La trastienda del éxito de Concha y Toro: producir y exportar barato a cuenta de viñateros y del Estado
Hace algunos días la Viña Concha y Toro informó el cierre del acuerdo para comprar la francesa Maison Mirabeau, una marca altamente valorada orientada a la producción y venta de vinos rosados de la denominación de origen Côtes de Provence. La adquisición representa un nuevo salto en su expansión internacional, iniciada en 1996 cuando fundaron Bodega Trivento en Mendoza, para en 2011 comprar Fetzer Vineyards en California.
De acuerdo a la prensa del rubro, la empresa gala distribuye sus vinos en más de 40 países con una especial presencia en Reino Unido, mientras que su propiedad tiene 20 hectáreas, de las cuales 14 están cultivadas bajo la DO mencionada. Por su parte, Eduardo Guilisasti Gana, gerente general, señaló: “Confiamos en que la red de distribución global de Viña Concha y Toro permitirá que la esencia y la calidad de Maison Mirabeau lleguen a nuevos mercados y consumidores".
Ante este logro vale preguntarse bajo qué condiciones la firma chilena conformó esa “red de distribución global” que la erige en la viña de mayor capitalización del país, muy por sobre San Pedro y Santa Rita (segunda y tercera en cuanto a activos totales) y del resto de viñas adscritas a Vinos de Chile.
Tabla de elaboración a propia a partir de la revisión de memorias anuales disponible de cada empresa.
En general, las empresas vínicas chilenas son de las más favorecidas con la política comercial de los últimos treinta años, principalmente desde la entrada en vigencia de cláusulas de diversos acuerdos comerciales que las eximen de aranceles por la entrada de sus productos en múltiples países. Esto lo aseveró la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales en 2021, indicando que estas "representaban solo el 6% de las exportaciones hace 30 años y hoy son el 14%".
De acuerdo a su última memoria anual disponible (2024), Concha y Toro posee un total de activos de $1.718.769 millones, que representa un 70% más que el presupuesto del Ministerio de Agricultura de este 2026 ($1.019.695.771.000). La superficie agrícola que posee en Chile, Argentina y EE.UU. suma 14.031 hectáreas. Su catálogo de marcas abarca Concha y Toro, Tocornal, Santa Emiliana, Clos de Pirque Don Melchor, Marques de Casa Concha, Casillero del Diablo, Diablo, Frontera, Viña Maipo, Carmín de Peumo, Amelia, Terrunyo, Trio, Sunrise, Palo Alto, Sendero, Reservado Concha y Toro, SBX, Descorcha, Cono Sur, Bicicleta, Isla Negra, Ocio, 20 Barrels, Trivento, Eolo, Fetzer, Bonterra y 1000 Stories, en vinos. En cervezas incluye a Southern Brewing Company S.A. con su familia de marcas Kross, como son Krossbar, Kross Cervecería Independiente y Odissea.
Producir y exportar barato
En un informe técnico de 2023, la Organización Internacional del Trabajo (OIT), constató la tendencia de la industria vínica nacional de vender sus productos bajo el promedio de comercialización en los lugares a los cuales se exporta. Vender barato es posible porque se produce a muy bajo costo y en condiciones normativas absolutamente ventajosas.
Si bien Concha y Toro, al igual el resto de grandes viñas, elaboran vinos de alto cuidado con los cuales buscan recoger reconocimiento en pruebas organolépticas internacionales, estos son obviamente puntuales. Para la mayor parte de las marcas, la industria se aprovisiona de la materia prima de viñateros aprovechando su condición oligopsónica para imponer precios. De acuerdo a ODEPA ( Oficina de Estudios y Políticas Agrarias), durante la última vendimia, los precios por kilo de uva fluctuaron entre $200 y $300 durante la última vendimia en las comunas del Valle del Itata (Ñuble y Biobío) y precios similares en Maule. A pesar de lo cuestionable de estas cifras, impugnadas por las agrupaciones de viñateros señalando que son inferiores aún, siguen siendo insuficientes para cubrir los costos de producción calculados en $400 aproximadamente.
Las denuncias que califican estos precios como "predatorios" han sido sucesivas y contundentes, incluso calculan la cantidad de viñateros que arrancaron vides, muchas de ellas centenarias, para volcar sus terrenos a actividades algo más rentables, aunque nocivas, como la industria forestal. Sin embargo, estos reclamos no representan una presión suficiente para que las sucesivas autoridades políticas implementen mecanismos correctivos de esta debacle con múltiples repercusiones en lo económico, demográfico y cultural.
La vinificación de uva de mesa también constituye un perjuicio, pues posibilita a la industria vinífera aprovisionarse de los remanentes de cosechas de este tipo de vayas, sin la necesidad de recurrir a la materia prima de los viñateros. La situación fue reconocida por un grupo de senadores que en una moción de agosto de 2021 afirmaron: "...los grandes productores de vinos no respetan adecuadamente los estándares necesarios para obtener vinos de calidad de manera permanente... A saber, cabe mencionar que, en legislaciones como la española y la francesa, que son reconocidos internacionalmente por la calidad de vinos que producen, son cautelosos en orden a no permitir que ciertas variedades de uva de mesa sean vinificadas". Esta iniciativa legislativa orientada a prohibir esta práctica quedó estancada.
