La tragedia de Honduras: entre narcotraficantes, libertarios, sionistas y las camisas de Trump
Los audios que revelan la trama para reinstalar a Juan Orlando Hernández en la presidencia de Honduras nos recuerdan la vieja forma en que la United Fruit Company designaba a los gobernantes en Centroamérica.
El candidato que alcanzó la presidencia con la promesa de “Hacer a Estados Unidos grande de nuevo” (Make America Great Again) impulsando el regreso de la industria a su país maquiló durante más de una década algunas líneas de su marca de ropa en una fábrica textil de la Zona Libre INHDELVA, en Choloma, Honduras. Dicha empresa es propiedad de una de las familias más acaudaladas del país centroamericano. Investigaciones periodísticas como la realizada por Karla Zabludovsky y Daniel Wagner han documentado las condiciones de explotación, riesgos para la salud y maltratos que sufren sus trabajadores. Al igual que otros empresarios estadounidenses, Trump se benefició considerablemente de los bajos salarios y el trato preferencial —incluidas exenciones fiscales— que ofrecen las zonas libres hondureñas.
Ya como presidente, este mismo personaje impulsó una feroz campaña contra el narcotráfico, elevándolo a la categoría de terrorismo. Con ese pretexto las fuerzas armadas de Estados Unidos, sin presentar prueba alguna de los supuestos delitos cometidos, han asesinado a cerca de 200 personas en los bombardeos de lo que estos llaman “narcolanchas”, y en el mismo contexto se ordenó el secuestró de Nicolás Maduro, presidente en funciones de Venezuela acusado de pertenecer al inexistente Cártel de los Soles. Paradójicamente, un mes antes de la incursión al país caribeño el propio Trump había indultado a Juan Orlando Hernández, expresidente de Honduras que desde 2024 purgaba una condena de 45 años por narcotráfico en una cárcel federal estadounidense.
Honduras como plataforma del proyecto MIGA —Make Israel Great Again—
Gracias a la investigación de Valeria Duarte para Diario Red América Latina hoy sabemos que este indulto no fue meramente una iniciativa de Trump, sino el producto de las gestiones efectuadas por personas ligadas al gobierno de Israel. También sabemos, como quedó establecido en las comunicaciones que el expresidente mantuvo con distintos personajes de la política hondureña, que la obtención de su libertad no fue la única deuda contraída por Orlando Hernández, ya que este además recibirá el apoyo de sus patrocinadores para volver a la presidencia una vez que concluya el periodo del actual mandatario, Nasry Asfura. La forma de saldar las cuentas será acondicionar el territorio de Honduras a las exigencias y necesidades de Estados Unidos e Israel, mediante el establecimiento de una nueva base militar, más Zonas de Empleo y Desarrollo Económico (conocidas como ZEDES), un tratado de libre comercio y el impulso de leyes que incentiven la inteligencia artificial IA en el país.
Un poco de historia: las repúblicas bananeras
A lo largo del tiempo Estados Unidos se ha referido a América Latina como su “patio trasero”, y a los países de Centroamérica con el mote despectivo de “repúblicas bananeras”. Estas son naciones con un pasado colonial formalmente independientes en la actualidad, las cuales en la práctica permanecen sometidas al control de Estados Unidos. Las élites que las gobiernan deben de tener el aval de Washington, al mismo tiempo que en su territorio, cual si fuera un injerto, se establecen actividades productivas que obedecen a los intereses y las necesidades de esta potencia mundial.
Trump se benefició considerablemente de los bajos salarios y el trato preferencial, incluidas exenciones fiscales, que ofrecen las zonas libres hondureñas.
Estados Unidos llenó el vacío que provocó el fin del orden colonial, entre otras acciones, incitando la independencia de Panamá —territorio que formaba parte de Colombia— a inicios del siglo XX, con el único fin de establecer el control del canal interoceánico que reduciría significativamente el tiempo de traslado entre el Pacífico y el Atlántico. Paralelamente, al resto de la región le fue imponiendo su voluntad y le asignó el papel de proveedora de materias primas. Y si bien algunas actividades del antiguo orden se mantuvieron, como fue el caso del cultivo de la caña de azúcar, también se integraron otras, proliferando —de ahí el nombre de repúblicas bananeras— las plantaciones de plátano.
