Articular la diversidad sin perder el horizonte común
En septiembre de 2025, movimientos y organizaciones de todo el mundo arribaron a Kandy, Sri Lanka, a participar del Tercer Foro Global Nyéléni que sistematizó el llamado Proceso Nyéléni. El evento conjuntó a unas 700 personas procedentes de unos 500 movimientos sociales y organizaciones de todo el planeta para darle continuidad a un recorrido histórico de confluencias que puede rastrearse por lo menos desde 2007.
COLUMNA | DESDE LOS FUEGOS DEL TIEMPO
En este cuaderno que reseñamos, el Grupo ETC realizó un apretado resumen de las luchas, consideraciones, reflexiones, encuentros, organizaciones, movimientos de este proceso que intenta, justamente, “articular la diversidad sin perder el horizonte común” y que logró producir el documento conocido como Agenda de Acción Política Común fruto de casi veinte años de trabajo ininterrumpido, reflexiones, iluminaciones y la visibilización de luchas de resistencia desde todos los rincones contra todos los ataques combinados del capitalismo.
Los hitos de estos años comienzan en el momento en que La Vía Campesina propuso el concepto de soberanía alimentaria ante la ONU en 1996. “Un concepto que implica mucho más que el derecho a no padecer hambre, significa mucho más que asegurar la disponibilidad suficiente y estable de alimentos, eso que desde 1947 se conoce como ‘seguridad alimentaria’”.
La soberanía alimentaria, como concepto, abrió el entendimiento de que “para los campesinos, campesinas, pueblos originarios y otras personas productoras de alimentos, para quienes producir la comida no se reduce a mantener vivo el cuerpo, es establecer el derecho de los pueblos a decidir su propio sistema alimentario para proveerse de comida nutritiva, producida de forma sustentable y ecológica, honrando su historia y su cultura. La SA pone a quienes producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de las políticas y sistemas alimentarios, por encima de las exigencias de los mercados y las empresas. Propone desmantelar el comercio corporativo dando prioridad a los mercados locales e incluso nacionales, otorgando el poder de acción y decisión a campesinos y campesinas, y a su agricultura familiar”.
En Kandy, Sri Lanka, el proceso Nyéléni recogió los frutos del Primer Foro Nyéléni (2007), en Selingué, Mali. “Ahí se clarificó el derecho a decidir sobre los sistemas alimentarios propios, coherentes y armónicos con los ciclos de la vida en la Tierra. Se discutió lo que hoy identificamos como falsas soluciones a los problemas del hambre y la destrucción ecológica (básicamente, convertir la naturaleza en mercancía para supuestamente conservarla)”. Ahí se formuló que la lucha por la alimentación implica mucho más que producir alimentos. Implica combatir todo sistema económico, político o ideológico que empobrezca la vida: el neoliberalismo, las nuevas formas de colonialismo y el patriarcado. Implica construir, tejer, soberanía alimentaria.
La joya del Segundo Foro Nyéléni (2015) fue la agroecología, y en Kandy se recogió como pilar de esa soberanía alimentaria invocada. “Una forma de resistencia a la agricultura industrial; práctica que honra la biodiversidad, los saberes locales y los derechos de las comunidades a controlar sus tierras y recursos. Solución a las crisis provocadas por el sistema alimentario corporativo: la degradación medioambiental, el acaparamiento de tierras y la mercantilización de la naturaleza”. Se insistió en que es central el liderazgo de las mujeres y la participación de la juventud en la configuración de los sistemas alimentarios para las generaciones futuras. Se reivindicó la defensa de los ámbitos comunes y la construcción colectiva de todos los saberes que son la agroecología. “El Segundo Foro Nyéléni terminó exigiendo que no se coopte ni se sesgue la agroecología, adelantándose a la confusión que promueven ahora empresas y Estados con una ‘agroecología’ masiva, industrial y orientada al lucro”.
En septiembre de 2025, al celebrarse el Tercer Foro Nyéléni, en Kandy, la suma de innumerables luchas le apostaron a discutir e imaginar la transformación sistémica. “Ahí se detalló el avance de un capitalismo brutal donde todos los sistemas productivos se fundan en la destrucción abierta de la naturaleza, la tiranía de las cadenas industriales de suministro, la explotación de una mano de obra frágil y deshabilitada y el sometimiento de poblaciones enfermas con cuya salud especulan las agroindustrias, los sistemas de salud privatizados y las corporaciones farmacéuticas”. En este Tercer Foro Nyéléni se expuso a detalle “la especulación agraria, la mercantilización de cada brizna de hierba, los negocios a partir de la destrucción del clima y los megaproyectos de siempre. Se debatieron y denunciaron las seudo revoluciones tecnológicas, el acaparamiento de espacios de investigación y de colaboración internacional por intereses privados”. Se analizaron los intentos por “sustituir la actividad humana campesina por prácticas de laboratorio o procesos digitalizados, alejados de la vida real”. Se detalló el papel de los tratados de “libre” comercio, cuyo objetivo principal es poner candados a las políticas públicas que pudieran responder a las necesidades de las poblaciones, para asegurar las ganancias de los negocios transnacionales.
