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Biodiversidad en América Latina y El Caribe

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Autor Multisectorial contra la Ley Monsanto de Semillas Idioma Español Pais Argentina Publicado 1 diciembre 2016 14:25

Debate sobre la modificación de la Ley de Semillas en Argentina en el Congreso de la Nación: ¡Las semillas son un Patrimonio de los Pueblos al Servicio de la Humanidad!

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Versión taquigráfica de la intervención de la Multisectorial contra la Ley “Monsanto” de Semillas en la Argentina en las Jornadas de carácter informativo organizadas por la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados de la Nación: Carla Poth, Tamara Perlemuter y Margarita Gómez.

Las jornadas fueron realizadas en el Anexo del Congreso los días 15 y 22 de noviembre y organizadas por la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados ¡Las semillas son un Patrimonio de los Pueblos al Servicio de la Humanidad! ¡No a la nueva Ley de Semillas Monsanto! ¡No a la privatización de las semillas y la vida! Fuera Monsanto y las corporaciones del agronegocio de América latina!

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Sr. Presidente (Alegre).- A continuación harán uso de la palabra las representantes de la Multisectorial contra la Ley “Monsanto” de Semillas, integrada por Carla Poth, Margarita Petrona Gómez y Tamara Perelmuter.

Tiene la palabra la señora Poth.

Sra. Poth.- Señor presidente: como se dijo, soy parte de la Multisectorial contra la Ley “Monsanto” de Semillas en la Argentina, un espacio que conglomera más de cincuenta organizaciones sociales, movimientos campesino-indígenas, asambleas socioambientales, organizaciones políticas y partidos políticos de la Argentina.
Discutimos colectivamente sobre nuestras intervenciones y decidimos que fuéramos mujeres quienes presentásemos el tema. Traemos la voz de nuestro espacio porque entendemos que las mujeres somos sujetos centrales en la producción agrícola, en la reproducción de semillas y en la producción de conocimiento.
Realmente, en el marco de la reunión de la semana pasada y en el de la de hoy hemos estado bastante subrepresentadas, de modo que la decisión colectiva fue que las mujeres presentemos nuestros posicionamientos.
Agradecemos poder participar; de hecho, también estuvimos la semana pasada y pudimos escuchar todas las exposiciones que se llevaron adelante.

