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Biodiversidad en América Latina y El Caribe

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Autor Olmedo Carrasquilla Idioma Español Pais Ecuador Publicado 6 julio 2017 09:15

Ecuador. Crónica por los senderos de la yuca

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"Grandes desafíos persisten para las comunas indígenas a siglos del genocidio colonial, que junto al incumplimiento de la carta de los Derechos Humanos, el avasallamiento industrial mercantil se confunde pintada de verde. Y a distancia de la opulencia o quizás de la inmediata asistencia social, el ciudadano de cuatro murallas desconoce que futuro le depara a los primeros habitantes de América."

Nuestros caminar por cuestiones del destino, nos ubica al sur de América, otra cultura, biodiversidad, gente, que resiste, canta y atiza el fuego de la vida por mejores días de prosperidad. Sin tenerlo como un punto de nuestra agenda, el llamado se presentó por un encuentro de mujeres indígenas Shiwier, la cual tejerían sus conocimientos, experiencias y arte por las comunidades de Panitza, Kambantsa, Kurintsa y Tunguintsa, en la región amazónica del Ecuador.

Tierra guerrera, cuyo fuerza y alimento terrenal, es la yuca como otros cultivos. Y que desde inicio de nuestra trayectoria estuvo acompañada de grandes sembradíos, y por supuesto recibidos en cada comunidad con la chicha fermentada de este fruto, cuyo nombre científico es Manihot esculenta.

El Yaku chaski, como se denomino a esta convocatoria, surge de la necesidad de las mujeres del reencuentro con la madre tierra en que los cuerpos, la territorialidad y sabiduría, representa la sacristía existencial de los pueblos originarios, cuyo dimensión se excluye del dominante pensamiento colonial y áspero de las fuentes usuales.

La desconexión con el mundo infrahumano del capitalismo, nos llevo a trasladarnos por las vías permanentes de la historia de los mortales. Viajando por 45 minutos en avioneta para llegar a tierras de la nacionalidad Shiwiar; la lluvia, viento y destreza, amenizaban nuestra adrenalina, cautivándonos en un viaje como si se tratará al más allá, pero a una expedición por encontrar nuestras raíces.

Arribamos el jueves 25 de mayo, luego de avistar la espesa selva desde lo alto; una nutrida bienvenida de mujeres, infantes y ancianos, extiendes sus manos y palabras tradicionales, de que estábamos en Kambantsa. Y del saludo oficial de Jorge Jimpikit, autoridad tradicional, se formalizaba esta rica historia emprendida por la ambientalista Ivón Ramos, la promotora social Margot Escobar y Ena Santi del territorio Sarayacú. Que luego se complementaria con la lideresa Shiwiar Rosa Jualinga y Edy Villamil liderer Kichwa, ambos guías de esta misión inédita.

Por lógica, los colores, idiomas y costumbres, los pueblos indígenas tienen un sistema de vida propio, que los aleja de la monótona visión impuesta por la educación formal, máxime, los medios masivos que parcialmente difunden a su conveniencia. Pero esta vez, de manera física, palpable y sentimental, nos entramos al claustro de la vida Shiwier. Que poseen la virtud de hablar tres lenguas el shiwiar, kichwa y castellano.

14 horas de convivencia fugaz, suficientes para enriquecernos, sanarnos y alegrarnos, nos conllevaron a configurar el modus vivendi shiwiar en que lo básico del diario vivir nos hace feliz, sin tanto tabú, metodología y tutorías. Kambantsa al igual que Panitza, fueron nuestra puerta de reinicio a nuestro pensar y actuar ante los retos que el desenfrenado mundo trasciende.

Durante esas horas, el compartir junto a la chicha de yuca y la gente color tierra, las lecciones se tornaban amenas, llenadas de encantos y cantos del viento que solapaban entre las gotas de agua y hojas de arboles nativos. Entre anécdotas, manifiestos, y la fuerza de las palabras, las denuncias se hicieron presente, ya que la amenaza extractiva, unos años atrás se disfrazaba de mejoras para las poblaciones indigenas. Otra triste realidad, se apunta a la agenda de lucha de los pueblos de Abya Yala.

Y como de costumbre asecho, las políticas desarrollistas, no hacían las consultas a los guardianes de la selva, la cual promovieron un estado de alerta e incertidumbre, que a la posterioridad las comunidades Shiwiar, levantaban sus interrogantes para deshilachar por que sus tierras son valioso para el mercado industrial.

Y así luego de 3 horas, caminando por senderos verdes, pasando sobre riachuelos y avistando exóticas aves llegamos el 26 de mayo a Kurintsa. En donde también, las versiones sobre la imposición de pozos petroleros están por amenazar a tierras fértiles y ancestrales.

