Chile: intervención central de la Coordinadora Campesina de Chile en la conmemoración del Día del Campesino

Idioma Español
País Chile

"Aquí estamos los trabajadores y trabajadoras de la tierra, los que nos sentimos honrados de nuestro oficio, los que queremos por sobre todo seguir siendo campesinos y campesinas, orgullosos de nuestra cultura y nuestros valores... Aquí estamos los asalariados y asalariadas rurales, los más explotados del mal llamado milagro exportador chileno... Esta Coordinadora nace para luchar de manera unitaria por la defensa de la agricultura campesina y contra el modelo neoliberal que hoy agrede a todo el pueblo de Chile y especialmente a nuestros sectores"

INTERVENCIÓN CENTRAL DE LA COORDINADORA CAMPESINA DE CHILE EN LA CONMEMORACIÓN DEL DIA DEL CAMPESINO

SANTIAGO, 28 DE JULIO DE 2007

El Día del Campesino, no es una simple fecha de conmemoración.

Es nuestra celebración de la máxima victoria que alcanzara el mundo campesino cuando el 28 de julio de 1967 entró en vigor la ley de Reforma Agraria. Esto constituyó, junto con la ley de sindicalización campesina, el mayor acto de desarrollo y justicia social en el campo, que venía a saldar una deuda histórica que el país tenia con los campesinos y campesinas que durante años luchamos por conquistar la tierra.

Este es un día que refuerza nuestra disposición a seguir luchando por el derecho a la tierra y a la vida campesina, que nos permite seguir resistiendo frente a un proceso de agresión neoliberal que estamos sufriendo por ya más de treinta años. Es un día de conmemoración, lucha y esperanza.

En un día tan especial como éste, tenemos la alegría y el orgullo de anunciar la conformación de la COORDINADORA CAMPESINA DE CHILE, C.C.CH, que integramos la Asociación Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (ANAMURI), la Confederación Nacional Sindical Campesina Ranquil, la Confederación Nacional de Federaciones de Sindicatos Campesinos y Trabajadores del Agro de Chile (CONAGRO), la Confederación Nacional de Asociaciones Gremiales y Organizaciones de Pequeños Productores Campesinos de Chile (CONAPROCH) y la Unión Obrera y Campesina (UOC)

Esta Coordinadora nace para luchar de manera unitaria por la defensa de la agricultura campesina y contra el modelo neoliberal que hoy agrede a todo el pueblo de Chile y especialmente a nuestros sectores.

Vaya nuestro primer homenaje a aquéllos que ofrendaron su vida en las luchas por la tierra, la justicia, la dignidad, la libertad y el término del latifundio, y a todas y todos los que lucharon inclaudicablemente por la derrota de la dictadura.

En todas estas luchas siempre estuvieron en alto nuestras banderas señalando que para nosotros la Reforma Agraria ha sido un proceso inconcluso. Por esta razón nació el DIA DEL CAMPESINO. Para no olvidarnos que en Chile tuvimos una Reforma Agraria y que ésta fue interrumpida de forma brutal por la Dictadura militar para ser sustituida por un proceso de contrarreforma-agraria, basado en la usurpación de la tierra y de los instrumentos de trabajo, la agresión, el asesinato y el engaño, la represión a sus dirigentes y sus organizaciones.

Aquí estamos los trabajadores y trabajadoras de la tierra, los que nos sentimos honrados de nuestro oficio, los que queremos por sobre todo seguir siendo campesinos y campesinas, orgullosos de nuestra cultura y nuestros valores.

Aquí estamos los asalariados y asalariadas rurales, los más explotados del mal llamado milagro exportador chileno, los que luchamos por condiciones de trabajo y salarios dignos, por el derecho a organizarnos y negociar colectivamente.

