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Autor Marcela López, Pedro Arbeletche, Soraya Carvalho y Ana Perugorria Idioma Español Pais América del Sur Publicado 7 noviembre 2013 10:17

Intensificación ganadera a partir de la expansión sojera. Un análisis comparativo de Argentina y Uruguay

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"El objetivo de este trabajo es analizar comparativamente, las transformaciones que experimenta la ganadería de Argentina y Uruguay frente al avance de la producción sojera, transformando al MERCOSUR en el principal exportador mundial de soja y las implicancias que tiene este modelo productivo, en el resto de las producciones destinadas a producir alimentos."

VII JORNADAS INTERDISCIPLINARIAS DE ESTUDIOS AGRARIOS Y AGROINDUSTRIALES

Buenos Aires, 1, 2, 3 y 4 de noviembre de 2011

INTENSIFICACCIÓN GANADERA A PARTIR DE LA EXPANSIÓN SOJERA. Un análisis comparativo de Argentina y Uruguay.

Autores: Marcela López(1), Pedro Arbeletche(2), Soraya Carvalho(3), Ana Perugorria(4)

Eje temático 7: Evolución y problemas de la agricultura y la ganadería. Tipos de explotaciones, precios, costos y rentabilidades. Relocalización y cambios en la producción vacuna.

Introducción

Desde mediados de los ‘90 se produce en Argentina y Uruguay, un fuerte proceso de expansión de la producción agrícola destinada al mercado internacional, que favoreció la consolidación de un modelo productivo basado en el uso de variedades transgénicas de soja y siembra directa. Esto significó, el avance de la frontera agrícola sobre tierras que eran destinadas a la actividad ganadera, tambera y otros cultivos.

En Argentina a partir del 2002, el proceso se profundiza y avanza en regiones ganaderas con suelos con aptitud agrícola. En el caso del Partido de Tandil, el cultivo de soja desplazó a la ganadería de cría hacia tierras de menor fertilidad, mientras que la invernada se intensifica a través de sistemas de engorde a corral o feedlot que se vieron favorecidos por las compensaciones creadas por el gobierno en 2007.

En Uruguay el proceso, aunque más tardío, es similar, desplazando a la ganadería de cría a las zonas de menor fertilidad, donde compite con la forestación, y la invernada se concentra en sistemas de engorde a corral o en sistemas combinados de recría a pasto y terminación a corral por parte del mismo productor. El tradicional sistema mixto de rotación de agricultura con pasturas es sustituido por un sistema de agricultura continua basada en el doble cultivo trigo-soja con ganadería en las zonas donde no se puede cultivar.

El objetivo de este trabajo es analizar comparativamente, las transformaciones que experimenta la ganadería de ambos países frente al avance de la producción sojera, transformando al MERCOSUR en el principal exportador mundial de soja y las implicancias que tiene este modelo productivo, en el resto de las producciones destinadas a producir alimentos.

1. Transformaciones de la agricultura en el MERCOSUR

1.1 Reestructuración agrícola y dinámica del capital agroalimentario

Las transformaciones sufridas por la agricultura en las últimas décadas han dado origen a un importante proceso de reestructuración en el sector, vinculado a la nueva dinámica que los procesos de globalización imprimen en el funcionamiento de los mercados agroalimentarios a escala mundial, donde el accionar del capital agroindustrial de origen transnacional juega un rol fundamental.

En América Latina las transformaciones sufridas por la agricultura en las últimas décadas se vinculan con estos procesos, donde el capital transnacional se articula con las producciones locales o ingresa directamente a la producción, determinando importantes cambios en el sector en distintos países. Así, a partir de la década del ’90 comienza a aplicarse en la región políticas que priorizan la acción de las empresas en el mercado y minimizan la acción del Estado. La apertura comercial, la desregulación de los mercados y la formación de bloques económicos facilitan la libre circulación del capital transnacional, posibilitando la ampliación de los mercados a través de la consolidación de los procesos de integración regional.

