“Un Estado depredador”: la violencia sexual como arma del genocidio

Prisioneros palestinos detenidos en la prisión israelí de Ofer, cerca de Jerusalén, en la Cisjordania ocupada, el 28 de agosto de 2024. / Chaim Goldberg/Flash90

Un exhaustivo informe concluye que las violaciones y agresiones sexuales son clave en la estrategia de Israel para destruir Palestina. El abuso, que sufren personas de todas las edades, es fruto de protocolos específicos

Israel está intentando aniquilar al pueblo palestino. Desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023, la ofensiva es de una brutalidad sin parangón, y las tácticas del genocidio abarcan desde los bombardeos a discreción hasta la hambruna provocada, pasando por el borrado cultural, la desinformación, etc., siempre con la crueldad como bandera. Palestinian Feminist Collective y Progressive International han querido desvelar una de las armas más perversas del Estado de Israel: la violencia sexual y de género.

Para ello se ha llevado a cabo una investigación, realizada entre diciembre de 2025 y abril de 2026, que ha recopilado información procedente de archivos israelíes desclasificados, testimonios de primera mano, reportes de organizaciones humanitarias y otras fuentes. El resultado es el informe A Predatory State (‘Un Estado depredador’), que evidencia la utilización de la violencia sexual como una herramienta sistémica del sionismo colonialista, organizada desde las instituciones del Estado de Israel e integrada en el marco de la violencia de género que forma parte estructural de la ocupación de Palestina. CTXT ha decidido reproducir las conclusiones de dicho informe por su enorme relevancia dentro de nuestra amplia cobertura del genocidio.

Cuando Israel utiliza acusaciones falsificadas de violencia sexual supuestamente perpetrada por palestinos para establecer una justificación moral del genocidio, está invirtiendo las realidades del poder, situando a los colonos israelíes como víctimas y a los palestinos como agresores. Y aunque esta distorsión de la realidad es una forma de violencia epistémica, aún peor es la forma en que genera consentimiento para el exterminio masivo a través del genocidio. Aunque actualmente la atención se centra en las acusaciones –ya ampliamente desmentidas– de que Hamás agredió sexualmente de forma sistemática a mujeres colonas el 7 de octubre, es importante analizar por qué dichas acusaciones se difundieron tan ampliamente y se mantuvieron incluso a pesar de que se admitió que eran inventadas.

Comprender que los regímenes coloniales e imperiales retratan a los hombres autóctonos y de razas colonizadas como hiperviolentos, culturalmente atrasados y políticamente antitéticos a la modernidad y al progreso es fundamental para poner al descubierto las formas en que Israel ha utilizado como arma las acusaciones de violencia sexual para justificar el genocidio en Gaza y las nuevas guerras en toda la región. Estos estereotipos de género sitúan a la cultura colonial, blanca u occidental –tanto a las mujeres como a los hombres– como la contraparte progresista y moralmente superior, dando luz verde a cualquier acción emprendida por el grupo dominante como algo alineado con el progreso y la modernidad en aras del bien común.

Sin embargo, más allá de esta “otredad”, estas representaciones sirven para activar y justificar la violencia colonial. Como hemos visto con las invasiones estadounidenses de Irak y Afganistán, y su llamada “guerra contra el terrorismo” sin fin, las construcciones racistas de los hombres árabes y musulmanes como terroristas y salvajes incivilizados se fabrican intencionadamente para legitimar la guerra imperialista. Estas evocaciones raciales y coloniales son fundamentales para comprender las acusaciones contemporáneas de violencia sexual dirigidas contra los hombres palestinos a raíz del 7 de octubre de 2023.

