No hay pueblos sin semillas ni semillas sin pueblos
"El día que los pueblos desaparecen, desaparecen las semillas y el día que las semillas desaparecen, desaparecen los pueblos. Es una relación que no se puede romper. Eso es lo primero que enfatizamos".
Como Colectivo de Semillas de Latinoamérica hemos estado promoviendo encuentros por visibilizar la urgencia de defender una relación entre pueblos y comunidades con sus cultivos y semillas fundamentales, que no tenga restricciones y que reconozca la integralidad ontológica inmemorial de los pueblos con sus cultivos al punto de afirmar: “no hay pueblos sin semillas ni semillas sin pueblos”.
Tras varios meses de conversaciones con el Tribunal Permanente de los Pueblos, solicitando su compañía e interlocución, inauguramos un proceso de defensa de esa relación de los pueblos con sus semillas. Esto ocurrió el 19 de enero de 2026 en el Centro Nacional Especializado en Agricultura Orgánica del Instituto Nacional de Aprendizaje en Cartago, Costa Rica.
Para dar curso al proceso pedimos al Tribunal que nos acompañe “en el reconocimiento de la urgencia de defender la libertad responsable de usar y cuidar nuestras semillas campesinas, indígenas, en todo el mundo, base de nuestros sistemas alimentarios y nuestra subsistencia, reconociendo plenamente la relación que guardan pueblos y conglomerados desde el principio de los tiempos con sus cultivos, con sus semillas, siendo que es fundamental para su existencia como pueblos y para el futuro de la biodiversidad en nuestro planeta”.
“Comunidades y organizaciones libran una dura lucha por defender, mantener y expandir las semillas campesinas e indígenas contra los intentos de empresas y gobiernos por apropiarse de ellas y por conseguir que los pueblos del campo las abandonen buscando imponer sus semillas industriales —que responden a matrices de vida y economía muy diferentes que las semillas de los pueblos”.
Presentamos entonces un tejido colectivo, nada exhaustivo, pero simbólico y ejemplificativo de una conversación colectiva, inmemorial. Las intervenciones se editaron para mostrar las partes más significativas. Los originales estarán en una página destinada para alojarlas. Fruto de nuestro saber y nuestras experiencias, las intervenciones reflejan el sentir y el horizonte de comunidades, organizaciones, movimientos y personas, y junto a los comentarios y la declaratoria del Tribunal, configuran un tejido de lo necesario para que el derecho sea una herramienta de futuro.
Lo primero es esa relación profunda, muy profunda, respetuosa, incluso cariñosa, que tienen los pueblos del campo con sus semillas
Nosotros enfatizamos tres razones de por qué defendemos las semillas y el derecho a ellas. Es algo que no se da solamente en América Latina, se da en el mundo entero, se da en Asia, se da en África y ojo, también se da en Europa. Pese a que en Europa ha sido perseguida y oculta durante más tiempo. Es una relación de dependencia mutua, de cuidado mutuo, que está entretejida con lo más sagrado que puede tener un pueblo o una comunidad. Está entretejida con la cultura, con las relaciones sociales, con las relaciones de convivencia, con las fiestas, con las ceremonias, con el respeto, con el deber, con todo. Está también por supuesto íntimamente ligada a la producción del sustento. No es solamente una relación espiritual, es una relación muy concreta también, ligada a la producción de medicina, de materiales necesarios para la vida. Y con eso, lo que nosotros tenemos que recordar —y esto es muy importante— es que a lo largo de la historia de la humanidad, desde que se creó la agricultura en distintos lugares del mundo, entre 8 mil y 14 mil años atrás, no ha habido un solo pueblo sin semillas, ni ha habido una sola semilla cultivada que no tenga un pueblo que la cuide y la mantenga. Esa relación entre pueblos y semillas es indivisible. El día que los pueblos desaparecen, desaparecen las semillas y el día que las semillas desaparecen, desaparecen los pueblos. Es una relación que no se puede romper. Eso es lo primero que enfatizamos.
El segundo elemento, que jamás debemos olvidar, es que absolutamente todos los cultivos que hoy día tiene la humanidad —todos, sin excepción alguna— son obra campesina e indígena. La ciencia moderna, los agrónomos, los genetistas, los empresarios, no han creado un solo cultivo.
Todo lo que hoy día tenemos para el bienestar de la humanidad y sin el cual la humanidad no podría existir es obra campesina, es una tarea colectiva, es una tarea que involucró a millones de personas y que trabajaron de forma sumamente sofisticada —y quiero enfatizar la palabra sofisticada— durante siglos, e incluso durante milenios. Fue un trabajo de mejoramiento genético y de multiplicación masiva de todas estas semillas.
Lo que ha hecho la ciencia y la agronomía moderna en función de algunos de los cultivos, es absolutamente marginal frente a esa obra genética que hicieron los pueblos del campo en todo el mundo.
Y el tercer elemento que enfatizamos fue que la inmensa mayoría de las variedades (porque cada especie, el trigo, el maíz, lo que sea, tiene cientos, incluso miles de variedades), también fue obra campesina. Las variedades modernas en términos de número (en este momento no en términos de siembra pero sí en términos de número y en términos de riqueza), son absolutamente marginales. Son ínfimas en comparación a todas las variedades campesinas. Y no solamente eso, sino que no hay una sola variedad moderna que no esté basada en una variedad campesina. Toda esta construcción aparentemente grande de variedades modernas, en realidad es parte de esta obra campesina.