De alguna manera, podríamos centralizar todas las intervenciones que fueron parte de estas reuniones en algunas frases que nos llamaron la atención. Por ejemplo, se habló de: “sumar valor a la cadena” o “generar crecimiento en las cadenas de valor”. Y se hizo referencia a la semilla como: “una tecnología portadora de conocimientos”.
Para nosotros, esa concepción de las semillas resulta un serio problema.
En el fondo de estas concepciones, nos damos cuenta de que la semilla ha sido considerada como una mera mercancía en todos estos debates. Se la ha considerado como la posibilidad de acceso a las ganancias y como posibilidad de negocios y de comercio.
En ese sentido, tenemos una gran diferencia de cómo entendemos la semilla. Para nosotros, la semilla es el corazón, el centro y el inicio de la cadena alimentaria. Es el punto central de nuestros alimentos.
Por esa razón, nos parece que los debates que se estuvieron dando hasta ahora han estado seriamente acotados. Entendemos que justamente porque la semilla es el centro de la cadena alimentaria, debemos pensarla como algo que debe disparar debates asociados a la producción suficiente, sana y sustentable de alimentos para los pueblos. A lo largo de todos estos años estas cadenas de valor han mostrado que no pueden y que no quieren producir.
Por eso, para nosotros es fundamental generar un debate integral para discutir la ley de semillas.
La ley de semillas no discute tecnologías o biotecnologías, discute un montón de semillas que ni siquiera están cercanas a eso. Por ello, se requiere de un debate asociado al ambiente, a la salud humana y a todo lo que refieran nuestros alimentos.
Desde la multisectorial planteamos que un debate serio respecto a este tema no puede agotarse en pocas reuniones de la Comisión de Agricultura y Ganadería. Debe pasar por otras comisiones del Congreso, como por ejemplo, las comisiones de Acción Social y Salud Pública y la de Recursos Naturales y Conservación del Ambiente Humano. Pero aun así, también entendemos que pasando por todas esas comisiones, el debate no es suficiente.
El debate integral requiere de la participación de muchísimas voces, que no estuvieron representadas en ninguna de las reuniones de esta comisión. Son voces que no hay que filtrar y que desde hace muchísimo tiempo, desde 2002, estamos exigiendo que estén presentes en los debates de cada uno de los proyecto de ley. Sin embargo, este reclamo de participación en estos debates se ha ignorado sistemáticamente.
Creemos que esas voces tienen que estar. Por eso, desde la multisectorial planteamos que se llame a audiencias públicas, ya que la ley de ambiente así lo requiere en términos procedimentales. De manera que debe realizarse el proceso de consultas previas, dado que las comunidades campesinas e indígenas están directamente implicadas.
Además, los acuerdos internacionales, particularmente el artículo 169 del Convenio de la OIT, exigen estas consultas previas. En este sentido, desestimamos estas reuniones como un debate legítimo. Entendemos que el debate legítimo debe estar en esas audiencias públicas y debe estar en esas consultas previas, donde las múltiples voces se van a escuchar.
En ese sentido, hay una responsabilidad legal por parte de los representantes de este Congreso, que tiene que ver con hacer cumplir la ley de medioambiente y hacer cumplir los convenios internacionales como el de la OIT. Pero también hay una responsabilidad moral que tiene que ver con esto de hacer partícipes, efectivamente, a estas voces que hasta ahora no se hicieron partícipes.
Finalmente, el planteo político de la multisectorial es rechazar de plano cualquier modificación a la ley de semillas.
Entendemos que este debate y este intento de reforma a la ley de semillas vienen de la mano de presiones de empresas trasnacionales, que efectivamente se están jugando la posibilidad de lucrar con mucha más ganancia en el proceso de apropiación de la semilla. Esto no es una suposición. Es una realidad, que nos queda bien clara en todos los tratados de libre comercio que han obligado a firmar a muchos países hermanos, como Colombia, Perú y Chile.

