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Autor Tatiana Roa Avendaño y Claudia Gimena Roa Avendaño Idioma Español Pais Colombia Publicado 28 marzo 2018 11:38

Colombia - Derrame en La Lizama: fluye el petróleo, sangra la tierra

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"Según reportes de prensa y testimonios de los pescadores, el 2 de marzo, en medio de una plantación de palma aceitera, saltó de la tierra un chorro de petróleo, agua y lodo que alcanzó los 15 metros de altura".

Ayer, varios activistas recorrimos la quebrada La Lizama, situada en la ciudad de Barrancabermeja (Santander) que es tributaria del río Sogamoso. Llegamos de Bucaramanga de celebrar el día mundial del agua… ¡triste ironía! El dolor es grande, las dimensiones del derrame petrolero en esa quebrada son aterradoras, sigue manando crudo hacia la superficie, a pesar de que han pasado más de 20 días desde el accidente que lo provocó. El olor de químicos y componentes volátiles de los hidrocarburos está presente en toda la zona. El agua del caño contaminado corre hacia el río Sogamoso y, en su andar, va esparciendo la contaminación como un manto de muerte. El petróleo fluye mientras sangra la tierra, mueren los peces, los lagartos, las serpientes, los mamíferos, las aves. Al acercarnos a un puente, debajo de él vimos cientos de panales de avispas, estaban inermes.

Mientras la fauna silvestre vive su propia tragedia, en las comunidades se anuncia el impacto en la producción pecuaria. En las reuniones, se habla de que, así, se tendrán que desplazar hacia otras tierras las reses, los caballos, las cabras. Un desplazamiento ambiental provocado por una actividad que cada vez es más riesgosa y ya, sin duda, letal. Dicen que a muchas niñas y niños han tenido que hospitalizarlos por problemas respiratorios.

Aunque es inmensa la dimensión del derrame, a gran parte de los hombres solo le preocupan los puestos de trabajo. Mientras tanto, las mujeres, con más sensibilidad, lloran el río y reclaman por su futuro a la Empresa Colombiana de Petróleos, Ecopetrol, responsable de lo que está aconteciendo. Según reportes de prensa y testimonios de los pescadores, el 2 de marzo, en medio de una plantación de palma aceitera, saltó de la tierra un chorro de petróleo, agua y lodo que alcanzó los 15 metros de altura. Hay quienes denuncian que no es la primera vez, aunque, en esta ocasión alcanzó dimensiones impredecibles. Se estima que se han vertido más de 30 mil barriles de crudo y el derrame no se detiene.

Los maestros del Instituto Universitario de la Paz, Unipaz, de Barrancabermeja, han estado en la zona investigando cuál será el impacto en la fauna silvestre y dicen que tomará años o décadas la recuperación de estas tierras. Mientras tanto, el viernes 23 de marzo, la comunidad esperaba la llegada de algún miembro de la empresa, que nunca llegó, como ha ocurrido otras tantas veces. Si en lo social y lo comunitario no responde, la forma de actuar en el terreno tampoco se compadece con la urgencia de un remedio real que se debe dar de manera inmediata, prioritaria y urgente.

Al dolor causado por la construcción de la hidroeléctrica en el río Sogamoso, de la empresa Isagén, que acabó las grandes subiendas de peces que nutrían la economía local, se suma ahora este derrame:

– Isagén nos quitó todo y ahora Ecopetrol no nos dejó nada.

Dice llorando para un medio de comunicación nacional una mujer que hace parte del Movimiento Ríos Vivos. Y un pescador de La Cascajera, poblado situado a varios kilómetros al norte del corregimiento La Fortuna, del mismo municipio de Barrancabermeja, cuenta que ya el pescado sabe a petróleo y que sube buscando los caños aún sanos.

E insiste:

– Nadie nos compra el pescado, nos dicen que está contaminado, y viene la Semana Santa, que es importante para nosotros.
Más de 600 familias viven de la pesca en esta región de la cuenca del Sogamoso.

Recorrimos la zona, vimos decenas de pozos petroleros que como vampiros chupan la sangre de la tierra. La gente teme que lo ocurrido sea un fracturamiento hidraúlico (fracking), porque Ecopetrol ya había anunciado el pozo piloto APE–Guane para fracking, que es ahí mismo en La Lizama, a 20 kilómetros lineales del pozo Lizama 158.

Antonio Francisco Gómez, rector del colegio de La Fortuna, está preocupado por los efectos que tendrá el derrame a largo plazo. No cree que todos dimensionen los daños provocados y menos aun lo que podría provocar el desarrollo futuro del fracking en la zona. Décadas de abandono del campo han desencadenado pobreza en el campesinado de la región, que espera ahora oportunidades laborales en las operaciones de limpieza, así eso les cueste enfermarse.