En este contexto el capital agroalimentario encuentra nuevas oportunidades de inversión y expansión, por lo que la entrada de empresas agroalimentarias en los distintos países responde a las ventajas que la integración regional les proporciona. De esta manera, la creación del MERCOSUR se vincula a la necesidad de crear un mercado regional que facilite el accionar de empresas transnacionales en un área territorial restringida sobre todo en la producción de alimentos. En América Latina en general y en Argentina y Uruguay en particular, es clara la orientación de la producción especializada en commodities, se prioriza producir alimentos para el mercado internacional en un contexto de fuerte competitividad y economías abiertas.

En el análisis sobre las causas de este proceso, se coincide en plantear que las transformaciones del contexto económico mundial a partir de la década del '70, y en el marco un mundo globalizado, han generado cambios que exceden al sector e implican transformaciones en otros sectores de la economía. La magnitud de estos cambios hace pensar que se trata de procesos de gran profundidad que afectan distintos aspectos de los sistemas agroalimentarios y a la circulación del capital transnacional, así como a la organización productiva, territorial, social y económica de la agricultura en distintos países.

El profundo cambio que comienza a desarrollarse en esta etapa, afecta el funcionamiento de los mercados mundiales con un fuerte impacto en el sistema agroalimentario, dando lugar a la formación de un nuevo orden alimentario mundial. El contexto en el que se dan estos cambios, se relaciona con la profundización de los procesos de globalización, en el que el accionar de empresas agroindustriales transnacionales juega un papel fundamental en el desarrollo de este nuevo régimen o sistema alimentario mundial. (Teubal.1995). Estos procesos se encuentran reforzados por la pérdida de importancia de los Estados nacionales, la disminución de las barreras arancelarias y la desregulación de los mercados mundiales que permitieron la consolidación de diferentes bloques económicos como espacios creados para asegurar la libre circulación del capital.

En el caso de Argentina, este proceso se tradujo en la aplicación de políticas de ajuste estructural y reforma del Estado implementadas a partir de la década del ’90, produciendo un profundo cambio en el funcionamiento del sector agropecuario nacional, dado el mayor dinamismo que el capital agroindustrial de origen trasnacional, comenzó a tener en la reestructuración del sector. La desregulación de los mercados, significo la desaparición de los instrumentos de regulación estatal del sector agropecuario, como subsidios, fijación de precios a productos básicos, también significó un cambio institucional al desaparecer organismos estatales como las juntas reguladoras, la privatización de las terminales portuarias, ferrocarriles, etc.. Barsky y Dávila, 2008).

El desmantelamiento de los organismos de control y regulación del comercio de productos primarios tuvo como contrapartida, una fuerte expansión de las corporaciones agroindustriales, quienes reemplazaron la acción estatal y se transformaron en los principales oferentes de insumos (maquinarias, fertilizantes, semillas, herbicidas), procesamiento de la producción agroindustrial, controlando el mercado.

Por lo tanto, se optó por un tipo de política que prioriza la lógica del mercado dominado por las grandes empresas, en detrimento de los intereses de los pequeños y medianos productores rurales. Son las grandes corporaciones vinculadas a la exportación y a la provisión de insumos, las que se vieron beneficiadas, estas también incorporaron los cultivos transgénicos principalmente la producción de soja, generando un gran crecimiento del sector agropecuario.

1.2 La consolidación de un nuevo modelo productivo agrícola

En las últimas dos décadas, la producción de soja experimenta una gran expansión en los países del Mercosur, gracias al salto productivo que significó la aplicación del paquete tecnológico soja transgénica - siembra directa - agroquímicos, que en un contexto de altos precios internacionales favoreció la ampliación de la frontera agrícola. Este proceso que se inicia a partir de la introducción de semillas transgénicas a mediados de la década de los ’90 en la Región Pampeana Argentina(5), se expande luego hacia las provincias del norte del país y a partir del año 2000 el cultivo comienza a consolidarse en Uruguay a través de empresas argentinas especializadas en la producción sojera.

De esta manera, en las últimas décadas se acentúa el perfil agroexportador del MERCOSUR, la producción de soja pasó de 27 millones de toneladas en la década de los ’90 a 130 millones en 2009, constituyéndose en la principal región exportadora y controlando el 50% de las exportaciones mundiales de soja(6).

