Nada que celebrar, mucho para reflexionar: 30 años de soja transgénica
De la complicidad académica a la ciencia digna, de la política empresaria a las resistencias en los territorios, del modelo tóxico-dependiente a la agroecología. Un balance sobre qué actores se beneficiaron en estas tres décadas de transgénicos, los impactos en el ambiente y en los cuerpos, y senderos posibles para dejar atrás un modelo económico colonial.
“Aquello que hemos hecho, lo podemos deshacer,
y entonces, conscientemente, volverlo a hacer”
Sylvia Wynter (2007)
Opinión
Fue bajo la presidencia de Carlos Saúl Menem; el Secretario de Agricultura, Felipe Solá autorizó la producción y comercialización de la semilla de soja modificada genéticamente y resistente al herbicida glifosato (Resolución 167/96).
Esta ignominia, que marcó un hito fundamental en la historia del agro de Argentina, se llevó a cabo con un trámite de apenas 81 días, violando todos los requisitos técnicos y procedimientos administrativos requeridos por el marco legal y regulatorio vigente.
El informe supuestamente “científico” que acompañó el expediente de aprobación fue realizado en 1994 en Estados Unidos por la empresa Monsanto, solicitante de la introducción. Presentado en idioma inglés, contiene trabajos publicados en gran medida por técnicos de Monsanto, con escasa rigurosidad científica, y muchos describen métodos analíticos estándar de poca o nula pertinencia.
Dicho informe omite información existente, a nivel mundial, que desde fines de la década de 1980 mostraba un amplio consenso sobre los posibles riesgos ambientales de los agrotóxicos asociados al uso de plantas transgénicas.
Otros actores locales
La Comisión Nacional Asesora de Biotecnología Agropecuaria (Conabia), dependiente del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina, es el Organismo que desde 1991 evalúa y asesora sobre la posibilidad de liberación al ambiente de los Organismos Genéticamente Modificados (OGM).
Los nombres de los integrantes de la Conabia, que en 1996 dieron su aprobación, no se hicieron públicos, aunque se sabe que pertenecían a empresas biotecnológicas, instituciones científicas (Conicet, INTA y universidades públicas) y otros organismos públicos.
Esta Comisión de "expertos" exhibió una preocupante falta de independencia y de pensamiento crítico ya que, sin haber realizado una evaluación de los riesgos ambientales y sociales asociados a los transgénicos, aceptó ciegamente lo que presentaba la empresa interesada y opinó que “en relación a la liberación de la soja transgénica en lo referente a bioseguridad agropecuaria, no habría inconvenientes para la comercialización de la semilla”.
Resulta inaceptable la imprudencia y falta de ética profesional de los integrantes de la Conabia que obviaron que la liberación de un nuevo cultivo genéticamente modificado debe realizarse de manera segura y responsable, minimizando los riesgos para el medio ambiente y la salud humana, mediante un riguroso proceso de evaluación y autorización.
Foto: Depositphotos
Hechos cruciales
La Argentina fue el primer país de América Latina que aprobó la liberación de la soja transgénica. Las condiciones político-sociales de ese momento facilitaron que esto ocurra: un gobierno neoliberal con políticas inspiradas en el Consenso de Washington, con foco en la desregulación económica, la privatización de empresas estatales y una fuerte apertura comercial, sumado a poderosas estructuras de poder empresarial y la búsqueda de una imagen de modernización.
También influyó la nefasta influencia que, en el desarrollo del pensamiento nacional y las prioridades científico-técnicas, tuvieron las propuestas del Banco Mundial, en la década de 1990. Este organismo fijó, además de políticas de ajuste en distintas áreas de la administración pública y el sistema previsional, una serie de lineamientos para las políticas educativas y reformas estructurales en las universidades nacionales e instituciones de ciencia y técnica, que reforzaron en gran medida la prédica neoliberal.
El agronegocio comenzó a consolidarse hacia fines de la década del 90, con la aprobación del paquete tecnológico de la soja transgénica (RR, resistente al herbicida glifosato Roundup Ready), asociada a la siembra directa y al uso de nueva maquinaria agrícola.
El modelo, impulsado por intereses económicos muy poderosos, en general monopólicos y transnacionales, produjo grandes transformaciones en el medio rural del país. Grandes empresas lideran casi todos los eslabones de la producción y exportación agraria, en detrimento de los bienes comunes y en perjuicio de pequeños productores y de agricultores de la agricultura familiar, campesina e indígena.
