En Perú, poblaciones de cuenca donde opera Anglo American viven con metales pesados

Idioma Español
País Perú

Comunidades campesinas de la región Moquegua, en el sur del Perú, denuncian el impacto de las operaciones de la minera estadounidense Anglo American Quellaveco en la salud de las poblaciones y sus fuentes de agua.

Protesta contra Anglo American en 2019.

La compañía estadounidense opera la mina a tajo abierto Quellaveco, que produce más del 10% del cobre en el país. En tres años, la transnacional alcanzó la extracción de un millón de toneladas del mineral, posicionándose como una de las principales productoras cupríferas del mundo. 

De las 383 concesiones mineras en Moquegua, 184 corresponden a esta empresa, indica el estudio Anglo American en el Perú: extractivismo, efectos y redes empresariales. Hay 90 fuentes de agua de la región en áreas de licitaciones, lo que significa mayores posibilidades de contaminación de las tierras agrícolas y por consumo directo. Informes de salud precisan que el 84% de la población moqueguana tiene metales pesados en el organismo.

“El agua de las cuencas de Moquegua presenta metales pesados. En comunidades donde no hay agua potable, el acceso al cuerpo humano es directo. No es solamente contaminación por metales tóxicos, se junta con la falta de hierro, el alto índice de anemia. Varios estudios demuestran que la anemia está relacionada a consumo de agua con metales tóxicos, por lo que hay riesgo de que el índice de anemia en los niños de Moquegua aumente”, señaló José Chata, director de Derechos Humanos y Medio Ambiente de Puno, en la presentación del documento.  

El 75% de escolares en la cuenca del río Tumilaca presentaba, en 2019, concentraciones de arsénico en orina superiores a los valores de referencia. Las localidades donde se realizaron las pruebas coinciden con los puntos de muestreo donde la Dirección Regional de Salud de Moquegua registró excedencias de arsénico, plomo y aluminio, aguas abajo de las actividades de Anglo American. 

De la misma forma, en 2025 se confirmó niveles de arsénico de riesgo para la salud en personas adultas y menores de edad en centros poblados de la parte baja de la cuenca, lo que revela una afectación persistente.

“Estamos defendiendo a nuestros hijos que tienen metales en la sangre. Hemos sufrido enfermedades en los pulmones, nuestros ríos tienen arsénico, estaño, plomo. Se presentan como una mina de alta tecnología, pero cuál es el costo social, tecnología hay para la mina, pero no para atender la salud de nuestro pueblo. Nos están quitando la vida, con las políticas de gobierno, los poderes económicos”, expresó Martina Mamani, habitante del Valle de Tumilaca que integra la Plataforma Nacional de Afectados por Metales Tóxicos.

Déficit hídrico e impacto de relaves

En Moquegua, una de las zonas irrigadas más secas del mundo, la demanda de agua supera la capacidad de sus fuentes. Un análisis del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) del proyecto Quellaveco advirtió que generaría impactos negativos a largo plazo sobre la calidad y cantidad de agua en las áreas de operaciones y de depósito. 

En ese sentido, el embalse Pasto Grande, operado por Anglo American, ocasiona disputas con la región vecina Arequipa, que demanda mayor uso para su agricultura. La licencia de uso de agua de los ríos Titíre y Vizcachas, afluentes del río Tambo, otorgada a Anglo American en 2022 fue rechazada por las poblaciones del Valle del Tambo.

Mientras tanto, en la parte alta de la cuenca del río Tambo, donde se ubica la represa, las comunidades se ven obligadas a abastecerse principalmente de manantiales y reportan la destrucción de canales de riego. 

Asimismo, el río Asana, uno de los afluentes que conforman el sistema hídrico del río Tumilaca, fue desviado como parte de la infraestructura del proyecto, alterando parcialmente su dinámica natural. De acuerdo a la empresa, así se protegió el cauce, pero para las comunidades se trata de la pérdida de una fuente estratégica de agua en un contexto de déficit y estrés hídrico crecientes.

Estudios en las zonas altas de Moquegua revelan la pérdida de regulación hídrica debido a la degradación de bofedales (humedales altoandinos), alteraciones en los cursos de los ríos por remociones de tierras -incluyendo desvíos de caudales-, descenso del nivel freático por el uso de aguas subterráneas y deterioro de la calidad del agua. 

A su vez, la construcción del depósito de relaves provocó la pérdida total del hábitat identificado por el EIA en la zona Cortadera, que contaba con 36% de cobertura vegetal y una diversidad biológica de especies en riesgo como el guanaco, el águila mora, el halcón peregrino y anfibios altoandinos. 

El diseño del depósito presentado en el primer EIA fue modificado para su ampliación. De un área de 7,7 kilómetros cuadrados con capacidad de almacenar 992 millones de toneladas, se pasó a 9,2 kilómetros kilómetros para acopiar 1,300 millones de toneladas. La superficie cubierta por el depósito de relaves equivale a 1,470 canchas de fútbol. La huella ambiental del territorio de almacenamiento, no estimada en el EIA original, es similar a la de una pequeña ciudad.

Metales no declarados

En el informe se advierte, además, de otros minerales extraídos en el tajo Quellaveco y exportados por Anglo American sin declarar.

“El análisis de los registros aduaneros permitió identificar que la composición de los concentrados de cobre y molibdeno exportados contienen diversos minerales adicionales, tanto pagables y penalizables, entre ellos el oro, plata, zinc, cloro, bismuto, mercurio, níquel, cobalto, arsénico, antimonio y aluminio. No obstante, no fue posible determinar su proporción debido a la ausencia de información sobre la ley de estos elementos”, señala el informe. 

Entre otros, se observa la posible presencia de minerales asociados a tierras raras, debido a lo cual se recomienda una investigación para determinar la composición de los concentrados exportados por Anglo American.

Las tierras raras y minerales considerados críticos por Estados Unidos, como el cobre, son disputados por la potencia norteamericana y China. En febrero, Washington firmó acuerdos con más de 50 países, entre ellos el Perú, con el objetivo de aumentar su acceso a estas materias primas. 

En esa línea, la megaminería cuprífera se extiende en el Perú, segundo productor mundial de uno de los minerales de mayor demanda para la industria militar, tecnológica y de inteligencia artificial. En los últimos meses se intenta aprobar la ejecución de la primera etapa de Tía María, el principal proyecto de extracción de cobre paralizado en el país por la resistencia campesina, a la vez que se multiplican las concesiones en el cinturón cuprífero de la Cordillera de los Andes.

Fuente: Avispa Midia

Temas: Minería

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