Honrar a las parteras indígenas de Guatemala y dar espacio a los sistemas de salud indígenas
Una mujer llegó con dolor de estómago. Rosa Marina Chex le sobó el vientre y le hizo una sola pregunta: ¿hace cuánto que se le quitó su menstruación? Hacía unos días, contestó la mujer. Usted lleva cuatro días de estar embarazada, le dijo Chex. Ella misma se asustó de lo que acababa de decir.
“Cómo fue que yo le dije eso, me quedó en la mente”, recordó.
Dos meses después, la mujer volvió a confirmárselo.
Chex es una partera indígena de San Juan Comalapa, Chimaltenango, Guatemala, y lleva 36 años atendiendo partos. Preside el Movimiento Nacional de Comadronas Nim Alaxik y fue una de las seis personas que lo fundaron.
“Cuando yo nací, la comadrona que atendió a mi madre ya le dijo que yo traía un trabajo, y mi mamá me dijo que yo tenía un trabajo”, dijo Chex. “Cuando murió mi esposo empecé a soñar que atendía a las mujeres y las atendía bien; y yo no sabía cómo se hacía ese trabajo, pero yo lo atendía bien”.
Ese saber —el que se aprende en sueños, en la casa, junto a otra mujer que ya lo tenía— es lo que la ONU pone este año en el centro del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, que se conmemora cada 9 de agosto.
El lema de 2026, “Parteras Indígenas: salvaguardar la vida y el bienestar”, reconoce a la partería indígena como una de las expresiones más poderosas de los sistemas de conocimiento de los Pueblos Indígenas: transmite el saber de una generación a la siguiente, sostiene la identidad cultural y asegura la continuidad de una forma de vida.
“Honrar a las parteras indígenas no es solo una cuestión de salud, sino de justicia, supervivencia cultural y derechos humanos”, dijo Hernán Vales, jefe de la Sección de Pueblos Indígenas y Minorías de ONU Derechos Humanos. “Salvaguarda el derecho a la salud, la dignidad y la libre determinación, y fortalece la resiliencia y el bienestar de los Pueblos Indígenas”.
Rosa Marina Chex, abuela comadrona guatemalteca y presidenta del Movimiento Nacional de Comadronas Nim Alaxik. © ACNUDH
“No fue de ayer o antier, sino que fue de miles y miles de años. Desde que hubo el primer hombre, hubo la comadrona.“
Rosa Marina Chex, partera Indígena guatemalteca
Pese a esa contribución, la partería indígena sigue enfrentando barreras estructurales y discriminación que le restan reconocimiento dentro de los sistemas formales de salud y que dejan a miles de mujeres sin acceso a una atención apropiada. En Guatemala, las abuelas comadronas llevan años poniéndole nombre a esa distancia.
En las comunidades rurales de Guatemala, las abuelas comadronas o parteras indígenas son a menudo quienes acompañan el embarazo entero: desde el primer mes, con consejos sobre alimentación y cuidados, hasta el parto y las semanas siguientes.
“Nosotros tenemos 35 habilidades: somos enfermera, somos consejeras, apoyo moral”, dijo Chex.
Les dijeron que eran sucias
Al cruzar la puerta de un centro de salud del Estado, los saberes indígenas parecen dejar de contar. A Chex y a sus compañeras los médicos les dijeron que eran sucias. Les exigieron hablar en castellano. Les prohibieron las plantas medicinales y les preguntaban a las pacientes qué “zacate” les habían dado. A una joven que quería inscribirse la rechazaron porque no estaba casada: cómo va a ayudar a las personas, le dijeron.
“En algunos centros y puestos de salud todavía está el racismo”, dijo Chex. “Todavía hay mucha discriminación y violencia obstétrica”.
Para ONU Derechos Humanos en Guatemala, el problema es de fondo.
“La salud indígena suele concebirse como una práctica subordinada al sistema estatal, en lugar de ser reconocida como un sistema de conocimientos, principios y prácticas ancestrales”, dijo Viviana de la Peña, Representante a cargo de la Oficina en Guatemala.