Pero quisiera ahora agregar una serie de elementos, una especie de capa complementaria. Ya lo dijeron muchas y muchos: las semillas son parte del buen vivir. Es imposible un buen vivir si no se tiene semillas propias. Y ya solamente con eso, que el buen vivir depende de las semillas en gran medida, nosotros estamos diciendo que si ese derecho a las semillas que los pueblos han tenido a través de la historia, esa relación con las semillas, no se respeta y se mantiene, ya con eso, todos los tratados, convenciones, acuerdos, que se han hecho sobre derechos humanos, sociales, culturales sobre el bienestar y el progreso, pasan a ser papel. Y nada más que papel.
Si nos quedáramos solamente en lo que acabamos de poner, ya tendríamos razones para decir: eso es algo inaceptable. La relación entre semillas y pueblos no se puede restringir.
Pero tenemos varias otras razones más. Fuertes, muy fuertes. Lo que quiero plantear es que la relación con las semillas no es solamente una relación cultural, espiritual, afectuosa. Es todo eso. Pero además, lo que nosotros tenemos que tener claro es que si nuestro derecho a las semillas no se respeta y no se mantiene, no solamente está en peligro nuestra vida, por decir así, cultural espiritual, nuestro bienestar, sino que está en peligro nuestra vida misma. La vida misma.
O sea, nuestra sobrevivencia física hoy día está en peligro. Lo primero que tenemos que pensar es la difusión de la agricultura en el mundo. Lo que se sabe hoy es que la agricultura se originó en unos doce lugares en el mundo, de los cuales cuatro o cinco son de aquí de América Latina. Desde esos doce lugares se originó la agricultura, pero hoy día la agricultura está en el mundo entero. Esa difusión de la agricultura solamente fue posible porque los pueblos del mundo tenían pleno acceso a las semillas. Y tenían pleno derecho a las semillas. ¿Y qué es ese pleno derecho a las semillas? Que cuando adquirían una semilla, cuando alguien compartía la semilla con ellos, los pueblos podían disponer de ella libremente. Podían cultivarla, podían compartirla, podían mejorarla, podían seleccionarla, podían usarla de la manera en que se quisiera. Y solamente gracias a eso es que nosotros hoy día tenemos agricultura en el mundo entero. Y la riqueza de la agricultura también se debe a eso.
Entonces quien controla la alimentación controla la vida. El genocidio en Gaza también usa la alimentación como arma de guerra. Es lo que se está haciendo con Cuba hoy en día. Cuando cada uno de ustedes habla de cuidar las semillas, de mantenerlas, de compartirlas, es porque saben que quien tiene semillas puede producir comida. Y pueblo que produce comida es pueblo que puede seguir adelante. El día que un pueblo no puede producir su comida, se acaba su libertad, se acaba su autonomía, se acaba su identidad. Y eso las transnacionales hoy día lo saben y por lo tanto las semillas en realidad son solamente un vehículo para controlar la alimentación. Eso tenemos que tenerlo claro. El negocio de las semillas implica miles de millones de dólares pero muchísimo más grande es el negocio de la alimentación. Si nosotros no producimos comida tenemos que comprarla y eso las transnacionales lo saben y por eso su objetivo es acabar con la producción independiente de alimentos. ¿Y cómo se hace para acabar con la producción independiente de alimentos? Controlando las semillas. Camila Montecinos, Anamuri, Chile
Nosotros no decimos que estas semillas son cultivos sino la memoria viva de los territorios
Cuando se sabe que hay vestigios arqueológicos de maíz en el Río de la Plata de hace 6 mil años eso también nos habla de que las semillas vienen viajando, no de ahora, sino que vienen viajando hace miles de años de mano en mano, entre agricultoras y agricultores y compartiéndose esas semillas desde hace 6 mil años. Imagínense una semilla donde su centro de origen es México, cómo hace para llegar hasta el Río de la Plata atravesando la Cordillera y que ahora se cultive y sea alimento de las poblaciones originarias del Río de la Plata, de Argentina, Uruguay y Paraguay. Eso muestra el movimiento de las semillas con las personas.
No estamos ante una problemática agrícola sino ante un proyecto político de despojo en donde se convierte a guardianes y guardianas de la biodiversidad en infractores, a las semillas en propiedad corporativa y a los territorios rurales en Zonas de Sacrificio para el agronegocio. Estas semillas no son insumos, son memoria, nuestra historia, y son vínculos entre los distintos pueblos. Nos relacionamos sin lenguaje a través de las semillas. Nos intercambiamos compromiso, responsabilidad. Nuestras semillas son la base de nuestra autonomía al no depender de paquetes tecnológicos externos como son los agroquímicos. Estas semillas están bien adaptadas a nuestros suelos, a nuestros climas, a nuestros hábitos alimenticios, están adaptadas a nuestros manejos. Nosotros decimos que una semilla se despierta a la misma hora que la gente, desayuna en el mismo momento y convive con nosotros. No son insumos sino parte de la vida cotidiana, de nuestro quehacer cotidiano. Y cuando desaparecen familias agricultoras, eso trae consigo la desaparición de semillas. Cuando se va una familia del campo, se va consigo una semilla. Y cuando se va una semilla no es una semilla de ese momento. Se va una historia. Se va una cultura. Entonces proteger la vida en el campo, a campesinas y campesinos significa proteger a las semillas. Marcelo Fossati, de la Red Nacional de Semillas Nativas y Criollas del Uruguay
Nosotros sembramos todos los días, porque todos los días comemos. Las semillas son un legado histórico de nuestros pueblos ancestrales, los que han venido de miles y miles de años protegiendo nuestras semillas, vinculados a la sabiduría, a las costumbres y las culturas que vivimos cada uno, cada una, en nuestros sectores, para tener una relación cuidando nuestras semillas. Rescatamos e intercambiamos semillas con los productores de la región. Y de todo Honduras. Y así hacemos efecto multiplicador y cuidamos las semillas con amor. Hacemos el altar de la abundancia y cuando terminamos la ceremonia todo mundo lleva para sus familias semillas y sus productos para disfrutar. Y el intercambio lo hacemos gratuito. Allí tenemos la diversidad de semillas. Allí tenemos el maíz negrito, el maíz amarillo que se está perdiendo en estos momentos. Pero nosotros estamos en el proceso de rescate de esas semillas, bastantes familias campesinas estamos en eso. Ya no tenemos esos bancos de semillas con refrigeración porque nuestros ancestros cuidaban las semillas poniéndolas en el humo debajo del fogón y así se conservaban.