En la hora presente las organizaciones de la C.C.CH. nos encontramos ante una gran disyuntiva política y social. Precisamos debatir y construir propuestas para un proyecto de desarrollo, soñar en cómo hoy podríamos organizar la producción y la economía a modo de resituar la agricultura familiar campesina como un sector estratégico para el desarrollo del país. Necesitamos construir un proyecto que busque encontrar solución a los problemas de los trabajadores y trabajadoras del campo, de los pueblos indígenas, los pescadores, las comunidades campesinas y los trabajadores sin tierra, e impida que se apoye a las grandes empresas y transnacionales en la acumulación de capital.

Luchamos contra el modelo neoliberal porque ha traído concentración extrema de la riqueza, junto a la pobreza, desigualdad, injusticia, explotación y destrucción de la Naturaleza. Es un modelo que pisotea nuestros derechos sociales, y destruye nuestra cultura, nuestras formas de vida y nuestro trabajo. Y lo que es peor, se intenta destruir la civilización basada en principios y valores de solidaridad, hermandad y libertad, dejando como única opción el individualismo y el consumismo.

Nuestra historia nos habla de nuestra gran capacidad de lucha. Luchamos por décadas por el acceso a la tierra, bajo condiciones de verdadera servidumbre. Fueron las luchas sociales en Chile y en América Latina y los avances revolucionarios los que llevaron a que la Alianza para el Progresos impulsara la Reforma Agraria como un intento de contener los procesos populares. Pero fueron nuestras luchas las que finalmente conquistaron la reforma agraria promulgada en el gobierno de Frei y profundizada en el gobierno de Allende. Logramos así uno de los cambios sociales más importantes ocurridos en Chile en la estructura de la propiedad de la tierra y de los medios de producción, que se tradujo en casi diez millones de hectáreas expropiadas que beneficiaron a 75 mil familias campesinas.

El golpe militar inició tiempos oscuros. La derecha exigió una contrarreforma que la dictadura llevó a cabo sin escrúpulos. Miles de dirigentes y sus familias fueron expulsados de la tierra, y el terror se generalizó. Los pequeños productores y los beneficiarios de la Reforma Agraria quedaron sin apoyo y entregados al mal llamado libre mercado. Desapareció la asistencia técnica y la capacitación, los créditos fueron entregados con altos intereses, desaparecieron las protecciones de precios. Se aplicaron políticas de despojo de tierras y devolución a los terratenientes, mediante remates fraudulentos, divisiones forzadas y engaños. Todo ello se vio agravado por la apertura del país a importaciones agrícolas subsidiadas y a diversas formas de dumping. En ese contexto de asfixia económica, el agua deja de ser un bien común, y se separa la tierra del agua; en la desesperación, muchas familias campesinas vendieron el agua para intentar sobrevivir, viéndose posteriormente obligadas a vender la tierra a precios insignificantes.

El fin de la dictadura significó el fin del terror, pero en términos económicos y políticos no significó una mejor condición de vida para los habitantes del mundo rural y los pueblos indígenas. Continúan los créditos con altos intereses y asistencia técnica inadecuada, permanece la falta de protección de los precios, seguimos sin acceso a la capacitación ni a la tierra y el agua sigue privatizada. El conjunto de las políticas y programas ha significado mayor endeudamiento y mayor pérdida de la tierra.

Desde el fin de la dictadura, las organizaciones campesinas hemos mostrado paciencia y deseo de cooperación. Hemos aceptado cambios insuficientes y creído en las promesas electorales que se nos han hecho. Ninguno de los gobiernos de la Concertación ha cumplido sus compromisos y como resultado desde el fin de la dictadura hemos perdidos el 40% de la tierra, agravando el abandono del campo para ir a la ciudad, especialmente en los jóvenes.

En la actualidad enfrentamos una nueva etapa de agresiones. Las actuales políticas agrícolas quieren convertir al país en “Potencia Agroalimentaria y Forestal”, nombre que esconde el objetivo de poner al campo chileno al servicio de las empresas exportadoras, ignorando el derecho a la alimentación de nuestro pueblo.