No es un caso aislado ni exclusivo de este país. Vales dijo que las parteras indígenas enfrentan barreras estructurales —discriminación, estigmatización, criminalización— basadas en motivos múltiples que se cruzan, entre ellos la raza y el género.
Lo que reclamaban las parteras indígenas no era permiso para trabajar. Era que el sistema de salud reconociera lo que ellas ya hacían, y que las mujeres indígenas pudieran ser atendidas sin tener que elegir entre su idioma y un hospital. En otras palabras, una atención libre de discriminación, que respete la libre determinación indígena y que enfrente activamente las desigualdades históricas y sistémicas.
“Ellos nos tienen que entender y nos tienen que respetar nuestra labor como comadrona”, dijo Chex.
Angelina Sacbajá, partera indígena y otra de las fundadoras de Nim Alaxik —o “sabiduría ancestral”, como ellas traducen su nombre— y responsable de la interlocución con el Ministerio de Salud, lo formula como una lucha “para la dignificación, para el reconocimiento legítimo del sistema de salud indígena, especialmente de la partería indígena”.
Con ese reclamo las parteras indígenas llegaron a la Corte de Constitucionalidad, y ganaron.
“El papel todo lo aguanta”
“Hemos logrado un amparo las abuelas comadronas”, dijo Sacbajá. “Eso quiere decir que el Ministerio de Salud tiene una sentencia que cumplir”. Después vinieron una ley de dignificación —“el corazón de nuestra ley es la dignificación”, añadió— y un día nacional en el calendario, el 19 de mayo. “Ahí nos sentimos reconocidas. Nos sentimos importantes para este país”.
De la Peña dijo que a siete años de la sentencia la Oficina ha documentado un conocimiento todavía limitado de su contenido entre el personal de salud y ha recibido información sobre prácticas discriminatorias que las parteras indígenas continúan enfrentando.
“Esto evidencia la brecha que aún existe entre el reconocimiento formal de sus derechos y su experiencia cotidiana en los servicios de salud”, añadió.
Sacbajá dijo que el Ministerio ha intentado algunas acciones, pero que “han quedado muy cortas” porque no llegan al nivel local.
“Se necesita una ruta de trabajo con plazos, presupuesto y personal específicamente asignado, tal como establece la sentencia, para avanzar en el cumplimiento integral de las medidas de reparación”, dijo De la Peña.
Chex mide lo mismo desde el parto.
“Ha cambiado bastante con la sentencia […]. No el 100%; tal vez el 40%”, dijo. “Tal vez la sentencia ya la tenemos escrita en papel, porque el papel todo lo aguanta”.
No todo sigue igual. Los médicos ya no les dicen sucias, reconoció Chex. En Chimaltenango, cuando surge un problema con una comadrona, Nim Alaxik se sienta a resolverlo con la dirección de salud: “ya no permitimos que le quiten el carnet. Vamos paso a paso”.
Otras cosas no se mueven.
“Trabajamos mucho en la violencia obstétrica”, dijo Chex. “Porque cuando los pacientes salen del hospital nos cuentan cómo los trataron”.
A Chex le duelen sobre todo las cesáreas que considera innecesarias, y lo que viene después.
“Solo le sacaron al bebé, y al regreso a la casa a la señora no le cuentan qué cuidados, qué alimento tiene que comer por la herida. La comadrona es la que termina de ayudar a la paciente”.
Vales dijo que tratar a las parteras indígenas como secundarias o incompatibles con la medicina formal puede menoscabar el derecho a la salud, a la identidad cultural y a la libre determinación, y también el derecho al consentimiento libre, previo e informado.
Más allá del reconocimiento formal
Según las parteras indígenas, las herramientas creadas para acreditarlas —el carnet, las capacitaciones que ofrece el sistema estatal— se han vuelto, en la práctica, mecanismos de control.