A 30 años de ese hecho, en pleno siglo XXI, este modelo neoliberal de desarrollo agropecuario extractivista mantiene su hegemonía y se continúa reforzando. El avance biotecnológico ha permitido incorporar en un único evento la tolerancia a varios ingredientes activos (glifosato, glufosinato; 2,4-D y otros inhibidores enzimáticos), tal como lo anunciara recientemente la empresa Syngenta. Todos ellos han sido clasificados en el grupo 2A (probablemente cancerígeno para los seres humanos) por la Agencia Internacional del Cáncer (IARC).
Foto: Depositphotos
Acerca del agronegocio
Es mucho lo que se ha escrito y la documentación existente que describe las características de este modelo productivo y la tecnología asociada, sólo por citar algunos de los rasgos más relevantes y controversiales del mismo, y en particular del monocultivo de soja, se puede remarcar que:
- Toda la cadena productiva (producción, transformación y comercialización) es manejada por empresas, tales como Aceitera General Deheza (AGD) y la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), y transnacionales como Cargill, Bunge, Dreyfus, Bayer/Monsanto, y Syngenta, que además de las semillas fabrican los fertilizantes y agrotóxicos.
- Estas empresas exportan el 85% de la producción de soja, ya sea como grano, harina, aceite y biodiesel, materias primas con muy poco valor agregado.
- Al ser un modelo de agricultura industrial que demanda superficies cultivables de mayor tamaño que las tradicionales, el afán por tierras propició la violación de derechos de pequeños agricultores, de campesinos de la agricultura familiar y comunidades indígenas que fueron excluidos y/o desplazados de sus tierras.
- La expansión de la frontera agropecuaria para el monocultivo de soja más allá de la zona pampeana originó una gran deforestación en zonas con otra vocación ecológica, como ocurrió en millones de hectáreas del Chaco Seco Argentino y el pedemonte de las yungas.
- Se redujo notablemente la superficie dedicada a otros cultivos (trigo, girasol y algodón) y a otras actividades agropecuarias como la lechería y la ganadería, haciendo desaparecer a cientos de miles de unidades productivas de tipo familiar (menores de 200 hectáreas).
- La sojización ha reducido el empleo rural, ya que 1000 hectáreas de soja emplea 15 trabajadores mientras que 1000 hectáreas de caña de azúcar emplea 350, siendo el trabajo agrario una de las actividades productivas con mayor explotación laboral.
- Este modelo usa 250 millones de litros de glifosato por año,lo que transforma a la Argentina en el país con mayor consumo de este producto por habitante en el mundo. Las dosis por hectárea se han incrementado en últimas décadas a causa de la aparición de malezas resistentes.
- Desde hace más de diez años los análisis epidemiológicos realizados por estudiantes de medicina y médicos de nuestro país muestran la elevada relación entre altas tasas de cáncer, abortos espontáneos, y nacimientos con malformaciones, en zonas rurales cultivadas con soja y alto uso de este agrotóxico.
- Recién en el 2015 la Agencia Internacional del Cáncer (IARC), perteneciente a la Organización Mundial de la Salud (OMS), clasificó al herbicida glifosato como "probablemente cancerígeno para los seres humanos (Grupo 2A)". A los pocos años, 2021, comenzaron a aparecer evidencias contundentes. Un Estudio Global sobre el Efecto del Glifosato, realizado en Italia, demostró la aparición de tumores malignos (sistema nervioso, piel, hígado, tiroides, ovario, glándula mamaria, glándulas suprarrenales, riñón, vejiga, hueso, páncreas, útero y bazo) en ratas expuestas a niveles considerados seguros por las agencias reguladoras.
- A pesar de las evidencias existentes, subestimadas por las empresas que lo fabrican, la Comisión Europea, órgano ejecutivo de la Unión Europea, en el 2023 aprobó su uso por diez años más.
- El uso del glifosato es la causa fundamental y ampliamente demostrada de degradación de suelos y contaminación de cuerpos de agua, aire, suelos, y alimentos en los territorios.
- Todas las características propias del modelo —como son la concentración de tierras, exclusión de pequeños agricultores de sus tierras, precarización laboral, pérdida de acceso a recursos naturales, degradación ambiental, dificultad de acceder a mercados, entre otros— generan situaciones alarmantes de pobreza.