De este modo, a las comunidades campesinas e indígenas sólo nos dejan tres alternativas: o nos convertirnos en productores encadenados bajo agricultura de contrato a los grandes supermercados y a las grandes exportadoras nacionales y transnacionales, o pasamos a ser trabajadores del sector informal y formamos parte del mercado de mano de obra barata, o nos convertimos en atracción turística.

Resulta un chiste que hoy se presente la agricultura de contrato o el “encadenamiento productivo” como muestra de una gran alternativa, cuando son miles los agricultores y campesinos que fueron endeudados y arruinados por depender de los contratos con las grandes empresas. Fueron miles los endeudados y quebrados –incluídas nuestras organizaciones- cuando impulsaron la constitución de empresas mediante megaproyectos mal diseñados, que no contaban con medios adecuados, y a los que se dejó sin sustento técnico y económico. Son otros muchos miles los que no han podido sobrevivir a las condiciones abusivas impuestas por los supermercados al comprar nuestros productos.

No vemos cuál podría ser el cambio milagroso que lleve a los complejos agroindustriales a tratarnos de manera justa. Por el contrario, los esfuerzos del gobierno por que los representantes del empresariado jueguen un papel central en la definición de las políticas de fomento productivo, asistencia técnica, capacitación, investigación, adopción tecnológica y reingeniería territorial, nos permiten augurar que la privatización del aparato público y sus mecanismos de apoyo, incluídos INIA, INDAP y CONAF, se hará cada vez más evidentes, y las condiciones de abuso se harán cada vez peores.

La promesa de trabajo en el complejo agroexportador es igualmente insólita. Los trabajos en la agricultura de exportación son una combinación de explotación extrema, sueldos miserables, desprotección absoluta y abusos reiterados. La inmensa mayoría de estos trabajadores son mujeres, que se ven sometidas a jornadas largas e intensas, abusos sexuales, condiciones insalubres y tóxicas, y con amenazas y represalias contra cualquier forma de organización, como Chile lo pudo ver en el reciente programa de “Contacto”.

Todo esto bajo un sistema de subcontratación que ampara el abuso y la irresponsabilidad patronal. Cada año, el milagro económico exportador de la agricultura chilena se alimenta de la muerte, enfermedad o invalidez de muchos de nuestras compañeras y compañeros.

Las amenazas de la política agrícola no afectan sólo a los campesinos del país. Nos afectan a todos los chilenos. Al convertirnos en “potencia agroalimentaria”, la producción no va destinada al país; su objetivo son los consumidores de mayores recursos de Europa, Estados Unidos y Japón. En la política agrícola no hay una sola línea acerca de cómo se mejorará el abastecimiento y la calidad alimentaria de todo nuestro pueblo.

Chile es un país que se ha hecho cada vez más dependiente de las importaciones para su propia alimentación. Ha disminuído alarmantemente nuestra producción por persona de papas, trigo, porotos, lentejas, leche y carne de vacuno. Dependemos cada vez más de alimentos envasados y procesados, incluída la comida chatarra. Eso no sólo ha encarecido nuestra alimentación, sino que ha convertido la obesidad, la hipertensión y la diabetes en problemas predominantes de salud pública. ¡Que contradicción! Cuando en el mismo tiempo hemos aumentado más de 20 veces las exportaciones de alimentos para la gente más rica de otros países.

La posibilidad de que en el futuro tengamos aún menos alimento es hoy cierta. El gobierno anuncia el fomento a cultivos para la producción de combustibles, e incluso dice que ésta podría ser una gran alternativa para los productores de trigo, maíz, remolacha y raps. Nos parece absurdo que se muestre como progreso el que produciremos alimento para máquinas y automóviles, y no para nuestros compatriotas. Y es irresponsable que esto se presente como alternativa económica; el precio que se paga por los cultivos para biocombustibles es bajísimo y las condiciones de producción bajo contrato son inviables e insoportables para la agricultura familiar campesina.