Tabla 1: Producción de soja en el MERCOSUR. (miles de toneladas)

Fuente: Sistema integrado de información agropecuaria. Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la República Argentina.

Las perspectivas del aumento sostenido de la demanda internacional de soja, principalmente desde China, hace pensar que la producción de este cultivo seguirá creciendo transformando al MERCOSUR en la principal región productora de soja para el mercado internacional.

Gráfico 1: Producción mundial de soja. En toneladas.

Fuente: Elaborado en base a USDA

Esta fuerte especialización productiva de la región, implica también un importante avance de la frontera agrícola y un crecimiento de la superficie implantada con soja que pasa de 15 millones de hectáreas en la década de los ’90 a 45 millones en la actualidad. Este avance territorial de la producción sojera, se hace a partir del desplazamiento de otras producciones agrícolas, ganaderas, tamberas y pérdida de superficies de bosques nativos. En el caso específico de la ganadería, tanto en Uruguay como en la Argentina, se produce un desplazamiento de la actividad hacia tierras de menor calidad y se intensifican los sistemas de producción ganaderos.

Tabla 2: Países del Mercosur: Superficie Implantada con soja. (Miles de hectáreas).

 

1990

1995

2000

2005

2009

Argentina

4.967

6.002

10.664

15.393

18.343

Brasil

9.742

10.663

13.969

22.749

23.968

Uruguay

19

9

12

309

848

Paraguay

890

960

1.350

2.426.

2.680

Total Mercosur

15.617

80.370

25.995

40.878.

45.839

Fuente: Sistema Integrado de Información Agropecuaria. Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina.

Esta importante transformación de la agricultura en los países del Cono Sur, fue motorizada por los altos precios internacionales y el aumento de la productividad a partir de la utilización masiva de un conjunto de innovaciones tecnológicas, controladas por grandes empresas transnacionales proveedoras de insumos agropecuarios. Este proceso implicó un cambio en el modelo productivo agrícola, que se inicia en la Argentina en la década de los ’90 y luego se extiende al resto de los países del Mercosur.

Otras causas que incidieron en la consolidación de este modelo productivo agrícola, es el surgimiento y expansión de empresas agrícolas que presentan una gran flexibilidad productiva en el manejo y gestión de los factores de producción. Introducen una nueva lógica en la agricultura más cercana a la del capital financiero, centrada en asegurar la mayor rentabilidad en el corto plazo.

En este contexto, la expansión sojera puede ser analizada como el emergente de un proceso más profundo que reasigno nuevas funciones a los factores de producción y resignificó el perfil de los actores sociales involucrados con la producción primaria. (Gras y Hernández, 2009). Como consecuencia de este proceso se genera una fuerte concentración productiva y de control del uso de las tierras, a partir de la llegada de nuevos actores sociales que privilegian el control del capital sobre la propiedad de la tierra.

Estas empresas denominadas en la Argentina pooles de siembra (empresas en red en Uruguay), impusieron una nueva forma de gestión empresarial cuyo objetivo principal es la disminución de costos a partir del aumento de la escala productiva. Se constituyen como asociaciones temporales de muchos inversores de distinto origen como bancos, entidades financieras, empresas proveedoras de insumos agrícolas, profesionales que conocen el negocio agropecuario y administran durante un tiempo acotado la actividad para sembrar y cosechar para luego distribuir los excedentes. Estos recursos son administrados por distintas firmas administradoras de negocios agropecuarios, que contratan la explotación de grandes superficies de tierra en distintas zonas de la región pampeana (y del Mercosur), como una estrategia de diversificación del riesgo.

El objetivo es no realizar inversiones de capital fijo ya que no realizan compra de tierras, sino que las arriendan, y utilizan contratistas que se encargan de la siembra, mantenimiento, transporte y cosecha del cultivo. Esta estrategia permite, aumentar la escala de producción, disminuir costos a través de la compra de grandes volúmenes de insumos, disponer de capital financiero para negociar el precio de los arrendamientos y aumentar la rentabilidad, al bajar la inversión en capital fijo lo que les otorga mayor flexibilidad productiva. (Barsky, Dávila, 2008; Martinelli, 2008).

