ECVC: Las apuestas ocultas de los nuevos OGM
¿Por qué lxs agricultorxs están dando la voz de alarma sobre la desregulación de las NTG en la UE?
La reciente decisión del Parlamento Europeo de autorizar la comercialización de plantas derivadas de las Nuevas Técnicas Genómicas (NTG) marca un punto de inflexión para la agricultura europea. Tras tres años de debate intensivo, la votación abre el camino para que una nueva generación de organismos genéticamente modificados entre en el mercado, potencialmente ya en 2027. Sin embargo, para organizaciones campesinas como la Confédération Paysanne, una de nuestras organizaciones miembro en Francia y parte de la Coordinadora Europea Vía Campesina (ECVC), este cambio legislativo no se percibe como un progreso, sino como un desmantelamiento calculado de la seguridad alimentaria y de la autonomía de lxs agricultorxs.
El núcleo de la controversia comienza con la propia terminología. Desde la perspectiva de los movimientos campesinos, el término “NTG” funciona principalmente como una etiqueta de marketing destinada a reetiquetar los organismos genéticamente modificados. Mientras la industria destaca matices biológicos como la mutagénesis o la cisgénesis, ECVC sostiene que estas técnicas siguen siendo, fundamentalmente, OGM. “En realidad, los organismos obtenidos por NTG son OGM, e incluso la nueva regulación los define como tales”, señala Jean-Mathieu Thevenot, representante de ECVC, quien argumenta que la nueva etiqueta fue creada específicamente porque los OGM tradicionales son ampliamente rechazados por la ciudadanía europea.
Una de las quejas más significativas planteadas por ECVC es la supresión total de los métodos de trazabilidad y detección. Bajo la nueva normativa, las plantas OGM podrían venderse sin etiquetado específico, lo que significa que lxs agricultorxs podrían sembrarlas y lxs consumidorxs podrían consumirlas sin ser nunca informadxs. Esta falta de transparencia neutraliza de manera efectiva el principio de precaución, piedra angular del derecho ambiental y sanitario europeo.
La organización advierte que, al eliminar la capacidad de rastrear estos productos, la industria también elimina la posibilidad de estudiar sus impactos a largo plazo en la salud y el medio ambiente. Además, esta medida sustituye el principio de precaución, legal y científicamente establecido, por un “principio de innovación” vagamente definido, que lxs campesinxs consideran carente de cualquier base jurídica o científica rigurosa.
Más allá de las preocupaciones sanitarias, el movimiento campesino identifica una amenaza económica masiva: el cambio hacia las patentes sobre la vida. Actualmente, las semillas europeas están regidas en gran medida por el sistema de derechos de obtentor Vegetal (Plant Variety Rights, PVR). La nueva regulación, sin embargo, facilita una transición hacia un sistema de patentes clásicas sobre rasgos genéticos, ya que las NTG y sus productos se consideran “procesos técnicos innovadores” y, por tanto, patentables. Este sistema otorga un monopolio completo sobre el uso de las técnicas, o de los productos y rasgos derivados de ellas, a unas pocas empresas que poseen estas patentes, como Corteva, Bayer-Monsanto, Syngenta, etc.
ECVC advierte que, sin ningún requisito de trazabilidad, esto conducirá a una “contaminación inevitable” de los campos no OGM por polen OGM. Bajo un régimen fuertemente basado en patentes, agricultorxs cuyos campos resulten contaminados accidentalmente podría enfrentarse a un proceso judicial por “robo de patente”. Esto supone un riesgo existencial para el sector orgánico, que prohíbe estrictamente los OGM; estxs agricultorxs tendrían que asumir la carga financiera y logística de proteger sus cultivos de la contaminación para mantener sus certificaciones. Además, si no existe posibilidad de detectar e identificar plantas NTG, la protección por patentes podría extenderse también a cultivos convencionales que presenten características similares, incluso si han sido obtenidos mediante mejora convencional. Esto abre la puerta a una privatización de los recursos genéticos vegetales a través del sistema de patentes.
Cambio climático: ¿solución tecnológica o transformación ecológica?
Los defensores de las NTG suelen citar la crisis climática como justificación, prometiendo semillas “adaptadas al clima” capaces de resistir la sequía y el calor. ECVC rechaza firmemente esta narrativa, señalando que las promesas de OGM resistentes a la sequía no se han cumplido históricamente.
En lugar de reforzar un modelo extractivista y productivista dependiente de fertilizantes y pesticidas de síntesis, nuestro movimiento campesino aboga por un retorno a la agroecología campesina. Sostenemos que lxs agricultorxs ya disponen de miles de variedades de semillas tradicionales con la capacidad genética natural de adaptarse a los cambios climáticos, siempre que se les permita trabajar con los elementos naturales y no contra ellos.
La batalla está lejos de terminar. La Coordinadora Europea Vía Campesina (ECVC) y sus aliados planean impugnar la aplicación de esta ley en varios frentes. ECVC sostiene que el texto viola tratados internacionales, como el Protocolo de Cartagena del Convenio sobre la Diversidad Biológica, que exige la trazabilidad de los OGM. La incompatibilidad de la propuesta con las obligaciones internacionales de la UE, así como las incertidumbres jurídicas que crea a nivel europeo, constituyen sin duda bases para recursos legales ante tribunales nacionales o el Tribunal de Justicia de la UE. ECVC también señala que, en algunos contextos, movimientos aliados han llevado a cabo acciones directas en el campo para poner de relieve los riesgos ambientales relacionados con los OGM y defender las moratorias vigentes sobre su cultivo, actualmente activas en 17 países europeos, pero que serán eliminadas por la nueva regulación.
En este contexto, ECVC considera que se trata de una lucha por el futuro del sistema alimentario europeo. Lxs campesinxs hacen un llamamiento a un frente común entre agricultorxs y consumidorxs para exigir un modelo basado en la agroecología campesina y la soberanía alimentaria, así como en la justicia y la transparencia, en lugar de uno que sirva a los intereses económicos de unas pocas multinacionales de semillas. Sin intervención, advierten que para 2027 la elección de qué cultivar y qué comer podría dejar de pertenecer a los pueblos y pasar a manos de los titulares de patentes.
Fuente: La Vía Campesina
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