A la profundización de la política exportadora se suma hoy el anuncio de la “reingeniería territorial”. Estas son palabras de las autoridades de gobierno, no nuestras. El país será dividido en zonas que serán reorganizadas de acuerdo a las necesidades e intereses de los complejos agrícolas-industriales. La educación, la capacitación, la investigación, la producción y los recursos económicos públicos serán entregados a las empresas para servir esos intereses.

De este modo, corremos el riesgo que todos debamos encadenarnos a las grandes empresas nacionales y transnacionales. El encadenamiento también incluye a las políticas y las instituciones del Estado, sin excepción de las pocas instituciones de apoyo a la agricultura campesina e indígena que van quedando.

Estimados amigos y compañeros, estamos concientes que el sector rural chileno no sólo se verá afectado por las políticas agrícolas, los anuncios de otros ministerios aumentan nuestra alarma. Vemos con mucha preocupación las propuestas de reforma previsional. Estas propuestas sólo empeoran los efectos del fracaso absoluto del modelo de las AFP, quienes engordan sus bolsillos a costa de la pobreza de la mayoría de los chilenos. La codicia los lleva incluso a insistir en subir en los hechos la jubilación de las mujeres más pobres a los 65 años, lo que en la práctica se traducirá en mujeres sin trabajo y sin pensión, mientras las AFP se embolsan los dineros cinco años más

Nos parece igualmente inaceptable que aún se discuta una posible “flexibilización laboral”, que no es más que una forma hipócrita de nombrar la pérdida de los poquísimos derechos laborales que aún mantenemos, mientras las promesas electorales de terminar con los abusos de la sub-contratación y con la injusticia de la morosidad campesina siguen sin cumplirse.

Simultáneamente, el empresariado está organizando una nueva ofensiva a través del pliego de peticiones que se lanza en el llamado “cónclave de la fruta”. En su enunciado ya se está viendo que están pidiendo mayor desprotección y explotación de la mano de obra, subsidios a costa de los recursos públicos y nuevas garantías para la comercialización, entre otros.

Del otro lado, se busca que enfrentemos esta situación lo más dispersos posibles. Aunque se habla de “apoyo a la asociatividad”, ello está referido exclusivamente a las asociaciones productivas y rubristas, desprendidas del sustento comunitario, territorial o social. El poco apoyo a las organizaciones está condicionado y se fomenta la atomización y el paralelismo. En el plano sindical, seguimos sin un derecho efectivo a organizarnos y negociar.

Es otro el Chile que las organizaciones campesinas queremos, es otro también el campo que queremos y proponemos. La formación de la Coordinadora Campesina de Chile significa recuperar nuestra tradición de lucha. Tenemos un histórico patrimonio de largas y heroicas luchas, que culminó con el mayor de los logros, la Reforma Agraria. Es por ello que queremos rescatar nuestra experiencia, nuestro saber y también los aprendizajes que nos dejaron los problemas que encontramos en el proceso.

Somos una instancia unitaria, que busca la unidad en la acción. Hemos hecho un proceso franco y fraternal. A pesar de nuestro análisis, somos optimistas, porque creemos en la gente y sus organizaciones, que cada vez recuperan mayor capacidad. Por lo mismo, nos hemos comprometido a avanzar en una construcción necesaria para el bien del campo, los campesinos y de todo Chile.

En el día de ayer cerca de un centenar de dirigentes desde Arica a Chiloé, integrantes de las organizaciones que conforman la C.C.CH. llevamos a cabo nuestra primera Asamblea Nacional. En un debate abierto, franco y fraterno establecimos que:

- La Coordinadora Campesina de Chile será una instancia unitaria que se regirá por los siguientes principios. Trabajaremos de manera democrática y respetando la autonomía de nuestras organizaciones, sabiendo que nuestra fuerza está en la acción desde las bases. Defenderemos los intereses de clase del campesinado y de las y los trabajadores rurales y la pluralidad de visiones e identidades de nuestras y nuestros representados. La defensa de la identidad de los pueblos indígenas y las perspectivas de género son fundamentales para avanzar en relaciones de respeto, justicia y equidad entre todos. Ello no impide nuestro trabajo unitario y construiremos a través de la acción y la reflexión una identidad común.