Los israelíes han aprovechado los estereotipos orientalistas, raciales y de género

A través de múltiples vías de difusión de la información, los israelíes han aprovechado los estereotipos orientalistas, raciales y de género que el público occidental mantiene desde hace tiempo. Aún el 8 de julio de 2025, fuentes informativas como la BBC seguían perpetuando esta narrativa de la “violencia sexual generalizada de Hamás”, a pesar no solo de la falta de pruebas que respalden las afirmaciones, sino también de las pruebas contundentes que reflejan que la narrativa fue orquestada por las más altas esferas del Estado israelí para justificar y encubrir el genocidio en Gaza.

Si bien las acusaciones, como las que surgieron tras el 7 de octubre, siguen una larga historia de demonización racial de los hombres palestinos, árabes y musulmanes, también cumplieron otra función. Se utilizaron de manera instrumental para ocultar y poner en duda los informes muy reales de violencia sexual denunciada por detenidos y presos palestinos.

La violencia sexual y de género ha sido históricamente una característica intrínseca del proyecto sionista, y sigue impulsando la guerra contra los cuerpos, la intimidad, la vida familiar y los espacios palestinos. Desde el 7 de octubre de 2023, se ha producido un aumento drástico de las denuncias de violencia sexual contra hombres, mujeres y niños palestinos cometida por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI). Los palestinos han denunciado amenazas de violación, registros al desnudo y desnudez forzada, agresiones verbales de carácter sexual y burlas, tocamientos y manoseos no consentidos, fotografías y grabaciones mientras se encontraban parcial o totalmente desnudos o durante las agresiones, aplicación de presión física en partes íntimas del cuerpo y otras interacciones físicas de carácter sexual no consentidas que resultan sexualmente humillantes. También hay decenas de denuncias de soldados israelíes y guardias de prisiones que torturan sexualmente a detenidos y presos palestinos, lo que incluye, entre otros, mutilaciones sexuales, reproductivas y genitales; la inserción de objetos afilados y, en ocasiones, al rojo vivo en el ano; violaciones, simulacros de violación y violaciones perpetradas por perros adiestrados.

Como se ha señalado anteriormente, el informe de septiembre de 2024 del Instituto Lemkin señala las múltiples formas en que los líderes israelíes y los soldados de las Fuerzas de Defensa de Israel sistematizan la violencia sexual contra los palestinos, lo que es indicativo de una intención genocida. Además de esto, señalan que el deseo de impedir que los palestinos se reproduzcan “biológica y culturalmente” se convierte en un indicio de la extensa violencia de género de Israel dirigida contra la vida, la socialidad y los mártires palestinos, al atacar la continuidad generacional, los hogares, la salud reproductiva y la unidad familiar de los palestinos. Al analizar la violencia de género israelí contra hombres, mujeres y niños palestinos identificamos cómo la lógica de la violencia de género y sexual de Israel contra los palestinos es intrínseca a su estructura estatal. Los ataques contra los palestinos como pueblo pretenden causar daños físicos y mentales masivos, con el fin último de despojarlos de su tierra, lo que respalda o refuerza la estructura estatal colonial. Las conclusiones de este informe confirman, más allá de toda duda, que la violencia de género y sexual forma parte constitutiva del proyecto más amplio de dominación colonial y genocidio de Israel, y es empleada de forma sistemática por este. Estas conclusiones se basan en los siguientes patrones institucionales clave:

1. La magnitud y la coherencia de las pruebas –casos que documentan actos distintivos y graves llevados a cabo siguiendo un patrón constante– descartan cualquier afirmación de que los abusos constituyan incidentes aislados. Las pruebas y los detalles de la violencia de género y sexual que se exponen en este informe ilustran la deshumanización institucionalizada orquestada para infligir daño y castigo colectivos a la población palestina, así como un intento de frustrar la resistencia frente a una situación de subyugación colectiva. El alcance y la magnitud de la brutalidad sexual abarcan todas las edades, géneros y lugares, y están relacionados con las fuerzas israelíes de diversos puestos y unidades. Las pruebas que hemos recopilado sugieren que todos los espacios en los que se gesta, se nutre, se confina y se entierra la vida palestina son objeto sistemático de violencia sexual israelí.

