El Mundial reparte ganancias que no gotean

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El presidente de la FIFA, Gianni Infantino.

"Sports Value estima a partir de los Informes Anuales de la FIFA que los ingresos totales del torneo alcancen los 10 mil 900 millones de dólares en 2026, lo que supone un aumento del 56% en comparación con Catar 2022, que generó 7 mil millones de dólares".

Arrancó la Copa del Mundo entre jolgorios y la sombra de Trump acobijada por la FIFA. El pantalón largo eclipsa al corto, si bien cuando rueda el balón renace el amor a “lo más importante de lo menos importante”. Presa del villamelonismo fundido al genuino interés deportivo, también porto estos días la camiseta del TRI, y grito los goles como Hugo Sánchez en las transmisiones. En mi caso como el de millones que componen una minoría ruidosa, la pulsión nacionalista se impone por goleada al escepticismo nutrido por la gris etapa de preparación de la selección de Aguirre. Algún astuto observador podría denunciar un caso típico de masoquismo, y podría asistirle la razón. 

No olvido la Cara B del juego, alejada del gran reflector. Favorecidos por una cancha dispareja, los grupos de interés son los ganones cada cuatro años. Arriesgan poco, exprimen mucho. Al respecto, la película “México 86” (Netflix), con todas sus flaquezas de guion, retrata bien las redes de corrupción que nutren el capitalismo de cuates asociado al torneo más seguido del mundo, acaso junto a los Juegos Olímpicos. "En la vida, un hombre puede cambiar de mujer, de partido político o de religión, pero no puede cambiar de equipo de fútbol", dijo Eduardo Galeano. Agrego que un hombre tampoco puede cambiar el gusto por el dinero fácil una vez que lo cultiva. 

El Mundial es la vaca de ordeña de la FIFA. Es un activo cuatrienal inmejorable que extrae hasta la última gota de ingresos por publicidad, taquilla dinámica, derechos de transmisión y merchandising. Poco importa que el grueso de los costos de infraestructura, seguridad pública, transporte y faltantes fiscales corra a cuenta del Estado: ogro en tiempos de vacas flacas, filántropo cuando el establo rebosa. Gobernantes como Samuel García (Nuevo León) facilitan un terso trueque de favores. Desde la comodidad de cabinas y palcos, la FIFA bien vale una adecuación presupuestal.  

Como garante de prebendas, el público nutre expectativas desmesuradas de cuantiosas derramas económicas. Una encuesta de Buendía levantada del 29 al 31 de mayo 2026 encontró que 8 de cada 10 mexicanos (76%) cree que el Mundial “beneficiará económicamente al país” y que hará “México se vea como un lugar atractivo para visitar”. No obstante, la llegada de turistas suele estar sobreestimada. Para muestra, Sudáfrica recibió 1 millón de turistas durante el Mundial 2010, cifra que superó en apenas un cuarto de millón los arribos del año anterior para defraudar expectativas. Para los 13 encuentros en territorio mexicano en este 2026, la calificadora Moody’s estima la llegada de 247 mil extranjeros a México, lejos de los 2 millones previstos por la Secretaría de Turismo (Sectur). En general, los organizadores—sesgados por las cuentas de la FIFA—suelen subestimar que el encarecimiento de transporte y hospedaje desplaza visitantes, incluidos los nacionales que vacacionan al interior del país. 

Otra derrama económica cacareada es la construcción de infraestructura deportiva. Contra la creencia general, diversos estudios econométricos argumentan que la inversión en grandes eventos o la retención de franquicias suelen defraudar estimados. En primer lugar, las ventas generadas en los estadios desplazan el consumo en otras zonas de la ciudad, clave cuando el gobierno usa un impuesto al consumo para financiar obras. En segundo, si bien la ampliación, renovación o construcción suele atraer más público en los primeros años de vida útil, la asistencia decae en el tiempo con independencia del éxito de la franquicia local que hereda el inmueble, conforme la novedad pasa y el deterioro llega. En tercero, existe un costo de oportunidad: invertir en estadios desvía recursos de actividades o proyectos con mayor retorno esperado. 

La impermeabilización de derramas económicas no equivale a una ausencia de ganancias o rentas. La feroz batalla entre palcohabientes del estadio Azteca y la FIFA, donde hasta la venta de bebidas y botanas es disputada en tribunales, es muestra inequívoca. La especulación desatada por los boletos, hoy convertidos en codiciados activos de reventa— facilitada por la oferta controlada, las tarifas dinámicas y la globalización—, también encarna la danza del dinero tras bambalinas.   

Y vaya que el Mundial factura como Shakira. Sports Value estima a partir de los Informes Anuales de la FIFA que los ingresos totales del torneo alcancen los 10 mil 900 millones de dólares en 2026, lo que supone un aumento del 56% en comparación con Catar 2022, que generó 7 mil millones de dólares. El motor del crecimiento es la venta de derechos de transmisión, que rondarían los 4.2 mil millones de dólares, sumados a patrocinios que superarían los 2 mil 800 millones de dólares. Asimismo, la venta sumada de boletos y hospedajes alcanzarían los 3 mil millones de dólares y triplicarían la taquilla de Catar 2022, si bien el Financial Times reportó un sobrante de 176 mil boletos de fase de grupos en territorio estadounidense. El Mundial vende, claro está, pero las ganancias no gotean. 

En cambio, los costos sí que son compartidos entre la población. El congestionamiento vehicular, la inseguridad en zonas turísticas, la inversión en infraestructura y el ausentismo escolar y laboral son algunos indeseables. Ciertamente, las compras de botanas, licores, playeras y demás pueden dinamizar la actividad económica, aunque también desplazan consumo y retrasan ventas. Raro sería que durante el Mundial las plataformas de streaming mantengan los niveles de audiencia y los cines los tráficos registrados en la víspera mundialista, a saber, el tiempo es un recurso escaso, y durante el verano buena parte estará puesto en la Copa del Mundo—mientras la selección mexicana tenga vida deportiva. 

La pelota no se mancha, decía Diego Armando Maradona. No contaba con la astuta voracidad de la FIFA. 

Fuente: Diario Red

Temas: Desigualdad

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