Este modelo de agricultura capital intensivo, conlleva a un fuerte proceso de incorporación tecnológica, (maquinarias de última generación, semillas transgénicas, agroquímicos, sistemas de acopio, transporte), que facilitan el aumento espectacular de los rendimientos y la productividad, asegurando la rentabilidad inmediata y la producción a gran escala. Por lo tanto, tiene fuertes consecuencias sociales al excluir productores de la actividad, trabajadores, surgimiento de contratistas, generando así una crisis muy profunda en la agricultura familiar

Por otra parte, la demanda de mayores insumos para la producción determina altos costos y exige mayores extensiones de las unidades de producción para que estas sean rentables, lo que determina también el aumento de la concentración productiva y de tierras, excluyendo a los pequeños y medianos productores agropecuarios muchos de los cuales se transforman en rentistas.

En el caso de Uruguay 12 empresas concentran el 35% de la producción sojera, ejerciendo una fuerte competencia sobre los productores tradicionales, principalmente porque en una primera etapa se comenzó con pago de hasta 3 años de contrato con rentas adelantadas. Esta competencia desplazo del mercado al productor medianero tradicional, relegándolo a tierras de menor calidad o quedando como contratista que vende servicios. Entre el año 2000 y 2009 un 52% de estos productores abandonaron la producción en Uruguay. Así mismo se sustituye el sistema de agricultura de rotación pasturas- cultivos por el de agricultura continua, por lo que la ganadería se desplaza de las mejores tierras. Asimismo, muchos productores ganaderos optan por arrendar sus tierras agrícolas y conservar las áreas ganaderas en explotación individual o simplemente arrendar toda su tierra para transformarse en rentista, y en otros casos venden sus tierras agrícolas para trasladarse a suelos de menor calidad. Se genera así un incremento muy importante del precio de la tierra (su precio se multiplica por cuatro en 8 años) y del valor de las rentas (se triplican en poco más de 7 años). (Arbeletche y Gutierrez, 2010)

En la Argentina, la magnitud de este proceso alcanza al 50% del área sembrada en la Región Pampeana, la producción de soja pasó de representar el 10,6% de la producción total de granos en 1980/81 a más del 50% en 2006/2007, y en la actualidad ocupa más del 53% del área sembrada del territorio argentino. (Teubal, 2008; 2006). Como consecuencia, el último censo agropecuario de 2002, arroja datos que permiten observar en la Región Pampeana un fuerte proceso de disminución del número de explotaciones y aumento del tamaño medio de las mismas. Así, en esta región se registra una disminución de 54.495 explotaciones y en la provincia de Buenos Aires un aumento de la superficie media de las explotaciones del 39,6%. Junto a este proceso también se observa una fuerte concentración del uso del suelo, debido al fuerte incremento de la superficie destinada al cultivo de soja y disminución de la superficie destinada a ganadería. (Teubal y Giarraca, 2005).

Estos procesos de concentración de la tierra, que se observan a través de la importante pérdida en el número de explotaciones y el incremento de la superficie media de las mismas, se corroboran también en Tandil, partido representativo de la región mixta de la Región Pampeana. En este partido, entre 1988 – 2002, se observa una disminución del 40% de las explotaciones agropecuarias, pasando de 1095 explotaciones en 1988 a 659 explotaciones en el 2002. Paralelamente, la superficie promedio de las EAPs se incrementa en un 54%, lo que significa un aumento de 436 has a 671 has. Se produce un espectacular aumento de superficie destinada a soja que pasa de 4.450 hectáreas en 1988 a 52.234 hectáreas en 2002, lo que significa una variación porcentual del 1.073.8 %.

Estos datos muestran por lo tanto, las aristas de un modelo productivo que se basa en el aumento en la escala de producción, lo que implica un aumento del umbral mínimo de producción que se sostiene en la mayor superficie media de las explotaciones y en un paquete tecnológico que asegura altos rendimientos y mayor rentabilidad. Por otra parte, este modelo agrícola basado en el cultivo de soja, avanza sobre otras producciones agrícolas, ganaderas o tamberas, que atentan con la tradicional diversificación de los sistemas productivos agrícolas – ganaderos.