También, viene de la mano de las presiones comerciales y de los chantajes que estas transnacionales hacen a los agricultores y de informaciones como, por ejemplo, los Wikileaks, que han mostrado las presiones que ejerce Monsanto para que esta ley sea modificada.
Por eso, rechazamos la modificación de la ley y tomamos como faro las resistencias de los países hermanos ‑como Colombia, Perú y Chile- que se han organizado y han rechazado la aprobación de una ley similar a la que aquí se plantea. Ellos han conseguido no solo doblegar el brazo de las grandes multinacionales que han presionado, sino que también se han enfrentado a sus propios legisladores que han querido avasallar sus derechos a una semilla que sea patrimonio de los pueblos para el consumo de la humanidad. (Aplausos.)
Sra. Perelmuter.-
Mi nombre es Tamara Perelmuter. También pertenezco a la multisectorial y, como mencionaba mi compañera, vinimos hoy acá para traer la voz de las múltiples organizaciones que forman parte de esta multisectorial.
En primer lugar, voy a repetir algo que ya dijo Carla porque me parece que es importante. Nosotros entendemos que el debate de una ley de semillas es mucho más que la discusión de un mero cambio legal o una disyuntiva técnico productiva. En efecto, tiene que ver con discutir el modelo agrario y, por lo tanto, el proyecto de país.
En ese sentido, entendemos que el debate de la ley de semillas es profundamente político, por lo que deben ser parte todas las voces. No me refiero sólo a los actores del campo ‑como mencionaba Carla-, muchos de los cuales son invisibilizados y no participan de este debate, sino también, y fundamentalmente, a quienes vivimos en las ciudades y consumimos alimentos.
Las semillas son el primer eslabón de la cadena alimentaria y, por lo tanto, todo lo que pase con ellas repercute directamente sobre los alimentos que consumimos, sobre sus precios y su calidad, pero también sobre la soberanía de esos alimentos y sobre quién decide qué se produce y qué se consume en nuestro país.
Asimismo, entendemos que las semillas son fuente de vida y, por lo tanto, tenemos que ser conscientes de que lo que estamos discutiendo es la propiedad intelectual sobre la vida, es decir, la apropiación sobre formas de vida. No podemos soslayar eso al momento de discutir una ley de semillas o cualquier otro tema que ataña a las semillas en general y a su propiedad intelectual en particular.
La semilla es base de la biodiversidad. La diversidad genética de todos los cultivos conocidos es el producto de un trabajo milenario de nuestros pueblos. El avance de los derechos de propiedad intelectual sobre las plantas no ha demostrado haber contribuido al aumento de esta diversidad sino todo lo contrario. La mayor pérdida de biodiversidad genética agrícola se ha producido luego de la implementación de este tipo de lógicas de apropiación privada del trabajo colectivo histórico que los pueblos han realizado.
En ese sentido, voy a mencionar simplemente algunos de los puntos que para nosotros son críticos a la hora de discutir una ley de semillas. En un volante que haremos circular está un poco más explayada nuestra posición.
El primer punto tiene que ver con el corazón del debate: el uso propio. Entendemos que desde el comienzo de la agricultura, los productores y las productoras han seleccionado, guardado, intercambiado, producido y reproducido sus semillas de manera libre, sin que hubiese restricción alguna y manteniendo el control de éstas. Por lo tanto, entendemos que este debate del uso propio tiene que ver con una práctica milenaria de los productores, que es constitutiva del ser agricultor.
En consecuencia, entendemos claramente que esto se trata de un derecho de los agricultores y nos parece inadmisible que deje de ser un derecho para pasar a ser una excepción.
Entonces, para nosotros el derecho de los agricultores debe ser gratuito y libre. No se trata solamente de un debate económico, es decir, si se gana más o menos plata con el uso propio oneroso o no; por el contrario, tiene que ver con el resguardo de esta práctica milenaria de los agricultores.
Además, entendemos que esta discusión del uso propio en los términos en los que se está planteando viola tratados y acuerdos internacionales de los que Argentina es signataria, como por ejempl, el Tratado Internacional sobre los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, el Convenio sobre la Diversidad Biológica e, incluso, el tratado de la UPOV 78.

