Alimentación: entrevista a Rafael Alegría: 'El modelo económico mundial ha tocado fondo', por Silvia Torralba
Representante de 60 millones de agricultores e indígenas, Vía Campesina advierte de que el derecho a la alimentación 'no es negociable' y reclama que el debate sobre la agricultura se haga bajo el marco de la ONU y no de la OMC
Desde hace seis años el hondureño Rafael Alegría dirige el secretariado internacional de Vía Campesina, movimiento que coordina a unas 70 organizaciones campesinas de pequeños y medianos agricultures y a comunidades indígenas de América, África, Asia y Europa. Desde sus inicios, la lucha antiglobalización ha sido impulsada por este movimiento de referencia, que reclama a los organismos financieros internacionales que ignoren el tema de la agricultura y la alimentación para que sea Naciones Unidas el marco bajo el que se debata. ?Primero comer, luego comerciar?, sentencia Alegría.
Vía Campesina ha anunciado que propondrá a la ONU la creación de una Carta de Derechos de los campesinos, ¿cuál será el contenido del documento?
La Declaración Universal de los Derechos Humanos y el Pacto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales contemplan el derecho a la alimentación como un derecho básico, pero son declaraciones generales. Nuestro propósito es que la Carta de Derechos de los campesinos sea una ampliación a estos documentos o un texto independiente que nazca de una resolución de la propia ONU. Pedimos que el acceso a la tierra y a la alimentación sean considerados derechos humanos básicos y que recursos naturales como el agua, los bosques y las semillas sean conservados y protegidos.
La Carta de Derechos debe reconocer y defender el modelo de la agricultura campesina, sostenible, limpia y solidaria, y rechazar otro tipo de agricultura, la agricultura convencional, industrializada, altamente contaminada, dirigida a la exportación y controlada por las multinacionales. Queremos tener el derecho de proteger nuestros mercados y aspiramos a que se reconozcan nuestros conocimientos ancestrales porque, si los indígenas y campesinos han cuidado, protegido y convivido con la naturaleza durante miles de años, ¿por qué ahora unas cuantas multinacionales quieren apoderarse de ellos?
Trasladar el debate sobre la agricultura y la alimentación a Naciones Unidas significaría cambiar las estructuras e impedir a la Organización Mundial del Comercio (OMC) que aborde estos temas, ¿verdad?
Sí. Los alimentos son derechos humanos fundamentales y por eso exigimos que estén fuera del interés comercial y, sobre todo, fuera del alcance de la OMC. El derecho a la alimentación no se negocia, es un derecho esencial para la vida y el desarrollo humano y por lo tanto no puede ser negociable, transferible ni mercantilizado. La OMC, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial han de abstenerse de negociar asuntos relacionados con la agricultura y los alimentos.
Naciones Unidas es el marco ideal para abordar todas estas cuestiones porque en este organismo están representados gobiernos y pueblos; en la OMC, en cambio, sólo están representadas las grandes multinacionales.
¿Qué medidas deberían ponerse en marcha para garantizar la soberanía alimentaria?
Hablar de soberanía alimentaria significa hablar de la reorientación de las políticas agrícolas a favor de las necesidades de los pueblos. En estos momentos son los organismos financieros internacionales lo que dicen a los gobiernos qué deben producir y dónde lo han de vender, y eso es inaceptable. Por eso, creemos que en primer lugar hay que definir las políticas agrícolas, reconocer que los agricultores tienen el derecho a la producción y a la alimentación de los pueblos.
En segundo lugar, debemos hacer lo posible para conservar la diversidad cultural y productiva. En nuestros pueblos la cultura es la del maíz, el arroz, los frijoles... pero ahora las multinacionales han introducido el sandwich, la hamburguesa, alimentos no compatibles con nuestras culturas originarias. Por eso nosotros reclamamos la soberanía alimentaria primero, y el comercio después.
