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Biodiversidad en América Latina y El Caribe

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Autor Suplemento Ojarasca, La Jornada Idioma Español Pais América Latina y El Caribe Publicado 15 febrero 2017 12:30

¿Guerra continental contra los pueblos originarios?

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'La palabra “guerra” en las denuncias de los pueblos no es metafórica. En el Wallmapu, cada día más unificado en ambos lados de la frontera Chile-Argentina, el pueblo mapuche mantiene una resistencia muy dolorosa. El Estado chileno considera “terrorista” la disidencia indígena en la Araucanía y sus reclamos territoriales, mientras el gobierno argentino reprime a los mapuche en favor del latifundismo foráneo.'

Hombre en una esquina, 1933. Foto: Manuel Álvarez Bravo

Que en pleno 2017 se repita con insistencia en diversas latitudes y altitudes del continente, cada caso con su acento propio, hace pensar que las agresiones por intentos de despojo contra los pueblos originarios, de por sí continuas, alcanzan en la actualidad una intensidad alarmante. La palabra “guerra” en las denuncias de los pueblos no es metafórica. En el Wallmapu, cada día más unificado en ambos lados de la frontera Chile-Argentina, el pueblo mapuche mantiene una resistencia muy dolorosa. El Estado chileno considera “terrorista” la disidencia indígena en la Araucanía y sus reclamos territoriales, mientras el gobierno argentino reprime a los mapuche en favor del latifundismo foráneo.

Al norte de América, un frente de alto riesgo se abrió este año. El flamante y flamígero mandatario estadunidense expidió un memorando al secretario del Ejército donde lo instruye a “evaluar y aprobar de forma expedita… las solicitudes para construir y poner en funcionamiento el oleoducto Dakota Access”. Con el uso de la fuerza, se entiende. David Archambault II, jefe de la tribu siux de Standing Rock, sostuvo: “La orden ejecutiva de Donald Trump sobre Dakota Access viola la ley y los tratados tribales. Tomaremos medidas legales”. El presidente Barack Obama había declarado que el oleoducto “no era de interés nacional para Estados Unidos” y canceló el proyecto. Winona LaDuke, activista indígena, dijo a Democracy Now! a finales de enero: “Es prácticamente una declaración de guerra contra todos nosotros”, y destacó el aumento de la violencia por parte de la policía y la Guardia Nacional.

Consejeros incrustados en la Casa Blanca revelaron que buscarán revisar todas las reservaciones y propiedades indígenas; es “prioridad nacional” la extracción energética y de recursos. En un gobierno donde el secretario de Estado es magnate petrolero, el secretario de Energía copropietario del proyecto Dakota Access, y el propio presidente tiene inversiones en ese y otros proyectos similares, resulta ominoso replantear la propiedad indígena, de suyo limitada e injusta. Mediante órdenes ejecutivas, memoranda y golpes parlamentarios, Estados Unidos podría reactivar sus “guerras indias” del pasado. Se teme violencia institucional contra la defensa de Standing Rock que se avecina. Por lo demás, ¿cómo obligarán a la nación Tohono de Arizona a que permita la construcción de un muro en su frontera con México, donde también tienen su ombligo? Adicionalmente, la cobardía de Obama hará que el dirigente lakota Leonard Peltier muera en prisión.

La de méxico se ha convertido en una guerra de guerras. Los asesinatos seriales de defensores de bosques en la Tarahumara o en la costa y la sierra de Guerrero son sólo expresión focalizada de una conflagración sorda con muchos frentes. La desaparición de los estudiantes de Ayotzinapa en 2014 llevó a la conciencia nacional la existencia de una guerra contra los jóvenes, los indígenas organizados y sus pueblos de origen en resistencia activa. Fue una declaración de hostilidades con un peso equivalente a la del zedillato el 9 de febrero de 1995, cuando invadió militarmente la selva Lacandona y las montañas de Chiapas y proyectó su guerra encubierta hasta el día de hoy. En Michoacán y la Montaña de Guerrero el precio del dolor ha sido muy alto, y como sus comunidades, ahora también los wixaritari de Jalisco organizan su autodefensa.

Según diagnostica Es Global (un sitio de investigaciones afín al partido Demócrata de EU), México es el único país del continente considerado entre “las 10 guerras de 2017”, junto con Ucrania, naciones africanas y Medio Oriente. Y no solamente por la ya coloquial “guerra contra el narco”, sino por lo que presagian las nuevas políticas estadunidenses. Si se emprende una política de deportaciones masivas, la consecuencia será “una crisis humanitaria y de seguridad todavía más grave” que la guerra actual. “Los refugiados e inmigrantes procedentes de México y Centroamérica huyen de auténticas epidemias de violencia y de una pobreza endémica. Un estudio de 2016 encontró que la violencia armada en México y el Triángulo del norte habían matado unas 34 mil personas, más de las que murieron en Afganistán en el mismo periodo. El incremento de las expulsiones y el endurecimiento de las fronteras tienden a desviar a los sin papeles hacia vías más peligrosas, en beneficio de las bandas criminales y los funcionarios corruptos”.

Los lenca y garífuna en Honduras y los nasa en Colombia también viven en estado de sitio, bajo fuego. Aun en el Ecuador progre, los shuar sufren embestida militar y se les acusa de “agentes del imperialismo” por defender sus tierras ancestrales, mientras el Yasuní sigue a la espera. Incluso en el Chaco boliviano, los guaraníes reiteran que la guerra contra ellos no ha terminado más de un siglo después. Citan los conflictos por “avasallamientos territoriales” bajo el gobierno de Evo Morales: TIPNIS, Mallku Qota, Takovo Mora, el Aguaragüe, El Bala. En Chaski Clandestino (ver aquí) se lee: “Las argumentaciones y resistencias se reavivan, así como las lealtades coloniales. Las rutas marcadas por Kuruyuki no se agotan ni están saldadas, porque así como existen quienes se alinean con las promesas de modernidad capitalista, aún persisten fuerzas que retoman la propuesta política del levantamiento de 1892 sin estar dispuestas a secundar esa especie de suicidio al que el extractivismo nos quiere orillar en nombre del consumismo, el desarrollo y la civilización”.

Bobbi Jean Three Legs, joven madre siux de 24 años vive en Standing Rock. Precursora de las protestas contra el oleoducto Dakota Access, ya antes del campamento de resistencia establecido en abril pasado, declaró en enero que Trump “está despertando a mucha gente” para prestar atención al cambio climático. “No vamos a retroceder jamás. Estamos sufriendo brutalidad policial. Reprimen a la gente con gas. Les disparan. Nuestra hermana Red Fawn sigue en la cárcel. Más de 600 personas han sido arrestadas al momento, y la cifra sigue aumentando”. Los ojos de Bobbie Jean se llenan de lágrimas (describe la reportera Amy Goodman) cuando dice: “Pido a todos los jóvenes del país que nos apoyen. Les pido a todas las personas del mundo que nos apoyen, dondequiera que estén. Me temo que quieren matarnos”.

Fuente: Suplemento Ojarasca 238


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