La telaraña de BlackRock: del genocidio israelí al mercado inmobiliario español
Mientras su imperio no deja de crecer, los líderes internacionales tienen cada vez menos capacidad real de decisión frente a estos grupos de presión invisibles y opacos.
Los economistas cada vez destacan más la idea de que el mundo ya no se rige tanto por las decisiones de los dirigentes políticos como por las operaciones financieras de los grandes fondos inversionistas. A través de movimientos en Múltiples sectores donde van ejerciendo su poder e influencia, van marcando la agenda económica de los Estados y consiguiendo regulaciones alineadas con sus intereses. Los gobiernos ponen la alfombra roja a los grandes gestores de activos, muchos de los cuales se han convertido en los nuevos dueños del planeta ya que tienen la llave de sectores estratégicos . Larry Fink, CEO de BlackRock, el mayor fondo de inversión del mundo, es considerado el hombre más poderoso de Nueva York y su liderazgo se extiende a áreas tan diversas como la banca, la energía fósil, los fondos de pensiones o la vivienda.
La BBC dio cuenta el pasado año de que este gestor de activos estadounidenses maneja más dinero que el PIB de todos los países del mundo, salvo Estados Unidos y China. Para hacernos una idea de hasta qué punto su liderazgo sobrepasa al de muchos Estados, en diciembre de 2025 este fondo gestionaba más de catorce billones de dólares. El PIB de España en 2024 fue de 1,65 billones de dólares, por lo tanto Blackrock gestiona 8,5 veces más dinero que todo el PIB de España, según varios informes de la Rescop. La misma entidad financiera lo ensalza a través de su página web : “Estamos orgullosos de invertir más de 1,6 billones de euros en la economía europea, lo que nos convierte en uno de los mayores gestores de activos de la región”.
No es de extrañar, pues, que el ente está registrado para realizar tareas de lobby ante la UE, aunque de facto también ejerce de grupo de presión fuera del marco comunitario: en 2021, el expresidente de EEUU Joe Biden nombró a un alto directivo de la empresa director del Consejo Económico Nacional y la Reserva Federal se sirvió de sus gestiones para el plan de rescate durante la pandemia. Larry Filk también forma parte, asimismo, del Consejo de Administración de la Universidad de Nueva York y ha sido el anfitrión del Foro Económico de Davos, lo que le convierte a los ojos de muchos de expertos en el “gran arquitecto del capitalismo global”, el hombre que mueve los hilos. En España, como se verá más abajo, su protagonismo en el sector residencial comenzó a fraguarse tras la crisis de las hipotecas de 2008, cuando comenzó a hacerse con los activos tóxicos de los bancos.
Financiando el genocidio
El nombre de BlackRock comenzó a resonar entre las organizaciones internacionales pro derechos humanos tras el estallido del genocidio israelí en la Franja de Gaza el 7 de octubre de 2023. Varias investigaciones elaboradas por el Centro Delàs de Estudios por la Paz ponen de relieve la participación de este mega fondo en la financiación activa del sector armamentístico israelí. De hecho, se trata del fondo norteamericano con mayor presencia en la industria militar sionista. Un informe de esta organización publicado en 2025 apunta que “dentro del Top-100 de accionistas en este sector vemos que lideran grandes bancos o fondos de inversión como Capital Group, BlackRock o Vanguard (los tres primeros) y otros como JPMorgan Chase, Bank of America o State Street”.
Además, añade el estudio, destaca la simbiosis entre fondos de inversión como BlackRock, algunos bancos españoles como BBVA, Santander y Caixabank e industrias militares sionistas de gran tamaño como General Dynamics, Rheinmetall o Indra. Por tanto, su responsabilidad en este y otros conflictos armados, donde se vulneran los derechos humanos repetidamente, es determinante. Lockheed Martin, RTX (anteriormente Raytheon), Northrop Grumman o Boeing son algunas de las empresas cuyo accionista principal es BlackRock, que además tiene lazos con el sector de defensa israelí, por ejemplo de la mano de Elbit Systems Ltd. Solo hace falta echar un vistazo a la base de datos elaborada por el Centre Delàs para comprobar las ingentes inversiones de BlackRock en algunas de las empresas que han hecho posible el asedio de Gaza.
Estas entidades armamentísticas aparecen en la lista del Instituto Estocolmo de Estudios por la Paz (SIPRI) que incluye a las 100 principales empresas de armamento del mundo. Max Carbonell, investigador en el Centre Delàs centrado en Banca Armada, explica a CTXT que “hablamos de la cuarta entidad financiera a nivel internacional que más financiación ha realizado a empresas de armas que luego son utilizadas en Gaza. Nosotros identificamos al menos 30.570 millones de dólares de financiación a estas empresas. Sólo por delante de BlackRock había otros fondos como Vanguard, State Street o Capital”.