Una vez que se desarrollaron las condiciones de transportación y almacenamiento de este fruto tropical empresas como la United Fruit Company impulsaron su producción a gran escala. La UFC se convirtió en el brazo político —y armado— de Estados Unidos en la región, poniendo y quitando gobiernos a su conveniencia. Los grupos que intentaron establecer gobiernos revolucionarios, o que únicamente trataron de obtener cierto grado de autonomía, sufrieron las consecuencias de retar el orden impuesto, ya sea con acciones directas, o bien a través de grupos paramilitares. Estados Unidos sofocó cualquier iniciativa, como lo demuestran los casos de Árbenz en Guatemala, el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional en El Salvador, el Frente Sandinista en Nicaragua y Torrijos en Panamá. De ahí la importancia de valorar y reconocer el significado de la Revolución cubana, que hoy experimenta la intensificación del asedio genocida de Estados Unidos.
Honduras, el gran ausente
Honduras suele ser el gran ausente en la lista de los movimientos de resistencia. Desafortunadamente el grado de sometimiento de este país no ha posibilitado movimientos comparables con los de sus vecinos. Por el contrario, esta nación ha servido como plataforma logística para que Estados Unidos entrene y lance ofensivas contra los proyectos de cambio en la región, como la Contra nicaragüense, los paramilitares de El Salvador y el mismo derrocamiento de Árbenz.
ZEDES y su régimen de excepción
El neoliberalismo consolidó esta inercia de control de la región. A las plantaciones bananeras se les sumó la manufactura que Estados Unidos relocalizaba en distintas partes del mundo, la cual, como en el caso mexicano, funcionaba como un mecanismo para inhibir la migración. Y si bien en casi todas las naciones de la zona se dio el mismo proceso, en Honduras tuvo características propias a partir de la creación de las Regiones Especiales de Desarrollo —RED— que se echaron a andar en 2010.
Para favorecer el desarrollo económico de alguna región, en varias partes del mundo se han establecido “áreas” —zonas libres— con un estatus legal diferenciado y distintos grados de autonomía en relación con resto del país que las crea, con la finalidad de captar inversiones y desarrollar actividades orientadas a las exportaciones, en las que los inversionistas se benefician con incentivos fiscales, mano de obra barata y otro tipo ventajas. Los casos más conocidos son las Zonas Económicas Especiales de China —ZEE—, las cuales, aunque no son el único, se han convertido en el modelo a seguir.
Honduras suele ser el gran ausente en la lista de los movimientos de resistencia. Desafortunadamente el grado de sometimiento de este país no ha posibilitado movimientos comparables con los de sus vecinos
Teniendo como antecedente las RED, durante los primeros años de la década de 2020 se crearon las polémicas Zonas Especiales de Empleo y Desarrollo —ZEDE—, caracterizadas por tener un régimen legal que otorga aún más autonomía. Bajo ese esquema en Honduras se establecieron tres ZEDEs: Próspera, Morazán y Orquídea, las cuales se anuncian como un medio de llevar prosperidad al país a partir de marcos normativos flexibles y autónomos.
ZEDE Próspera: un experimento libertario
El marco normativo de Próspera atrajo a algunos empresarios de la rama de la alta tecnología que simpatizan con las doctrinas libertarias, para erigir en la isla de Roatán una “ciudad autónoma” en la que fuera del alcance de las regulaciones convencionales han establecido una clínica que imparte terapias para el rejuvenecimiento y alargar la vida a través de lo que llaman hackeo del cuerpo humano. Este proyecto ha enfrentado la oposición de las comunidades originarias — negro ingleses, garífuna e ind ígena miskita— quienes han denunciado como una forma de neocolonialismo institucionalizado el despojo del que han sido objeto. Y aunque en 2022 la presidenta Xiomara Castro decretó la invalidez de las leyes que sustentan las ZEDEs, los inversionistas han logrado mantener sus privilegios y control sobre este espacio, apelando a los derechos adquiridos a pesar de la oposición.
Perpetuando el statu quo
Y aunque Orlando Hernández ha negado que sea su voz la de los audios que lo comprometen, la realidad nos muestra que las élites hondureñas siguen al servicio de Estados Unidos —e Israel—, consolidando un proyecto que nuevamente asigna el papel de enclave al país caribeño, en el contexto de la lucha por la hegemonía de Estados Unidos con China y el sometimiento de América Latina como su patio trasero. Mientras tanto aquellos que no se han plegado a estos designios son presionados por Washington para que corrijan el camino. Cuando esto no funciona, el intervencionismo se manifiesta en fraudes, como en 2025, y en golpes de Estado, como el que sufrió Manuel Zelaya en 2009.
Por último, el presidente del movimiento MAGA, aun teniendo todos los incentivos que otorga Honduras, culpó a China de su decisión de abandonar este país, para trasladar la producción de sus camisas a Bangladesh.
Fuente: Diario Red