Yo siempre digo: “Sembrando semillas todos los días, todos los días tenemos comida”. Con la Revolución Verde desde los años sesenta aparecieron las mal llamadas semillas mejoradas, con las maquinarias agrícolas, con los fertilizantes sintéticos y agrotóxicos. Esto vino también a afectarnos y enfermarnos a nuestras familias y a la humanidad. Es el envenenamiento de nuestra madre tierra, que es una de las cosas más preocupantes porque la estamos volviendo estéril. Para el sistema de las corporaciones las semillas hoy en día son un gran negocio. Sabemos que con ellas las corporaciones controlan a los pueblos, a los campesinos para que vayan a las agropecuarias a comprarlas. En 1980, Honduras organizó la institucionalidad a promover las semillas certificadas, híbridas, y se desconocieron las semillas locales. ¿Por qué se desconocieron? Porque promoviendo semillas mejoradas e híbridas, se dejan de sembrar semillas criollas y se admite el bombardeo con los paquetes tecnológicos que imponen los gobiernos. Orlando Rodríguez Medina, Anafae, Honduras.
La importancia de la agricultura familiar campesina en Brasil es muy expresiva, porque representa cerca de 70% de todos los alimentos diarios que consume la sociedad brasileña. Lo que llega hasta la mesa viene en su mayor parte de esa producción. Eso es muy expresivo. Y toda la riqueza de la biodiversidad y de los saberes tradicionales que tenemos. Con la diversidad de pueblos está también la diversidad de sus semillas, sus saberes tradicionales sobre las plantas medicinales.
Laboro en una organización de derechos humanos, con grupos de trabajo en biodiversidad. Esto reúne muchos movimientos sociales, redes de agroecología presentes en todos los departamentos de Brasil. La presencia de pueblos, de comunidades tradicionales y originarias es muy masiva también, y dentro de esta articulación nacional de agroecología hay varios colectivos: hay grupos de mujeres, de pueblos indígenas, de producción de conocimiento. Uno de estos grupos es el de trabajo en biodiversidad.
Tenemos esta fuerza que son los movimientos sociales, el campesinado de Brasil. Esto nos da fuerza para caminar y seguir ante tantas violaciones. Y en Brasil esta fuerza se hace presente en diversas expresiones como la producción en resistencia, en sus territorios, a través de los más de 370 pueblos indígenas, entre las más de mil comunidades de afrodescendientes o como decimos en Brasil: comunidades quilombolas. Hay más de 28 segmentos diferentes de comunidades tradicionales que utilizan diferentes cultivos y una relación con la tierra de forma comunal. Jaqueline Andrade, Terra de dereitos, Brasil.
Quien nos lleva son las semillas. Ellas se siembran y se defienden. Es por ellas que vivimos, tenemos ese legado de nuestros ancestros y sabemos que es lo que vamos a dejar como legado a nuestros hijos, a nuestras futuras generaciones. Bueno. En un rinconcito de Honduras, en el Occidente del país, existimos grupos de mujeres, en la asociación lenca en Gracia Lempira. Somos una asociación de mujeres donde no nos dedicamos sólo a cuidar hijos sino que también cultivamos la tierra. Nuestros saberes que hemos aprendido con Anafae los ponemos en práctica y vamos a otras comunidades a enseñarles a estas familias cómo producir la tierra. Y cómo cuidar esas semillas por las cuales hoy estamos aquí reunidas. Porque nosotros hoy estamos, mañana quién sabe. Nuestros hijos y los que conviven a nuestro alrededor, son ellos los que ven lo que nosotros cultivamos. Sin químicos. No tenemos miedo al llegar al patio de la casa, ir al huerto y cortar las fresas, las moras, cualquier verdura o fruta que tenemos a nuestro alrededor. Sabemos que los estamos cosechando muy saludablemente. Nosotras como mujeres, en estos cuatro años de la presidenta Xiomara, tuvimos muchas oportunidades de llegar hasta la capital a las puertas del Congreso Nacional cuando nunca se nos había dado la oportunidad. Ahora sí llevamos nuestros productos, los que podemos ver, y con nuestras pancartas donde allí decíamos: No a Monsanto.
Y pues llevábamos nuestra voz y nuestros grupos de mujeres y fue algo muy bonito. Y presentamos nuestros productos, los vendimos. Y no fue sólo una vez. Fueron varias veces y pues ya dijo el compañero, con lo que se nos avecina, no sabemos qué va a pasar. Pero sí de algo estoy muy segura: de que nosotros con lo que sabemos que es la vida de los pueblos, que son nuestras semillas, seguiremos sembrando y cultivándolas y llevándolas a las ferias locales para que puedan llevarlas las demás familias de otros lugares con las que hacemos ese trueque, con las que compartimos. Lo que yo no tengo me lo puedo llevar en el trueque y así fácilmente poderlo cultivar en nuestras parcelas. Y como decimos también nosotros, las semillas no se venden. Las semillas se siembran y se defienden. Edith Xiomara Funez Pineda, Anafae, Honduras.
