Pueblo indígena Sarayaku denuncia en Costa Rica que tras 14 años Ecuador no ha cumplido fallo de la CorteIDH
Un total de 25.000 hectáreas del territorio del pueblo Sarayaku se mantienen “sembradas” con el explosivo pentolita, que dejó compañía petrolera argentina.
Representantes del pueblo indígena Sarayaku, de Ecuador, denunciaron que en 14 años el Estado ecuatoriano no ha cumplido con las medidas ordenadas en un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CorteIDH), entre ellas retirar los explosivos que dejó una compañía petrolera argentina, en 25.000 hectáreas de bosque amazónico en su territorio.
La delegación de este pueblo originario estuvo el jueves en San José para atender una audiencia de supervisión del cumplimiento del fallo de la CorteIDH, después de una sentencia histórica que generó jurisprudencia para el pueblo indígena Sarayaku y otros pueblos indígenas.
En 1992, Ecuador concedió 135.000 hectáreas de tierra al pueblo originario Kichwa de Sarayaku; pero en 1996 estas tierras se incluyeron en 200.000 hectáreas que el Estado concedió a la compañía petrolera argentina CGC para la exploración y explotación de petróleo en la zona, sin que se hubiese consultado previamente con el pueblo indígena y sin su consentimiento, según ha documentado el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil), que ha acompañado el caso.
A pesar de presentar múltiples denuncias ante las autoridades del país, en el 2002 la empresa petrolera entró por la fuerza al territorio, custodiados por el ejército y fuerzas de seguridad privadas, y abrió caminos, introdujo explosivos y deforestó terrenos, destruyendo árboles y plantas de valor sagrado y cultural para la comunidad, afirmó Cejil.
El 19 de diciembre de 2003, la Asociación del Pueblo Kichwa de Sarayaku y el Cejil presentaron el caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y en 2004, la Comisión sometió a consideración de la Corte una solicitud de medidas provisionales para proteger la vida e integridad de los miembros del pueblo Sarayaku mediante una serie de acciones que el Estado debía implementar. “Finalmente, tras nuevas denuncias ante las autoridades locales y la Defensoría del Pueblo de la provincia Pastaza, donde la comunidad Sarayaku vive, se suspendieron las actividades de explotación”, destacó Cejil.
Tras agotarse el trámite ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, el caso se presentó ante la Corte IDH en 2010. En 2012, la Corte IDH (con sede en Costa Rica) emitió una sentencia histórica condenando a Ecuador por violar los derechos del pueblo Kichwa de Sarayaku. No obstante, en noviembre de 2019, representantes del pueblo Sarayaku presentaron una acción por el incumplimiento de la sentencia de Corte IDH ante la Corte Constitucional.
Andrea Cuji , Patricia Gualinga, Daniel Santi, Mario melo y Virginia Krsticevic el 18 de junio en Cejil. (Foto: Fabiola Pomareda García)
Incumplimiento de tres medidas
En la audiencia ante la CorteIDH, la delegación y el quipo legal expusieron el incumplimiento de tres medidas que habría tenido el Estado ecuatoriano, detalló la directora de Cejil, Virginia Krsticevic, en una rueda de prensa realizada ayer en la organización.
Una es la obligación de legislar a favor de los pueblos indígenas, con una ley de consulta previa e informada que sea adecuada, a la altura de los estándares constitucionales e internacionales en derechos humanos. La segunda es consultar cualquier tipo de gestión o proyecto que se quiera hacer que pudiera afectar el territorio o los derechos de este pueblo originario. Y la tercera es la obligación de retirar el explosivo pentolita, indicó Krsticevic, quien resaltó que en las tres ha habido desacato.
Por otra parte, el abogado del pueblo de Sarayaku Mario Melo, expuso que desde el 2005 la Corte ordenó al Estado de Ecuador retirar la pentolita del territorio y que en el 2006 ratificó esa sentencia. “Al día de hoy el avance en el cumplimiento de esas medidas son equivalentes a cero”.
Melo enfatizó que se ha incumplido la medida que ordena que se consulte a Sarayaku sobre cualquier decisión. “Su territorio, en 2016 fue entregado, asignado a una empresa estatal petrolera, si bien estas actividades no se han desarrollado, el territorio fue asignado sin realizar consulta previa, a pesar de que la sentencia de la Corte fue dictada en el 2012”, denunció.