- Defenderemos la tierra, los territorios y el agua como un derecho fundamental de vida, y lucharemos por la recuperación de las tierras campesinas e indígenas, y la reunión indisoluble de la tierra y el agua, protegiendo la tierra, el agua y los territorios contra la privatización, la concentración y la expansión minera, forestal, urbana y de las parcelas de agrado.

- Reivindicamos la agricultura campesina e indígena, porque nos honra nuestro oficio y nuestra forma de vida. Somos campesinos y campesinas orgullosos de nuestra cultura, nuestros valores y de nuestra capacidad para alimentar a los chilenos de manera sana, variada y accesible.Continuaremos luchando por políticas agrícolas que aseguren condiciones y recursos para dedicarnos a producir, libremente y sin condicionamientos, para los mercados nacionales y locales, a través de mecanismos como las ferias campesinas y la venta directa. Rechazamos los cultivos y alimentos transgénicos, así como el impulso de los biocombustibles. Adoptamos, por lo tanto, la Soberanía Alimentaria como principio fundamental de nuestras luchas y propuestas.

- Propiciamos una institucionalidad que proteja y no agreda a los campesinos y pueblos indígenas, con programas de apoyo técnico, capacitación y créditos que sean responsables, que respondan a las necesidades de comunidades campesinas e indígenas y que no fomenten el endeudamiento. No descansaremos hasta obtener una solución efectiva al endeudamiento campesino. Continuaremos impulsando el desarrollo de una política de corrección y rescate de los principios fundacionales de INDAP para que vuelva a sus objetivos iniciales, que es proteger y apoyar la agricultura campesina. Rechazamos totalmente la participación del empresariado en la definición de políticas de INDAP.

 

- Queremos condiciones de trabajo dignas, y plena libertad para defender nuestros derechos. Lucharemos por una nueva legislación laboral que proteja la dignidad del trabajo y los trabajadores, que establezca el derecho a la negociación colectiva y a la organización comunal o territorial, especialmente de los sectores mas desprotegidos, como lo son los y las temporeras del agro. Continuaremos haciendo resistencia a la ley de sub-contratación hasta lograr reestablecer la contratación directa de todas las y los trabajadores.

- Propiciamos un sistema previsional solidario y estatal, que asegure una pensión digna a todos y todas. Rechazamos categóricamente que se aumente la edad de jubilación de las mujeres más pobres a 65 años. Nos movilizaremos por que se reconozca la deuda previsional con las y los trabajadores del PEM y POJH.

- Queremos buenas condiciones de vida en el campo. Viviendas adecuadas a las necesidades de las familias rurales. El Estado debe garantizar la salud y la educación, que no continúen en manos de Municipalidades que no tienen ni recursos ni poder para asegurar la protección de todos. Lucharemos por la derogación de la LOCE y la instauración de un sistema educacional público, gratuito, que incorpore la enseñanza en los idiomas de los pueblos indígenas. Queremos caminos y transporte adecuados, libres y no concesionados, que estén al servicio de la agricultura campesina

Tres actos de celebración precedieron nuestra Asamblea, en Ovalle , Cañete y San Carlos. Ellos nos indican que es preciso y urgente impulsar este debate a nivel nacional y particularmente desarrollarlo en todos los espacios sociales del mundo campesino y rural: en los sindicatos, comités campesinos, agrupaciones gremiales de mujeres y jóvenes, asociaciones de regantes y comités de agua potable rural, las comunidades campesinas y pueblos originarios, organizaciones gremiales, populares y movimientos sociales,

¡NUESTRO CAMINO ES DE COMPROMISO Y DE UNIDAD EN LA LUCHA!

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