Pero no sólo contribuye a afianzar la arquitectura del asedio en la Franja, también a consolidar la ocupación en los territorios palestinos como Cisjordania o Jerusalén Este. Para este investigador, los mismos actores que están participando de la ocupación desde hace décadas y lucrándose con ella han participado del genocidio. “Señalamos a empresas de armas, de seguridad o de tecnología que, por ejemplo, habilitan e instalan todos los mecanismos de vigilancia de los asentamientos ocupados, pero también las empresas que están construyendo el muro y los asentamientos, edificaciones en las colonias, transportes…. Estas empresas figuran en la lista de Naciones Unidas y han estado participando en la demolición de casas”.
La lista a la que alude el investigador es el Informe Albanese, elaborado por la relatora de la ONU para los territorios palestinos ocupados. En ella se establece que BlackRock se encuentra entre las al menos 400 empresas de 36 países que invirtieron en bonos del Tesoro internacionales y nacionales que permitieron a Israel contener la prima de interés y han desempeñado “un papel fundamental en la financiación de la ofensiva”. Entidades que proporcionan los mecanismos financieros –bonos, acciones, préstamos, créditos– imprescindibles para que la producción y comercialización de las armas usadas en Gaza se produzcan.
Ayuda a Palantir
El informe subraya que BlackRock es el segundo mayor inversor institucional en Palantir, la empresa de Peter Thiel que almacena millones de datos personales para gobiernos y agencias de seguridad que permiten seleccionar objetivos militares mediante perfilamiento. Tanto el Ejército israelí como el ICE en sus redadas racistas o las fuerzas de EEUU en la guerra de Irán se han servido de esta tecnología en sus sucesivas violaciones de derechos humanos. El informe de Albanese concluye que “las empresas armamentísticas han obtenido beneficios casi récord al suministrar a Israel armamento de última generación que ha devastado a una población civil prácticamente indefensa. La complicidad es solo la punta del iceberg, no será posible ponerle fin sin exigir responsabilidades al sector privado, incluidos sus ejecutivos”.
La Red Solidaria contra la Ocupación de Palestina (Rescop) hace referencia a este complejísimo entramado de inversores interconectados “a través de una intrincada red de tuberías financieras que trasladan los beneficios, el dinero, de un lado a otro, el que acaba financiando el proyecto sionista”. Mientras la vida en Gaza está siendo arrasada y Cisjordania sufre ataques cada vez más intensos, muchas entidades corporativas influyentes siguen estando inextricablemente vinculadas financieramente al apartheid y al militarismo israelíes.
La economía de guerra, y los múltiples contextos de crisis a escala planetaria, han propiciado un escenario ideal para estos macro fondos. BlackRock ha entendido que la carrera armamentística y las políticas europeas de rearme que fomentan la escalada bélica son la gallina de los huevos de oro. Carbonell incide en este sentido en que “si hay perspectivas de que vaya a haber un conflicto armado y más si se prevé que puede ser de larga duración, compañías como BlackRock van a vender aún más armamento en un periodo corto de tiempo, si están invirtiendo mucho dinero en ese sector es porque estamos en un contexto de carrera armamentista, de giro militarista a nivel mundial. El belicismo exacerbado y las carreras de armamentos han hecho ganar mucho dinero al complejo financiero”.
Cuando la Unión Europea anunció el plan Rearm Europe, que va a destinar en pocos años 800.000 millones de euros a la industria de defensa, BlackRock y otros fondos se frotaron las manos. El mencionado informe del Centro Delàs puntualiza, además, que en los tres años pasados desde la invasión rusa de Ucrania hay empresas de armas que han duplicado o incluso multiplicado por 6 la cotización de sus acciones, y que las perspectivas de ganancias futuras son más que evidentes. “No en vano, el sector militar y de defensa es considerado en algunos casos como el segundo sector de mayor proyección, solo detrás de la Inteligencia Artificial”, alegan.
Un agente moldeador de las políticas de vivienda
Lo mismo ocurre en la crisis internacional del mercado residencial, donde la vivienda se ha convertido en el principal activo financiero pero también en un creciente marcador de clase. En La nueva clase dominante (Arpa, 2020), el sociólogo Rubén Juste hace hincapié en cómo, en el siglo XXI, “el poder ha mutado y tiene como insignia la alianza política y económica entre grandes inversores como Larry Fink, John Bogle o Warren Buffet, fundadores de BlackRock, Vanguard y Berkshire Hathaway, y tecnólogos como Serguéi Brin y Larry Page, Jeff Bezos o Mark Zuckerberg, a su vez creadores de una nueva generación de gigantes tecnológicos”. La investigación pone el foco en el papel de BlackRock en la gestión de la crisis de la vivienda, entre otros actores clave.
En conversación con CTXT, el profesor de Sociología en la Universidad de Castilla-La Mancha explica que no puede entenderse la influencia actual de BlackRock sin atender previamente al papel que jugó en la crisis inmobiliaria. “En 2008, durante el gobierno de Obama, en BlackRock quedaron encargados de la gestión de la crisis quedándose con todas las hipotecas vistas como activos tóxicos”, cuenta. En España ocurrió algo similar, de manera que BlackRock tuvo acceso desde ese año a todos los datos pormenorizados de clientes de todas las entidades financieras y a los activos, convirtiéndose en el principal accionista institucional de los grandes bancos en nuestro país, y hoy por hoy controla hipotecas, préstamos e influye en qué se construye y qué no, incluso se están haciendo con todos los pisos de protección oficial de Blackstone. Para David Tercero, profesor de la Universidad Pontificia Comillas (ICADE), BlackRock ejerce una “potente influencia mediante interlocución regulatoria, participación en consultas públicas y actividad de representación de intereses”.