En esta ocasión, cuatitativamente concentraba más habitantes a diferencia de las demás comunidades Shiwier. Con infraestructuras educativas en deterioro hasta en abandono, un centro de salud, que también servia de albergue para la radio comunicación entre la base aérea en la ciudad de El Puyo, así como entre las comunidades. Un centro común, que en el marco de la conmemoración del día de la madre, fue abarrotado por familias.

Entre la intervención de los visitantes, sus autoridades y representantes de la comunidad, se desenvolvió una agenda en la que se expuso los dilemas de la lucha territorial en nuestro continente, realidades del país, la importancia de las mujeres en la decisiones comunitarias y las necesidades urgente que requieren ser superadas sin interesar el abandono del estado y paternalismo incrustado desde la década de los años 70.

Evidentes fueron las costumbres, sabores y aires de los indígenas de esta región ecuatoriana, que ante el enclave colonial mantienen sus prácticas ancestrales para la fortaleza de su vida espiritual, agradeciendo a la madre tierra los días comunes de trabajo, alimento y alegría. Sin embargo, notorias fueron las escenas, en que la acultura foránea ha invadido, como el machismo que ha sido un síntoma entre las buenas relaciones de las mujeres y hombres.

Este sentido, el Yaku chaski, tuvo la misión de conglomerar a las mujeres de las comunidades Shiwiar, para dialogar sobre su rol, sufrimientos, desafíos y propuesta colectiva de descolonizar a través de su participación, las decisiones parciales de su genero opuesto. Además se abordo, la necesidad de darle continuidad a este proceso liberador, junto a otras temáticas como la comunicación popular, el ecologismo, y los Derechos Humanos. Importante destacar que un grupo de mujeres Shiwiar, a posta por hacer uso de herramientas populares como la radio comunitaria y fotografía.

Enriquecedor fue este encuentro, oportuno para compartir la carne de guanta (conejo salvaje), danta (tapir), el macho de pescado (caldo) o allampaco de pescado y la bebida de maíz fermentado, tradición de nuestros ancestros que persiste entre las generaciones, que con las melodías de la Tsayandar (flauta) y tambor, alegran el compas de los presentes. Y sin determinar el tiempo que marca el reloj, despertamos en la madrugada del 28 de junio, para reiterar así como en todas las comunidades el ritual espiritual de la toma de la Guayuza. Y que esta vez tuvo un significado profundo por el Canto Nocturno interpretado por Alicia Choji, cuyas letras en shiwiar fueron dedicadas a sus madre fallecida.

Posterior a la ceremonia sanadora, emprendimos nuestra travesía por los yucales y flores, que nos despedían de Kurintza para tomar 7 horas de camino hasta la comunidad de Tunguintsa. Y que de retorno fue otra experiencia atravesando el río Kurintza, que constituye otra arteria del río Amazonas. Infectado de pirañas, anacondas, serpientes y depredadores en extinción.

Largo trayecto, en donde no se ausentó el cansancio, la sed y desesperación por llegar a nuestro último encuentro tradicional. Y así junto a nuestro equipo de producción audiovisual, el sol y una sonrisa, la bienvenida de los tunguintsanos recibimos. No importó el color de la piel, la creencia y muchos menos la clase social para que reinará la convivencia para informar y formar sobre las luchas de los pueblos por la justicia y libertad. Y con pleitesía y en honor a nuestra tierra, la música, la chicha de maíz y yuca se desbordada entre brindis, ofrendas artesanales y agradecimientos de los lugareños. Nunca se ausento el arte culinario, que entre Mundiseh (gusano y palmito) o el palmito de chonta se acompañaba de alguna bebida frutal.

Cada pueblo nos sorprendió con sus notables cualidades tradicionales, sin embargo en Tunguintsa, el toque de misterio complemento esta vivencia, entre la magia del chamanismo y los sueños que pronostican un hecho, la cual en buen animo o no de quién lo transciende, se manifiesta de acuerdo a sus actos. Pero implorando a las buenas vibras, en la voluntad de promover mejores días, siempre los caminos reguardaron nuestro destino.

Para los shiwiar, sus creencias están representadas en el bosque, ríos y chacras (huerto). Cuya solemnidad sagrada por medio de la ayahuasca y el floripondio los conlleva a obtener mejor salud y abundancia para vivir.

Grandes desafíos persisten para las comunas indígenas a siglos del genocidio colonial, que junto al incumplimiento de la carta de los Derechos Humanos, el avasallamiento industrial mercantil se confunde pintada de verde. Y a distancia de la opulencia o quizás de la inmediata asistencia social, el ciudadano de cuatro murallas desconoce que futuro le depara a los primeros habitantes de América.

Y seguiremos, caminando sin perder la brújula como el 31 de junio que salimos del territorio Shiwier, para retornar y seguir arando el porvenir por los senderos de la yuca.

Escrito y fotografía: Olmedo Carrasquilla Aguila (2017).


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