Nos prometieron desarrollo y nos dejaron veneno: Renacer acusa a los tratados de libre comercio

Idioma Español
País México

A más de 30 años del TLCAN, comunidades de todo México denuncian un saldo de contaminación, enfermedades crónicas, despojo territorial y muerte. La Red Nacional de Comunidades Envenenadas en Resistencia (Renacer) exige justicia ambiental, atención sanitaria y el fin de un modelo que convirtió regiones enteras en zonas de sacrificio.

Desde 1994, cuando entró en vigor el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, el discurso oficial habló de progreso, modernización y salida de la pobreza. En los territorios, sin embargo, lo que llegó fueron industrias altamente contaminantes, parques industriales sin regulación, corredores extractivos, agroindustria tóxica y una acumulación silenciosa de enfermedades que hoy se traducen en muerte. Eso es lo que denuncia la Red Nacional de Comunidades Envenenadas en Resistencia (Renacer).

Para quienes habitan estos territorios, el libre comercio no fue una política económica sino un parteaguas en la vida cotidiana. Tres décadas después, las consecuencias se miden en cánceres infantiles, insuficiencia renal, leucemia, abortos, malformaciones congénitas, enfermedades respiratorias y neurológicas. Renacer habla de cuerpos atravesados por tóxicos, de infancias condenadas antes de crecer, de comunidades que aprendieron a nombrar la enfermedad como paisaje.

La red documenta la existencia de cientos de Sitios de Emergencia Sanitaria y Ambiental (SESA) y al menos 60 Regiones de Emergencia Sanitaria y Ambiental (RESA), “infiernos ambientales” donde confluyen industrias petroquímicas, mineras, manufactureras, agroindustriales y energéticas sin control efectivo del Estado. En estos lugares, la contaminación del aire, agua y suelo no es un accidente, es estructural.

El modelo se sostuvo, denuncian, gracias a la desregulación deliberada. Para atraer inversión extranjera, los gobiernos neoliberales torcieron leyes ambientales, fragmentaron instituciones de vigilancia y redujeron la capacidad del Estado para inspeccionar, sancionar y proteger. A cambio, ofrecieron agua, concesiones mineras, energía barata y mano de obra precarizada. El resultado fue el despojo del territorio y la normalización del envenenamiento.

Renacer señala que el crecimiento urbano desordenado, la especulación inmobiliaria y la concentración industrial dispararon el consumo de agua, energía y combustibles fósiles, al tiempo que multiplicaron la generación de residuos tóxicos y aguas negras. Las plantas de tratamiento, lejos de resolver el problema, se convirtieron en nuevos nichos de negocio que no atienden la carga real de contaminantes.

En el campo, el panorama no es distinto. La tala de bosques y selvas, el acaparamiento de agua y la imposición de monocultivos transgénicos trajeron fumigaciones aéreas con plaguicidas altamente peligrosos, contaminación de alimentos y destrucción de la agricultura campesina. A esto se suman las mega granjas, los desechos veterinarios, los lodos tóxicos, la quema e incineración de residuos y los derrames constantes en carreteras, ríos y mares.

Crisis de salud pública

Renacer advierte que no se trata solo de daño ambiental, sino de una crisis de salud pública que el Estado se niega a reconocer. Durante el sexenio de Andrés Manuel López Obrador, recuerdan, los Pronaces del entonces Conahcyt generaron evidencia científica contundente sobre la correlación entre contaminación y enfermedades crónico-degenerativas. Aun así, las instituciones siguen mirando hacia otro lado, pese a que la prevención resulta mucho menos costosa que atender un sistema de salud colapsado.

Frente a este escenario, las comunidades organizadas exigen ser escuchadas. Reclaman participación real en la toma de decisiones, el cumplimiento del Acuerdo de Escazú, la atención inmediata a los daños sanitarios y ambientales antes de instalar nuevos parques industriales, y una revisión profunda de las normas de agua, aire y suelo. También demandan que se midan y regulen los tóxicos industriales que hoy ni siquiera entran en los indicadores oficiales.

Renacer no se opone al desarrollo ni al empleo, subraya. Lo que cuestiona es un modelo que sacrifica territorios completos y convierte la enfermedad en costo colateral. Sin un plan nacional de justicia ambiental y sanitaria, advierten, México se encamina a un colapso socioambiental técnicamente irreversible.

Hoy la red agrupa comunidades de 18 estados, organizadas en cinco regiones del país. Todas comparten la certeza de que no fue el progreso lo que llegó con los tratados de libre comercio, sino el veneno. Y ya no están dispuestas a callar.

Fuente: Bilaterals

Temas: Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades, TLC y Tratados de inversión

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