- A pesar de los numerosos fallos judiciales, a nivel municipal como provincial, que prohíben el uso de herbicidas, insecticidas, fungicidas, y otros agrotóxicos, determinan distancias mínimas de aplicación y restricciones en zonas cercanas a escuelas rurales y poblaciones de centros urbanos, existen dudas sobre su cumplimiento, pues ello requeriría implementar las correspondientes medidas de control y fiscalización por parte de las autoridades competentes, como municipios y provincias.
Foto: Nicolás Pousthomis - Subcoop
Modelo colonial y neoliberal
El siglo XXI enfrenta a Occidente con una profunda crisis civilizatoria, causada por un modelo de producción y consumo capitalista que afecta y amenaza la vida del planeta. Los principios civilizatorios universales propios de la Modernidad, como razón, desarrollo y progreso, fracasaron en brindar bienestar, libertad y la emancipación de los pueblos. El resultado se expresa en el antropocentrismo, la primacía del dominio y la explotación desmesurada del hombre y la naturaleza, el pensamiento único, la violación de los derechos de alteridad, la exclusión social, el hambre, las migraciones forzadas, el deterioro planetario, y la carrera armamentista y bélica.
En varios países de América Latina, a fines del XX, surgió un pensamiento crítico sobre el colonialismo y eurocentrismo que propone la descolonización en sus aspectos políticos, económicos, sociales y culturales. Se cuestiona los principios civilizatorios eurocéntricos que legitimaron el orden colonial, y que aún, bajo distintas formas, continúa vigente.
El enfoque decolonial —entre cuyos principales referentes se encuentran Arturo Escobar, Enrique Dussel, Walter Mignolo y Aníbal Quijano— propone formas alternativas de analizar la realidad latinoamericana, y ponen especial énfasis en la descolonización del ser y el saber en sus aspectos epistemológicos y de diversidad cultural.
El agronegocio, modelo hegemónico de globalización neoliberal, ha transformado la producción agropecuaria de la Argentina en una economía de enclave, estructura que perpetúa características económicas y sociales propias del colonialismo. Su fracaso como modelo de desarrollo, basado en semillas comerciales predominantemente transgénicas, monocultivo y agrotóxicos, que prioriza el rendimiento y el crecimiento económico y no contempla el bienestar humano, genera una inequitativa distribución de la riqueza, altísimos niveles de exclusión, pobreza y destrucción de los bienes comunes, está a la vista.
La continuidad y hegemonía de este modelo agropecuario, desde hace 30 años, nos interpela a confrontar la actual desesperanza generalizada de que no hay salida posible.
Otro modelo agropecuario es viable. La construcción de un paradigma alternativo de desarrollo agrícola para salir de la lógica del extractivismo obliga a pensar propuestas colectivas que contemplen un diálogo de saberes, que incluya a la ciencia crítica y la opinión de todos los actores que habitan los distintos territorios, incorporando los saberes tradicionales de las comunidades originarias.
Foto: Depositphotos
¿Cómo construir propuestas para revertir el modelo?
Existen diferentes alternativas, las cuales deberían ser discutidas socialmente en el marco de un modelo de campo que contemple una nueva visión de la relación naturaleza-sociedad, donde la naturaleza sea considerada como un interlocutor y no como un objeto del cual apropiarse.
La pérdida de potencial productivo de los países neocoloniales, a causa del despojo de sus bienes comunes y de la degradación de sus ecosistemas por el extractivismo de los países centrales, es un desafío que requiere una reconstrucción del saber y el hacer basados en nuevos paradigmas que permitan construir una racionalidad productiva diferente.
Eduardo Gudynas plantea una propuesta que resulta promisoria y factible para salir de todos los tipos de extractivismos (minero, petrolero, agrícola) mediante un proceso de transiciones en sucesivos pasos y distintos tiempos. En cuanto al uso de la tierra en particular, resulta necesario una acabada comprensión y resignificación del desarrollo agrario a nivel de las condiciones particulares de cada territorio, mediante diferentes políticas de reconstrucción democrática.
Construir una racionalidad productiva alternativa requerirá sentar las bases conceptuales que permitan conectar con nosotros y nuestra historia, revalorizando experiencias autóctonas y comunitarias, lo cual ayudará a reconocernos y avanzar en la resolución de las dificultades de cada región, planteando un horizonte de desarrollo local y regional, con seguridad y soberanía alimentaria.
La Agroecología es una disciplina científica que representa un paradigma alternativo de desarrollo agrícola. Con un enfoque multidimensional e interdisciplinario tiene como objetivo lograr una producción con sostenibilidad ecológica, incluyendo la dimensión social, medioambiental, económica y cultural. Se caracteriza por su amplio contenido político que cuestiona la economía de libre mercado, la racionalidad de la agricultura industrial, las relaciones de poder, y la degradación de los bienes comunes, entre otras cosas.
