Impactos del FMI en Argentina. No hay futuro para el pueblo bajo el yugo extorsivo de la deuda externa
"Hoy, la necesidad de divisas para pagar esa deuda continúa siendo la excusa y el discurso legitimador de un modelo extractivista y contaminante que no solo no mejora la calidad de vida de los argentinos, sino que hipoteca el destino de las futuras generaciones".
La última gran toma de deuda de la Argentina con el FMI se acordó en 2018 bajo la gestión del gobierno de derecha de Mauricio Macri y se llegaron a desembolsar aproximadamente 44.500 millones de dólares antes de que la gestión posterior frenara los giros pendientes. La mayor parte de estos fondos se destinó a cancelar vencimientos de deuda pública previa en moneda extranjera y a contener la corrida cambiaria con la que los fondos especulativos se retiraron del país. Actualmente, al no haber grandes pagos de capital pendientes tras las reprogramaciones, Argentina afronta compromisos concentrados principalmente en el pago de intereses de unos 3.000 a 4.500 millones de dólares anuales hasta 2034.
La principal fuente de divisas para pagar la deuda que tiene argentina son los comodities: soja del agronegocio, petróleo y minería (litio y cobre), así esta deuda con el FMI es la excusa y presión para que se promueva el extractivismo y saqueen los bienes naturales, desalojando campesinos y pueblos originarios, contaminando fuentes de agua y destruyendo bosques nativos. Para esto Milei, derogó leyes de protección de bosques, de protección de glaciares, y de protección de humedales y sancionó el régimen de grandes inversiones, una ley que exime de impuestos a las transnacionales para favorecer las “inversiones”, pero que deja bajo una carga impositiva asfixiante a las pequeñas y medianas empresas y a los consumidores. Los más pobres son los que más impuestos pagan en términos proporcionales a sus ingresos.
De la minería solo queda en el país el 1% del valor en boca de mina. El FMI es la llave para asegurar el extractivismo.
El gobierno de Milei llevó al extremo el modelo que favorece al capital financiero y cumple cada una de las demandas del FMI llevando a cabo un programa de recorte de inversiones del estado nacional en educación, Salud, obra pública, financiamiento productivo, salarios y jubilaciones, bajo una simbología de la motosierra. Además aprobó una reforma laboral que quita derechos a los trabajadores y facilita los despidos y abusos patronales con el argumento de que eso crearía más empleo.
Esta propuesta paradigmática según los postulados del FMI era el camino para maximizar las inversiones extranjeras, bajar la inflación y desarrollar la economía. Sin embargo, en un contexto de viento a favor internacional debido a que Argentina en el último año superó los récords de exportaciones de petróleo, minería y agronegocios, la economía esta a un paso de la recesión, con aumento del desempleo, caída de las inversiones extranjeras (el peor año de los últimos 30), cierre de empresas, caída de la recaudación publica, aumento de la pobreza y una inflación que volvió a aumentar y ya esta en casi 2 % mensual.
La experiencia argentina, desenmascara el relato liberal del FMI y deja claro que su único objetivo es subordinar a los países a reprimarizar sus economías, exportando los bienes naturales sin agregar valor en origen con la extorsión de la deuda externa. Deuda que fue utilizada para que el capital financiero pueda sacar del país las ganancias de su timba y no para promover obras de infraestructura estratégica para la economía nacional. Es un modelo que no genera trabajo y o distribuye ganancias, solo se benefician las grandes corporaciones transnacionales.
Hoy, la necesidad de divisas para pagar esa deuda continúa siendo la excusa y el discurso legitimador de un modelo extractivista y contaminante que no solo no mejora la calidad de vida de los argentinos, sino que hipoteca el destino de las futuras generaciones. Sin embargo la única salida es que argentina recupere soberanía del manejo de su economía, aliente el consumo y el agregado de valor de su industria y promueva la agroecología para abastecer de alimentos saludables al mercado interno. El FMI debe hacerse cargo de haber mal prestado, porque además su crédito no fue aprobado por el congreso de la nación
La encrucijada es Soberanía Alimentaria o FMI. El presente es de lucha y el futuro será nuestro, como dijo el Che.
Artículo escrito por Diego Montón, miembro de la Coordinación Nacional del MNCI Somos Tierra y de la Mesa Agroalimentaria Argentina.
Fuente: La Vía Campesina