Industria de carbono sigue en expansión sin resolver crisis climáticas

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En portada: En Acre, líderes de comunidades indígenas y reservas extractivistas se ven amenazados por oponerse a las políticas de “economía verde”. Foto: Tiago Miotto / Cimi

El Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales (WRM, por sus siglas en inglés) en 2012 lanzaba una cartilla especial alertando a las comunidades tradicionales, indígenas y campesinas de diferentes partes del mundo sobre los peligros por detrás, del entonces poco conocido, proyecto de carbono REDD (Reducción de Emisiones derivadas de la Deforestación y la Degradación de los Bosques), presentado oficialmente en 2005 en la 11.ª Conferencia de las Partes (COP 11) como una de las soluciones para detener el cambio climático.

Entre los peligros señalados desde hace años por el movimiento están que dichos proyectos aumentan los conflictos en los territorios, amenazan a la soberanía alimentaria, socavan la autonomía y ponen en riesgo los conocimientos tradicionales y la cultura de las comunidades,

Casi quince años después de la presentación de la primera versión de la cartilla, con el mercado de carbono más estructurado mundialmente y con sus “contradicciones, violencias e ideología colonial” más evidentes en los territorios de todo el planeta, el movimiento presenta una nueva edición de la cartilla. Fueron incluidas alertas actualizadas basadas en las experiencias de las comunidades y su resistencia a estos proyectos en la última década.

La actualización fue necesaria, cuenta a Avispa Mídia uno de los integrantes del WRM, Edmundo Hoppe Oderich, porque las empresas y gobiernos sofisticaron sus abordajes para enmascarar la vieja lógica del REDD, bajo nuevos términos o proyectos como “restauración de carbono” (plantar árboles nativos o restaurar turberas o humedales desecados), “remoción de carbono” (plantar árboles de crecimiento rápido, como eucaliptos o acacias, con el fin de eliminar CO2 de la atmósfera y almacenar el carbono en la madera del árbol), “agricultura de carbono” (cambiar cómo se cultiva o cómo se crían animales con el fin de aumentar el carbono almacenado en el suelo). “Crearon nuevos nombres, nuevos proyectos, pero la lógica es la misma”, sostiene Hoppe Oderich.

El escenario actual también trajo como novedad, explica, el surgimiento del ‘REDD jurisdiccional’ de gobierno, en el cual leyes estatales son aprobadas para restringir el uso comunitario de los bosques, sin contener la deforestación industrial. “Estos programas han crecido sustancialmente”, señala.

Con estos programas, los gobiernos pueden obtener ganancias afirmando que la deforestación se ha reducido en todo un Estado, provincia o incluso en todo el país. “Sin embargo, ya queda claro que los programas de REDD jurisdiccional no modifican las políticas gubernamentales que causan la deforestación de forma directa o indirecta”, explica, por ejemplo, por la expansión de plantaciones de soja y palma aceitera o por grandes proyectos de infraestructura.

Además, señala el incremento del uso de tecnologías digitales para vigilar territorios con proyectos de carbono, como drones, cámaras automáticas y rastreadores GPS.

A pesar de la presión tecnológica y gubernamentales, el equipo de WRM que acompaña a comunidades en diversas partes del mundo, analiza que la resistencia de los pueblos también ha madurado, ya que están aprendiendo a analizar las trampas contractuales y a frenar dichos proyectos. “La lucha de las comunidades y los pueblos indígenas es lo que, de hecho, ha desenmascarado la farsa colonial y la violencia de este mercado de carbono en todo el mundo”, analizan los integrantes del movimiento.

Expansión

A lo largo de estas dos décadas los proyectos de carbono se han expandido y abarcado cantidades considerables de bosques en todo el planeta. “Los proyectos de carbono relacionados con los bosques y el uso de la tierra se expandieron con mayor fuerza en el Sur Global durante este período, especialmente en América Latina, pero también de manera significativa en África y el Sudeste Asiático”, explica el integrante de WRM.

Una evidencia de la expansión de los proyectos REDD+ está en la base de datos de la certificadora Verra, una organización que gerencia el principal programa de certificación del mercado voluntario de carbono en el mundo, el Verified Carbon Standard (VCS). En 2025 fueron aprobados 107 proyectos de carbono forestal y de uso de la tierra, lo que incluye REDD y otros proyectos de carbono. Entre 2009 y 2014, fueron registrados 37. “Esta expansión es un indicativo de que actualmente una región mucho más grande está siendo codiciada por las empresas de carbono”, sostiene Oderich.

