Aguacate Hass from Colombia. Alimentando conflictos, destruyendo montañas
En pocos años, el aguacate Hass se convirtió en uno de los principales productos de exportación de Colombia, generando más de 300 millones de dólares en 2024. Promovido como símbolo de progreso, su expansión ha sido presentada como una alternativa sostenible. No obstante, detrás de ese discurso se esconden conflictos ambientales y sociales: el monocultivo ha provocado deforestación, acaparamiento y extranjerización de la tierra y el agua, desplazamiento de comunidades y degradación de los ecosistemas, reproduciendo las mismas lógicas de despojo y extractivismo de otras industrias.
Este informe nace de la preocupación de comunidades y organizaciones de Tolima, Quindío, Caldas, Antioquia y Risaralda por los impactos del “boom” del Hass en sus territorios. A partir de un proceso colectivo de investigación y reflexión, se documentan sus efectos sobre la vida rural y se plantea la urgencia de regular su expansión desde una perspectiva agraria, ambiental y de justicia social que priorice los derechos de las comunidades y la diversidad agrícola del país.
Introducción
El aguacate Hass de Colombia está presente en las mesas de familias en casi todos los continentes del mundo. En pocos años, la industria del aguacate Hass pasó a ocupar uno de los principales renglones de exportación en Colombia, convirtiéndose en un negocio que solo en 2024 generó ingresos por más de USD 300 millones, con la exportación de cerca de 140.000 toneladas de Hass1. Sin embargo, su producción en forma de monocultivo también está alimentando conflictos ambientales y sociales en los territorios donde se cultiva. Este es el doble filo de un fruto que ha sido presentado como símbolo de progreso económico, pero cuya expansión descontrolada en nuestro país plantea serias preguntas sobre justicia social y climática.
Bajo etiquetas como “oro verde”, el aguacate Hass ha sido promovido en Colombia como una alternativa económica prometedora, especialmente en el contexto de la transición energética y de la necesidad de superar la dependencia de las economías fósiles. Este discurso ha sido posicionado tanto por instancias públicas como por gremios empresariales, los cuales presentan este cultivo como una vía hacia la sostenibilidad económica y como una oportunidad de inserción en los mercados internacionales que demandan incrementalmente el aguacate Hass. De forma similar, la calificación que algunas autoridades ambientales han dado a este monocultivo como “bosque ordenado” ha sido utilizada para legitimar su expansión en zonas rurales, e incluso llegarlo a comparar con procesos de reforestación.
Sin embargo, estas narrativas ocultan una realidad mucho más compleja y conflictiva. Como se documenta en este informe, el monocultivo de aguacate Hass no solo no representa una solución ambiental a la crisis climática, sino que en múltiples territorios ha reproducido y profundizado problemas ya existentes: concentración y extranjerización de la tierra, desplazamiento de cultivos tradicionales y campesinos, acaparamiento de fuentes hídricas, apropiación de bienes comunes y abuso de poder por parte de empresas que operan con lógicas que atentan contra los intereses y las formas de vida de las comunidades locales. Lejos de contribuir a la restauración ecológica, la introducción del aguacate Hass en el país ha sido causa directa de deforestación. Su implantación ha generado, además, el uso intensivo de agua y de agroquímicos, lo que ha generado impactos negativos sobre los suelos y la biodiversidad. Paradójicamente, lo que se presenta como una alternativa verde ha terminado por afectar ecosistemas y por transformar radicalmente los paisajes rurales allí donde se ha implementado. Así, detrás del barniz ecológico bajo el que se presenta este monocultivo en Colombia, se esconde un modelo que, en muchos sentidos, continúa las lógicas de despojo, explotación y desregulación que caracterizan a otras formas de extractivismo presentes en el país.
Este informe pretende desentrañar esos discursos y confrontarlos con la evidencia concreta recogida en campo, a partir de las experiencias directas de comunidades afectadas y el análisis territorial del avance de este monocultivo en distintos municipios del país. La idea de su elaboración nace de una preocupación concreta, expresada por comunidades campesinas y organizaciones sociales de distintos municipios de los departamentos de Tolima, Quindío, Caldas, Antioquia y Risaralda. En cada uno de estos territorios, las comunidades comenzaron a notar los efectos del avance del monocultivo del aguacate Hass: presión sobre fuentes de agua, cambios en el uso del suelo, pérdida de soberanía alimentaria y conflictos sociales asociados a la llegada de empresas aguacateras de cuyos capitales no se conoce su origen. A pesar de estas señales de alerta, las autoridades locales, en lugar de abordar este negocio como una fuente de conflictividad, fomentaron su expansión, y no brindan información clara ni accesible para entender las dinámicas reales del que hoy día es un multimillonario negocio.
Con esa inquietud colectiva, en diciembre de 2022 organizamos un encuentro en la ciudad de Armenia. Fue un espacio de escucha y reflexión entre organizaciones sociales, en el que se constató algo fundamental: teníamos muchas preocupaciones, pero muy poca claridad sobre el origen, las causas y los actores detrás del “boom” del aguacate Hass en Colombia. ¿A dónde va el aguacate Hass producido?, ¿quién lo demanda y por qué?, ¿cuántas tierras están dedicadas a este monocultivo?, ¿quiénes son los dueños y qué empresas están detrás de esta industria?, ¿cómo se manifiesta este modelo en los distintos territorios?, ¿qué conflictos ambientales y sociales genera? Estas preguntas marcaron el punto de partida para la elaboración de este informe.
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Fuente: Centro Siembra