Se habló de la privatización de los materiales vivos para la agricultura y la alimentación y las nuevas biotecnologías como la llamada “edición génica”. Se expuso “la inundación de comestibles ultraprocesados que cercenan la vida de la gente y enriquecen a todas las corporaciones que integran la cadena industrial de producción de alimentos”.
En Kandy, el proceso Nyéléni resume todas las luchas que la humanidad ha estado librando en el laberinto de brutalismo que sufrimos. La lucha histórica de la agricultura y la alimentación, el medio ambiente, y la salud para todas y todos, la protección de defensores y defensoras de los territorios contra megaproyectos e invasiones, las estafas de los programas ambientales de compensación, las carencias de la formación y la educación pública y privada, y todo el sometimiento de los mercados a las estructuras generales, arrojaron la claridad de que no sólo es necesario sino urgente un cambio de paradigma.
El proceso iniciado en Nyéléni se expandió para rebasar el derecho a la alimentación y asumir a plenitud la concepción de la soberanía alimentaria, la idea de Kandy fue llevar todo a la propuesta de la complejidad, de la integralidad, resoluble en el atrevimiento de promover una transformación del sistema, a nivel mundial, y un cambio de paradigma.
Por lo pronto proponer la labor cotidiana de una integralidad planetaria de cuidados. Que la conciencia de opresión impuesta por la violencia sistémica del capitalismo, de la que los genocidios (comenzando por el de Palestina) son flagrantes, tiene que revertirse entrelazando nuestras luchas más allá de las procedencias puntuales de quienes luchan: “Teniendo como reflexión central la transformación sistémica, Kandy reunió a personas campesinas, trabajadoras agrícolas sin tierra, agricultoras familiares; pueblos pesqueros y recolectores de mariscos de ríos, lagos, manglares y mares; pastoralistas móviles e indígenas; pueblos indígenas de comunidades terrestres, costeras y ribereñas; habitantes y pueblos de los bosques; personas cazadoras y recolectoras; afrodescendientes; activistas contra el sistema de castas y por la justicia racial; activistas por los derechos de las mujeres y diversidades de género y sexuales; militantes por la juventud y por las luchas intergeneracionales; personas con capacidades diferentes; artistas; intérpretes y traductores; personas de áreas urbanas empobrecidas; trabajadoras del sistema alimentario y migrantes; organizaciones sindicales; personas consumidoras; defensoras de los movimientos por los derechos humanos y la justicia social, económica y climática; personas que defienden la medicina social, la salud colectiva y el derecho a la salud para todas y todos; actores de la economía social solidaria; representantes de la academia comprometida, de la filantropía solidaria y de otras organizaciones de la sociedad civil”.
Se reivindicó la centralidad del campesinado y el papel fundamental de la agricultura, y su cuidado y la relación de los pueblos con sus semillas, reconociendo que los quehaceres campesinos de entendimiento y cuidado del territorio no son todavía conocidos a plenitud por quienes no viven la relación con sus cultivos día a día. La agroecología se torna entonces una herramienta fundamental para hacer asequible el trabajo en las parcelas siempre y cuando mantenga sus raíces campesinas y no privatice sus premisas, que tienen que estar ligadas a la lucha más fundamental de un sistema justo e igualitario, promotor de la diversidad, que siempre será la biodiversidad.
Ya no podemos solamente luchar en favor de una reforma agraria o hacia una transición que abandone la civilización del petróleo. Tenemos que transformar todo lo transformable. No sólo es la soberanía energética o la “ponderación de nuevas tecnologías”. Requerimos reconocer la crisis sistémica. Viéndola de frente, surge la esperanza como corazón de toda nuestra labor.
Frente al fascismo, el autoritarismo y las guerras, la esperanza no es un credo sino una práctica política cotidiana, fuerte y definida con la que enfrentamos las múltiples crisis que se originan en la opresión de las fuerzas entretejidas del capitalismo. Su crecimiento infinito succiona destruyendo la naturaleza y utilizando a ultranza las vidas humanas. Hoy el odio y la violencia incrementan las ganancias de la industria militar —y la geopolítica mundial y el propio eje financiero de la economía actual se reconfiguran a través de fuerza bruta.