Su actividad especulativa en un mercado cada día más tensionado por la demanda vertiginosa y la falta de intervención estatal sobre los precios se ha visto fortalecida por la regulación estatal en esta materia. Como subraya Tercero, desde hace años ha existido un marco general facilitador de la inversión inmobiliaria profesionalizada, como ocurre con la ley de las Socimi aprobada en 2009, un vehículo cotizado especializado en inversión inmobiliaria. Además, la ley de arrendamientos urbanos (conocida como LAU), que impide topar precios, ofrece rentabilidades muy elevadas a los caseros. Más todavía en una situación donde los precios de la vivienda están rozando su máximo histórico. En 2023, el presidente Pedro Sánchez se reunió con Fink por primera vez, y en 2025 volvió a hacerlo en Nueva York para tratar de atraer al fondo a España como paraíso para inversores, donde además las socimis están exentas de impuestos.
A juicio de Alberto Crespo, investigador del Grupo de Estudios Críticos Urbanos de la UNED, “en un momento de crisis a lo que más rentabilidad le vas a poder sacar siempre es a activos que van a seguir usándose”. Ocurre igual con el sector de infraestructuras, como las carreteras, donde BlackRock también tiene una incidencia clara. Los tentáculos abarcan también, por ejemplo, el sector petrolero. En mayo de 2025, BlackRock elevó su participación en Repsol al 7,4%, su nivel más alto desde que entró en la empresa.
El fondo posee ya más de 85,8 millones de acciones de esta compañía, y es su principal accionista. Todo esto quiere decir que, a través de inversiones millonarias en los sectores estratégicos y determinantes del mercado, explica Crespo, “ya no es sólo que BlackRock posea tu vivienda, sino que tu casero es el mismo que posee la infraestructura que te proporciona la energía y a su vez es el mismo que organiza eventos en la ciudad o es el dueño de las carreteras. De repente, el 70% de su vida está en manos de unos pocos gestores de activos”.
Actividad opaca y entramados imposibles de rastrear
El problema llega a la hora de intentar monitorizar la totalidad de viviendas o propiedades concretas que tiene bajo su control, ya que opera a través de opacos entramados financieros, empresas pantalla e intermediarias que hacen imposible seguir el rastro real, al igual que sucede con otros fondos de inversión inmobiliarios. “Muchas veces, cuando empiezas a ver como una inversión de un gestor en concreto en un territorio, lo que ves es que hay un montón de sociedades pantallas diferentes con las que colaboran”, comenta Alberto Crespo. “Cuando es un fondo de capital internacional o extranjero, lo que suelen hacer es aliarse con una promotora española y, si se hace de una manera cerrada e invisible, es muy difícil rastrearlo, porque pueden crear otras sociedades para comprar viviendas”. Además, las inversiones se realizan con una periodicidad corta, con el objeto de rentabilizar cuanto antes ese dinero.
La opacidad con la que actúan impide a menudo a los propios investigadores contabilizar sus propiedades: “Yo por el momento no he podido saber cuándo han entrado a comprar en vivienda, en qué barrio lo han hecho, etcétera, porque quieren ocultarse deliberadamente”, dice Crespo. Coincide con él Jaime Palomera, doctor en Antropología Económica por la Universitat de Barcelona, cofundador del Instituto de Investigación Urbana (IDRA) y autor de ‘El secuestro de la vivienda’ (Península, 2025).
Palomera advierte de que “no existe un mapa claro de viviendas como sí puede haber con otros fondos tipo Blackstone o Cerberus. Su presencia es más difusa porque está como accionista en bancos, inmobiliarias y empresas que sí poseen o financian viviendas. Esto hace que su intromisión en el mercado sea clave, pero mucho más difícil de trazar empíricamente por número de viviendas concretas”. Su impacto se da a nivel sistémico y estructural: “Influye en qué proyectos se financian y, por tanto, en qué tipo de vivienda se construye (más orientada a segmentos rentables, beneficios tipo 15%, que a vivienda asequible) y tiene poder a la hora de determinar regulaciones en vivienda”, cuenta Palomera.
El llamado 'rey del mundo' amasa hoy una fortuna todavía mayor que las cifras desorbitadas de 2024: según Forbes , BlackRock cerró el ejercicio 2025 con una cifra récord de activos bajo gestión de 14,04 billones de dólares (12,05 billones de euros), lo que supone un crecimiento del 21,6% respecto a 2024. Su imperio no deja de crecer mientras los líderes internacionales tienen cada vez menos real de decisión frente a estos grupos de presión invisibles.
Fuente: Contexto y Acción
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