Escuela para jaguares: el santuario donde se les enseña habilidades para retornar a la vida silvestre

Idioma Español
País México

En los pastizales de Yagul, en los valles centrales de Oaxaca, al sur de México, un jaguar (Panthera onca) se abre paso entre mallas y arbustos. De golpe se detiene, baja la cabeza y aguza la mirada, acechante. Con los ojos fijos en su objetivo, se abalanza sigilosamente hacia él. Una breve carrera, un salto y la presa yace entre sus mandíbulas.

Celestún Petén y Nicté Ha, las dos jaguares que fueron reintroducidas a su hábitat en 2021. Foto: Andrea Reyes/Jaguares en la Selva.

Pareciera una escena de caza en vida silvestre, pero en realidad se trata de un ejercicio planificado por un equipo de biólogos, veterinarios y etólogos. La presa no es un animal vivo, sino un costal de yute relleno con carne de pollo, colgado de lo alto de un poste.

Una noche de octubre pasado,  personas desconocidas irrumpieron en las instalaciones del santuario del jaguar y robaron desde artesanías hasta instrumental científico, incluyendo las pantallas con que los científicos monitoreaban los simuladores de vida salvaje. A su salida, prendieron fuego a parte de las instalaciones, que quedaron reducidas a cenizas.

“Claro que esto nos afecta y también a animales que ni siquiera son nuestros, sino que son propiedad de la nación”, explica Víctor Rosas Cosío.

Jaguar que fue reintroducido a la vida silvestre. Foto: Andrea Reyes/Jaguares en la Selva

Claves para la conservación del jaguar

Juan Pablo Esparza, investigador de la Universidad de Guadalajara (UDG) y experto en ecología y conservación de félidos, reconoce la importancia de “ejercicios pioneros” realizados por organizaciones como Jaguares en la Selva para la reintroducción de estos animales. Sin embargo, prefiere poner el acento en las relaciones humano-animales para atacar las principales causas de muerte de los félidos: la pérdida de hábitat y los choques con los humanos.

“Muchas veces no es que nos falten jaguares, el problema es que se está destruyendo el hábitat y hay conflicto con el humano. Lo que necesitamos es que haya condiciones sociales para que los humanos puedan convivir con ellos”, explica Esparza, quien reconoce que el asilvestramiento y la reintroducción también tienen un gran impacto social positivo al poner esta especie a la vista de la gente, lo que puede cambiar actitudes.

A más de 6 000 kilómetros de Oaxaca, en el Pantanal brasileño, el veterinario e investigador por la Universidad Estatal Paulista (UNESP), Paul Raad, coincide con el diagnóstico de Esparza. Su trabajo en el punto del continente con la mayor concentración de jaguares le ha dejado claro que los ganaderos no dejarán de matar a estos félidos si no cuentan con apoyo financiero para adoptar medidas para proteger a su ganado.

Sugar, uno de los jaguares que están bajo el resguardo del santuario localizado en Oaxaca. Foto: Andrea Reyes/Jaguares en la Selva

Como coordinador del proyecto de coexistencia humano-fauna de la organización  Ampara Animal, trabajando en la propiedad Pousada Piuval, Raad ha comprobado que las cercas electrificadas reducen en un 95 % las muertes de ganado provocadas por jaguares.

“Nuestro mayor reto ahora es conseguir una ley que nos apoye dando incentivos a los ganaderos que trabajan en pro del jaguar, porque también están trabajando en pro de la salud”, explica Raad por teléfono. “Mi argumento como veterinario es, además, más cierto que nunca después de la pandemia de Covid-19: el jaguar es fundamental en los ecosistemas para controlar especies que son potenciales hospederas de parásitos y vectores, por lo que el jaguar está controlando las posibles nuevas pandemias”.

De vuelta en Oaxaca, en la región de la Chinantla, la relación de la población con el jaguar se refleja en cada una de las seis comunidades que integran el Comité de Recursos Naturales de la Chinantla Alta A.C. (Corenchi, por su acrónimo). Ahí el jaguar ilustra cada proyecto enfocado a la conservación del bosque de niebla. Estos campesinos chinantecos saben que le deben tanto a esta especie que controla a los animales “dañeros” que comen sus cultivos, como el tejón, tepescuincle, el pecarí o el venado temazate.

Fernando Mondragón, director de la asociación civil Geoconservación, destaca cómo estas comunidades realizan concursos que premiaban las mejores fotografías y videos de jaguares captadas con cámaras trampa. Todo esto ha desarrollado un sentido de pertenencia y orgullo por la presencia del jaguar, explica el biólogo.

Biólogo Domingo Mendoza. Foto: Iván Reyes

No por casualidad la Chinantla, junto con los Chimalapas, conforman un corredor que alberga a algunas de las poblaciones más densas de jaguares en México.

“Más allá del monitoreo biológico, falta documentar más la relación que tiene el jaguar con el ser humano en el sentido positivo, biocultural, las enseñanzas que les está dando y los procesos que tienen muchas comunidades en la conservación de sus bosques a través de la conservación del jaguar”, señala Mondragón.

Esta relación positiva con el jaguar que aún no es tan difundida es lo que anima a varios biólogos, entre ellos a Domingo Mendoza, quien forma parte del equipo científico que trabaja en el santuario.

Mendoza es tan cercano a los jaguares rescatados que conoce sus personalidades y mañas, así como cada uno de los avances en su aprendizaje de habilidades para regresar a la vida silvestre.

En esta escuela-santuario, los humanos también adquieren nuevos conocimientos. Mendoza lo dice sin ocultar su entusiasmo: “Somos afortunados en también poder aprender de estos animales y de ser parte de una generación que está cambiando la manera en que los humanos nos relacionamos con ellos. Es un momento muy interesante en la historia de esta relación”.

Fuente: Desinformemonos

Temas: Biodiversidad

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