Por lo tanto, entendemos que lo que se está discutiendo es meter a la Argentina –sin debatirlo en esos términos- a UPOV 91.
La discusión de la restricción del uso propio aumenta la dependencia de los productores con las grandes empresas, lo que conlleva la pérdida de autonomía de dichos productores. Además, los saca del lugar que históricamente han tenido, como productores y reproductores de semillas, y los pone en el lugar de meros usuarios de semillas.
Además, con el aumento de la propiedad intelectual, de las patentes y el derecho del obtentor, los pone como simples arrendatarios del germoplasma que las empresas desarrollan y los limita a ser productores que simplemente alquilan.
Esto además me lleva al segundo elemento, que tiene que ver con que esta discusión legaliza e ilegaliza prácticas.
Entre las prácticas que ilegaliza están, por ejemplo, las ferias de intercambio de semillas que se realizan en gran parte de nuestro país.Por supuesto, estamos hablando de una ley que no es solamente –como se mencionaba el martes pasado- para la soja. Es un proyecto de ley que tiene que ver con todas las semillas de nuestro país. Es decir, con las semillas transgénicas, las híbridas y también con las nativas, las criollas y aquellas que tienen otras formas de producción, que no necesariamente tienen que ver con lo que en gran parte y hegemónicamente se estuvo discutiendo aquí, tanto el martes pasado como hoy.
Esta ilegalización de prácticas aumenta la criminalización y la penalización de los productores. Los que más van a sufrir estos embates de la penalización son por supuesto los campesinos indígenas y los productores de la agricultura familiar. Para saber que esto ocurre, basta con ver ejemplos de otros países. Por ejemplo, el caso colombiano, con la aplicación de la resolución 970, que llevó al decomiso de campos y lugares de acopio, la criminalización e incluso el encarcelamiento de productores. Pero también hubo situaciones en otros países, como Canadá y Estados Unidos, donde productores han sido juzgados por utilizar semillas que fueron contaminadas por semillas transgénicas y los obligaron a pagar.
Por último, entendemos que no hay demostración fehaciente de que el desarrollo y la innovación tecnológica dependan de la garantía de retornos económicos por parte de las empresas. La mayor parte de las experiencias de mejoramiento se realiza in situ, por parte de los agricultores y en la producción de conocimiento público.
Por eso entendemos que la única vía real de independencia en materia de semillas es el fortalecimiento de la investigación pública. Pero también es necesario debatir qué tipo de investigación pública queremos producir. Desde nuestra concepción, deber ser una investigación pública que se enfoque en la aplicación de medidas de resguardo y fomento de las comunidades y los agricultores que realizan día a día el mejoramiento de nuestras variedades. Sin agricultores y sin familias campesinas indígenas en el territorio no habrá diversidad ni mejoramiento.
Por lo tanto, entendemos que el rol de nuestro Estado, debe ser la promoción y protección de este sector. En ese sentido, debe establecer los controles debidos para evitar la concentración productiva de la que tanto se habló pero también la biopiratería, que tiene que ver con el robo de saberes.
El rol de Estado debe estar a favor de este tipo de protección y no a favor de la preservación de los intereses económicos corporativos. (Aplausos).

Sr. Presidente (Alegre).- Tiene la palabra la señora Margarita Gómez.

Sra. Gómez.- Señor presidente: buenas tardes a todas y todos.
Mi nombre es Margarita Gómez, soy del Movimiento Nacional Campesino Indígena de Argentina y vengo en representación de las organizaciones.
En primer lugar quiero decir que, lamentablemente vemos muy pocas organizaciones sentadas a la mesa. Todos son empresarios. Pero tampoco vemos a muchas empresarias mujeres, como expresaba mi compañera. Por eso, nosotras hemos decidido ser la voz de esas mujeres a las que no se les da la oportunidad.
¿Qué son las semillas para nosotros? En mi mano tengo una semilla que se ha venido mejorando en los territorios y no entre cuatro paredes. Estamos discutiendo una ley de semillas y solamente se habla de plata. No estamos hablando de la alimentación de nuestros pueblos, cuando no todos los argentinos pueden comer un plato de comida todos los días.
Pero, lamentablemente, en lugar de estar discutiendo cómo vamos a hacer para que se acabe el hambre en Argentina, estamos discutiendo si vamos a hacer más plata o no.

