El genocidio alcanza el banco de semillas que miman los gazatíes
Conociendo la importancia estratégica de su existencia, Israel continúa el ecocidio en Palestina atacando en Hebrón uno de sus bienes más preciados, el Almacén de Semillas de la Unión de Comités de Trabajo Agrícola. La organización mundial La Vía Campesina nos informó de los ataques y daños sufridos en este Banco de Semillas, donde se guardaban más de 70 variedades de semillas que ya no existen en otros lugares y que los agricultores palestinos habían cultivado y perfeccionado durante siglos. Eran tomates, pepinos, berenjenas, calabacines en estado latente para su germinación y que se habían recolectado en granjas locales de Cisjordania y Gaza.
Aquellas que, de una forma u otra, cultivamos un pedazo de tierra conocemos hasta qué punto es importante guardar las semillas una vez conseguido el fruto. Solo ellas son la garantía de continuidad de nuestro alimento, solo ellas son la referencia clara de nuestra cultura, de nuestro hábitat. En los últimos decenios, esa horda que lo engulle todo y que tiene la forma de capitalismo desaforado ha intentado hacerse con el poder de las semillas a nivel mundial, consiguiendo patentes que le han permitido prohibir el cultivo de muchas de ellas en sus terrenos tradicionales. Dando el paso hacia la industria, la semilla pierde su característica principal, representar el lugar donde ha nacido y se cultiva, se convierte en un germen modificado sin esencia, a menudo sin gusto, sin referencia cultural ni social.
Un banco de semillas es una Biblioteca viviente, lo repiten siempre en La Vía Campesina y debemos repetirlo también nosotras para no olvidarlo. Nos recuerdan que son portadoras de rasgos genéticos claves, resistentes a la sequía, a la adaptación del suelo y a la densidad nutricional. Es algo parecido a los libros, otra parte de nuestro alimento indispensable. Leer para alimentarnos de ideas, de sensaciones, de conocimiento que no debemos perder.
No es de extrañar que algunas Bibliotecas hayan recogido el mensaje de peligro y adopten también esa responsabilidad, ceder en préstamo libros y semillas. La Glasgow Seed Library está instalada en el entorno del Centre For Contemporary Arts de la ciudad y funciona desde 2019 para fomentar el crecimiento de la comunidad Seed Librarian, libreros de semillas, y preservar así variedades escocesas de alimentos populares cultivados sin pesticidas ni herbicidas y con alto valor genético. La información de sus semillas es similar a la que albergan los grandes clásicos de la literatura universal y sus usuarias y usuarios se encuentran muy a menudo para intercambiar y desarrollar “lecturas colectivas” de nuevas adquisiciones.
En la montaña de Collserola, cercana a Barcelona, la Biblioteca Josep Miracle abrió hace un par de años un servicio de préstamo de semillas Bibliollavors, con la intención de dar a conocer las variedades autóctonas del territorio cercano. Damià Gibernet, activista rural de la montaña y protector de la variedad de tomates Mandó que crecen en su finca, es uno de sus ideólogos. Junto a Núria Flo, pedagoga documentalista y directora de la Biblioteca, realizan una labor indispensable para el fomento de la realidad ambiental y social más cercana a través de libros y semillas.
Ahora que el genocidio/ecocidio de Palestina no cesa, salvar las semillas, como salvar los libros, es una mochila más de carga en la realidad de Gaza y Cisjordania. Los imagino recogiendo entre las ruinas, mezcladas con el polvo de los escombros, las semillas supervivientes de los bombardeos. Los imagino seleccionando esas semillas para volver a ser plantadas con urgencia, en un lugar donde resista algo de agua.
La cooperativa sin ánimo de lucro Les Refardes lleva años recopilando semillas de variedades locales en 18 fincas repartidas por toda Catalunya; ahora han impulsado un proyecto para incorporar una finca de Ramallah, acoger sus semillas y dispersarlas para que sigan viviendo y dando fruto. Se trata de mantener la existencia, también alimentaria, en manos de población civil, del campesinado, que es donde debe estar. Libros y semillas, esa medicina indispensable para la vida.
Artículo originalmente publicado en EL ASOMBRARIO
Fuente: La Vía Campesina