El fenómeno de El Niño es parte de la historia de la humanidad. El cambio climático lo convirtió en tragedia

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El aprendizaje es que el clima no es un fenómeno al azar, sino un componente clave de la Naturaleza que los pueblos observaron y se organizaron socialmente para seguir sus ritmos en beneficio de todas y todos. Históricamente, cuando los ritmos del clima fallaban, el hambre acechaba.

Hasta los inicios de los años 70 del siglo pasado, la Facultad de Agronomía de la Universidad de Chile tenía entre sus docentes a Don Carlos Muñoz Pizarro, ingeniero agrónomo, académico, botánico eminente, figura clave en el desarrollo de la botánica chilena. Don Carlos era conocido en la Facultad porque cada siete años suspendía sus clases durante el semestre de primavera-verano. ¿Por qué? Porque cada siete años se producía El Niño y Don Carlos partía al norte de Chile a observar y estudiar el desierto florido.

Esta anécdota nos muestra cuán confiable era el clima sólo 50 años atrás. Quizás Don Carlos no iba exactamente cada siete años al desierto florido, pero sí podía confiar en que la periodicidad de El Niño era muy cercana a ese lapso de tiempo.

En otras partes del mundo, esa misma periodicidad confiable era parte fundamental de las formas de organización social. El Niño descarga lluvias en la zona del Lago Victoria en África y con ello alimenta y provoca las inundaciones a lo largo del Río Nilo. Eran estas inundaciones las que cada siete años permitían fertilizar y cargar de agua los suelos del antiguo Egipto, asegurando buenas cosechas hasta la llegada del próximo Niño. El relato de la Biblia de siete años de vacas gordas y siete años de vacas flacas tiene relación con las inundaciones periódicas. Si El Niño se presentaba, había buenas cosechas o siete años de vacas gordas. Si fallaba o era muy débil, se enfrentaba siete años de malas cosechas y vacas flacas. En los años de vacas gordas, era necesario guardar para los años de vacas flacas.

La región Maya de mesoamérica también recibía abundantes lluvias cuando llegaba El Niño, y el pueblo Maya desarrolló una tradición muy similar a la de Egipto, organizándose socialmente para guardar en los años buenos.

Es decir, el Niño podía determinar si había buenas o malas cosechas. Su periodicidad confiable permitía que los pueblos en distintas partes del mundo se organizaran para aprovechar las buenas cosechas y disminuir los efectos de los años malos.

El aprendizaje es que el clima no es un fenómeno al azar, sino un componente clave de la Naturaleza que los pueblos observaron y se organizaron socialmente para seguir sus ritmos en beneficio de todas y todos. Históricamente, cuando los ritmos del clima fallaban, el hambre acechaba.

Actualmente, los ciclos climáticos han sido alterados y destruidos; es lo que llamamos cambio climático o crisis climática. Las causas del cambio climático están principalmente en el uso de combustibles fósiles (petróleo, bencina, gas, etc.), la deforestación y la degradación de los suelos, todo ello asociado principalmente a la industria, la minería, la agricultura y la ganadería industriales, el transporte internacional. Soluciones al cambio climático ya existen, pero los grandes capitales y las grandes empresas, con el apoyo de la mayoría de los gobiernos, se niegan a implementar esas soluciones porque sus ganancias disminuirían.

Aprendiendo de la historia, el cambio climático no sólo trae incendios, lluvias extremas o sequías extremas. También nos anuncia el hambre. Es urgente exigir colectiva y masivamente que los gobiernos actúen para detener el cambio climático y que el bienestar y la vida de todas y todos tenga clara prioridad por sobre las grandes ganancias de los grandes capitales nacionales e internacionales.

Fuente: El Siglo

Temas: Crisis climática

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