Día Internacional de Oposición a los Transgénicos: semillas en disputa en Paraguay
Cada 8 de abril, el Día Internacional de Oposición a los Transgénicos sitúa nuevamente en el centro del debate el control sobre la alimentación. En Paraguay, esta discusión adquiere un carácter de urgencia ante el avance sostenido del modelo del agronegocio.
Hay que recordar que en el país no se cuenta con una legislación que obligue a la industria alimenticia a etiquetar productos destinados al consumo humano que contengan o sean producidos a partir de organismo genéticamente modificados. Esta omisión es especialmente grave dado que existen diversos eventos liberados en cultivos de consumo directo: el maíz, desde 2012, lo que pone en riesgo las variedades nativas y criollas de este alimento fundamental; el trigo transgénico HB4, desde 2023; y las variedades de arroz editadas genómicamente, en 2025. Este escenario representa una amenaza directa para la cultura agroalimentaria, la nutrición y la salud de la población.
En el informe «Con la soja al cuello 2025», se evidencia que esta tendencia se profundizó el año pasado con la liberación de ocho nuevos organismos —incluyendo soja, maíz y microorganismos— en un contexto de creciente desregulación estatal. De acuerdo con información de la CONBIO, en 2026 se aprobó una nueva variedad de soja producida a partir de una acumulación de eventos transgénicos (GMB151 x DAS-44606-6), diseñada para tolerar un «cóctel tóxico» de herbicidas: 2,4-D, glifosato, glufosinato de amonio e inhibidores de HPPD. Todos ellos son considerados agrotóxicos altamente peligrosos para la salud humana y animal.
Con estas liberaciones, Paraguay suma más de 70 eventos transgénicos aprobados, los cuales están diseñados para resistir a herbicidas de alta toxicidad, lo que confirma la dependencia del modelo químico. Además, el avance de la biotecnología apunta al control del propio genoma, es decir, a la mercantilización de la vida. Como se ha señalado, esto implica ejercer un control sobre la alimentación y, por extensión, sobre la población. En el país, este poder se ha consolidado mediante la expansión del monocultivo y el uso intensivo de agrotóxicos.
El informe también alerta sobre el sometimiento de las instituciones del Estado Paraguayo a los intereses de las corporaciones y los gremios del agronegocio, cuyos representantes participan activamente en procesos de investigación y regulación, lo que debilita los controles públicos y facilita la expansión de estas tecnologías.
Frente a este escenario, la agroecología y la soberanía alimentaria constituyen alternativas concretas. Las experiencias campesinas e indígenas demuestran que es posible producir alimentos sanos, proteger la biodiversidad y sostener la vida en los territorios. Este 8 de abril, la disputa por las semillas es también una disputa por el futuro: entre un modelo que concentra poder y degrada territorios, y otro que defiende la vida, la diversidad y la autonomía de los pueblos.
Fuente: BASE-IS