La agroecología: ¿Mito o realidad?
Sus prácticas agrícolas mejoran las interacciones entre los diferentes componentes bióticos del sistema agrícola para incrementar los servicios ecosistémicos y permitir reducir insumos externos al sistema.
Se basa en una racionalidad productiva diferente, donde los recursos se manejan de forma integrada con el objetivo de optimizar la productividad del sistema agrícola en su totalidad, en lugar maximizar los rendimientos de las distintas especies como lo hace la agricultura industrial. Incrementa la diversidad y la complejidad de los sistemas agrícolas mediante policultivos, rotaciones, agrosilvicultura, rotación agrícola-ganadera, etc. a fin de aumentar la sustentabilidad y la resiliencia a fluctuaciones del clima brindando adaptación ante el cambio climático.
En base a principios de auto-organización, reciprocidad y solidaridad, promueve prácticas agrícolas alternativas que permiten diseñar sistemas productivos con sustentabilidad, equidad social y viabilidad económica.
Este tipo de agricultura, a pesar de abastecer con alimentos saludables (carnes, frutas y verduras) a más de la mitad de la población del país, representa aproximadamente el once por ciento de la tierra cultivada en el país. Esto indica que estos sistemas agrícolas deberían extenderse significativamente en la cantidad de hectáreas ocupadas como en la diversificación de los productos cultivados.
El tránsito hacia la agroecología
Se proponen algunas ideas que puedan contribuir a un debate pluralista que confronte intereses y estrategias en la búsqueda de una planificación consensuada que consolide este modelo productivo.
Destruir el mito falso de que la producción agroecológica es posible sólo a pequeña escala. Existen numerosas experiencias exitosas de producción agroecológica en municipios de la provincia de Buenos Aires, otras provincias del país, y a lo largo de Latinoamérica que muestran que es una alternativa competitiva y rentable, además de crear trabajo, contribuir al desarrollo local y evitar el éxodo rural.
Se propone también promover canales cortos de comercialización (mercados locales y regionales) para productos agroecológicos en los territorios para abastecer el mercado interno con alimentos sanos a precios justos, con arraigo local y seguridad y soberanía alimentaria.
El conocimiento científico y tecnológico es una de las herramientas fundamentales para salir de la actual crisis, los organismos científico-técnicos deberían reformular sus políticas de investigación y desarrollo, hoy mayormente cooptadas por la ciencia hegemónica y las empresas concentradas. Se busca diseñar políticas de desarrollo de tecnologías apropiadas para los distintos tipos de productores, facilitando formas asociativas y comunitarias que fortalezcan las economías regionales.
El Estado debería recobrar su rol de formular políticas públicas (acceso a la tierra, maquinarias, financiamiento, asistencia técnica, canales de comercialización, entre otras) orientadas a dar solución a los problemas que enfrentan los pequeños y medianos productores del país, entre ellos los agricultores y las cooperativas de la agricultura familiar, campesina e indígena.
La agroecología es una construcción social que está siendo visibilizada y valorada en distintas partes del mundo como una alternativa productiva imperiosa ante un futuro incierto de cambio climático global y escasez de energía.
A nivel país, a pesar del ataque del actual gobierno a la agricultura familiar, campesina e indígena, y a los organismos vinculados, resulta alentador que las producciones agroecológicas y las experiencias de transición a la agroecología se estén fortaleciendo, gracias a una fuerte convicción y acción de los que la apoyan, mediante el trabajo familiar, la formación de diversas formas asociativas, los técnicos y profesionales.
Nutrirnos de corrientes de pensamiento que sustentan otra visión de mundo, como el Buen Vivir y Derecho de la Naturaleza, nos permitirá recuperar en el “nosotros” el sentido de la existencia y construir un mundo diferente.
Norma Sánchez. Investigadora Principal de Conicet, Profesora Emérita de la UNLP.
Susana Ricci. Investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Ambientales (Cinea, Unicen) y docente de la Unicen.
Fuente: Agencia Tierra Viva
Notas relacionadas:
Nada que celebrar, mucho para reflexionar: 30 años de soja transgénica
Lula anuncia medidas de reforma agrária, regularização fundiária e apoio à agricultura familiar
‘Agroecologia é o caminho’: MST celebra 23ª Festa da Colheita do Arroz Agroecológico com foco em resiliência e alimento saudável