En la audiencia también se presentó una propuesta para que el Estado ecuatoriano reconozca al territorio de Sarayaku como «Kawsak Sacha« (Selva Viviente) consciente y sujeto de derecho. Se reafirma que si se logra este reconocimiento a través de un cuerpo jurídico, se crearía un precedente mucho más allá en el marco del respeto a los derechos de la naturaleza y los derechos de los pueblos indígenas, explicó Cejil.
El regreso de los seres protectores
Para Daniel Santi, presidente del consejo de gobierno del pueblo Sarayaku, el Estado no ha tenido la voluntad política de cumplir y de ejercer la responsabilidad que tuvo en la violación a los derechos territoriales y a la consulta previa e informada, por lo que la población continúa viviendo “en zozobra”.
A consecuencia de las acciones de la petrolera en la zona, que duraron un año, 1.400 kilos del explosivo pentolita permanecen actualmente por debajo del territorio de Sarayaku, volviendo inutilizable gran parte del terreno, informó Cejil.
“Para nosotros, las pentolitas que están sembradas dentro del territorio de Sarayaku, todos estos cables que están enterrados a 20 metros de profundidad, primero ha causado un impacto espiritual en los seres protectores; en esta zona ya no están estos seres que manejan el equilibrio de la flora, de la fauna”, dijo Santi.
Santi explicó que el pueblo va a iniciar un proceso de regeneración en el territorio, en conjunto con los sabios (mayores). Según detalló a UNIVERSIDAD, en el territorio de 25.000 hectáreas, la petrolera dejó 400 pozos sembrados con los explosivos y según han explicado los técnicos, los cables ya no se pueden retirar porque se corre el riesgo de que se detonen los explosivos e incluso podrían activarse con el calor.
Si bien al inicio la zona fue deforestada, ahora el bosque se ha ido regenerando naturalmente. Sin embargo, los seres protectores ya no están, afirmó Santi. “Los seres protectores, por la explosión que al inicio hubo, se han muerto, otros se han ido. Estamos hablando desde la concepción espiritual, porque para nosotros, una laguna tiene un ser protector, una montaña tiene su ser protector, un bosque tiene su ser protector y estos seres protectores son igual que nosotros, seres vivos”, expresó.
“Para la recuperación de estos seres protectores, nosotros vamos a hacer este trabajo con los sabios, en toma de ayahuasca, para que regresen los seres protectores. Pero esto es un trabajo duro, no para mañana, sino vamos a hacer una restauración fuerte espiritual. Poco a poco se va a restaurar, regenerando este espacio, y se volverá a su hábitat natural”, explicó Santi.
Una selva viviente
De acuerdo con Patricia Gualinga, lideresa de Sarayaku y miembro del Foro Permanente de Naciones Unidas para Cuestiones Indígenas, “esta herida está abierta desde hace 25 años”.
Según Gualinga, en Sarayaku viven actualmente alrededor de 1.600 personas. Sin embargo, este espacio de 25.000 hectáreas tendrá que ser demarcado como “un territorio de gravísimo riesgo”. “Eso significa que no va a haber usufructo, no va a haber entrada, es una especie de renuncia dolorosa, la regeneración de ese espacio va a llevar siglos. Es una cuestión muy grave que ni siquiera el tema económico puede resarcir”, señaló Gualinga.
La lideresa se refirió a este bosque amazónico como “una selva viviente”. “Son bosques primarios donde si uno puede estar, se siente la presencia, no sólo de la naturaleza, sino dentro de nuestra cosmovisión, de seres protectores de la naturaleza, que regeneran los sistemas. Y donde hay la presencia de estos seres, hay abundancia, abundancia de flora, de fauna, de aves, de todo. El problema de este espacio territorial es que estos seres protectores desaparecieron. Pueden haber muerto, pueden haber huido, pueden haber retirado. Y sigue habiendo esos explosivos como veneno ahí que no permiten que haya una interrelación normal. Y eso va a demorar siglos en regenerar”, explicó.
Fuente: Semanario Universidad
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