Tenemos una amenaza constante por este intento de privatización de las semillas. En el Encuentro Mesoamericano del Maíz y de las Semillas, se denunció el creciente control corporativo mediante patentes, leyes de comercialización y otras regulaciones, se rechazaron los TLC y la adhesión a UPOV. Muchas organizaciones denunciaron la presión que sufre la agrobiodiversidad por estos nuevos marcos regulatorios y por la creciente presión corporativa. Se intenta silenciar las voces indígenas y campesinas que denuncian estas regulaciones, y la amenaza hacia sus derechos colectivos, hacia los saberes tradicionales y las prácticas agroecológicas.
En América Latina, tenemos que varios Estados ya han adherido a UPOV 91 como Perú, Costa Rica, República Dominicana, Panamá —resultado de la presión constante de gobiernos y de empresas transnacionales. Hay otros países que todavía están en adhesión a UPOV 78, que es una versión anterior de estos acuerdos internacionales que intentan impedir la libre circulación de las semillas.
Lastimosamente algunas organizaciones tratan de impulsar proyectos de ley para proteger las semillas, pero Perú nos da cuenta de que estos intentos a través de regulaciones o leyes campesinas tampoco son la solución pues al final, con la presión de las corporaciones se cambian los articulados. Un ejemplo es el artículo 5 de la propuesta de ley en Perú, que solamente tenía una definición muy restrictiva de los sistemas tradicionales de semillas e imponía registros que podían restringir el intercambio, prevaleciendo criterios técnicos y comerciales externos. Y esto es precisamente el problema, que la solución no va de marcos normativos sino más bien de fortalecimiento del derecho campesino y el derecho de los pueblos al uso y el intercambio de las semillas. Xavier León, GRAIN, Ecuador.
Partimos de que estamos viviendo una guerra contra los pueblos para quitarnos aquello que todavía las comunidades conservan: la tierra, las semillas, los derechos.Somos una asociación civil con 56 años de vida que fundó el obispo jTatic Samuel Ruiz. Siempre hemos concebido nuestro trabajo, como territorial; es decir, caminando, acompañando a las comunidades indígenas y campesinas en el territorio chiapaneco.
Cuando conocí por lecturas el caso de Colombia, de que les quitaron, les expropiaron a las campesinas, a las comunidades, la semilla del arroz, yo decía: eso es matar a la gente, es matar la vida del campo. Y dan ganas de hacer una revolución. Nosotros trabajamos en cuatro regiones en Chiapas. Son comunidades organizadas. Algunas pertenecen al Congreso Nacional Indígena, otras se consideran comunidades propias, autónomas y algunas, sobre todo las que están en el municipio de Las Margaritas, son comunidades zapatistas.
El sistema milpa provee mayormente la alimentación de las familias. Hay testimonios de abuelas que hasta sesenta productos, años atrás, las milpas proveían. Todavía nosotros no llegamos a sesenta porque hay que trabajar mucho en la restitución de los suelos. Entonces, trabajamos el sistema milpa para la defensa del maíz desde la práctica, desde recuperar las variedades.
En 2014, empezamos a reflexionar con las comunidades la privatización de las semillas, y nació la propuesta de organizar una pequeña red con las comunidades con las que trabajamos y le llamamos Red de Guardianas y Guardianes de Semillas, de Tierra y de Territorio. Desde ese tiempo venimos trabajando, tomando conciencia de las leyes y sobre todo qué hacemos frente a esto. Y lo que hacemos es reproducir, multiplicar, socializar, hacer compartición de las semillas. Conocer las leyes para defendernos y para tomar la fuerza política de las comunidades, para hacer frente a este otro despojo más hacia los pueblos, hacia las comunidades. Este sistema quiere acabar con lo que queda en los pueblos y si descubren que hay minerales, que hay agua, lo que haya, mucho más se enfocan en ella. Entonces estamos en esa lucha. El crimen organizado que permea en todo el territorio mexicano, y en Chiapas en los últimos años, ha sido muy agresivo. Y lo vemos como parte de esta guerra. Concebimos que hay una triada compuesta por el Estado mexicano, las empresas y el crimen organizado. No vemos al crimen organizado sólo fuera del Estado, es una triada. Porque decimos, teniendo un ejército ¿por qué no lo para?, ¿por qué no lo contiene?, pues porque son parte. María Estela Barco, Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas (Desmi), Chiapas, México
Ahora, el instrumento que están haciendo valer los gobiernos en nuestros territorios mesoamericanos es el Reglamento Técnico de Bioseguridad de Organismos Vivos Modificados para Usos Agropecuarios. Este reglamento está vigente desde el 2018. Y nace de la Unión Aduanera entre Guatemala, Honduras y El Salvador. Responde a esos acuerdos comerciales que existen entre los países. La que lo anda promoviendo es en la Secretaría de Integración Económica de Centroamérica, la SIECA, vinculada al SICA, el Sistema de Integración Económico Centroamericano. Allí es donde está alojado este reglamento. Y resalto dos artículos que hablan de la liberación comercial y la liberación experimental con semillas transgénicas. En nuestros tres países legalmente está vigente y permite la introducción de semillas transgénicas y de otros organismos vivos modificados en nuestros territorios. Esto se autorizó sin siquiera hacerlo público. Ya estaba predestinado para eso.