¿Qué son las semillas para nosotros? El otro día hemos tenido una actividad en la cual participaron más de cien jóvenes de la agricultura campesina y familiar. Entre muchas otras cosas, dijimos que para nosotros las semillas son el encuentro con nuestros antepasados, con el futuro y el presente. Para nosotros eso es lo que representan las semillas. Esto les tiene que quedar bien claro al Estado argentino, a los legisladores y legisladoras; porque siempre se habla del hombre y nunca de la mujer.
Entonces nosotros nos vamos a referir a esa mujer. Hace alrededor de 10.000 años nuestras mujeres, nuestras antepasadas fueron las que descubrieron estas semillas de las que hoy, hace diez días están hablando.
Hace diez días fuimos convocados algunos, no todos, a hablar de una ley de semillas. La ley de semillas tiene que ser discutida en las bases, en la comunidad y en el territorio. Les aseguro que la mayoría de los que están aquí, lo único que hacen es hablar por teléfono al que está en el campo y decirles qué tienen que hacer. (Aplausos.)
Según la FAO, están tirando 500 millones de litros de glifosato en los campos. ¡Ahí vivimos nosotros, ahí! Hoy, en vez de llover agua llueve veneno. ¿Eso es lo que queremos para nuestro futuro? ¿Enfermedades? En la FAO y en la CELAC la Argentina habla de la agroecología. ¿De qué agroecología habla? ¿De una agroecología llena de veneno? ¿De eso estamos hablando?
El otro día la Argentina firmó un convenio en donde decía que las semillas tienen que ser nativas, que tiene que ser una casa de semillas. Pero hoy en este lugar nos encontramos hablando de cuánta platas vamos a hacer. No estamos pensando en nuestro futuro ni en el de nuestros hijos y nietos. No, estamos pensando el hoy.
Toda la tecnología está sacada de nuestras universidades públicas, del conocimiento de nuestros ancestros. ¿De qué cosa privada me están hablando si la mayoría de nuestros investigadores son de nuestras universidades? Van a nuestro territorio con mentiras y nos sacan la semilla.
El 75 por ciento de las semillas nativas y miles de otras -que no son alimento para ustedes, pero que sí son alimento para nosotros- se han perdido durante 60 años, cuando hemos venido mejorando durante 10.000 años nuestras semillas en nuestro territorio. ¡Miles y millones de variedades de las cuales en 60 años se ha perdido el 70 por ciento! Señoras legisladoras y señores legisladores del Congreso: ¡estamos hablando de 10.000 años! Y queremos agarrar y tirar al tacho de la basura.
Nosotras y nosotros proponemos, decimos y exigimos que las semillas tienen que estar en manos de las comunidades campesinas, de nuestras campesinas, porque de esa forma vamos a poder hablar que en la Argentina no va a haber más hambrientos.
El 75 por ciento de los alimentos producidos en el mundo son de las comunidades, son de nosotras y nosotros, principalmente de las mujeres. Nosotros vamos a ser los guardianes de las semillas. Que les quede muy en claro. Nosotras vamos a dar la vida por nuestras semillas. Estamos hablando de una ley de semillas y no estamos hablando de la ley histórica de la agricultura familiar campesino-indígena, que se ha presentado y que está aprobada.

Pero no, claro que lo que les importa son las transnacionales, lo que les importa es un puñado de empresarios que lo único que hacen es envenenarnos todos los días.
¿Qué futuro necesitamos? ¿Qué más quieren que hagamos las comunidades indígenas, que siempre hemos sido ignoradas? ¿Que nos pongamos de rodillas frente a la Casa Rosada? ¿Que nos pongamos de rodillas aquí, frente a ustedes? No, señoras y señores. ¡Nosotras y nosotros, como desde hace diez mil años, vamos a defender el territorio y vayan sabiendo que en nuestros territorios las semillas van a ser defendidas, que ninguna ley nos va a decir que sigamos mejorando como hace diez mil años, porque no se crean que ustedes comen únicamente soja o trigo! Miles de variedades de alimentos comemos en el mundo y aquí, en la Argentina.
Entonces les vamos a decir a los legisladores, a las mujeres legisladoras, que sus ancestros son las que mejoraron estas semillas de las cuales hoy un puñado de empresas transnacionales se quiere adueñar. No lo vamos a permitir. Por eso les decimos que vayan a los territorios. No estamos en contra del desarrollo, como afirman algunos que podrán decir que seguimos en el pasado. Pero ese pasado nos va a permitir que en la Argentina y en el mundo sigamos comiendo alimentos sanos. (Aplausos.)

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Contacto: noalanuevaleydesemillas@gmail.com
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