Por lo tanto, el avance del cultivo de soja, sobre las tierras destinadas a ganadería y a la agricultura implica un importante impacto productivo y tecnológico. Este proceso implica la expansión del monocultivo, lo que conlleva a una especialización productiva de la región, modelo que se ha consolidado en el norte de la región pampeana donde prácticamente el 100% de la producción agrícola corresponde al cultivo de soja.

2. Implicancias de la expansión sojera en la ganadería argentina. El caso del partido de Tandil

En la Argentina durante la última década, sobre todo a partir del 2002, el proceso de expansión sojera se profundiza y avanza en regiones pampeanas fundamentalmente ganaderas con suelos con aptitud agrícola. Esto profundiza el carácter agrícola de la región, donde solo quedaron sin sembrar lotes con limitantes naturales muy severos, lo que significa un reemplazo de la ganadería vacuna en aquellos terrenos relativamente aptos para la agricultura.

La región mixta, se constituyó en un escenario privilegiado de este proceso, dado que la producción sojera se expande en terrenos que eran destinados a numerosos campos de invernada. Tradicionalmente, la aptitud agrícola de esta zona ha hecho que la ganadería comparta suelo con la agricultura, en rotaciones que le aseguran sustentabilidad a los sistemas productivos. (Rearte, 2007). Este proceso de expansión agrícola también se da en la cuenca del salado, donde la siembra directa permitió el cultivo en aquellos terrenos con relativa aptitud agrícola. (Azcuy Ameghino, 2010).

Sin embargo, la reducción de la superficie ganadera a favor de la agricultura en la Región Pampeana – que es del orden de los 8.8 millones de hectáreas - no significó un achicamiento de gran magnitud del stock ganadero pampeano, lo que indica una intensificación de la actividad a través de suplementación con concentrados energéticos, y la implementación de sistemas de engorde a corral que permitió conservar los stocks ganaderos. (Rearte, 2007). La instalación de estos sistemas tuvo como objetivo el engorde de la propia producción o de animales comprados y la prestación de los servicios de engorde a terceros (hotelería) o una combinación de ambas alternativas. (Iorio y Mocsiaro, 2005).

En la última década, el fuerte dinamismo de la gran distribución minorista, se transforma en el principal demandante de carne, en Capital Federal y Gran Buenos Aires (40% del consumo de carne del país) la participación de estas firmas pasa del 40% al 60%. (Iorio y Mosciaro, 2005). De esta manera, los principales demandantes de la producción de feedlot son fundamentalmente los frigoríficos, que junto a las grandes cadenas de super e hiper mercados, abastecen el mercado interno. Así, muchos frigoríficos comenzaron a integrar la etapa de engorde, (Bilello, 2009) para facilitar un abastecimiento regular de la producción y asegurar la calidad de la carne demandada por el mercado local. Por otra parte, este tipo de establecimientos al asegurar la oferta de un volumen de carne de óptima calidad, ayuda a dar estabilidad al esquema de precios en el mercado interno. (Portillo, 2009).

En este contexto, la actividad ganadera en Tandil - partido representativo de la región mixta- experimenta un proceso de profundas transformaciones territoriales y productivas, como resultado de la expansión de la agricultura sobre los suelos de mejor calidad. La mayor rentabilidad de la soja, desplazó a la ganadería de cría hacia tierras de menor fertilidad (partidos de Rauch, Azul y Juárez), mientras que en la invernada se intensifica a través de los sistemas de engorde a corral o feedlot que permiten liberar tierras aptas para la agricultura.

Por otra parte, el avance del cultivo de soja aumentó también los precios de los arrendamientos y el valor de la tierra para la agricultura. Por lo que el sistema pastoril es reemplazado por sistemas de engorde artificial, que a partir de una dieta balanceada permiten una mayor producción de carne por animal. En el período de post convertibilidad, comienzan a extenderse el feedlot en el partido, favorecidos por un sistema de compensaciones creadas por el gobierno, que facilitaron su expansión.