¿Qué alcance tienen estas violaciones de derechos? Abarcan la biodiversidad, la vida misma. La amenaza de contaminación genética de nuestras variedades nativas, la pérdida de diversidad en nuestras semillas nativas, la erosión genética y la homogenización de cultivos, la alteración de ecosistemas y servicios ecosistémicos, el impacto negativo en los polinizadores y en la fauna benéfica de los cultivos. Hay riesgo también de invasión biológica y desplazamiento de especies locales. Hay afectación a centros de origen y diversificación de cultivos. Amenazas a la biodiversidad y peligros en la salud humana, una exposición aguda a plaguicidas y herbicidas, con consecuencias negativas para la salud. Hay riesgos crónicos, como el cáncer, alteraciones hormonales, neurológicas y reproductivas que ya se hacen sentir en las poblaciones. Hay incertidumbre científica sobre efectos a largo plazo del consumo de los organismos vivos modificados. No hay información. Hay afectaciones a la salud alimentaria y nutricional. En cuestión de los derechos de los pueblos, hay una amenaza a la soberanía y la autonomía alimentaria. Hay una dependencia de semillas patentadas y paquetes tecnológicos. Hay criminalización del resguardo, intercambio y uso de semillas nativas y criollas. Ya muchos pueblos están teniendo esos procesos de criminalización a sus liderazgos. La gente se está viendo expuesta a procesos de criminalización fabricados para cortar la lucha y la resistencia de los pueblos. Hay un debilitamiento del principio precautorio y una falta de evaluación de riesgo independiente. Se está dando prioridad al modelo agroindustrial y extractivo por encima de los derechos de los pueblos. Soy parte de la Red Nacional por la Defensa de la Soberanía Alimentaria en Guatemala (Redsag). Aglutinamos un poco más de sesenta organizaciones en nuestro país y luchamos, más que trabajamos, y resistimos por la defensa de la soberanía alimentaria, el agua, la semilla nativa, la tierra, el territorio, los saberes ancestrales, la agroecología y otros elementos. Nuestra red es muy diversa. Hay cooperativas, asociaciones, grupos de base campesina, de mujeres, de jóvenes. Y nos articulamos en varias acciones de incidencia política, de formación, de investigación, de intercambios, para preservar y defender sobre todo nuestras semillas nativas. David Paredes, Redsag, Guatemala.
La erosión y la pérdida de la biodiversidad en el mundo han sido dramática, especialmente en el siglo pasado. Por todo lo que ocurre hoy en el mundo se ha perdido gran parte de esa biodiversidad, agrícola y silvestre, elementos fundamentales de la vida.
A pesar de eso campesinas, campesinos y comunidades indígenas y locales conservan y usan más de 7 mil cultivos. Las mujeres han tenido un papel fundamental en la creación y el desarrollo de las semillas y han sido las cuidadoras, protectoras de ese entorno, de la cultura, de los saberes, mediante elementos fundamentales como son la gastronomía, la economía, el hogar, la soberanía alimentaria. Es crucial esa relación intrínseca de la existencia de los pueblos cuando hay semillas y éstas como elemento fundamental para la vida. Y el modo en que estas semillas han sido compartidas por los pueblos y las comunidades y han circulado libremente sin restricciones. Siendo que ellas tienen esos derechos precedentes, que son consuetudinarios, debe prevalecer su carácter inalienable, imprescriptible, inembargable.
En contraposición, la industria se enfoca en unos pocos cultivos y cinco de ellos son los que sustentan hoy día gran parte de la alimentación.
A partir de ese modelo de desarrollo insostenible se han degradado los ecosistemas, se despojan los territorios, y se afectan los medios de sustento de los pueblos y las comunidades.
Tenemos que entender cómo las leyes de propiedad intelectual, las de patentes, las leyes UPOV, las leyes de certificación, el registro de variedades, las leyes de control de calidad y sanidad, y las leyes de bioseguridad han permitido la entrada de todos estos cultivos modificados genéticamente que contaminan las semillas nativas y criollas cierran la opción de los alimentos libres de transgénicos a toda la población.
Operan en conjunto los tratados de libre comercio con los tratados y convenios internacionales en el marco de las Naciones Unidas como el Protocolo de Nagoya, el TIRFAA y otros acuerdos, de donde surgen normas, leyes y tratados que permiten la privatización y control. Por eso es importante mirarlos integralmente porque hacen parte de un rompecabezas donde cada ficha juega un papel fundamental para que el sistema funcione hacia la privatización y el control, sobre todo mediante patentes biológicas y protección a obtentores vegetales, Germán Vélez, Grupo Semillas, Colombia.
La soberanía alimentaria nos devolvió la dignidad, porque nosotras somos quienes producimos para el mundo. Productoras y productores en pequeño son quienes alimentan a las poblaciones. Hablamos de nuestros saberes, esos conocimientos de nuestros abuelos y nuestras abuelas, nuestros ancestros. Es un conocimiento de observar, de tener paciencia, especialmente las mujeres. Ésta es una lucha contra un modelo de producción capitalista. Nosotras y nosotros somos rebeldes si tenemos diversidad de semillas. Estamos en guerra por las semillas. Estamos en resistencia en nuestra trinchera. En nuestra trinchera que es nuestra finca. Producimos diversamente contra el capital. Ellos nos quieren sacar, están privatizando nuestras semillas, nos están matando en nuestro territorio. Ya no hablamos de tierra o de un pedazo de tierra. Hablamos de territorio. En el territorio está nuestra tierra, nuestros árboles nativos, nuestra agua, nuestros humedales. Ahí está nuestro conocimiento y ahí están nuestros cementerios donde descansan nuestros abuelos, nuestras abuelas, y son sagrados.
Decir territorio es hablar con profundidad de la vida que queremos y que somos. Venimos de allí. Desde el territorio. Venimos frente a un agronegocio que está avanzando y luchamos por recuperar nuestro sistema alimentario campesino indígena. Luchamos por recuperar nuestra alimentación. Por eso en La Vía campesina nosotros decimos: saberes y sabores. Saberes: todos nuestros saberes en cuestiones de elaboración de comida, de recuperar la diversidad de maíz, la comida a base de maíz, a base de tantas diversidades que tenemos. Y tenemos que saber alimentarnos nuevamente. Tenemos que enseñar otra vez a nuestro gusto, a nuestro paladar, el sabor de la zanahoria, de la naranja, de la sandía, del melón. Tenemos que volver. Porque nuestros hijos e hijas, nuestros pequeños se están acostumbrando a lo que te ofrecen las grandes empresas, las cadenas de producción. ¿Por qué nos persiguen? Porque producimos alimento y no le estamos comprando a sus redes de supermercado.
