Humedales en Chile: El desafío de una real protección

Idioma Español
País Chile

Históricamente, Chile ha mirado sus humedales con mezcla de indiferencia y utilitarismo, considerándolos, en el mejor de los casos, unos paisajes decorativos y, en el peor, terrenos “baldíos” aptos para el relleno y la edificación. Sin embargo, al iniciar este 2026, la realidad muestra que entre la crisis hídrica y los eventos climáticos extremos, estos ecosistemas han demostrado ser nuestra infraestructura natural de supervivencia.

A seis años de la promulgación de la Ley N° 21.202 de Humedales Urbanos, el balance es agridulce. Si bien se ha logrado proteger más de 13.000 hectáreas bajo esta figura, el camino recorrido revela grietas profundas que el Estado y la sociedad civil deben atender con un sentido de urgencia si queremos que la protección no sea solo un saludo a la bandera.

Hoy, en el marco del Día Mundial de los Humedales, proclamado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2021, es importante reflexionar al respecto.

Los desafíos pendientes

La primera tarea es superar la etapa del decreto. Pero declarar un humedal como “urbano” es solo el inicio. El problema real reside en la gestión administrativa posterior. En no pocas circunstancias, los municipios no logran dictar las ordenanzas locales necesarias ni tampoco actualizar sus Planes Reguladores. El humedal puede quedar en una “tierra de nadie” donde el decreto lo protege legalmente, pero la basura, los perros asilvestrados y las descargas ilegales lo destruyen en la práctica.

Por otro lado, no podemos ignorar la tensión social entre vivienda y conservación. Chile enfrenta déficit habitacional, y es grande la presión inmobiliaria sobre suelos periurbanos. El desafío no puede ser elegir entre casas o humedales, sino transitar hacia una planificación territorial integrada. Debe dejarse de ver al humedal como un obstáculo para el desarrollo y entenderlo como un regulador térmico y una barrera contra inundaciones que valoriza el entorno habitacional. Rellenar un humedal para construir viviendas sociales es, en el largo plazo, condenar a esas familias a vivir en zonas de riesgo.

La protección de los humedales ha sido impulsada, en su gran mayoría, por comunidades locales que “ponen el cuerpo” para detener las máquinas. El desafío es institucionalizar esa participación ciudadana. La protección no puede depender de la capacidad de los vecinos para presentar recursos legales: debe ser una política pública proactiva, basada en evidencia científica y no solo en la presión mediática del momento.

Los humedales son ecosistemas en los cuales el agua es el principal factor que controla el entorno y la vida vegetal y animal asociada al mismo. Es uno de los ecosistemas más valiosos de la Tierra, indispensables para los seres humanos y la naturaleza por los amplios beneficios y servicios que proporcionan. Una de las orientaciones del Día Mundial es crear conciencia acerca del valor de los humedales para la humanidad y el planeta, promoviendo al mismo tiempo la integración de la necesidad de su conservación y su restauración en las agendas ambientales y políticas de desarrollo.

En un contexto de crisis climática que demanda políticas ambientales, no se puede permitir que estos ecosistemas sigan siendo vulnerables al arbitrio del mercado o la desidia de la burocracia. El desafío para este 2026 es claro: pasar a la defensa efectiva en los territorios. Se juega la vida y el agua en ello.

El vacío de los humedales rurales

Mientras los focos se centran en las ciudades, los humedales rurales, las turberas de la Patagonia y los bofedales altoandinos siguen en estado de vulnerabilidad preocupante. La implementación del Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas (SBAP) en este 2026 es una gran esperanza, pero su éxito dependerá de la capacidad de fiscalización. Sin botas en el terreno y drones en el aire, las extracciones ilegales de agua y el cambio de uso de suelo seguirán operando con impunidad.

El caso de Quilimarí, en Los Vilos, mostró una herida abierta en la Región de Coquimbo. Hace solo unos meses, la comunidad local alzó la voz para denunciar intervenciones que pusieron en jaque la existencia de su humedal, ubicado en la desembocadura del río del mismo nombre. Perdió prácticamente toda su agua, luego de una intervención realizada por terceros que abrieron un canal hacia el mar. La acción afectó la fauna migratoria que cada primavera llega al lugar, además de afectar a las comunidades aledañas que están a la espera de conexión al sistema de agua potable rural y ya están afectadas por la sequía.

La apertura realizada por terceros provocó la fuga del agua acumulada y dejó al humedal reducido a simples pozos de barro.

El caso es todo un símbolo de la indefensión. Al encontrarse fuera de los radios urbanos consolidados, su protección formal es más lenta y engorrosa, quedando a la merced de las acciones de particulares que, amparadas en el desconocimiento o la falta de fiscalización inmediata, degradan el terreno antes de que la autoridad logre intervenir.

La denuncia en Quilimarí permite recordar que la fiscalización llega tarde. Para cuando la SMA (Superintendencia del Medio Ambiente) o la DGA (Dirección General de Aguas) logran procesar las denuncias ciudadanas, el daño ecológico suele ser irreversible o de muy costosa reparación. Al mismo tiempo, muestra la importancia de la comunidad: si no fuera por el monitoreo constante de los vecinos de Quilimarí, estas agresiones al ecosistema pasarían inadvertidas.

El Día Mundial de los Humedales se desarrolla este año bajo el lema “Los humedales y los conocimientos tradicionales: celebrar el patrimonio cultural”, para explorar las conexiones entre los humedales y las prácticas culturales, las tradiciones y los conocimientos de las comunidades. En 2025 el lema fue: “Proteger los humedales para nuestro futuro común”. Todo ello se puso en juego en el daño al humedal en el valle de Quilimarí.

Fuente: Crónica Digital

Temas: Agua, Tierra, territorio y bienes comunes

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