Las abuelas comadronas han señalado a la Oficina que esas herramientas “no siempre respetan adecuadamente los derechos colectivos de los Pueblos Indígenas a la autonomía y la libre determinación”, explicó De la Peña.
Añadió que como resultado algunas prácticas institucionales pueden desvalorizar el papel de las abuelas comadronas y debilitar los sistemas de salud de los Pueblos Indígenas.
Lo que Nim Alaxik quiere es un contrapeso que puedan cargar. Ya existe una versión accesible y resumida de la sentencia, publicada por la Corte de Constitucionalidad con el apoyo de ONU Derechos Humanos; el movimiento quiere ese mismo texto en tamaño de bolsillo y en idiomas indígenas, para llevarlo junto al carnet: “para que cuando vaya a los servicios de salud y se sienta violentada en sus derechos, ella pueda decir: aquí tengo yo ese documento en donde ustedes deben respetarme”, dijo Sacbajá.
Además, las universidades han empezado a ofrecer una carrera técnica en partería, y Nim Alaxik la lee como un despojo.
“Viene únicamente a querer despojarnos de nuestros saberes”, dijo Sacbajá. “Va a haber una profesional que va a hacer el trabajo que nosotras hacemos”.
En muchos departamentos, añadió, la mayoría de los partos ya ocurren en hospitales y ya no quieren que las parteras indígenas atiendan partos en la comunidad.
“Que nos dejen trabajar”
Lo que piden, dijo Sacbajá, es más simple de lo que parece: “que nos dejen trabajar, que podamos continuar con nuestras prácticas, ejerciendo nuestra misión”.
La guía técnica de ONU Derechos Humanos sobre mortalidad materna recomienda priorizar los enfoques comunitarios en las zonas rurales, reconocer formalmente a las parteras indígenas y garantizarles condiciones dignas de trabajo. Hacerlo puede reducir la mortalidad materna e infantil y lograr que las mujeres indígenas se sientan respetadas y valoradas cuando buscan atención.
“Los Estados deben dejar de limitarse a regular a las parteras indígenas para incluirlas como socias.“
Hernán Vales, jefe de la Sección de Pueblos Indígenas y Minorías de ONU Derechos Humanos
La Oficina se prepara ahora para sentarse con las actuales autoridades del Ministerio de Salud: para compartir lo que ha documentado sobre los derechos de las parteras indígenas y mirar juntos qué haría falta para cumplir la sentencia. De la Peña espera que esa conversación acerque al Estado a garantizar el derecho a una atención de salud sexual y reproductiva que respete las culturas de las mujeres indígenas.
Mientras tanto, las parteras siguieron avanzando. Fueron testigos de honor en la conformación de una red nacional de parteras en Chiapas, México. Llegaron por primera vez al Foro Permanente de la ONU para las Cuestiones Indígenas con el respaldo de la Oficina en Guatemala, y volvieron tres años seguidos con recomendaciones propias.
Angelina Sacbajá (izquierda), abuela comadrona y fundadora del Movimiento Nacional de Comadronas Nim Alaxik, durante el Foro Permanente de la ONU para las Cuestiones Indígenas en la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, en 2023 © ACNUDH
De un encuentro en Nueva York nació la intención de una alianza continental de parteras indígenas de las Tres Américas. Es lo que el propio Foro Permanente recomienda a los Estados: crear mecanismos para el empoderamiento de las mujeres y niñas indígenas y promover su participación en la toma de decisiones a todos los niveles. Ellas no esperaron a que se los crearan.
“Hoy las Naciones Unidas ha dedicado el 9 de agosto a un lema sobre la partería indígena”, dijo Sacbajá. “Y para nosotros ese es un gran reconocimiento: es sentirnos amparadas, sentirnos respetadas, y sentir que a nuestro sistema de salud indígena le han dado el espacio que se merece, como pueblos indígenas, como parteras y como mujeres madres”.
Reunión de trabajo entre ONU Derechos Humanos en Guatemala y el Movimiento Nacional de Comadronas Nim Alaxik. © ACNUDH