Soberanía alimentaria para nosotros y nosotras es saber producir. Y de acuerdo a nuestra cultura. De acuerdo a nuestra diversidad. Recuperar nuestras semillas nativas y criollas. En Paraguay, la mayoría somos agricultores y agricultoras. Allá no hay grandes fábricas. No hay grandes sindicatos. Somos campesinos y campesinas que hoy en día estamos desposeídos. En Paraguay en este momento, estará el presidente firmando con la Unión Europea el Mercosur y ya hay ahora una Dirección Nacional de Vigilancia Sanitaria. Esta institución nueva va a vigilar nuestras ferias locales, la calidad de la leche, la calidad del queso. Nuestros dulces envasados artesanalmente, cualquier cosita que hacemos tiene que tener código, porque se tiene que adecuar a la reglamentación del Mercosur. Y ya están en proceso. Ya empiezan a funcionar y ya atacan a campesinos y campesinas que traen su producto de mandioca, su maíz, al mercado porque sí o sí tiene que tener registro. Y sin registro no puede moverse, no se puede comercializar. Entonces hay un ataque en nuestros países y frente a eso yo creo en la organización, en nuestras redes. Estamos ahora con la Red de Guardianas y Guardianes de Semillas Nativas y Criollas de Paraguay. Somos más de 150 organizaciones campesinas, indígenas, urbanas. Todos y todas quien está trabajando sobre la agroecología, sobre productos orgánicos, que están luchando, estamos en esa red. Y queremos organizar un congreso de agroecología este año. Alicia Amarillas, de la organización Conamuri, de Paraguay.
¿Qué nos identifica como mujeres en las zonas rurales? El derecho a la tierra. El acceso al agua limpia, a la biodiversidad y las semillas. Estar contra la violencia, porque se había naturalizado y se sigue naturalizando la violencia contra las mujeres. Entonces es la concientización de derechos. Hablar de que existen otras formas de hacer economía. Hablamos de una economía solidaria, colectiva, feminista. Una economía para la vida. Y el derecho a la memoria y a la identidad de los pueblos. Como mujeres del campo uno de nuestros ejes es el derecho a la tierra. Allí podemos mantener y resguardar nuestras semillas, nuestros saberes, y compartirlos con otras comunidades u otros pueblos de Latinoamérica y del mundo.
Las semillas campesinas, son criollas, locales o nativas. Sabemos que las semillas cuidadas y mejoradas por las comunidades tradicionales representan para nosotros esa conexión con la vida, porque nos llevan a diez mil años pero las tenemos aquí presentes y también significan el futuro. Son también ahorita un derecho que estamos defendiendo, un resguardo de conocimientos y algo que nos identifica. Son un acto de resistencia política y económica. Y campesinos y campesinas en diferentes partes del mundo resisten y defienden las semillas. Y también nos ha tocado defenderlas en las calles y en los tribunales. Fanny Reyes Ortiz, Red de Mujeres Rurales, Costa Rica.
Por generaciones, no hemos sido sólo cultivadores, somos quienes crean e innovan. Nuestra relación con las semillas es de custodia, no de propiedad. Para los iban de Sarawak, las semillas son reliquias ancestrales que pueden compartirse. Venderlas estaba prohibido porque representan la supervivencia comunal.
Entonces el conflicto que confronta nuestra libertad es la amenaza de UPOV 1991. Ésta es una convención mediante la cual el sector comercial tiene mayor monopolio del mercado de las semillas. Restringe que los campesinos guarden, vendan y reutilicen sus semillas. Algo que siempre han hecho.
La lógica es simple. Cuando los campesinos ya no pueden hacer esto tienen que comprar nuevas semillas cada temporada. Y esto crea una dependencia hacia el sector comercial que producirá semillas para ellos. No es sólo dinero. Es el sentido de lo que ocurre. No hay innovación, ni siquiera inversión o tecnología. Es sólo un modo en que el sector comercial puede mantener a los campesinos dependientes de ellos. Eso es UPOV. Bajo la ley actual, la sección 311E les permite a los pequeños productores compartir e intercambiar una cantidad razonable de material de propagación. La Sección 311F nos permite, como agricultores, vender semillas campesinas seguras en condiciones donde haya excedentes o alguna emergencia. La modificación propuesta a esta ley sugiere que se quiten ambas secciones. Si esto ocurre, 30% de los campesinos en Kedah, que comparten bolsas de los excedentes de semillas de arroz con sus vecinos, incurrirán en una ilegalidad. Y nos dicen que podemos guardar nuestra semilla y utilizarla para nosotros en un terreno en particular. Nos tratan de vender la idea de que aún podemos guardar y compartir semillas, pero no nos explican bajo qué condiciones. Podemos guardar semillas y reusarlas sólo en la tierra particular donde cosechamos esas semillas. Así que eso no es un derecho campesino. Porque como campesinos necesitamos compartir las semillas, pues las semillas se hacen fuertes así. Si guardamos una semilla para nosotros sólo podemos mantenerla hasta la décima generación. Después de esa generación las características, los rasgos, de esa semilla desaparecen, lentamente. Por lo que es muy importante que no la guardemos sólo para nosotros. Las semillas necesitan compartirse, porque cuando se comparten se refuerza su genética. Amir Nurfitri, del Forum Kedaulatan Makanan Malaysia (FKMM) de Malasia.
