La autonomía es una necesidad: Red en Defensa del Maíz
El momento culminante es el intercambio de semillas. Es una fiesta, la alegría de la compartidera, el origen y el horizonte de la vida en común. “¿Qué semilla trae? ¿De dónde viene? ¿Cómo hay que cuidarla?”, se preguntan al inicio del trueque. De semillas está hecha la ofrenda colocada al centro del encuentro que la Red en Defensa del Maíz sostiene en Cuatecomaco, municipio de Zontecomatlán, comunidad que se levanta literalmente de los escombros que dejaron las inundaciones de octubre del 2025, cuando el río lo devoró todo.
“Yo traigo semilla amarilla y negra, del sur de Jalisco, son nativas, de clima templado. Y acá tengo otra mazorca, ésta se me mezcló con todos los maíces que tengo, negro, blanco y rojo. Este otro es maíz plateado original de la comunidad. Es un maíz muy muy bueno para las tortillas. Rápido aquí voy a dejar las bolsas para que cada quien agarre lo que guste. Hay chiquitas y más chiquitas”. “Yo traje esos tomatitos, pueden agarrar para comer o para de ahí sacar sus semillas”. “Yo traigo jamaica, ahí está en aquél bote grande de mayonesa”. “Yo los chiles, es muy abundante en mi región. Pica mucho. Y muchas guías de camotes. También trajimos todo eso de nuestra parcela, un frasco con semilla de estropajo para el que guste llevar, maíz amarillo, maíz negro y frijol”. “Desde San Andrés Larráinzar, Chiapas, traje semilla amarilla que crece este entre 1800 a 2000 metros sobre el nivel del mar”. “De Oaxaca trajimos semillas de calabazas que son unos forrajes de abonos verdes, trajimos un maíz zapoteco de Valles, muy adaptativo a las sequías”. Papayas, quinoa, chayote, flores, velas y hasta libros cupieron en la ofrenda colocada en la cancha del pueblo.
“Es como que les diera un abrazo la misma tierra, donde ustedes viven, donde ustedes habitan, donde ustedes comen, donde ustedes se sientan y donde ustedes descansan. Para que también nuestros hijos puedan alimentarse de la santa semilla. Es así como nosotros, como pueblo nahua, los recibe con un cordial saludo y un abrazo fraterno que simboliza el cielo, la tierra, el aire, el firmamento que contiene a la Madre Tierra”, dice el rezandero que da la bienvenida a las voces provenientes de Jalisco, Oaxaca, Ciudad de México, Chiapas, Guanajuato, Chihuahua, Quintana Roo, Hidalgo, Estado de México y del propio Veracruz.
La Red en Defensa del Maíz nació hace 25 años, motivada por la preocupación ante la siembra de maíz transgénico en México. Los pueblos y demás integrantes se reunieron para entender qué eran estas semillas, cómo se producían y sus posibles impactos en las comunidades. La red concluyó que las empresas buscan principalmente el negocio, sin importar la alimentación o la diversidad. Muy pronto, este espacio horizontal amplió su enfoque, pues la defensa del maíz implica también la defensa de las personas y pueblos que siembran el maíz y la milpa. El maíz, es claro, no se cultiva solo.
En estas dos décadas y media, las colectividades unidas en la Red se reúnen cada año para reflexionar sobre sus maneras de sembrar, los ataques a sus territorios, las nuevas legislaciones que afectan sus cultivos y la vida campesina. Se habla, y mucho, de la autonomía y autodeterminación de los pueblos, de las resistencias, de las luchas jurídicas y por la vía de los hechos. Siembran, y no quieren dejar de hacerlo. Intercambian saberes y semillas, horizontes y desafíos y tejen hermandades.
La conversación es natural y en un espacio de confianza. Lo mismo se aborda la importancia del territorio para las comunidades indígenas y campesinas en México, los ataques a su autonomía, de la preocupación porque los jóvenes se alejen del campo; de la migración y del trabajo jornalero; del asedio de la expansión urbana; de la explotación de los bosques; de las trampas actuales para la introducción de cultivos transgénicos a pesar de la prohibición; del avance de la agroindustria; de la renta de tierras ejidales, de la amenaza de los bonos de carbono, del cambio climático y un etcétera que abarca la cotidianidad comunitaria. La defensa del maíz, la milpa, el territorio, la autonomía y la autodeterminación, es la lucha por la vida, refuerzan en cada encuentro.
La anfitriona del encuentro llevado a cabo los días 13,14 y 15 de marzo pasado, es la legendaria Radio Huayacocotla, emisora que acaba de cumplir 60 años de transmitir ininterrumpidamente en español, náhuatl, tepehua y otomí, a una audiencia de medio millón de personas diariamente y a migrantes en Estados Unidos. Ahí, en este rincón de la Huasteca veracruzana, se deshilvanan uno a uno los testimonios de la tierra, de los que presentamos aquí sólo algunas piezas:
Fuente: Desinformémonos