Más allá de las cifras, el femicidio como expresión de la violencia estructural contra las mujeres
"Reducir el femicidio a una estadística implica deshumanizar a las víctimas y normalizar una violencia que continúa siendo justificada bajo discursos que la presentan como parte de la cultura o como consecuencia de conflictos privados, en este análisis busca problematizar algunos elementos sobre las dinámicas del femicidio en Honduras y países de la región".
“Para mantenernos oprimidas,
necesitan que tengamos miedo.
La violencia nos hace sentir sin poder”.
Susana Draper (2024)
¿En qué momento la vida de una mujer se convierte en un dato estadístico femicida? ¿En qué momento dejamos de ver sus rostros, sus historias, sus sueños y sus proyectos de vida? ¿Qué tiene que pasar para que los expedientes de los miles de mujeres que aún esperan justicia dejen de acumular polvo en los archivos del Estado? ¿Hasta cuándo se seguirá justificando la violencia contra las mujeres bajo la narrativa de que las violencias de género es parte de nuestra cultura?
Reducir el femicidio a una estadística implica deshumanizar a las víctimas y normalizar una violencia que continúa siendo justificada bajo discursos que la presentan como parte de la cultura o como consecuencia de conflictos privados, en este análisis busca problematizar algunos elementos sobre las dinámicas del femicidio en Honduras y países de la región.
¿Qué es el femicidio? una mira situada desde Latinoamérica
Para poder hablar sobre femicidio es relevante reflexionar como las violencias de género son altamente complejas, debido a que requiere un análisis desde una mirada critica que analice el contexto social, cultural, económico y político, sobre todo desde perspectivas territoriales, dado que el femicidio no constituye un hecho aislado, sino que es la expresión más extrema de un continuo de violencias estructurales que atraviesan la vida de las mujeres, entre ellas la violencia física, psicológica, sexual, patrimonial, económica, simbólica y vicaria, entre otras.
Entonces entenderemos que el femicidio es el resultado del continuum de múltiples problemas estructurales, ante este fenómeno muchas feministas de la región han hecho un gran esfuerzo para poder conceptualizarlo partiendo de las realidades latinoamericanas, desde la perspectiva de la antropóloga y socióloga costarricense Montserrat Sagot, el femicidio no debe entenderse únicamente como el asesinato de una mujer, sino como una manifestación de la violencia misógina sustentada en estructuras de poder patriarcales. Esta forma de violencia ocurre en contextos donde las mujeres son consideradas objetos de posesión, control o castigo, y donde sus cuerpos son cosificados y utilizados para reafirmar relaciones de poder masculinas. Asimismo, Sagot señala que los femicidios pueden ser cometidos por parejas o exparejas, familiares, conocidos o desconocidos, y responden a una lógica social que busca disciplinar, controlar o castigar a las mujeres por el hecho de ser mujeres.
Por su parte la antropóloga y feminista Marcela Lagarde señala que el feminicidio es «un delito de lesa humanidad que contiene los crímenes, los secuestros y las desapariciones de niñas y mujeres en un cuadro de colapso institucional. Se trata de una fractura del Estado de derecho que favorece la impunidad. Por eso, el feminicidio es un crimen de Estado» (Lagarde y de los Ríos, 2008, p. 155)
Estas ideas nos dejan una mayor claridad de lo que nos referimos al hablar de femicidio, resaltando que este problema es estructural, limita los niveles de desarrollo de nuestros países por la falta de atención del Estado como garante de los derechos de las mujeres y niñas a vivir en espacios seguros que les permitan desarrollarse plenamente.
En este análisis se pretende examinar el comportamiento de los femicidios en los últimos años (2020-2026) a través datos estadísticos provenientes de organizaciones de la sociedad civil y fuentes académicas, con el propósito de identificar patrones, tendencias y características asociadas al fenómeno estudiado. Para ello, se abordarán indicadores relacionados con la distribución territorial de los casos, las edades de las víctimas, la relación existente entre víctimas y femicidas, así como las respuestas institucionales implementadas por el Estado.
Fuente: La Vía Campesina