8 de marzo de 2026: Declaración de la Marcha Mundial de las Mujeres

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Nosotras, como Marcha Mundial de las Mujeres (MMM), continuamos nuestra lucha feminista para transformar el mundo con motivo de nuestro 28º aniversario, con más fuerza aún, este 8 de marzo de 2026, Día Internacional de la Mujer.

El capitalismo patriarcal, racista y colonialista continúa su proceso de acumulación a través de las guerras y la militarización de los territorios. Esto es aún más evidente este 8 de marzo. Todas somos testigos y víctimas de agresiones militares, como las intervenciones bélicas en Oriente Medio, Irán, Venezuela, el endurecimiento de medidas coercitivas ilegítimas, como el estrangulamiento energético a Cuba, los conflictos interminables en África, Asia y Oceanía, y el cruel genocidio del pueblo palestino y la ocupación del Sáhara Occidental. Este contexto nos impulsa, como feministas  internacionalistas de base, a estar a la vanguardia del movimiento por una paz verdadera que reconozca las soberanías populares y el derecho de todos los pueblos a vivir en sus territorios, nos moviliza contra este neo-capitalismo y en defensa de la vida. Las mujeres somos enemigas de todas las guerras y sabemos que es imposible liberarnos en territorios ocupados, intervenidos, bloqueados o amenazados.

La guerra siempre ha sido la manifestación más brutal del modelo de acumulación patriarcal contra el cual las mujeres de todo el mundo construyen alternativas feministas y pacifistas centradas en la preservación de la vida.  

Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán se justifican una vez más con la «libertad de las mujeres», una retórica muy conocida que se utiliza a menudo para dar un rostro humanitario a la guerra. Denunciamos la hipocresía que se esconde detrás de ello. En Irán, cientos de niñas fueron asesinadas en una escuela a plena luz del día, conocemos de cerca los asesinatos de mujeres activistas, así como los esfuerzos de las mujeres en Palestina o Cuba por seguir preservando la vida.

La libertad y la democracia no pueden conseguirse mediante «operaciones de combate a gran escala» e intervenciones imperialistas. Al tiempo que reiteramos nuestro compromiso de resistir las múltiples formas de fundamentalismo que obstaculizan la libertad de hombres y mujeres, también nos oponemos a las intervenciones imperialistas, las ocupaciones, la presencia militar extranjera y la imposición de bloqueos y sanciones políticas y económicas.

Condenamos las acciones sionistas e imperialistas que perpetúan el genocidio en Gaza, la intervención neo-colonialista en Venezuela, los ataques imperialistas en Irán, el estrangulamiento energético en Cuba, la militarización del Caribe, los conflictos financiados por intereses corporativos en África, la ocupación del Sáhara Occidental y el terrorismo arancelario. Una vez más, proclamamos que ninguna intervención militar puede traer una paz duradera y verdadera. La libertad y la paz solo pueden venir de nuestras luchas feministas y populares, del reconocimiento de las soberanías populares y de la autodeterminación de los pueblos. 

La administración Trump sigue amenazando abiertamente al pueblo iraní con una muerte segura si se resiste. En un mundo que está pasando de un orden basado en normas a uno basado en el poder, cabe destacar que el poder militar estadounidense, como amenaza mundial, pone en peligro toda la vida del planeta. La OTAN, la organización bélica del imperialismo, fomenta la carrera armamentística en todo el mundo y allana el camino para las intervenciones militares. 

La realidad política actual de África se caracteriza por la resiliencia y la lucha contra los persistentes legados del colonialismo, el extractivismo y las intervenciones imperialistas. Las potencias mundiales siguen tratando al continente como un terreno propicio para el saqueo de recursos y la competencia geopolítica, alimentando los conflictos desde Sudán hasta la República Democrática del Congo y el Sáhara Occidental mediante la militarización y la injerencia extranjera. Las comunidades, en particular las mujeres, son las más afectadas por el saqueo, la represión y la erosión de los valores democráticos por parte de los Estados, pero los movimientos feministas y populares se están levantando para reclamar la soberanía, la justicia y la liberación colectiva. También es esencial reconocer la crisis humanitaria provocada por el cambio climático, en la que las inundaciones, las sequías y los desplazamientos agravan las desigualdades y colocan a las mujeres en situaciones de vulnerabilidad múltiple. La Marcha Mundial de las Mujeres reafirma su solidaridad con la resistencia anti-colonial de las mujeres saharauis, con las luchas de las mujeres sudanesas y con todos los movimientos africanos, declarando que África no es un lugar de explotación, sino de resistencia, dignidad y poder transformador.

Además, África sigue siendo tratada por las potencias mundiales como un terreno de explotación y competencia geopolítica. Desde Sudán hasta la República Democrática del Congo, los conflictos alimentados por el extractivismo, las intervenciones extranjeras y la militarización siguen devastando las comunidades y socavando la soberanía. Como declaramos recientemente en el Día Internacional de Solidaridad con las Mujeres Saharauis, el 8 de marzo también reafirmamos nuestra solidaridad con la resistencia anti-colonial de las mujeres saharauis por su derecho a la autodeterminación, la justicia, la dignidad y la libertad. 

Las políticas neo-fascistas de los gobiernos opresivos también se manifiestan de diferentes formas. En diversas partes del mundo, los gobiernos recurren cada vez más a mecanismos jurídicos e institucionales para criminalizar a los movimientos sociales y a los y las defensoras de los derechos humanos, atacando las luchas por la justicia de género, la autonomía corporal y las libertades fundamentales.

Al mismo tiempo, la importancia geopolítica de Asia y Oceanía está aumentando rápidamente, acompañada de una peligrosa escalada de la militarización y la carrera armamentística en toda la región. El auge de los gobiernos fascistas y fundamentalistas en países como India y Japón agrava las tensiones existentes y contribuye a un clima de inseguridad permanente tanto a nivel regional como mundial. Las alianzas militares y el aumento de los presupuestos de defensa alimentan la inestabilidad y desvían los recursos de las necesidades de la población, lo que refuerza aún más la economía de guerra.

El contexto asiático/oceaniano muestra que la extrema derecha opera a escala internacional. Sin embargo, los disturbios de los y las jóvenes en Nepal y la huelga de trabajadores y trabajadoras en la India demuestran que la lucha contra la estructura opresiva también es internacional.

Sacamos nuestra fuerza de nuestras alternativas feministas. Creemos que no habrá paz bajo la opresión sistémica. El carácter destructivo del capitalismo patriarcal, colonial y racista nunca satisfará nuestra demanda de paz. Seguiremos defendiendo el Buen Vivir frente a la crisis climática y ecológica multifactorial que se agrava con la economía de guerra. Contra todo el aparato opresivo del neo-fascismo, continuaremos nuestra lucha por la soberanía de los pueblos y la verdadera justicia. Este 8 de marzo honraremos y ampliaremos la lucha de nuestra compañera Yanar Mohammed.

Exigimos el desarme del patriarcado.

Afirmamos que la paz solo puede lograrse mediante transformaciones lideradas por mujeres feministas conscientes de su fuerza colectiva.

Fuente:  Marcha Mundial de las Mujeres (MMM)

Temas: Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades, Feminismo y luchas de las Mujeres

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