El apartheid del agua y la lucha palestina por la justicia

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Las consecuencias del accionar de Chevron, Total y Shell en el mundo son ejemplos de los devastadores impactos que tienen las empresas transnacionales privadas sobre los pueblos y el planeta. Pero el caso de Mekorot, la empresa nacional de agua de Israel, pone de relieve un fenómeno paralelo: las operaciones transnacionales de empresas estatales implicadas en violaciones de los derechos humanos. Mekorot se beneficia del robo y control sistemáticos de los recursos hídricos palestinos como actor clave en la maquinaria de la ocupación israelí y las violaciones de derechos humanos.[1] Sus operaciones en el territorio palestino ocupado revelan cómo el poder corporativo, respaldado por la violencia estatal y protegido por los sistemas de inversión globales, puede utilizarse para afianzar la dominación colonial. El caso de Mekorot nos obliga a ampliar nuestro análisis del poder corporativo.

Un motor corporativo del apartheid hídrico

Durante décadas, Mekorot ha desempeñado un papel central en el control que ejerce el régimen israelí sobre las vidas de los/as palestinos/as a través del agua.[2] La empresa gestiona el sistema de agua, lo que incluye el desvío de agua desde la Cisjordania ocupada hacia los asentamientos israelíes ilegales, mientras que a los/as palestinos/as se les niega el acceso a sus propios recursos. [3,4] Según un informe de 2023, Mekorot se ha apoderado por la fuerza de las fuentes de agua palestinas, ha reducido las cuotas de suministro para las comunidades palestinas y ha cortado sistemáticamente el agua a pueblos enteros, especialmente durante los meses de mayor calor del verano.[5]

“La falta de acceso de los palestinos a los recursos hídricos no es un fallo logístico ni un descuido burocrático: es una política. Mekorot aplica una práctica deliberada y sistémica de control racializado del agua: abundante para los colonos, escasa para los colonizados”.

Miembro de la sociedad civil palestina

En algunas aldeas palestinas, la gente sobrevive con tan solo 20 litros de agua por persona al día, muy por debajo de la recomendación mínima de la Organización Mundial de la Salud, que es de 50 a 100 litros.[6, 7] A partir de 2024, en Gaza, esa cifra es de tan solo 2 a 9 litros de agua por persona al día.[8] Mientras tanto, los colonos israelíes de la misma región disfrutan de un acceso casi ilimitado a un promedio de 247 litros de agua por persona al día.[9]

A muchas comunidades de Cisjordania también se les impide desarrollar cualquier infraestructura de agua y saneamiento, y casi toda (97%) el agua disponible en la Franja de Gaza no es apta para el consumo humano. En medio de la crisis climática, la falta de acceso al agua tiene consecuencias especialmente graves para los/as palestinos/as. La capacidad de adaptación de Palestina al cambio climático depende de la disponibilidad de recursos de agua dulce, que se ve gravemente mermada.

Esto es apartheid en acción: un régimen institucionalizado de dominación, control y exclusión basado en la identidad. Según el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, el apartheid se clasifica como un crimen de lesa humanidad.[10] La participación activa de Mekorot en este sistema, por lo tanto, coloca a la empresa en clara violación del derecho internacional, y la convierte en un objetivo legítimo para las campañas que exigen la rendición de cuentas corporativa y la descolonización. [11]

El neocolonialismo y la arquitectura global de la impunidad

Como actor transnacional, Mekorot también vende sus tecnologías y servicios en todo el mundo —desde la India hasta Argentina y Rumanía— bajo el pretexto de la sostenibilidad y la experiencia en la gestión eficiente del agua.[12] Estas alianzas permiten a Mekorot encubrir su papel en la ocupación al tiempo que amplía su influencia y sus ganancias. Diversos actores sociales consideran que este tipo de expansión internacional es la exportación de una infraestructura de apartheid, que trae consigo un modelo basado en la exclusión, la desigualdad y el control.[13, 14]

Al igual que muchas empresas transnacionales, Mekorot opera con una impunidad casi total. Es el producto de un sistema diseñado para proteger los delitos corporativos bajo la bandera del “desarrollo”, la “seguridad” y la “innovación”.

