El sur de Europa en llamas: un capitalismo pirómano
Hasta mediados de la década de 2010, las medidas de prevención y lucha contra los incendios habían logrado contener, como podían, el avance de los incendios en la Europa mediterránea. Desde entonces, los frenos se han soltado de un solo golpe y el sur del Viejo Continente va a toda velocidad hacia un incendio aterrador. Pero, ¿quiénes son los responsables de una catástrofe que no deja de empeorar? Ante todo, claro, la aceleración del calentamiento global; después, una ordenación del territorio guiada cada vez más exclusivamente por el beneficio privado; y, por último, unas medidas de prevención y unos medios de lucha notoriamente insuficientes.
"Los incendios forestales se cuentan entre los riesgos naturales más destructivos a escala mundial, con graves repercusiones medioambientales, económicas y sociales", señalan Sarah et al. en Scientific Reports, el 26 de julio de 2026. Este equipo de investigación también señala que el sur de Europa, sobre todo España e Italia, había experimentado un descenso constante en la incidencia de estos incendios incontrolables desde principios de los años 80, gracias a las medidas de prevención adoptadas, pero que la tendencia se invirtió claramente a partir de mediados de la década de 2010. De hecho, todas las medidas que se han ido poniendo en marcha desde hace unos cuarenta años han resultado cada vez más ineficaces ante la evolución de los riesgos.
Incendios gigantes cada vez más destructivos
Si nos centramos en los cinco países más expuestos –Francia, Grecia, Italia, España y Portugal– entre 2008 y 2014, la extensión de las superficies arrasadas por el fuego se mantuvo relativamente estable, en unas 250 000 hectáreas al año [en el gráfico de abajo, para eliminar las variaciones anuales, los valores de cada año corresponden a la media de los cinco años que lo rodean; por ejemplo, el valor de 2008 representa la media de los años 2006-2010]. En cambio, esta superficie no ha dejado de aumentar desde 2015. Siguiendo con las medias móviles de cinco años, de 2015 a 2020 las superficies quemadas superaron las 300 000 ha al año; alcanzaron las 360 000 ha en 2021, 380 000 ha en 2022, 505 000 ha en 2023 y 570 000 en 2024… La última cifra disponible solo para el año 2025 es de 841 000 ha y probablemente será del mismo orden, o incluso superior, para 2026.
Territorios destruidos por el fuego en Francia, Grecia, Italia, España y Portugal, 2009-2024 (medias móviles de 5 años centradas en el año mencionado)
Desde el punto de vista medioambiental, una hectárea en llamas libera entre 60 y 150 toneladas de CO₂ a la atmósfera, según el tipo de vegetación que se queme, a lo que hay que sumar una cierta cantidad de metano y óxido nitroso.
Así, las más de un millón de hectáreas quemadas en la Unión Europea en 2025 seguramente han generado entre 60 y 150 millones de toneladas de CO₂, lo que equivale al 10-25 % de las emisiones de los coches particulares.
En el plano económico y social, hay que sumar, obviamente, los costes inmediatos de la lucha contra el fuego, las obras de restauración necesarias (edificios, equipamientos, cultivos, etc.) y las pérdidas de ingresos relacionadas con los días de trabajo y los ingresos turísticos perdidos, entre otras cosas. Así, en 2025, a escala de la UE, se esfumaron entre 3000 y 8000 millones de euros, lo que equivale a la mitad del presupuesto de la ciudad de París, y eso sin contar los efectos a largo plazo de estos incendios gigantescos, que son muy difíciles de medir, sobre todo en cuanto a la destrucción de ecosistemas que tardan mucho en recuperarse (desaparición de especies animales y vegetales, alteración del ciclo del agua, cambio de los ecosistemas forestales a otros con menos vegetación, etc.).
Los incendios forestales también se cobran vidas: 13 muertos en el megaincendio de Los Gallardos, en Andalucía, el pasado 12 de julio (66 muertos en el megaincendio de Pedrógão Grande, en Portugal, en 2017). A esto hay que sumar los heridos y las víctimas con problemas de salud a medio y largo plazo a causa de los incendios. De hecho, el humo contiene partículas finas PM 2,5, que penetran en los pulmones y, en parte, pasan al torrente sanguíneo, a las que se suman, entre otras cosas, el ozono, el monóxido de carbono y diversos compuestos orgánicos tóxicos.
Las causas de los incendios y cómo combatirlos
En Francia, las estadísticas atribuyen el 90 % de los focos de incendio a causas humanas: el 35 % está relacionado con actividades económicas, el 25 % con actos malintencionados, el 15 % con actividades de ocio y el 15 % con accidentes (transporte, infraestructuras, etc.). En este sentido, la prevención juega un papel importante. Explica en parte la disminución de los incendios forestales en Europa desde los años 80 hasta mediados de la década de 2010.
La detección rápida de los focos de incendio, que permite una intervención más eficaz, es un aspecto esencial para frenar la propagación de los incendios. Se basa en la observación humana, las redes de cámaras instaladas en las zonas de riesgo y las observaciones mediante drones o satélites. Sin embargo, la rápida actuación de los bomberos depende en gran medida de la morfología del terreno y de los medios de que disponen, sobre todo los medios aéreos y la disponibilidad de grandes reservas de agua en las cercanías, que se reducen con las sequías.
Ya hemos hablado de la prevención en lo que respecta al inicio de los incendios, pero la ordenación del territorio también juega un papel clave para frenar su propagación: creación de franjas cortafuegos alrededor de las viviendas y las infraestructuras, donde la cantidad y la continuidad de la vegetación se reducen considerablemente (y requieren un mantenimiento constante); el mantenimiento de un paisaje en mosaico (con usos alternados); el apoyo al pastoreo extensivo; y una gestión forestal que favorezca la diversidad de especies y el mantenimiento de un ecosistema húmedo. Todas estas medidas van en contra de una ordenación del territorio guiada por el beneficio privado.