Según datos del SENASA de 2008, el partido de Tandil cuenta con 27.120 existencias bovinas en establecimientos de engorde a corral, ocupando el sexto lugar de la producción en el total provincial. Por otra parte, Buenos Aires concentra la mayor cantidad de existencias ganaderas del país con 632 establecimientos y 755.082 animales, le siguen en importancia Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos. A nivel nacional, también se observa, una fuerte concentración de la producción en feedlot, dado que el 10% de los establecimientos de mayor tamaño, concentra el 48,58% del total de bovinos. Para el año 2008 han pasado por el sistema alrededor de 5 millones de cabezas, lo que equivale a decir que aproximadamente el 34% de la faena nacional total provino de feedlots. (Portillo, et al, 2009).

La expansión de los feedlot estuvo favorecida por la política de compensaciones implementadas en 2007 , que para favorecer el abastecimiento del mercado interno, se subvencionó la producción ganadera proveniente de feedlot, como una manera de equilibrar las diferencias de precios del mercado interno y externo. La eliminación de este beneficio económico en marzo de 2010, afecta profundamente la rentabilidad de estas empresas, que hoy sufren las consecuencias del aumento de los costos de producción, sobre todo los precios del maíz y de los animales a engordar. A partir de 2007 comienzan a crecer la cantidad de establecimientos de feedlot en Tandil, existía un feedlot con 20.000 animales que ofrece servicios de hotelería y por otro lado una cantidad considerable de encierros caseros.

El feetlot es un sistema muy intensivo, cuya rentabilidad se basa en asegurar una gran cantidad de animales, y acortar los plazos de rotación del capital, logrando kilaje en el menor tiempo posible. En este sentido, la organización productiva y técnica del feedlot adquiere la lógica de los sistemas productivos industriales, donde el producto se adapta a los requerimientos de la demanda. Es por esta razón, que su escasa flexibilidad y alta sensibilidad a las fluctuaciones de precios, dificultan su adaptación a contextos productivos inestables, como los que caracterizan al mercado de hacienda en nuestro país. (Iorio y Mosciaro, op. Cit.).

3.Consecuencias de la expansión sojera en la ganadería uruguaya

En Uruguay el proceso de expansión sojera avanza ocupando prácticamente toda la región tradicionalmente agrícola y hacia otras regiones fundamentalmente ganaderas con suelos de aptitud agrícola. Esto profundiza el carácter agrícola de la región tradicional, donde solo quedan sin sembrar los suelos con limitantes naturales severas, lo que significa el reemplazo de la rotación tradicional agricultura pastura por agricultura continua desplazando a la ganadería vacuna de los terrenos relativamente aptos para la agricultura.

El litoral del país se constituyó en un escenario privilegiado de este proceso, dado que la producción sojera se expande en las regiones de mejores suelos, desapareciendo los campos de invernada, ahora ocupados por la agricultura. Al igual que en Argentina, la aptitud agrícola de esta zona permitía que la ganadería compartiera suelo con la agricultura, a través de los sistemas de rotación agrícola – ganadera. La reducción de la superficie ganadera a favor de la agricultura en Uruguay es del orden del millón de hectáreas – lo que no significó un achicamiento de del stock ganadero, sino que este continuo aumentando, lo que indica una intensificación de la actividad a través de suplementación con concentrados energéticos, y la implementación de sistemas de engorde a corral que permitió conservar los stocks ganaderos.

Se instalan así varios tipos de sistemas productivos, por un lado están los que tienen como objetivo el engorde de la propia producción mediante la confinación en corrales de muy baja inversión, con una construcción artesanal y mediante la compra de concentrados o alimentación a partir de la elaboración de silo propio u otro tipo de forraje, con una combinación con la producción a pasto. Por otro lado están corrales más sofisticados, con instalaciones que les permiten elaborar su propio alimento y con terminación de la producción propia o de animales comprados, hay también sistemas que realizan prestación de los servicios de engorde a terceros (hotelería) y en los últimos dos años comienzan a aparecer grandes sistemas de corral que pertenecen a la industria frigorífica, donde tienen plantas de ración importantes y parte de la alimentación se compra a nuevas empresas agrícolas mediante contratos de complementación. De esta forma la industria frigorifica empieza a controlar el mercado ganadero en perjuicio de los productores ganaderos.

