la-razon.com/...

[5] http://drobisonbolivia.blogspot.com/...

[6] Molina, J. 2000. La represa El Bala: Análisis técnico y ambiental. FOBOMADE. 42pp.

[8] http://www.ftierra.org/...

[9] Espinoza, D. y Molina, J. 2016. El Nuevo Proyecto “El Bala”. Presentación en diapositivas. Instituto Nacional de Hidrología y Universidad Mayor de San Andres.

[10] http://www.diarionuevosur.com/...

[11] http://www.hidrobol.com/...

[12] Población de Andes tropicales

[13] https://www.washingtonpost.com/...

[14] Resulta al investigar que esto se dice también del Perú y desde hace mucho tiempo. Inclusive se lo considera un paradigma. http://institutodelperu.org.pe/... (pdf)

[15] http://www.eltiempo.com/...

[16] http://www.hydroworld.com/...

[17] https://www.parlamentomercosur.org/...

[18] https://fundacionsolon.org/...

[19] CBP (1995). Proyecto de aprovechamiento integral del río Beni. Estudio a nivel de Perfil. Cochabamba, Bolivia.

[20] https://es.wikipedia.org/...

[21] https://www.theguardian.com/...

Fuente: Blog de Daniel Robison


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