El integrante del WRM explica que existen otros tipos de proyectos de carbono que no entran en esta cuenta, pero que, según él, también crecen absurdamente. Es el caso del ‘REDD jurisdiccional’. “Al abarcar estados o provincias enteros dentro de un país, implican territorios generalmente más extensos que los proyectos REDD, como Kalimantan Oriental en Indonesia y el estado de Pará en Brasil, o incluso países enteros como Guyana”.

Un indicativo de que existe un movimiento que tiende al aumento de los proyectos REDD son los datos de la secretaría de Cambio Climático de la ONU - la entidad de las Naciones Unidas encargada de apoyar la respuesta mundial a la amenaza del cambio climático.

El órgano informa que, para finales de 2025, las presentaciones de niveles de referencia de emisiones forestales o niveles de referencia forestales en el marco de REDD+ - es decir, los informes e reportes oficiales que los países en desarrollo enviaron a la secretaría para demostrar “cómo están protegiendo sus bosques y reduciendo las emisiones contaminantes” en el marco de REDD+ -, abarcaron una superficie forestal de aproximadamente 1700 millones de hectáreas, lo que representa más del 90 % de los bosques tropicales y más del 75% de los bosques de los países en desarrollo.

Los pueblos indígenas de Acre y Amazonas y las mujeres campesinas denuncian las amenazas y refuerzan su resistencia frente a deforestación y la expansión del agronegocio que incluye estrategias REDD. Foto: Oscar González Marquès/Cimi Regional Amazônia Ocidental

“Eso no significa que en toda esta área están proyectos REDD+ ya concretados, más bien estos informes son el primero paso para que estos proyectos sean contabilizados más adelante, es el camino para que lleguen a la financiación basada en resultados”, explica Hoppe Oderich.

En total, 67 “países en desarrollo” han notificado a la ONU actividades REDD+. Como resultado de estas actividades, 24 de estos países han reportado una reducción de más de 14 000 millones de toneladas de dióxido de carbono —una cifra equivalente a unas 2,5 veces las emisiones netas de gases de efecto invernadero de Estados Unidos en 2022— y 21 países ya reúnen los requisitos para optar por la financiación basada en resultados.

De acuerdo a la Secretaría de Cambio Climático de la ONU, las presentaciones REDD+ abarcan ecosistemas forestales que van desde los bosques boreales de Mongolia hasta los bosques secos de Malaui, así como selvas tropicales de todas las regiones tropicales”, informa la secretaría en su página web.

Además, según el Banco Mundial, existen 133 instrumentos de definición de precios y comercialización de carbono en todo el mundo. En 2014 eran 41.

La lógica

Los organizadores del documento sostienen que los proyectos REDD se basan en la afirmación de que los daños climáticos provocados por la contaminación industrial en un determinado lugar pueden “compensarse” conservando un bosque o plantando árboles en otro lugar, incluso aunque este lugar se encuentre en la otra punta del mundo. También existen proyectos de carbono que afirman que la construcción de parques eólicos o el suministro de cocinas que usan menos leña son capaces de “compensar” la contaminación perjudicial para el clima provocada por la quema de petróleo, carbón o gas.

“Esta idea se denomina compensación de la contaminación. La ecuación simplista detrás de los proyectos REDD y de plantación de árboles es la siguiente: mientras haya suficientes plantas como para “absorber” el CO2 adicional (y almacenarlo en forma de carbono en su interior), las empresas contaminantes pueden seguir quemando petróleo, gas o carbón sin dañar el clima”, explican.

Pero las cosas no son tan simples. “Quienes se benefician de la contaminación saben que la quema de combustibles fósiles libera mucho más carbono fósil del que las plantas pueden absorber y almacenar. Aun así, afirman que los daños climáticos provocados por la quema de combustibles fósiles pueden compensarse o neutralizarse si evitan que se talen bosques, o si plantan nuevos árboles como parte de un proyecto de carbono”, sostienen.

La organización alerta que las últimas dos décadas han demostrado que estos proyectos no hacen lo que sus promotores proclaman: los proyectos de carbono no ayudan a resolver la crisis climática. “Lo que es incluso peor, los gobiernos y las empresas aprovechan los proyectos de carbono como excusa para retrasar la adopción de medidas destinadas a poner fin al uso de combustibles fósiles. La lógica de compensación detrás de los proyectos de carbono por lo tanto no sólo es errónea, sino también peligrosa”.