Este modelo de producción que proponen, ¿es compatible con el modelo neoliberal?
No, no es compatible. La agricultura y el modelo de producción compatibles con el neoliberalismo es el de la agricultura convencional que hoy día impulsan las multinacionales y los países industrializados, con una alta producción excedentaria, altos índices de agroquímicos y muy competitiva y orientada a la exportación. Nosotros pensamos que los pueblos tienen el derecho a producir lo que necesitan para consumir y no entendemos por qué hay que producir para exportar a otros mercados que también son capaces de cultivar los mismos productos. La única razón que se nos ocurre es la acumulación y la ganancia.
El modelo de producción que Vía Campesina impulsa, sin embargo, está fundamentalmente orientado a satisfacer las necesidades vitales de alimentación primeraria. Primero comer, luego comerciar. Queremos una agricultura sustentable, harmónica con la naturaleza y el medio ambiente.
La de ustedes es una marcha contracorriente...
Hace algunos años nadábamos contracorriente y nuestras propuestas eran casi imposibles de lograr, pero en la actualidad creo que están dentro de las posibilidades reales. Desde la Cumbre de Cancún en septiembre se han realizado dos encuentros importantes en América Latina: la Cumbre de la Organización de Estados Americanos, en Venezuela, y la Cumbre de Iberoamérica en Bolivia. En ambos eventos se ha reconocido que las políticas neoliberales privatizadoras han fracasado y que es el momento de reorientar la política económica, social y cultural.
LA UE, ALIADO 'NATURAL' DE ÁFRICA
En esta línea, ¿cuál debe ser la actitud del Norte con el Sur?
Hace unos diez años se consideraba que los pueblos del Sur, por su condición de excluidos y pobres, eran los que debían luchar por sobrevivir mientras el Norte se solidarizaba. Pero ahora no es así, luchamos juntos y nos solidarizamos juntos. Las grandes luchas de los pueblos del Sur se dan también en el norte, y es más, en la lucha de la soberanía alimentaria se únen los campesinos del Sur y del Norte, porque para nosotros el problema no es entre países, sino entre modelos económicos.
¿Cree que esta labor conjunta entre Norte y Sur irá a más o que, por el contrario, se trata sólo de una moda pasajera que tiene como eslogan 'Otro mundo es posible'?
Creo que avanzamos. Se trata de un proceso no concluido aún, pero me parece que el modelo económico global está colapsado, ha tocado fondo, no tiene posibilidades ni es, en estos momentos, sustentable. El colapso de la OMC en Cancún es una derrota del modelo económico y ahora los movimientos sociales antiglobalización nos preparamos para proponer alternativas reales de ese mundo posible, basado en la lucha, la esperanza y la solidaridad.
En este contexto, ¿qué papel puede jugar Europa?
Durante años los gobiernos del Tercer Mundo han dependido política y económicamente de manera exagerada de los Estados Unidos y últimamente parece que también la Unión Europea. Sin embargo, la alianza natural de la UE no es con Estados Unidos, porque van a estar siempre confrontados en sus intereses vitales, geográficos, políticos y económicos; su aliado natural debe ser el Tercer Mundo. Europa debe entenderlo y saber que Estados Unidos no tiene amigos, sólo aliados e intereses. En esta línea, creo que ahora ya es real y posible que un bloque de países defienda tesis diferentes de la de Estados Unidos, de hecho lo vimos en la reunión de la OMC en Cancún.
¿No piensa que es un discurso demasiado optimista?
Tengo razones para ser optimista. Regiones como América Latina están cambiando, están en movimiento. Esta semana tienen lugar las reuniones del ALCA, nadie podía imaginar que en los propios Estados Unidos se levantaran movimientos sociales en resistencia y ahora es normal ver manifestaciones. La cuestión es: ¿somos optimistas o somos pesimistas y nos morimos? Mejor ser optimistas y confiar en que disfrutaremos de un futuro mejor.
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