El rector también nos dice que el agua para consumo humano proviene de otro acuífero, pero que las aguas de La Lizama sirven para las siembras, el pan coger y para los animales domésticos. Le preocupan los olores, la contaminación de los suelos, la pérdida de los cultivos, de la soberanía alimentaria y la salud de sus estudiantes, más de 600 entre quienes hacen primaria y quienes cursan bachillerato.

Además, le angustian los nuevos conflictos que traerá este nuevo evento. La población tendrá que enfrentar la crisis, pero con un débil tejido social, pues el miedo y la intimidación ocasionados en décadas de conflicto armado dejaron esa impronta. En pocos días, ya se han visto las tensiones entre sus gentes, como reviviéndose la historia de la negociación con Isagén, años atrás, por la hidroeléctrica. Y, ¿qué pasará con las comunidades de pescadores en los próximos meses, en los próximos años? ¿Cómo suplirán aquello de lo que las proveía el río? ¿Cuál institución estatal velará por ellas?

Las camionetas de los otros vampiros, los contratistas de las petroleras, acechan en La Fortuna, nombre curioso para un poblado polvoriento, al que 50 años de desarrollo petrolero no le ha dejado nada. Nos dice el rector:

– La extracción petrolera solo ha sido un espejismo para la gente cada vez más empobrecida. La gente recibe apenas unos pocos empleos, para los que se enriquecen a costa del territorio. Este es un tema de paz, porque el desarrollo tiene que ser digno, tiene que ser integral. De igual manera, la paz.

Y en efecto, nos preguntamos: ¿cómo construir una paz estable y duradera, si seguimos sin reconciliarnos con la naturaleza? ¿Cómo construir una paz con justicia social y ambiental, cuando miramos todavía a la naturaleza como algo para aprovechar a como dé lugar y para instrumentalizar?

Caminando entre las plantaciones de palma en los alrededores de la quebrada La Lizama, podemos observar que el petróleo se adentró impregnando el suelo y es preocupante el hecho que en la región empezó la temporada invernal. Por tanto, es importante indagar cuántos kilómetros de la región llegarán a contaminarse. ¿Qué pasará cuando esa corriente llegue al río Magdalena? Quizás entonces, con más comunidades afectadas y gran parte del país como víctima del derrame exista una reacción más fuerte para discutir las implicaciones de la extracción petrolera.

En ese momento y a más largo plazo, podremos tener una dimensión de los verdaderos alcances de este derrame. Hay quienes se atreven categóricamente a proclamar que el desarrollo petrolero se hace con “casi cero impactos” y lo que destacan tanto expertos como personas que en este momento son las víctimas de este desastre es que Ecopetrol no tiene capacidad para enfrentar el problema. Pero, ¿es sólo un asunto de capacidad? Tal vez, hay mucho más, como que estos problemas son inherentes al desarrollo petrolero, que camina hacia una época de energías extremas, en la que cada vez serán más frecuentes los accidentes, los conflictos y el uso a ultranza de agua y energía.

Nos reafirmamos en que la industria petrolera va en contravía si queremos salvar la vida del planeta, en que llegó la época de “dejar el crudo en el subsuelo”, en que es tiempo de una transición energética y que ya es tiempo, si bien el petróleo fue el combustible del siglo XX, de dejarlo en el pasado.

No habrá supervivencia, si no se toman las medias para ello. De no hacerlo, en Colombia será imposible preservar la fauna silvestre, los acuíferos, el modo de vida campesino, la producción agropecuaria, el turismo que tanto quieren promover. Llegó la hora de plantear alternativas de vida distintas.

Todavía oímos el águila que sobrevolaba la quebrada de La Lizama y su llanto desgarrado, acompañado de la mirada de los amantes de la fauna silvestre y de las mujeres y hombres que se acercaban a darle un adiós a la quebrada; todas las personas comentaban sobre el impacto de este olor, que ojalá se pudiera agregar a las fotografías, para que mucha gente pudiera sentir el tamaño de la destrucción y la muerte.

- Fotos por Tatiana Roa Avendaño.

Fuente: Censat - Agua Viva

Temas: Petróleo

Comentarios

Extraccion petrolifera., por Francisco Castellanos Talero (05/04/2018)

Gracias por sus publicaciones. Creo que llego la hora de levantarnos en latinoamerica contra la muerte del planeta por causa del petroleo. La tierra ya no da mas espera. Por los hijos de nuestros hijos y por la vida en general ! No mas sismica, no mas extraccion , no mas


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