Esta complejidad hace urgente una Agenda de Acción Política Común. Los tratados de “libre” comercio “socavan la soberanía abriendo margen de maniobra a las corporaciones y desestimando las acciones legales de la gente. La ley neoliberal profundiza la dependencia de las importaciones y la urbanización sin control”. Los préstamos se condicionan, naciones, comunidades y personas se vuelven súbditos de esta lógica de mercado. Las soberanías de los países se tornan ambiguas ante el poder de las corporaciones, y la ciudadanía de a pie está desesperada. Los espacios globales de discusión entre gobiernos, como el sistema de Naciones Unidas, están cada vez más invadidos por los intereses privados. Las corporaciones se sientan a negociar con igual o mayor poder que las naciones —como ocurre en los mecanismos de solución de controversias entre corporaciones y Estados— y la representación de la sociedad civil se desprecia, como cuando no se respetan los mecanismos de Consulta Previa Libre e Informada, que ni siquiera son vinculantes. Los marcos de derechos humanos, la toma de decisiones y la rendición de cuentas están muy mediatizados.
En ese horizonte la Agenda de Acción Política Común “no intenta ejercer una coordinación, sino potenciar la capacidad de los movimientos y organizaciones para sincronizarse en distintos niveles. Las luchas territoriales que inician en las asambleas comunitarias deben poder expandirse a los espacios nacionales, regionales e internacionales”.
El Proceso Nyéléni propone la articulación de los saberes comunitarios, feministas, antirracistas y agroecológicos. La defensa territorial precisa sembrar, cuidar, resistir y comunicar desde la comunidad o el barrio, conectando cada lucha con una visión global transformadora. Pensando proyectos autogestionarios integrales, comunitarios y municipales que permitan tomar decisiones sobre la vida en el territorio y desarrollar sistemas de justicia y estrategias de subsistencia y salud socioambiental propias.
Se propone que los movimientos con trayectorias diversas se reconozcan en los objetivos compartidos. Que se promuevan espacios de convergencia cada vez mayores y que los espacios de formación creativa independientes sean centrales a todo lo que se proponga.
“Es factible abordar estas opresiones sistémicas de manera integral”, se dijo, “articulando movimientos y organizaciones dispuestas a diagnosticar, repensar y finalmente entender cómo darle la vuelta al cúmulo de ataques reales en muchos ámbitos dispares”. La apuesta de una agenda política común es entender esos ataques en conjunto, en lo que tienen de fondo común, pero que agreden de formas específicas a cada pueblo, movimiento u organización. Y, asumiendo esta urgencia de transformar el sistema completo, celebrar y fortalecer la diversidad de las luchas.
En la Agenda se describen seis ejes articuladores de las reflexiones y las luchas, que pueden servir para cotejar los cambios a corto, mediano y largo plazo y entre los diversos niveles de acción.
La Agenda establece estos principios fundamentales, base de los seis ejes: “Kandy reclama el genocidio contra el pueblo palestino, denuncia que se usan como armas de guerra el hambre, el negar la ayuda humanitaria y sanitaria, y los desplazamientos forzados. Llama a boicotear a las empresas de todo el mundo que ahogan la economía palestina”.
Es imprescindibledesmantelar el control corporativo de los sistemas económicos y crear alternativas concretas: “redes de producción y consumo local, mercados territoriales, cooperativas, mutuales, sistemas de saberes comunitarios y tecnologías apropiadas, economías basadas en la equidad y la justicia social y en relaciones de crianza mutua entre los pueblos, con los territorios y la Naturaleza”.
El sistema alimentario industrial agrava la crisis climática y de biodiversidad, “porque para lucrar, deshabilita a pueblos y comunidades, les arranca de su entorno vital, erosiona o prohíbe sus estrategias de sobrevivencia y criminaliza a quienes se le oponen”. Está sediento de toda la tierra, toda la labor y todos los recursos.
Tenemos que abrevar de la fuerza y razón de los movimientos anticolonialistas y de recuperación de tierras encabezados por los pueblos originarios y otras comunidades desplazadas mediante la esclavitud, los conflictos, los desastres ambientales o las crisis prolongadas. La lucha contra los megaproyectos en cada región es fundamental para esta confluencia.
La salud humana es inseparable de la salud de nuestro planeta, de la Madre Tierra, de los ecosistemas y de los demás seres vivos con los que coexistimos. “Las organizaciones reunidas en Kandy concluyeron que la salud del planeta sobrevendrá cuando la relación entre naturaleza y sociedad sea restañada. Son fundamentales los derechos de la Naturaleza. La soberanía alimentaria, la agroecología y salud para todas y todos son indispensables para enfriar el planeta, nutrir y reparar los ecosistemas y asegurar que el futuro sea sustentable”.
