De flores a bytes: ¿Repetirá el centro de datos de Kenia el «efecto invernadero»?
Hay un paralelismo entre los invernaderos de polietileno de la década de 1980 y las granjas de servidores de alta tecnología de hoy.
Entre el final de la década de 1980 y principios de la década de 2000, Kenia tuvo un ingreso masivo de tecnología de invernaderos de polietileno encabezado por multinacionales como DCK, Oserian y Aquila Farm. Naivasha se convirtió en el epicentro de esta revolución floral por sus ventajas geográficas únicas y su cercanía al lago Naivasha, que provee el agua dulce necesaria para irrigar un invernadero a gran escala. Esta tecnología de invernaderos de polietileno permitió a los agricultores controlar la humedad y la temperatura, e hizo posible cultivar rosas de alta calidad, que se convirtieron en la exportación floral principal de Kenia e hicieron que Naivasha pasara a ser la «capital de las rosas» del mundo.
Invernadero en Naivasha, Kenia. Captura de pantalla del video ‘Las flores son grandes en Kenia: Recorre esta granja de flores conmigo en Naivasha!’ en YouTube. Uso legítimo.
Violaciones de derechos laborales
Aunque la tecnología de invernaderos de polietileno de las multinacionales prometía la salvación económica y creó miles de puestos de trabajo, simultáneamente inició largas disputas y enfrentó acusaciones persistentes de violaciones de los derechos de los trabajadores, riesgos para la salud, riesgos para el ambiente, junto con evasión y elusión fiscal.
Estos antiguos conflictos llevaron a un aumento en la presión de los organismos internacionales de comercio justo y de activistas locales para implementar un cumplimiento estricto y asegurar que la «canasta de flores de Kenia» beneficie a la economía local, los trabajadores y el ambiente igual que beneficiaba a los exportadores.
Hoy, el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial (IA) está llevando a una «lucha» global de infraestructura, que refleja la expansión de las corporaciones de tecnología de invernaderos de polietileno. Gigantes tecnológicos como Google, Meta y Microsoft están intensificando la construcción de centros de datos en países de la Mayoría Global, atraídos por abundantes tierras, recursos baratos y entornos regulatorios laxos que suelen menospreciar los principios fundamentales de los derechos locales y la justicia.
La historia se está repitiendo en Naivasha, Kenia, con una nueva ola industrial de centros de datos que atraviesan la misma región, mientras que gigantes tecnológicos tales como Microsoft y G42 comienzan un proyecto de construcción de centros de datos «ecológicos» de mil millones de dólares en Olkaria, Naivasha. Esta nueva ola de construcción industrial en Naivasha, que se presenta como el «eje de la economía digital», refleja la explosión del auge floral. También hablan de crear puestos de trabajo y de crecimiento tecnológico, pero evaden el escrutinio sobre los derechos sobre la tierra, derecho ambiental, derechos digitales y la soberanía, justicia tributaria, el trabajo y los derechos humanos. Los actores sociales en la Minoría Global indican que los centros de datos «engullen» agua y violan los derechos de las comunidades de los trabajadores.
¿Los centros de datos impulsarán la economía de Kenia o abusarán de los derechos de los ciudadanos kenianos?
La construcción de infraestructura de centros de datos en Kenia es un arma de doble filo. Aunque estos centros de almacenamiento de datos suelen venderse como la «columna vertebral de la economía digital», su presencia física trae importantes riesgos relacionados al derecho sobre las tierras, explotación del agua, maltratos y violaciones laborales, evasión de impuestos y profundización de desigualdades preexistentes. Además, la rápida construcción de centros de datos puede arraigar una nueva forma de colonialismo digital, así como el sector de flores cortadas suscitó debates acerca del derecho sobre la tierra, condiciones laborales, sostenibilidad y justicia tributaria en Kenia. El paralelismo entre los invernaderos de polietileno de la década de 1980 y las granjas de servidores de alta tecnología de hoy sugieren que sin una supervisión rigurosa, la promesa de un futuro digital puede traer el mismo costo sobre los derechos humanos y la justicia ambiental como las exportaciones de flores que lo precedieron.