Esta integración con la etapa de engorde, se supone que tiene como objetivos facilitar un abastecimiento regular de la producción, asegurar la calidad de la carne demandada por el mercado y supuestamente también regular por parte de la industria los precios de los animales que van a faena.

En este contexto, al igual que en Tandil la ganadería experimenta un proceso de profundas transformaciones territoriales y productivas, como resultado de la expansión de la agricultura sobre los suelos de mejor calidad y la forestación en los suelos de menor calidad. La forestación desplazó a la ganadería de cría desde las tierras de menor fertilidad, y como esta no reacciona productivamente, se transforma en el eslabón que frena el crecimiento ganadero, mientras que en la invernada se intensifica a través de los sistemas de engorde a corral o feedlot que permiten liberar tierras aptas para la agricultura.

4. Consecuencias de la intensificación en el sistema productivo ganadero.

La incorporación del sistema de engorde a corral o feedlot confiere a la ganadería una nueva lógica, no solo en términos de organización del sistema productivo, sino también en las características del producto obtenido, en la comercialización, en la relación de los costos de producción y el precio del producto. Implica que el proceso productivo garantice la regularidad, calidad y cantidad de la producción, estableciendo también una coordinación mas estrecha en toda la cadena productiva y una mayor flexibilidad a las empresas, ya que pueden combinar varias estrategias productivas, como el engorde de los animales propios con la compra de hacienda para engordar u ofrecer el servicio a terceros (hotelería).

Por otra parte, la adopción de este sistema para las explotaciones ganaderas se transforma en una alternativa para resolver los límites productivos que presentan los sistemas pastoriles. En este sentido permite mitigar la estacionalidad de la oferta de forraje, finalizar y acelerar el engorde de los animales producidos a campo y mantener el stock ganadero en menores extensiones de tierra. Por otra parte, la intensificación de estos sistemas, implica también un riesgo financiero para las empresas, dado el mayor monto de inversión inicial que se debe hacer para desarrollar la actividad de manera permanente, que conjuntamente con los precios del maíz y del animal, determinan su rentabilidad. (Iorio y Mocsiaro, op. Cit).

Este sistema es intensivo en capital, lo que insume mayores costos de inversión en corrales, alambrados, instalaciones para almacenamiento de granos, equipos necesarios para la preparación de alimentos (balanzas, mezcladoras, mixer para mezclar y diluir el alimento), maquinarias. El proceso de trabajo requiere un mayor control del alimento y mayor eficiencia técnica en el manejo de la dieta, la sanidad y la reproducción para asegurar el ritmo de crecimiento de los animales y una producción regular en el tiempo. Las mayores inversiones en infraestructura, demandan también la reparación, mantenimiento y mejora de las instalaciones, y requieren de tareas puntuales o eventuales.

Por lo tanto, el proceso de trabajo demanda una mayor dedicación y coordinación de las tareas con frecuencia diaria, lo que determina también la necesidad de contratación de personal profesional especializado (veterinarios, nutricionistas). La organización del proceso de trabajo en el feedlot debe garantizar diferentes operaciones: elaboración, distribución y suministro diario de alimento, control de las raciones y la calidad de la dieta, control de la sanidad, control de las salidas y entradas de animales.

El control diario de los animales durante todo el año requiere tecnologías de manejo y gestión que demandan personal permanente, en ese sentido la ganadería a diferencia de la agricultura, es una de las pocas actividades que sigue necesitando personal durante todo el año, por lo que la tendencia hacia la asalarización de los trabajadores es importante. (Aparicio, 2005; Neiman, 2010).

La intensificación ganadera a significado una transformación importante en el proceso de trabajo, que conlleva a un aumento de las tareas y demanda nuevas competencias laborales(7) a los trabajadores habituados a la ganadería extensiva, fundamentalmente en el manejo de la ración de alimentos y en el manejo del mixer. Además de las tareas de recorrida del rodeo o el mantenimiento y reparación de maquinarias, otras actividades como el manejo de la alimentación o la atención sanitaria de los rodeos, adquieren importancia.