Las semillas son la vida. En la región de Asia-Pacífico, la mayoría de la agricultura y la producción de alimentos está en manos de comunidades rurales y de lo que podríamos llamar campesinos en pequeña escala. La mayoría tiene en promedio una hectárea o menos y la gente confía en los recursos naturales, biológicos, que tienen a su disposición. Y por supuesto confían en los saberes tradicionales que han pasado de generación en generación por milenios. En la región, especialmente las mujeres son quienes producen alimentos, y las semillas no son sólo insumos agrícolas sino que están inmersas muy profundo en las relaciones sociales, culturales y espirituales. Las mujeres en las comunidades rurales indígenas son custodias de las semillas, guardianas y custodias de los saberes. En muchas comunidades agrícolas las semillas encarnan el conocimiento intergeneracional, la identidad colectiva y la soberanía alimentaria.
El impacto que tuvo la Revolución Verde en la agricultura y la alimentación explica la relación actual que tiene la gente con sus semillas. Introducida en los sesenta, pegó justo en el corazón de la región Asia-Pacífico. Significó la destrucción lenta de los sistemas tradicionales de saberes agrícolas incluido el uso, la custodia y el intercambio de semillas. Antes, las semillas se guardaban y se intercambiaban con libertad, pero con la Revolución Verde se abrió el camino hacia la cosificación, hibridación y comercialización de las variedades.
La Revolución Verde introdujo un sistema de producción agrícola movido por insumos químicos, que fue impulsado en las tierras agrícolas del mundo en desarrollo por agencias como el FMI y el Banco Mundial, lo que provocó un cambio dramático en la producción agrícola.
Durante los primeros veinte años de Revolución Verde, cuenta la gente vieja de las comunidades, las variedades híbridas mostraban un aumento considerable en producción. Pero después, las pérdidas y las debilidades sobrepasaron los beneficios. La gente incurrió en deudas debido al costo de los insumos y la poca productividad. Los suelos se degradaron mucho por el uso continuado de fertilizantes sintéticos. La biodiversidad en los campos menguó, y eso impactó las dietas y que desaparecieran las variedades locales y tradicionales.
Es importante resaltar el papel enorme e irrevocable que jugó el Instituto Internacional de Investigación sobre el Arroz (IRRI, sus siglas en inglés), que se encuentra en Filipinas, de donde vengo, en la erosión de las variedades de arroz en el área del Asia-Pacífico. El uso masivo de insumos químicos sintéticos tuvo impactos enormes en la salud, en especial sobre las mujeres y las infancias. Hay estudios que abordan la malnutrición en la lactancia o los casos de mamás envenenadas por herbicidas y fertilizantes químicos.
La pérdida de semillas y la pérdida del control campesino sobre ellas es catastrófico para la biodiversidad y la alimentación. Eloise Delos Reyes, Asia Pacific Forum on Women, Law and Development (o APWLD), Filipinas.
En Kenya y en África, las semillas las teníamos bajo nuestra custodia. Lo vimos durante la esclavitud. La gente se llevaba sus semillas ensortijadas en el cabello, era una forma de la supervivencia. Donde fuera que los llevaran esclavizados. Así que en África las semillas son muy importantes. Son un signo de la continuidad. Durante la esclavitud, la gente que se llevaron a otros continentes abría su cabello y anidaba las semillas ahí, y las utilizaba al llegar a otras tierras, porque sabían que nunca verían sus hogares de nuevo. Y tenían que sobrevivir. En África se comparten semillas y se les custodia.
Durante los funerales, alguna gente entierra a sus familiares con sus semillas. Cuando hay matrimonios las semillas se comparten como símbolo de continuidad, como símbolo de la unión de dos familias, y como símbolo de sustentabilidad, porque sabemos que las semillas son la continuidad de la vida juntos.
Hablemos de las contradicciones que existen en Kenya. Porque la Constitución habla de los saberes tradicionales, y las semillas son parte de esos saberes. El artículo 43 de nuestra Constitución dice que todo mundo tiene derecho a una alimentación que sea culturalmente apropiada. ¿Y de dónde sacamos nosotros la cultura? La sacamos de las semillas. Cuando hablamos de alimentos culturalmente apropiados, sólo pueden venir de nuestros sistemas alimentarios.
Pero diferentes legislaciones impactan nuestros sistemas alimentarios y por supuesto, las corporaciones multinacionales dejan huella en nuestros sistemas, como país. Si miramos las estadísticas, la situación de África es muy triste, a pesar de que África es el continente más rico del mundo. África tiene la población más joven del mundo. La mayor cantidad de tierra arable: 60% de la tierra arable se encuentra en África. Pero cada cinco africanos se van a la cama con hambre. Especialmente en Kenya. Si miramos el Índice de Hambre Global 2025, África está en el número 103 de 123 países. Así que como país estamos en el mapa del hambre. ¿Y por qué? Es por las políticas agrícolas y de semillas que promueven los sistemas alimentarios industriales, con sus plagas, sus enfermedades y su impacto climático.
Kenya tuvo la peor sequía en cuarenta años. Los pastoralistas perdieron mucho ganado. La gente murió de hambre, sobre todo en la parte norte del país. Los niños se salían de la escuela por el hambre. Porque si estás en clase no te puedes concentrar con el estómago vacío. Cuando hablamos de semillas nativas, hablamos de la vida y la sustentabilidad.