En Francia, la Confédération paysanne denuncia…
Desde hace varias décadas, una parte del bosque francés se gestiona siguiendo una lógica de producción industrial. Se han desarrollado masas forestales muy homogéneas, a menudo compuestas por coníferas de crecimiento rápido, para satisfacer las necesidades de la industria maderera.
Hoy en día, casi la mitad de las masas forestales francesas están formadas por una sola especie. Las plantaciones forestales suman unas 2,1 millones de hectáreas, de las cuales casi el 80 % son de coníferas.
El problema no son las coníferas en sí mismas. El pino marítimo, el douglas o la pícea tienen su lugar según la zona. El problema surge cuando se sustituyen bosques diversos por masas forestales uniformes, a veces en superficies muy extensas.
Los científicos demuestran que los bosques mixtos suelen ser más resistentes a las sequías, las enfermedades y los fenómenos climáticos extremos. Almacenan mejor el agua, aportan más frescor y suelen ser más resistentes a los incendios.
Otro tema que merece un debate en profundidad: las talas a ras.
Según un estudio de la asociación Canopée, el 87 % de los proyectos financiados por el plan «France Relance» se referían a talas a ras, con replantaciones mayoritariamente en monocultivo. Estas conclusiones son cuestionadas por una parte del sector, pero plantean dudas sobre el uso del dinero público y sobre el modelo forestal que queremos fomentar.
A esto se suman sequías cada vez más largas, olas de calor más frecuentes y vientos violentos. El cambio climático es una realidad. Pero la forma en que gestionamos nuestros bosques lo es igualmente.
Ya no podemos limitarnos a decir que "es culpa del clima". El clima aumenta el riesgo. Nuestras decisiones de ordenación del territorio pueden agravarlo… o limitarlo.
En cuanto a los medios de lucha contra el fuego, los equipos aéreos desempeñan un papel esencial. Sin embargo, los aviones (el Canadair CL-415 y los nuevos DHC-515, que aún no están en servicio) los fabrica la empresa canadiense De Havilland en cantidades limitadas. Los costes de adquisición, mantenimiento y formación de las tripulaciones también son muy elevados para un uso exclusivamente estacional. Los helicópteros cisterna, más eficaces por la noche, son también más versátiles, pero suelen transportar menos agua (4 toneladas en lugar de 6,1 toneladas) y tardan más en recargarse.
Subida de las temperaturas, El Niño y la carrera hacia la catástrofe
La expansión de los focos de incendio depende en parte de una variable socioeconómica de gran peso: la concentración de las actividades agrícolas y ganaderas en las zonas más rentables y el abandono de las zonas marginales. Según un estudio del Centro Com n de Investigación de la Comisión Europea de 2018, ún de Investigación de la Comisión Europea de 2018, más de 20 millones de hectáreas de tierras agrícolas corren un alto riesgo de abandono de aquí a 2030, sobre todo en España, Portugal, Grecia y el sur de Francia.
Esta tendencia reduce en la misma medida la alternancia entre campos de cultivo, pastos, olivares, viñedos, huertos, bosques y pueblos, un paisaje discontinuo que no favorece la propagación de los incendios.
Pero, sobre todo, desde 2015, el cambio climático juega un papel decisivo, sobre todo en Europa, un continente que se está calentando, de media, el doble de rápido que el resto de la superficie terrestre. Según Feron et al., ya citados,
en amplias zonas de la Península Ibérica, Francia, Italia y Grecia, el número de días de verano con condiciones extremas que favorecen los incendios se ha más que duplicado entre 1981 y 2025 (…) En el sur de España, el sur de Francia y la mayor parte de Italia, las temperaturas fueron, de media, hasta 2 °C más altas entre 2016 y 2025 en comparación con la media a largo plazo.
En el sur de Europa, además del calentamiento acelerado del clima, los indicadores globales como El Niño-Oscilación Austral (ENSO), que afecta más directamente al Pacífico tropical pero influye en la circulación atmosférica global, sobre todo en la NAO (Oscilación del Atlántico Norte), parecen desempeñar un papel agravante. En su fase negativa (presiones por debajo de lo normal en el Atlántico norte central y por encima de lo normal en las latitudes más altas), esta última suele provocar veranos más calurosos y secos en el sur de Europa. La combinación de estos factores pone especialmente a la Península Ibérica en una situación crítica. De hecho, en el periodo 1981-2010, de media, tuvo menos de diez días de verano con condiciones meteorológicas extremas, especialmente propicias para los incendios, frente a más de 25 en la última década.
Ahora, la propensión climática a los incendios supera con creces los recursos de los que disponen los Estados europeos para hacerles frente, y esto está ocurriendo mucho más rápido de lo que se había previsto. Según El Garroussi et al., las previsiones climáticas disponibles para el sur de Europa apuntan a una probabilidad de incendio del 50 % en las zonas más expuestas (frente al 5 % actual), lo que condena, a corto y medio plazo, a la Península Ibérica, el sur de Francia, Italia y los Balcanes a catástrofes de unas proporciones que hoy por hoy aún son inimaginables.
Para hacerles frente, tenemos que intensificar, por supuesto, la lucha contra el calentamiento global, aunque los próximos megaincendios ya estén programados. También es urgente romper con una ordenación del territorio guiada por el beneficio privado y combatir la especulación inmobiliaria.
De momento, es fundamental reforzar a lo grande la prevención y los medios para combatir los megaincendios, y convertirlos en una prioridad absoluta de las políticas públicas.
Traducción: Viento sur
Publicado originalmente en Marx21
Fuente: Viento Sur