Actualmente Vinos de Chile, entidad gremial de la que Concha y Toro es su mayor empresa, cabildea para que la norma considere vino a mostos con menos de 11.5 grados de alcohol y se siga utilizando agua en la elaboración. Una de las explicaciones plausibles de este plan radica en bajar más aún los costos destinados a la compra de uva, pues así se puede adquirir sin la premura de su deshidratación, permitiendo adquirir bayas más livianas sin importar que estén concentradas, pues el agua diluye el mosto y aminora los grados alcohólicos propios de la uva de cosecha tardía con alto contenido de azúcar.
De acuerdo a las organizaciones viñateras, esta práctica ya es común sin que exista fiscalización al respecto. De hecho, el 24 de diciembre de 2019 se publicó en el Diario Oficial una modificación al Decreto 78, que regula la elaboración de bebidas alcohólicas, autorizando la incorporación de agua en la vinificación con el argumento de "facilitar la fermentación de mostos con contenidos de sólidos solubles superiores a 23,5° Brix". El edicto fue suscrito por Sebastián Piñera y Antonio Walker, como Ministro de Agricultura.
Por otra parte, continúa la elaboración de productos presentados con conceptos como «selección dulce», «cóctel de vino» o «dulce», generalmente comercializados como vino cuando en realidad no lo son. Tienen una graduación alcohólica menor que el vino, adicionando agua al mosto, y un dulzor alcanzado a través de otros aditivos. En este sentido, hace un año, la Coalición Nacional de Viñateros, observaba que los productos:
- Exportación Selecto, selección Dulce, de Viña Concha y Toro, tenía 8° GL (concentración de alcohol). Ingredientes: Vino de uva, Agua, Azúcar líquida, Esencia de fresas, Sorbato de potasio, Dióxido de azufre, Sulfitos
- Gran 120, Selección Dulce, de Viña Santa Rita, tenía 9° GL. Ingredientes: Vino cabernet sauvignon, Agua, Azúcar granulada, Saborizante frutos rojos natural, ácido tartárico, ácido cítrico, Sorbato de potasio, Sulfitos.
- Gato Selección Dulce, de la Viña San Pedro, tenía 9°.GL. Ingredientes: Vino, Azúcar, Agua, Sorbato de potasio, Anhídrido sulfuroso, Esencia de frutilla natural, Esencia de maqui natural, Sulfitos.
Un caso paradigmático de ello es el de Casillero del Diablo Belight, producido por Concha y Toro, sobre el cual el 11 de marzo de 2024, el entonces Ministro de Agricultura, Esteban Valenzuela, informaba lo siguiente:
Sin embargo, hasta ahora no sólo sigue comercializándose en supermercados, sino que su fabricante lo presenta como vino.
Aportes estatales, puerta giratoria y éxito
Concha y Toro, junto a múltiples empresas del rubro vinícola y de otros, goza de la entrega permanente de recursos a través de subsidios a la Innovación de CORFO y exenciones impositivas por la Ley de incentivo tributario a la inversión privada en Investigación y Desarrollo. Sólo, con la implementación de estas políticas, el Estado le ha asignado a esta entidad, al menos, $14.715.062.066 desde el año 2012 hasta el 2025.
Rafael Guilisasti Gana, hermano del gerente general, fue también gerente de exportaciones de Concha y Toro entre 1985 y 1998, y actualmente es su vicepresidente; desde 1986 a 2003 fue presidente de Vinos de Chile; además preside el directorio de Viñedos Emiliana. En 2011, el expresidente Sebastián Piñera lo nombró como miembro del Consejo Directivo de CORFO, aunque renunció el 3 de septiembre de 2015 para asumir el cargo de director en SQM Salar S.A. y SQM S.A. luego que Julio Ponce Lerou renunciara al ser imputado por delitos tributarios relacionados con el financiamiento de campañas electorales.
El año 2013, mientras Guilisasti se desempeñaba en CORFO, Concha y Toro se benefició con exenciones tributarias equivalentes a $2.483.328.256 a través de la Ley I+D. Vinos de Chile obtuvo un subsidio de CORFO de $5.000.000.000 justo en 2012. Por su parte, Viñedos Emiliana se favoreció con $521.726.785 entre 2016 y 2020. Esto no ha sido puesto en el debate público por ningún agente de la política profesional.
Recurrentemente, la propaganda empresarial asevera que el crecimiento de empresas como Concha y Toro se debe a las virtudes competitivas de quienes las conducen, sin embargo la realidad nos muestra a la clase política diseñando una infraestructura normativa funcional a sus intereses y al Estado como gran financista de un sin número de exenciones tributarias y proyectos presentados como si fueran de interés nacional.
Fuente: Resumen Cl
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