La construcción de los centros de datos de Microsoft y de G42 trajo varias preguntas a la mente de muchos activistas y ciudadanos kenianos: ¿pagarán Microsoft y G42 los mismos impuestos sobre bienes inmuebles y los alquileres que los kenianos comunes y corriente por el espacio en Olkaria, o estarán exonerados? ¿Quién correrá con la carga del masivo consumo de agua y electricidad que requieren estas instalaciones? ¿Recaerá la carga en el contribuyente keniano o sobre las corporaciones? ¿Se saltarán a la economía local mediante «exoneraciones tributarias» y maniobras de desvío de ganancias que drenan la economía local? ¿Cómo se protegerá el almacenamiento de datos nacionales sensibles cuando la infraestructura está controlada por entidades extranjeras como Estados Unidos y Emiratos Árabes Unidos?
Mientras que Microsoft está registrada en Estados Unidos, específicamente incorporada en el estado de Washington, con sede en Redmond, Washington, G42 es un prominente conglomerado de inteligencia artificial y computación en la nube registrada y con sede en Abu Dabi, Emiratos Árabes Unidos.
G42 tiene una importante asociación con Microsoft, que invirtió recientemente 1500 millones de dólares en la compañía. En el contexto del proyecto en Kenia, G42 suele actuar como el referente de infraestructura regional, mientras que Microsoft provee el software y la plataforma en la nube (Azure).
El centro de datos de Microsoft y G42 en Olkaria, Naivasha, se está construyendo en tierras de la compañía Kenya Electricity Generating Company (KenGen). El proyecto está ubicado dentro del parque de energía verde de KenGen, zona industrial de 342 hectáreas (845 acres) situada en los campos geotermales de Olkaria. Este parque fue establecido por KenGen para permitir a los inversionistas industriales construir sus instalaciones cerca de la fuente de energía geotermal para un suministro de energía sustentable y directo. Al construir en las tierras de KenGen, el centro de datos puede ser alimentado en su totalidad por energía geotermal renovable que se produce ahí mismo. Aunque la tierra pertenece a KenGen, las instalaciones son una inversión colaborativa entre Microsoft y G42, en asociación con el Ministerio de Información, Comunicación y Economía Digital de Kenia. ¿Pagarán Microsoft y G42 los mismos impuestos sobre bienes inmuebles y los alquileres que los ciudadanos kenianos comunes y corrientes por el espacio en Olkaria luego de adquirir la tierra gratuitamente?
El impacto en los sistemas de generación de ingresos de Kenia
Kenia y Emiratos Árabes Unidos son signatarios de un convenio de doble imposición, tratado bilateral diseñado para promover el comercio que asegura que las compañías no estén gravadas dos veces por el mismo ingreso. Tradicionalmente, estos «tratados de paz tributaria» repartían los derechos tributarios entre el país en el que se generaba el ingreso (el Estado fuente) y el país donde la compañía tiene su sede (el Estado de residencia).
El convenio de doble imposición entre Kenia y Emiratos Árabes Unidos se firmó en 2011. Aunque Kenia mantiene una tasa impositiva estándar al impuesto sobre sociedades del 30%, Emiratos Árabes Unidos tienen una jurisdicción con una fiscalidad considerablemente más baja, con tasas que históricamente varían del de 0% al 9% (luego de las reformas sobre impuestos a corporaciones de 2023). Esta disparidad crea una importante problema fiscal. Bajo el tratado, una compañía como G42, que funciona como el responsable de infraestructura regional y tiene sede en Emiratos Árabes Unidos, puede utilizar el convenio para minimizar su exposición tributaria en Kenia. Específicamente, los ingresos generados en operaciones kenianas pueden moverse a Emiratos Árabes Unidos a través de pagos por servicios, regalías o intereses, práctica conocida como desplazamiento de beneficios. El convenio de doble imposición suele bajar las tasas de retención en origen de pagos a terceros, y efectivamente «desplaza» la base tributaria del 30% en Kenia al régimen de menor presión tributaria de Emiratos Árabes Unidos, lo que reduce las retenciones en origen. Este mecanismo deja a la Autoridad Fiscal de Kenia con una base imponible menor, ya que los derechos de tributación principales de una empresa con sede en Emiratos Árabes Unidos suelen recaer en su jurisdicción de origen, y no donde está la infraestructura física.
El sector energético de Kenia opera como una carrera relevos, donde la electricidad «pasa» del productor al consumidor final en tres etapas: generación, transmisión y distribución. KenGen maneja la etapa de generación, crea la energía que luego se transporta a lo largo del país mediante las líneas de transmisión de alto voltaje de Kenya Electricity Transmission Company Limited ( KETRACO). Por último, Kenya Power actúa como distribuidor único, y compra la energía para vendérsela directamente al público.
