Agroecología frente al libre comercio: organizarnos para defender la soberanía alimentaria

Idioma Español
País Argentina

Organizaciones sociales, agroecológicas y académicas nos reunimos en el Museo del Hambre para analizar cómo los acuerdos de libre comercio afectan las semillas, la producción de alimentos, la salud y la capacidad del Estado para regular. La jornada permitió abordar estas consecuencias en términos generales y detenernos especialmente en el acuerdo entre Argentina y Estados Unidos, negociado con secretismo y cuyo texto público fue difundido únicamente en inglés.

El viernes 17 de julio realizamos en el Museo del Hambre el taller de formación “Agroecología versus libre comercio”. La jornada fue organizada por la Mesa contra el Acuerdo de Libre Comercio Argentina–Estados Unidos, RAESA, el Museo del Hambre y el Círculo de Soberanía Alimentaria de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), y contó con el apoyo de Both Ends. 

Durante todo el día conversamos sobre una pregunta que suele quedar escondida detrás del lenguaje técnico de los tratados: ¿cómo impacta el libre comercio en nuestra vida cotidiana? Para responderla, trabajamos sobre semillas, producción agroecológica, medidas sanitarias y fitosanitarias, propiedad intelectual y capacidad regulatoria del Estado.

Los tratados no hablan solo de comercio

Los acuerdos de libre comercio suelen presentarse como instrumentos destinados a bajar aranceles y facilitar el intercambio de mercancías. Sin embargo, su alcance es mucho mayor. Establecen reglas sobre propiedad intelectual, servicios, regulaciones técnicas, controles sanitarios, comercio digital, inversiones y empresas públicas. De ese modo, condicionan las políticas que pueden adoptar los Estados y reducen el margen democrático para proteger derechos.

Esta arquitectura regulatoria no afecta a todos por igual. Mientras fortalece la capacidad de las grandes empresas para expandir sus mercados y proteger sus ganancias, puede debilitar la producción local, el trabajo, la salud pública, el ambiente y la soberanía alimentaria. Aunque cada tratado tiene características particulares, todos forman parte de un entramado de normas que subordina decisiones fundamentales para la vida de los pueblos a las reglas del comercio internacional.

Semillas y alimentos bajo control corporativo

Uno de los talleres, coordinado por Tamara Perelmuter, reconstruyó el proceso de mercantilización de las semillas. Las normas de propiedad intelectual y los contratos privados avanzan sobre prácticas históricas como guardar, intercambiar y volver a sembrar. Este proceso, impulsado desde hace décadas a través de distintos tratados y regulaciones comerciales, podría profundizarse con el acuerdo entre Argentina y Estados Unidos, que incluye compromisos vinculados con UPOV 1991 y el Tratado de Budapest.

Estas reglas no afectan solamente a los grandes productores de soja. También condicionan a la agricultura familiar, campesina e indígena y a las experiencias agroecológicas. Por eso, defender las semillas implica discutir también el acceso a la tierra, al agua y al conocimiento, y fortalecer las ferias, casas de semillas y redes comunitarias que sostienen otros modos de producir alimentos.

Menos autonomía para proteger la salud y el ambiente

En el taller coordinado por Carla Poth analizamos cómo las reglas sanitarias y fitosanitarias incluidas en los acuerdos comerciales pueden utilizarse para subordinar las políticas de cuidado de la salud y el ambiente a la facilitación del comercio. En particular, el acuerdo con Estados Unidos obliga a la Argentina a aceptar, en amplios supuestos, normas y procedimientos regulatorios estadounidenses sin evaluaciones adicionales. También compromete la apertura del mercado a productos agropecuarios de ese país y la eliminación de barreras consideradas “injustificadas”.

En un contexto de debilitamiento de organismos públicos como el SENASA, estas obligaciones pueden reducir todavía más la capacidad estatal para controlar los alimentos, prevenir daños y aplicar políticas basadas en el principio precautorio. A la vez, la apertura aumenta la presión sobre quienes producen para el mercado interno y profundiza la distancia entre la producción de alimentos y la producción de commodities.

Un acuerdo negociado a espaldas de la sociedad

El Acuerdo sobre Comercio e Inversión Recíprocos entre Argentina y Estados Unidos fue firmado el 5 de febrero de 2026, después de negociaciones realizadas sin información pública, consulta ni participación social. El documento difundido por la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos está disponible solamente en inglés.

El texto compromete a la Argentina en áreas tan diversas como semillas, alimentos, medicamentos, servicios, datos, tecnología, energía y minerales críticos. Pese a esa amplitud, la sociedad no tuvo acceso a la negociación ni pudo discutir sus consecuencias. El Congreso tampoco puede modificar un tratado ya cerrado: deberá aprobarlo o rechazarlo como un paquete.

Por eso, resulta urgente difundir sus contenidos y consecuencias antes de que sea tratado por diputadas, diputados, senadoras y senadores. Frenar su aprobación en el Congreso es fundamental, pero también es necesario ampliar la discusión sobre el conjunto de los acuerdos comerciales y las transformaciones que imponen sobre nuestras sociedades.

Incorporar estos debates a nuestras agendas

Los acuerdos comerciales suelen aparecer como asuntos lejanos y reservados a especialistas, aunque sus disposiciones atraviesan la vida cotidiana: inciden en qué alimentos se producen, quiénes pueden producirlos, qué semillas se utilizan, qué controles aplica el Estado y qué posibilidades existen de proteger la salud, el ambiente y los territorios.

Frente a sus impactos, necesitamos organizarnos, construir espacios que nos nucleen e incorporar estos debates a las agendas de nuestras organizaciones. No se trata de que todos los espacios trabajen sobre todos los temas, sino de reconocer cómo estas reglas afectan las distintas luchas y encontrar puntos de encuentro que permitan articularlas.

Defender la agroecología y la soberanía alimentaria exige cuestionar un modelo comercial que privilegia los intereses corporativos por encima de las necesidades de los pueblos. Poner estos temas en discusión, construir conocimiento colectivo y fortalecer la organización son pasos indispensables para defender nuestra capacidad de decidir qué producir, cómo alimentarnos y qué formas de vida queremos sostener.

En este camino se conformó la Mesa contra el Acuerdo de Libre Comercio Argentina–Estados Unidos. Las organizaciones y personas que deseen adherir pueden hacerlo a través de este formulario: 

ADHERIR A LA MESA CONTRA EL ACUERDO ENTRE ARGENTINA Y ESTADOS UNIDOS

Fuente: Bilaterals 

Temas: Agroecología, Soberanía alimentaria, TLC y Tratados de inversión

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