Los métodos de violencia sexual constituyen un patrón derivado de una política coordinada

2. Los métodos de violencia sexual constituyen un patrón derivado de una política coordinada, y no de actos delictivos aleatorios ni “aislados”. El informe destaca el abuso sexual sistemático llevado a cabo con tal coherencia que solo puede ser el resultado de protocolos específicos. Demuestra también la aplicación estandarizada de prácticas –desde la humillación sexual y el hecho de obligar a presenciar actos hasta el uso de la fuerza física–, así como la uniformidad de estas violencias en múltiples lugares, desde el ámbito íntimo hasta el carcelario. Si bien a lo largo de este informe se recogen numerosas prácticas de tortura sexual y violencia de género, llamamos la atención sobre el adiestramiento de perros para violar a palestinos como indicador esencial del uso metódico que hace Israel de la violencia sexual para dominar y destruir la vida palestina y la voluntad de resistencia. Sostenemos que la única forma en que un perro puede agredir y violar a un ser humano es si ha sido adiestrado para ello. Los métodos coordinados de violencia sexual, estandarizados de forma coherente en múltiples lugares, demuestran su aplicación en todos los niveles de la entidad israelí, desde sus sistemas de gobierno hasta sus estructuras socioculturales.

3. La violencia sexual sistemática y pautada que se describe en este informe, tal y como demuestran su contexto y sus repercusiones, revela que su propósito es infligir terror colectivo a la población palestina. La consideramos un indicio de la intención genocida de Israel de llevar a cabo una limpieza étnica mediante torturas, traumas y lesiones devastadoras. La absoluta depravación, combinada con la amplitud y el alcance, de la violencia sexual detallada en este informe revela una intención no solo de deshumanizar y aterrorizar a los palestinos, sino también de eliminarlos mediante la limpieza étnica y el asesinato en masa. No se puede pasar por alto ni subestimar el hecho de que tantos de los testimonios que presentamos contengan informes sobre declaraciones explícitas de las fuerzas israelíes en las que expresan su intención de matar. Los testimonios que hemos esbozado documentan la puesta en práctica de las declaraciones explícitas de los funcionarios israelíes de llevar a cabo una limpieza étnica contra el pueblo palestino. Varios de los casos que presentamos aquí no sobrevivieron a la tortura sexual sistemática, y eso es a propósito. Quienes han logrado vivir para dar su testimonio ofrecen una visión de los devastadores efectos de la violencia de género y sexual sobre ellos mismos como víctimas, sus familias y sus comunidades. Lo mínimo que se les debe es que las personas con conciencia de todo el mundo escuchen y actúen.

4. La intensificación de la violencia sexual contra presos y detenidos tras el nombramiento de Ben Gvir como ministro de Seguridad Nacional en 2022, y el aumento de las denuncias tras el inicio de la fase final del genocidio en Gaza en 2023, indican más allá de toda duda razonable que la violencia sexual forma parte de un arsenal más amplio de estrategias utilizadas para destruir al pueblo palestino y debe considerarse un elemento central del delito de genocidio.

Dado que estas violaciones constituyen infracciones graves del Derecho Penal Internacional (el Estatuto de Roma, incluidos los crímenes contra la humanidad, los crímenes de guerra y el crimen de genocidio); del Derecho Internacional Humanitario (los Convenios de Ginebra III y IV y sus Protocolos Adicionales); y del Derecho Internacional de los Derechos Humanos (la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura), y teniendo en cuenta las obligaciones imperativas de Israel en virtud del Derecho Internacional, la impunidad no es una opción.

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Este artículo es un extracto del informe A Predatory State. Israeli systemic sexualized and gendered violence against palestinians, publicado por Palestinian Feminist Collective y Progressive International.

El texto ha sido traducido con DeepL y editado por la redacción de CTXT.

Fuente: ctxt

Temas: Criminalización de la protesta social / Derechos humanos, Geopolítica y militarismo

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