Victoria contra el acaparamiento internacional de tierras en Argentina reaviva lucha histórica en América Latina
Movimientos populares frenan proyecto de ley que ampliaría la venta de tierras a extranjeros en Argentina, en medio de una ola de conflictos territoriales que atraviesa el continente — de Argentina a Honduras.
"Cuando llegó la compañía bananera, sin embargo, los funcionarios locales fueron sustituidos por forasteros autoritarios (…). Los antiguos policías fueron reemplazados por sicarios de machetes (…), alcaldes sin iniciativa, jueces decorativos (…) abogados vestidos de negro que en otra época siguieron por todas partes al coronel Aureliano Buendía, y esto hizo pensar a la gente que los agrónomos, hidrólogos, topógrafos y agrimensores (…) tenían algo que ver con la guerra."
Dotados de recursos que en otra época estuvieran reservados a la Divina Providencia, modificaron el régimen de lluvias, apresuraron el ciclo de las cosechas, y quitaron el río de dónde estuvo siempre, y lo pusieron con sus piedras blancas y sus corrientes heladas en el otro extremo de la población (…) cercado por una malla metálica, como un gigantesco gallinero electrificado"
—"Miren la vaina que nos hemos buscado – solía decir entonces el coronel Aureliano Buendía – no más por invitar a un gringo a comer guineo".
Fragmentos de "Cien años de soledad", de Gabriel García Márquez, que volvió al debate público tras la adaptación de Netflix, y que retrata, a partir de un rincón de América Latina – Macondo - experiencias de todos los lugares, especialmente del Sur Global. El episodio corresponde a uno de los capítulos más conocidos de la obra, inspirado en la Masacre de las Bananeras de 1928, en Colombia, cuando el Ejército, por orden del gobierno de Miguel Abadía Méndez —aliado a los intereses de la empresa estadounidense United Fruit Company—, reprimió violentamente una huelga general de trabajadoras y trabajadores rurales, provocando el asesinato de miles de personas.
El paralelo histórico gana una nueva capa ante el actual contexto geopolítico, marcado por el resurgimiento de la doctrina Monroe, ahora llamada Donroe, y los renovados intentos de cercamientos sobre América Latina, así como por la resistencia de sus pueblos.
"La patria no se vende"
Miles de personas ocuparon las calles de Buenos Aires el 6 de agosto de 2026 bajo el lema "La patria no se vende", en protesta contra el proyecto de " Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada", propuesto por el gobierno de extrema derecha de Javier Milei. La propuesta pretendia ampliar la concentración y la extranjerización de tierras —y, por consiguiente, del agua, los glaciares, los minerales y los bosques del país.
Pese a la represión policial, la movilización dio como resultado que el Senado cediera y retirara del texto la flexibilización de los límites a la venta de tierras a extranjeros, además de la autorización para la venta inmediata de áreas afectadas por incendios.
La victoria, sin embargo, es parcial. La versión aprobada del proyecto mantiene disposiciones que aceleran los desalojos y expropiaciones de gente campesina que cultiva en tierras arrendadas —situación que afecta entre el 60% y el 70% de la agricultura familiar en la zona núcleo de Argentina. El texto también dificulta la expropiación con fines de reforma agraria, al obligar al Estado a indemnizar no solo por el valor de mercado de la tierra, sino también por las ganancias que el propietario dejaría de percibir en los cinco años siguientes.
No obstante, según Diego Montón, de la coordinación nacional del MNCI Somos Tierra, el gobierno duda en volver a presentar el proyecto ante la Cámara de Diputados en un momento de efervescencia social y ante las elecciones del próximo año. Encuestas recientes indican un rechazo del 75% de la sociedad argentina a la propuesta.
"La actual ley de manejo del fuego perjudica a los propietarios nacionales porque impide la venta de glaciares incendiados por 30 años y de bosques por 60 años. Y también porque no hay un interés de ese grupo en defender el componente 'nacional', ya que, desde fines del siglo XIX, cuando gran parte de las tierras públicas ya habían sido apropiadas por ellos, comienza su asociación con el capital internacional", afirma Montón.
Escala de la extranjerización
Se estima que cerca de 13 millones de hectáreas —área equivalente a Inglaterra— ya pertenecen a capitales extranjeros, siendo el High Luck Group (China), el Grupo Benetton (Italia), el Grupo Walbrook (Reino Unido), además de la argentina Cresud S.A., las firmas que mayor cantidad de tierra poseen. De acuerdo con el Observatorio de Tierras, en 36 municipios se supera el límite legal del 15% de tierras controladas por extranjeros, y en cuatro de ellos la extranjerización pasa del 50%, con importantes reservas de agua dulce o minerales.
La reciente adquisición mayoritaria de Adecoagro —una de las mayores productoras de granos de América Latina, que controla más de 360 mil ha en Argentina ( Informe Anual, 2024)— por parte de la gigante de las criptomonedas Tether, demuestra un movimiento más amplio: la presión de las finanzas digitales sobre activos físicos, como tierras y commodities.
La escala de las resistencias
La reacción al proyecto, según Montón, "comenzó pequeña, pero se apoyó en formas organizativas multisectoriales y metodologías construidas a lo largo de movilizaciones anteriores. El resultado fue cientos de asambleas en las capitales provinciales, reuniendo a movimientos populares del campo, sindicatos, grupos ambientalistas, sectores de la Iglesia y de la cultura —hasta desembocar en el acto del 6 de agosto en Buenos Aires".
Argentina hoy encarna la Macondo de García Márquez, una lucha que está presente en todos los lugares de América Latina, como una tecnología social de los pueblos, de movilización y lucha por la protección de los territorios y de los bienes comunes que manejan desde hace siglos.
En Honduras, las comunidades garífunas han reactivado sus luchas de siglos en defensa de sus tierras comunitarias en contra de la “ Ley Agroindustrial”. La ley —aprobada en junio de 2026— declara que las tierras destinadas a actividades agroindustriales están exentas de la reforma agraria y autoriza al Ministerio Público y a la Policía Nacional a tomar medidas rápidas para desalojar a las personas que ocupen dichas tierras. El 6 de junio, más de 200 policías desalojaron a la comunidad garífuna de San Juan, en Tela, y, siguiendo un patrón de persecución de las organizaciones sociales en América Latina, cinco líderes garífunas fueron detenidos bajo acusación de organización criminosa por reivindicar el derecho a su territorio colectivo, ya reconocido por el Estado y la Corte IDH, al aplicarse la nueva Ley Agroindustrial.
Como repetía la matriarca Úrsula, testigo de varias generaciones de los Buendía, el tiempo en Macondo —lugar que representa todos los lugares— no es lineal, sino circular, con el presente repitiendo el pasado, condenados, así, a los "cien años de soledad".
Pero, a medida que se repite la historia de los intentos de apropiación de la tierra y los bienes comunes en América Latina, ¡también se repite y avanza la historia de la organización y de la lucha de los pueblos!
Las comunidades garífunas, que en este momento se encuentran acampadas a las puertas de la Corte Suprema de Honduras, piden la solidaridad internacional para enviar un mensaje al presidente del Tribunal en defensa de sus territorios ancestrales. Para firmar, haz clic aquí: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSdGt2CP21WaGoAkIGWDSKLvdsZGtlW19i3G572E00JT08Eb-g/viewform
Fuente: GRAIN