Investigadores alertan del efecto térmico de los centros de datos en la era de la IA
Investigadores detectaron que estas instalaciones elevan la temperatura entre 2 °C y 9 °C, en condiciones extremas, en un radio de hasta 10 kilómetros respecto a los valores previos a su funcionamiento.
El crecimiento exponencial de la inteligencia artificial ha desplazado el foco del debate desde la capacidad algorítmica hacia la infraestructura física que la sostiene y la dotación de servicios básicos. Más allá del alto consumo eléctrico y de agua, ya conocido, investigaciones han comenzado a documentar un fenómeno térmico preocupante: la formación de «islas de calor» vinculadas a la densidad de los centros de datos en entornos urbanos y semiurbanos.
Estas inmensas instalaciones que impulsan la IA están elevando drásticamente las temperaturas de la superficie terrestre. Los miles de componentes, procesadores y servidores de cada uno de estos centros se calientan y tienen que refrigerarse para que sigan funcionando correctamente, de ahí la amplia demanda de agua.
Científicos de varias universidades e institutos de tecnología, entre ellos de Cambridge, Nanyang, Génova, Grenoble, Singapur y Hong Kong estudian el impacto ambiental de esos centros de datos. Observaron que están creando ‘islas de calor’ que aumentan la temperatura del terreno circundante hasta 16 grados Fahrenheit y haciendo que la vida sea más calurosa para las personas.
Ambientalistas han elevado la batalla contra los centros de datos en Estados Unidos, donde hay un estimado de 4.000. Con alrededor de un tercio de ellos tan solo en cuatro estados Virginia (568), Texas (392), California (288) e Illinois (206) y Florida 120.
Los centros de datos albergan informática crítica, como servidores, unidades de almacenamiento y equipos de red, para procesar, gestionar y compartir datos digitales cotidianos y de alta seguridad. Es la data de miles de millones de usuarios. Para el año 2025, cada persona en el mundo industrializado desarrolló al menos una “interacción” con un centro de datos cada 18 segundos de su vida.
La otra cara de los centros de datos
La investigación histórica de las últimas dos décadas ha revelado la emergencia de un fenómeno climático específico denominado ‘isla de calor’ de centros de datos. Este hallazgo confirma que la puesta en marcha de grandes instalaciones de computación —esenciales para la inteligencia artificial y los servicios de nube de los gigantes tecnológicos— altera el microclima circundante de forma medible.
Al analizar la evolución térmica en las zonas próximas a estos centros, se observa que la temperatura media de la superficie se incrementa en 2 °C en un radio de hasta 10 kilómetros respecto a los valores previos a su funcionamiento, señala el estudio publicado en ResearchGate.
Este efecto guarda similitudes con las islas de calor urbanas tradicionales. Allí las ciudades mantienen temperaturas superiores a las áreas rurales. Pero con la particularidad de estar vinculado directamente a la actividad de los hiperescaladores.
Aunque un aumento de 2 grados podría considerarse menor de forma aislada, la investigación alerta que esta anomalía térmica afecta ya a 340 millones de personas a nivel global, con una incidencia relevante en países como España. Por ello, los autores sostienen que este impacto debe integrarse de manera urgente en el debate sobre la sostenibilidad de la IA. En vista de su potencial para transformar el bienestar regional y las condiciones de vida de las comunidades locales.
Sin embargo, en ciertas condiciones, los científicos han descubierto que el aumento de la temperatura de la superficie puede ser incluso superior y llegar hasta los 9,1 °C en los casos más extremos analizados.
Islas de calor que elevan las temperaturas
A diferencia de los servidores convencionales, las unidades de procesamiento gráfico (GPU) necesarias para entrenar modelos de lenguaje de gran escala operan a densidades de potencia significativamente mayores. Este proceso genera una transferencia de calor constante hacia el exterior. Para mantener la integridad de los componentes, los centros de datos emplean sistemas de refrigeración que expulsan aire caliente de forma masiva. O utilizan torres de enfriamiento que liberan calor latente a la atmósfera inmediata.
Cuando estas instalaciones se agrupan en clústeres —como sucede en corredores tecnológicos específicos—, el volumen de aire caliente inyectado en la capa límite de la atmósfera puede alterar el microclima local. Estudios preliminares sugieren que la temperatura ambiente en las proximidades de estos complejos puede ser varios grados superior a la de zonas rurales circundantes. Replicando el efecto de isla de calor que se atribuía al asfalto y al hormigón de las grandes ciudades.
El impacto ambiental se ve agravado por la relación entre el enfriamiento y el consumo de recursos hídricos. Muchos centros de datos utilizan sistemas de enfriamiento evaporativo, que son eficientes energéticamente pero consumen millones de litros de agua dulce.
En regiones que ya sufren estrés hídrico, esta práctica no solo compite con el consumo humano y agrícola, sino que la humedad liberada puede incrementar la sensación térmica local. Atrapando el calor cerca del suelo y dificultando el enfriamiento nocturno natural.
La documentación actual subraya que la solución reside en mejorar el PUE (Power Usage Effectiveness). E integrar los centros de datos en la economía circular de la energía. En diversos países europeos, se están implementando proyectos para capturar el calor residual de los servidores y redirigirlo a redes de calefacción urbana. De esta forma transforman un residuo ambiental en un recurso comunitario.
Mayor calentamiento a un planeta acalorado
A pesar de esos avances para aquietar el calor, el desafío persiste en la velocidad de despliegue. Mientras la infraestructura de IA se expande para satisfacer la demanda global, la regulación ambiental enfrenta el reto de mitigar estas externalidades térmicas antes de que contribuyan de manera irreversible a la degradación de los ecosistemas locales. Así como al confort térmico de las poblaciones colindantes.
El estudio no ha pasado por revisión de pares y ya generó reacciones divididas. Ralph Hintemann, investigador del Borderstep Institute for Innovation and Sustainability, argumentó que las cifras reportadas “parecen muy altas”. Y que las emisiones para generar la energía eléctrica de estos sitios “siguen siendo el aspecto más alarmante”.
En contraste, Deborah Andrews, profesora emérita de la London South Bank University, indicó que la investigación demuestra cómo “la ‘fiebre del oro de la IA’ parece estar anulando las buenas prácticas y el pensamiento sistémico”. La urgencia corporativa por construir más servidores ahora enfrenta el reto de mitigar su propia huella térmica.
España se consolida como un centro de datos clave en el sur de Europa, con más de 130 centros. Y una inversión prevista de hasta 66.900 millones de euros hasta 2030, triplicando su capacidad actual. Madrid lidera como nudo principal, seguida por Aragón (hiperscala) y Barcelona. En Aragón, por ejemplo, tienen estas instalaciones o están a punto de construirlas AWS (Amazon), Microsoft, Blackstone. Asimismo Vantage Data Centers, Azora y el grupo aragones Samca.
Esta posición ha permitido a la región convertirse en un hub de esa tecnología avasallante. Esos proyectos han traído millones de euros en inversiones y en puestos de trabajo, también críticas. Pero al mismo tiempo ha sido responsable de un aumento de temperatura anómalo de 2 grados centígrados.
Fuente: Cambio 16