Editorial #119 | Agua: Inicio y cuerpo de todas las luchas

Revista Biodiversidad, sustento y cultura

En este número de Biodiversidad queremos volver a hablar del agua. A lo largo de sus casi treinta años, en nuestrarevista hemos reconocido en el agua el corazón de la existencia de todo nuestro planeta y de nosotras, las comunidades humanas que la veneramos y la disfrutamos como nada más en el mundo.

En la totalidad de su ciclo se cumple también la totalidad de la existencia: de los páramos a las oquedades que bajan en secreto el agua hasta donde empieza a formar hilitos que luego son caídas y cascadas y pozas, arroyos o surgimientos bien nombrados manantiales desde donde fluye la vida. Pensamos el agua en su camino torrentoso hasta los arroyos y luego los ríos hasta llegar al mar donde sube y trepa el viento y se vuelve vaporosas nubes que después se vuelcan como baldes sobre los diferentes bosques, valles y laderas activando la vida.

Hasta hace poco, los escenarios apocalípticos como el descrito por James Ballard en su novela La sequía (1964) donde el punto de quiebre de su trama es la capa de polímeros que crean una nata que impide la evaporación plena, lo que desequilibra el ciclo completo del agua y desencadena una sequía progresiva e irreversible, y donde la agricultura es “un mero vestigio”, nos hubieran hecho sonreír con incredulidad. Hoy la preocupación de sequía cunde en diversas ciudades del mundo que han abusado de los trasvases continuos con que vacían los cauces naturales que podrían revitalizar los ciclos del agua y la vida.

Como dice nuestro compañero y colega Rodolfo González Figueroa “todo comienza con el agua. En ella se gesta la vida y evoluciona en vertientes diversas desde donde nace, por donde transita y hasta su destino final que es infinito. A veces imponente y en ocasiones mansa y apacible como los mismos ciclos geológicos e hidrológicos, el agua nos colma de mensajes. Cuando se desborda aturde y agita, remueve, purifica, reacomoda. Cuando se calma nos da paz, claridad, sabiduría: nos sana. El agua se manifiesta en quietud profunda de manantial y en colosal río que se desborda. Así es y ha sido durante millones de años. Los arroyos y los ríos son las venas de la madre tierra y, como las venas mismas, cuando el pulso se agita, por sus conductos aumenta el flujo sanguíneo para purificar el cuerpo y, cuando el corazón se calma, el flujo de nuestras venas disminuye”.

E insiste: “Somos una especie que prueba su suerte en este mundo a costa de todas las demás. Y peor, a costa del paisaje, sus relieves naturales, sus caudales y topografía natural. En algún momento nos perdimos y buscamos amoldar la naturaleza a nuestro antojo modificando ecosistemas, cuencas e interacciones bióticas. En ese frenesí, deterioramos los bosques que antes captaban y contenían el agua para que se infiltrara aguas arriba. Y aguas abajo, aniquilamos la sinuosidad de los ríos y arroyos para convertirlos en canales desenfrenados. Ya no hay remansos, playitas, parajes a donde de niños amábamos ir a jugar, chapotear y convivir. Los arroyos son viles canales que motivan la velocidad de la escorrentía hídrica y el arrastre de lo que a su paso encuentra”.

Lo más tremendo es que no tenemos que culpabilizar a toda la gente que habitamos el mundo. Quienes predan, acaparan, devastan, contaminan, agotan, desperdician y lucran con nuestra agua tienen nombres y apellidos. Y tenemos que defender con nuestros propios modos ese nuestro ámbito de comunidad, el agua, ese tejido de relaciones que hace posible la vida en su ciclo perpetuo que seguirá infinito mientras nosotros lo cuidemos y lo defendamos de la voracidad de las empresas.•

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Temas: Agua

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