La justicia climática y la transición energética sólo podrán ser justas “si las estrategias para abandonar la civilización petrolera se diseñan desde la perspectiva feminista y las necesidades de los pueblos y la clase trabajadora, al tiempo que se combaten las falsas soluciones a la destrucción planetaria, los proyectos extractivos y la centralización de la energía, que son impuestas por quienes más contaminan”.
Los ejes son los siguientes:
1: Construir y defender la democracia y los derechos de los pueblos, la paz y la solidaridad internacionalista. Esto implica impugnar y oponernos a los conflictos armados en todas las regiones, que se originan en la ambición privada por los recursos o las ventajas geográficas.
2: Construir economías populares. Poner el cuidado y la reproducción en común es reconocer a cada quién como persona o colectivo insustituible e indispensable. La Agenda propone un manejo horizontal, autogestionario, de responsabilidad comunitaria, que fomente los cuidados y la autonomía, “y que confíe en asambleas como espacios para imaginar, argumentar, ventilar y decidir, siempre contando con las tradiciones y visiones de pueblos, comunidades y movimientos”.
3: Soberanía alimentaria y agroecología. En Kandy se reafirmó el compromiso con los seis pilares de la soberanía alimentaria: “asegurar la alimentación para todos y todas; reconocer el rol clave de quienes proveen los alimentos; que los sistemas alimentarios sean localizados; que haya control local de los recursos, desarrollar saberes y habilidades y que las labores se hagan en cuidado mutuo con la naturaleza”. “La relación inmemorial entre los pueblos y sus semillas necesita defenderse, y los saberes ecológicos de las comunidades de pastoreo necesitan visibilizarse y fortalecerse”.
4: Garantizar la tierra, agua, territorios y reforma agraria. El reconocimiento formal y la protección de las tierras y territorios de pueblos originarios y campesinos, comunidades pesqueras y forestales tiene ya varios marcos legales globales que deben honrarse.
5: Lograr la salud para todos y todas. Un cambio de sistema es imposible sin la energía vital de nuestros cuerpos.Este eje de articulación de acciones explica que es necesaria una perspectiva integral de la salud “basada en los principios de que nuestros cuerpos constituyen el primer ‘territorio’ que debemos defender”. En Kandy fue fundamental impulsar las iniciativas de salud pública que, entre otras cosas, defiendan la lactancia materna como la expresión más fundamental de la soberanía alimentaria y sanitaria.
6: Lograr la justicia climática y una transición energética justa y feminista. El desastre climático y la injusticia energética actuales provienen de la explotación que un puñado de naciones y empresas hacen de los bienes comunes, equivocadamente llamados “recursos”.
“El Proceso Nyéléni invita a todas las organizaciones y regiones globales a desarrollar planes de acción estratégicos contextualizados para la implementación de la Agenda de Acción Política Común. Que la voluntad de hacer lo que ya hacemos cobre nuevos alientos cuando sea compartida entre organizaciones, movimientos y comunidades”.
La convicción de fondo es que la explotación capitalista de las capacidades humanas se aprovecha de la homogenización y la fragmentación de los saberes y conocimientos. “Para resistir necesitamos interconectar ideas que nos restauren la identidad, por eso la Agenda plantea procesos masivos de formación autónoma y permanente en todas las regiones y desde abajo, guiados por los principios de la diversidad, principio fundamental del proceso Nyéléni; la capacidad revolucionaria del feminismo, para rebasar el pensamiento binario que nos separa e inhibe nuestra imaginación, para abrirnos al espectro completo de la diversidad de género, y al el surgimiento de nuevas masculinidades; la sabiduría popular y las identidades ancestrales como centro y fuente de aprendizaje y politización; el flujo de experiencias y saberes entre generaciones”.
Grupo ETC, El espíritu de Nyéléni es articular la diversidad sin perder el horizonte común, Grupo ETC, Fundación Rosa Luxemburgo, julio 2026
Rini Templeton dedicó su vida a documentar en dibujos la existencia de las comunidades que luchan por un horizonte de futuro más justo y mejor. Su obra sigue vigente a 40 años de su muerte en su casa de la ciudad de México. Nacida en Buffalo, Nueva York, acompañó movimientos obreros, campesinos, indígenas, de mujeres, por la educación,de migrantes, desplazados y en México, en Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua y en su país. Fuimos muy afortunados en México de que aquí haya fructificado su amor por la gente, en los mítines, las manifestaciones, los plantones y otras acciones en pos de la justicia social.
Hoy cada uno de sus dibujos es una obra de trazos contundentes y sencillos, sugerentes en extremo. Estos dibujos son pequeñas historias en sí mismos. Para entenderla en toda su dimensión, la mejor manera es visitando su página http://www.riniart.com
Fuente: Desinformémonos