¿Quién se beneficia?

Una nueva industria del carbono se ha creado junto con REDD y los mercados de carbono. Esta industria, explican, incluye diferentes tipos de empresas, ONG y consultores que se benefician económicamente de los mercados de carbono y de la venta de créditos de carbono.

Las reuniones plenarias de la Cumbre de los Pueblos, un evento paralelo a la COP30, refuerzan la lucha por la justicia climática, los derechos y la protección de la Casa Común. Foto: Hellen Loures/Cimi

Siempre hay una empresa, u ONG, involucrada en cada proyecto de carbono, explican. Antes de ponerse en contacto con una comunidad, viajan por todas partes para encontrar un buen lugar donde llevar a cabo sus proyectos. Cuando encuentran un lugar de su agrado, se ponen en contacto con la comunidad o el propietario de la tierra, diseñan el proyecto y preparan los documentos. La empresa también gestiona las actividades del proyecto. Algunas, además, gestionan el proceso de auditoría del proyecto. Otras, contratan a empresas especializadas para organizar esas auditorías. Sin tales auditorías (que se denominan “verificación” en el negocio del carbono), el proyecto no puede vender ningún crédito de carbono. Una vez que las actividades han sido aprobadas por la auditoría, el proyecto comienza a vender créditos de carbono a empresas contaminantes. La mayoría de las empresas de carbono son del Norte Global o tienen conexiones con empresas del Norte Global. Algunas también están relacionadas con élites del Sur Global.

Las empresas petroleras y mineras, aerolíneas y empresas del agronegocio como Nestlé, Danone o Marfrig se encuentran entre las principales compradoras de créditos de carbono. Empresas tecnológicas y de vigilancia, como Microsoft y Google, también compran créditos de carbono y proporcionan equipamiento para monitorear lo que ocurre en los territorios donde se implementan proyectos.

Junto con los auditores, estas empresas obtienen grandes ganancias a partir de la venta de créditos de carbono.

Empresas de auditoría y de estándares de carbono - Las empresas que compran créditos de carbono buscan dos cosas antes de comprarlos, explican en la cartilla. En primer lugar, les interesa el precio. En segundo lugar, quieren saber si pueden confiar en la calidad de los créditos de carbono que compran. Es por esto que los proyectos de carbono son revisados por auditores externos (las auditorías de “validación” y “verificación” de los proyectos de carbono).

Sin dichas auditorías, cada propietario de proyecto utilizaría su propio método para calcular la cantidad de carbono que supuestamente ha evitado que se libere al aire. Si cada proyecto usara sus propios cálculos, los compradores no confiarían en ellos. Las reglas que usan las empresas de carbono se establecen mediante “estándares de carbono”.

Algunos ejemplos de “estándares de carbono” son VCS de Verra, GoldStandard, Cercarbono, Plan Vivo o el estándar ART-TREES para los programas de “REDD jurisdiccional”.

Recuerdan que todos ellos se han visto involucrados en escándalos o conflictos. “En otras palabras, sus reglas no ofrecen ninguna garantía de que un proyecto esté libre de conflictos o de que realmente se hayan evitado emisiones, tampoco garantizan que un proyecto no se esté desarrollando en tierras robadas”.

Resumiendo, el equipo del Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales sostiene que el mercado de carbono ha consolidado una verdadera "industria del carbono" multimillonaria que beneficia a las corporaciones contaminantes - apenas 36 empresas de extracción y procesamiento de combustibles fósiles son responsables de la mitad de las emisiones mundiales de CO2-, a las certificadoras, a los auditores y a las grandes ONG ambientales corporativas, como la Conservation International o The Nature Conservancy, en detrimento de las poblaciones locales. "La lógica de la compensación sirve únicamente como pretexto y licencia para posponer acciones reales y permitir que las corporaciones sigan extrayendo y quemando combustibles fósiles".

En la evaluación del movimiento, para evitar un caos climático aún más grave, se debe poner fin a la extracción y quema de combustibles fósiles. “Sin embargo, eso no es lo que está ocurriendo. Los grandes beneficiarios del capitalismo -las grandes empresas, los países industrializados y las élites- se niegan a reducir drásticamente su consumo de combustibles fósiles. Hacerlo disminuiría el poder y las ganancias que obtienen de este sistema destructivo, especialmente en el Norte Global”.

Fuente: Avispa Midia

Temas: Crisis climática, Extractivismo, Tierra, territorio y bienes comunes

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