5. Consideraciones finales

El nuevo modelo productivo agrícola surgido desde mediados de la década de los ’90, basado en el cultivo de soja, significo una nueva forma de organización de la agricultura y la ganadería en ambos países. Este modelo privilegia el monocultivo sobre la diversificación productiva, al desplazar no sólo a la ganadería sino también a otros cultivos y a la producción tambera.

Este proceso, está sostenido por la expansión de empresas agrícolas (pooles de siembra-empresas en red) articuladas a empresas transnacionales proveedoras de insumos (semillas y agroquímicos), cuya lógica productiva cortoplacista privilegia el control del capital por sobre la propiedad de tierra y el trabajo. Esta estrategia permite, aumentar la escala de producción, disminuir costos a través de la compra de grandes volúmenes de insumos, disponer de capital financiero para negociar el precio de los arrendamientos y aumentar la rentabilidad, al bajar la inversión en capital fijo lo que les otorga mayor flexibilidad productiva.

Como consecuencia de este proceso se produce una fuerte competencia por el alquiler tierras agrícolas, generando una gran concentración productiva, que afecta profundamente a la ganadería de cría la que se vio relegada a tierras de menor calidad. De esta manera, la intensificación se plantea como una estrategia para conservar los stocks ganaderos y la regularidad en la oferta.

Por lo tanto, la intensificación conlleva un cambio profundo en la organización del proceso de producción de la ganadería de ambos países. El avance de la agricultura sobre tierras ganaderas significó la eliminación de los tradicionales sistemas de rotación agrícola-ganaderos. Este proceso imprime una nueva lógica productiva a la ganadería más cercana a los sistemas industriales, no sólo en la organización del sistema productivo sino también en las características del producto obtenido

El sistema ganadero comienza a requerir altas inversiones lo que genera que los productores de menor tamaño y sobre todo los de tipo familiar, comiencen a ser excluidos del sistema de producción ya que les resulta muy difícil poder realizar las inversiones necesarias. Como en la agricultura, es el aumento de la escala productiva lo que genera una mayor concentración, junto a una mayor integración de la producción primaria y la industria, permitiendo reducir los costos para asegurar rentabilidad. A su vez, la industria frigorífica comienza a ingresar en forma directa en la producción primaria, a través de la instalación de grandes feedlot, permitiendo por un lado estabilizar la oferta de ganado, pero por otro también controlar el precio del ganado gordo en los mercados locales.

Cabe hacerse el interrogante acerca de cuál es el perfil agroexportador del Mercosur como región productora de alimentos. En un contexto productivo basado en la producción de soja, que desplaza a otras producciones agrícolas y ganaderas, se impone un modelo agrícola basado en el control del capital y la búsqueda de rentabilidad en el corto plazo. Este modelo productivo desplaza a aquellos productores que no se adaptan a las nuevas condiciones de la producción, y atenta contra la lógica de la agricultura familiar basada en la producción de alimentos.

Bibliografía

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Notas:

1- CESAL – UNICEN/ Departamento de Geografía UNMDP; maclopez1@gmail.com

2- Dpto. Ciencias Sociales - Facultad de Agronomía – UDELAR; arbe19@fagro.edu.uy

3- Universidade Federal do Pará; Soraya@ufpa.br

4- Instituto Plan Agropecuario, Uruguay; aperugorria@planagropecuario.org.uy

5- A mediados de la década de los ’90 se libera el mercado de soja transgénica en la Argentina. La introducción de la semilla transgénica se dio a través de firmas transnacionales proveedoras de la semilla y del paquete tecnológico incluyendo los agroquímicos (glifosato) que provee la firma asociada a la misma. En efecto, Monsanto es la principal proveedora mundial de soja RR (resistente al Roundup Ready ). (Teubal, 2008; Gras y Hernández,2008).

6- Según datos del USDA las exportaciones mundiales de soja en 2010 sumaron 95.623 toneladas, de las cuales el MERCOSUR exportó 47.735 y Estados Unidos 42.184 toneladas.

7- La noción de competencias laborales, permite reconocer como la propia práctica del trabajo se transforma en un ámbito de adquisición de nuevos conocimientos, donde el trabajador debe recurrir a ciertas destrezas o habilidades personales para asegurar las condiciones de calidad de la producción.


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