Mientras G42 y Microsoft construyen sus centros de datos hambrientos de energía dentro del parque de energía verde de KenGen, es muy probable que deban sortear a Kenya Power and Lighting Company (KPLC) para obtener electricidad directamente del productor. Aunque este modelo de suministro directo ofrece eficiencia para los inversores, plantea una pregunta crítica: ¿se beneficiará todo Kenia o perderá cuando proyectos a gran escala no contribuyan a la distribución de ingresos nacionales?
Kenya Power depende de grandes consumidores industriales que «subvencionen» el costo de proveer electricidad barata a viviendas residenciales y rurales. Cuando los grandes consumidores (como los centros de datos) eluden a Kenya Power, el servicio público pierde sus clientes más rentables. Si Kenya Power pierde sus grandes ingresos industriales, puede verse forzada a aumentar las tarifas de los ciudadanos kenianos para cubrir sus costos operacionales. Una carga que pesaría a la mayoría de los ciudadanos de Kenia.
Los acuerdos directos significan que el dinero iría directamente a KenGen. Aunque esto ayuda a la expansión de KenGen, no ayuda necesariamente a KETRACO o Kenya Power a modernizar su red de «vía intermedia» obsoleta que alimenta al resto del país, lo que provoca un estancamiento de la red.
El costo oculto para el contribuyente keniano
Como muchas compañías multinacionales que operan en Kenia, es altamente probable que los centros de datos de G42 y Microsoft en Olkaria utilizen modelos laborales estructurados, como contratación independiente, subcontratación y organizaciones de empleadores profesionales para administrar sus recursos humanos.
Si G42 y Microsoft adoptan estos modelos, el Gobierno keniano se arriesga a perder su ingresos procedentes del «impuesto sobre el salario» tradicional, vital para el presupuesto nacional. Específicamente, si a miles de trabajadores se les clasifica como contratistas y no como empleados, es Estado pierde contribuciones directas al Fondo de Seguro Social de Salud, y el impuesto del 1,5% destinado a la vivienda asequible y cotizaciones escalonadas al Fondo Nacional de la Seguridad Social, que requieren contribución paralela de la empresa. Estos modelos de subcontratación trasladan completamente la carga legal al trabajador, lo que suele provocar un menor cumplimiento y menores contribuciones totales al Estado.
Esto crea un efecto de «doble desvío»: cuando el suministro directo de energía (que evade los ingresos de Kenya Power) se combina con mano de obra subcontratada (que evade el impuesto sobre la renta de las personas físicas y los fondos de recaudación), el proyecto corre el riesgo de convertirse en un «enclave» económico que opera dentro de las fronteras de Kenia sin contribuir plenamente al ecosistema local.
La paradoja de la «energía limpia»
Aunque se celebra el proyecto de G42/Microsoft por su uso de energía geotermal «limpia», enfrenta un gran obstáculo de agotamiento de los acuíferos. Los centros de datos a gran escala funcionan como «radiadores gigantes», que requieren grandes cantidades de agua dulce para sus sistemas de enfriamiento. Para evitar que miles de servidores se sobrecalienten, estas instalaciones suelen depender del enfriamiento por evaporación, proceso que «consume» el agua al convertirla en vapor.
En la región semiárida de Olkaria y la cuenca cercana del río Naivasha, el agua es un recurso finito y precioso. Si el proyecto depende de esta cuenca, creará un inmediato conflicto por el recurso, competirá con pequeños agricultores locales y la industria floral de Kenia, valorada en miles de millones de chelines. Además, el proyecto se arriesga a ser etiquetado como «lavado ecológico» si su consumo de agua excede la tasa de recarga natural de la cuenca. Aunque las perforaciones suponen una amenaza, la extracción excesiva puede disminuir el nivel freático, secar los pozos locales y disminuir la disponibilidad de agua para uso doméstico y ganadero.
Los centros de datos no solo «consumen» agua; también suelen degradarla. Incluso cuando el agua no se evapora, el agua de «purga» (agua remanente con minerales pesados) puede requerir a veces un tratamiento cuidadoso antes de regresar al ambiente para evitar la contaminación termal o escorrentía química.
La paradoja de la «energía limpia» es que la energía geotermal es neutra en carbono, pero el enfriamiento que requiere la infraestructura de la IA puede ser costosa a nivel ecológico.
Fuente: Global Voices
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