Aunque es de propiedad estatal, Mekorot opera a nivel transnacional como una entidad neocolonial que utiliza muchos de los mismos instrumentos de expansión de mercado, influencia política y encubrimiento corporativo que las empresas transnacionales privadas.[15, 16] Su papel en la imposición del apartheid del agua en Palestina la convierte en un claro ejemplo de agente corporativo de la violencia estructural. El caso de Mekorot pone de manifiesto cómo la arquitectura de la impunidad puede ser sostenida no solo por el capital privado, sino también por empresas estatales que se benefician de los marcos de inversión internacional y los regímenes voluntarios de rendición de cuentas corporativas.

Resistencia y liberación palestina

Mekorot es un ejemplo claro y peligroso de cómo las empresas transnacionales pueden operar como brazos de la violencia estatal. Se beneficia del robo del agua palestina, afianza el apartheid y se esconde tras alianzas internacionales y campañas de relaciones públicas con lavado verde.[17, 18, 19] Pero también es vulnerable. Su reputación, sus contratos y su legitimidad pueden ser cuestionados.

La presencia global de Mekorot ha enfrentado una resistencia creciente por parte de comunidades y movimientos de todo el mundo.[20, 21] La presión pública de la sociedad civil y los grupos de derechos humanos ha obligado a empresas y municipios de países, como los Países Bajos y Argentina, a cancelar sus contratos con la empresa.[22, 23]

Las comunidades palestinas nunca han aceptado el robo de su tierra, sus recursos o su futuro. A pesar de las demoliciones, los arrestos y el acoso, siguen construyendo sistemas de recolección de agua de lluvia y aljibes, y organizando comités populares para defender sus derechos.

La solidaridad internacional también ha desempeñado un papel vital. El movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) ha puesto a Mekorot en la mira, creando campañas que conectan el apartheid del agua en Palestina con luchas más amplias contra la injusticia climática, el poder corporativo y el colonialismo. [24] El dominio de las empresas transnacionales se ve reforzado por marcos antimonopolio obsoletos, sistemas regulatorios débiles y la incapacidad de abordar la desigualdad estructural.[25, 26] Este nivel de poder corporativo e impunidad exige una verdadera regulación y justicia. En medio del genocidio israelí en curso contra el pueblo palestino, en el que las empresas transnacionales son cómplices, seguimos exigiendo un Tratado Vinculante de la ONU sobre empresas transnacionales y los derechos humanos.

Como parte de la Campaña Global para Reivindicar la Soberanía de los Pueblos, Desmantelar el Poder de las Transnacionales y Poner Fin a la Impunidad, debemos hacer que estas empresas transnacionales rindan cuentas por sus violaciones de los derechos humanos, y garantizar que las comunidades afectadas tengan acceso a la justicia. Seguiremos denunciando no solo los crímenes de Mekorot, sino también el sistema global que los permite.

Referencias

[1] [2] [3] [5] [12] [14] [15] [17] Who Profits (2023),  Dried Up: Mekorot’s involvement in the Israeli occupation.

[4] Amnesty International (2009),  Troubled waters – Palestinians denied fair access to water.

[6] Bethan McKernan (2023),  A precious resource: how Israel uses water to control the West Bank. The Guardian.

[7] United Nations (n.d.),  Global issues: Water.

[8] [11] Human Rights Watch (2024),  Extermination and acts of genocide: Israel deliberately depriving Palestinians in Gaza of water.

[9] BTSELEM (2023),  Parched: Israel’s policy of water deprivation in the West Bank.

[10] International Criminal Court (1998).  Rome statute of the International Criminal Court.

[13] [18] [20] [24] BDS Movement (2014).  International week against Mekorot.

[16] Mekorot (n.d.).  International operations.

[19] Transnational institute (2023).  Arab-Israeli eco-normalisation: Greenwashing settler colonialism in Palestine and the Jawan.

[21] Victor Swezey (2023).  Amid Gaza war, activists in Argentina aim to expel Israeli water company. Al jazeera.

[22] BDS Movement (2013).  Dutch water company terminates relationship with Mekorot following government advice.

[23] BDS Movement (2014).  $170M Argentina loss for Israeli water firm Mekorot as BDS spreads southward.

[25] Asmaa Ashraf (2023).  Sumud: Amidst Israel’s assaults on water supplies we must talk about Palestinian resistance, not resilience. New Arab.[26] Manal Shqair (2024).  Eco-sumud and the Palestinian struggle for eco-social justice. War resisters international.

Fuente: foei.org

Temas: Agua, Corporaciones, Criminalización de la protesta social / Derechos humanos, Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades

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