Si hablamos de la historia de las corporaciones multinacionales en África, hay que decir que llevan años saqueando el continente. Siglos. Una de las primeras compañías era la Compagnie française de l'Afrique Occidentale, también conocida como CFAO, que comenzó a operar en África en 1852. Y luego, claro, la Commercial West Africa, que comenzó a operar en 1907. Y la United Africa Company controlada por los británicos, que comenzó en 1929. Sabemos que en el continente utilizaron mucha mano de obra “en libertad”. Pero con la mano de obra “libre”, introducida por muchas legislaciones, las corporaciones acapararon mucha tierra y comenzaron a exportar muchos productos de África. A la fecha, el neocolonialismo impacta nuestros sistemas alimentarios y de semillas. Las compañías, como Unilever, siguen operando muchas plantaciones en el continente. Leónida Odongo, Haki, Nawiri, África, Kenya.
Las semillas campesinas enfrentan una guerra que busca controlarlas, amenazando su diversidad, su uso y la autonomía de campesinos y campesinas.Es un intento de dominio y el acaparamiento de nuestros sistemas alimentarios.
La diversidad biológica, genética y de semillas que vemos hoy no es casualidad: hace más de 10 mil años nuestros ancestros desempeñaron un papel determinante en la creación y preservación de esta biodiversidad al cultivar plantas, al criar animales que se adaptaran a las condiciones locales agrícolas y de crianza. Un cultivo y una crianza en un contexto de paisajes variados y estaciones-temporadas cambiantes, innumerables características y criterios que respondieran a las necesidades de las familias y sus comunidades. Nuestros ancestros, nuestros campesinos tradicionales, saben muy bien lo que necesitan y hacen: su selección de semillas y cultivos, su almacenamiento y protección, los cruces entre especies, la transformación, los intercambios, los usos con fines medicinales, alimenticios y ceremoniales (por ejemplo en las bodas o con la llegada de un recién nacido, en las ofrendas a los ancestros y demás). La gente está ligada de forma íntima con múltiples variedades de plantas silvestres y comestibles. Nuestras semillas campesinas encarnan la dignidad, la identidad, la cultura, un saber-hacer, un saber-ser y la vida.
Estas realidades ancestrales sutiles y evidentes se perpetúan de generación en generación, en las comunidades locales y los pueblos originarios, reflejando su identidad cultural y los cultos de las comunidades locales, los pueblos y sus territorios, prácticas regidas por reglas definidas colectivamente y que son respetuosas de sus tradiciones; que consagran su derechos sobre sus recursos genéticos, sus semillas, sus saberes y sus prácticas.
Por desgracia, este rico legado ancestral es ignorado y está amenazado por la agricultura y la ganadería industriales, supuestamente modernas, cuyos principales objetivos son la búsqueda desenfrenada de rendimientos, la acumulación exponencial de beneficios y un monopolio global por parte de un puñado de transnacionales.
Hoy, muchas amenazas pesan sobre los hábitats y los ecosistemas, como la uniformización de las semillas comerciales; la presión jurídica y económica de la industria semillera mediante patentes y derechos de obtentor; los impactos negativos del cambio climático; la pérdida y abandono de los saberes tradicionales; un sistema agrícola estandarizado con semillas híbridas que no se pueden volver a sembrar. Una pérdida de autonomía para campesinos y campesinas; la marginación de las variedades nativas y los saberes campesinos; un marco jurídico restrictivo con leyes sobre semillas que favorecen las variedades (muchas veces híbridas) registradas en el catálogo oficial que dificulta el intercambio y la conservación de variedades locales indígenas; la confiscación/decomiso comercial. Las patentes y licencias privatizan variedades que eran tradicionalmente comunes; la erosión genética: la homogeneización de las culturas merma la biodiversidad. La uniformización de los cultivos favorece el uso masivo de insumos químicos sintéticos nocivos para la biodiversidad; la transmisión intergeneracional de saberes sobre selección y conservación de las semillas se debilita; la ingeniería genética es una calamidad. Patrice Sacbo, Jukunin, Benin.
Sabemos que en Guatemala padecemos de una desnutrición bien alta, una de las más altas en Latinoamérica.Pero consideramos que es una violación a nuestros derechos, es un engaño, la promoción de información falsa para justificar la introducción de semillas híbridas y semillas transgénicas. Hay muchos centros de investigación y validación de empresas que han logrado hacer convenios y contratos con instancias del Estado para cooptar recursos justificando que podrían combatir la desnutrición. Se genera una falsa información diciendo que todas estas semillas fortificadas de maíz van a ser la solución. Queremos denunciar que es una información falsa que se desarrolla y se valida por el Estado hacia las comunidades. Eso hay que desmentirlo.
En mi caso vengo de la región occidental de Guatemala —colindamos con Chiapas— donde es uno de los centros de origen del maíz. En el cerro Q'anil podemos encontrar todavía el maíz en versión silvestre. Venimos de familias donde el conocimiento ancestral se basa en ciencias, muy nuestras.
Hace algunos años en el marco de la Redsag se hizo una sistematización sobre el sistema milpa. Y se logró identificar un promedio de 52 especies que contiene este sistema diversificado que fue creado en respuesta a nuestras necesidades. Desde la academia, se ha diagnosticado que lo que causa la desnutrición en Guatemala es la deficiencia o el no acceso a las vitaminas y minerales. Por ejemplo la vitamina A, la D, la C, algunos minerales como el hierro, el calcio, el fósforo, el potasio. Entonces la deficiencia de estos elementos que causa la desnutrición se atribuye a la pobreza económica que hay en Guatemala y que la gente no puede acceder. a alimentos de calidad [léase comerciales].
Esa información es falsa porque lo real es que las comunidades tienen una variedad de microclimas que promueven la diversidad. El sistema milpa fue creado para aprovechar el tiempo, en ese espacio diverso, la milpa, y asegurar una calidad de vida alimentaria para las familias que produzcan. Y eso genera autonomía. Y esa autonomía es la que se está perdiendo por la desinformación que se da desde el Estado.
¿Cómo demostrar técnicamente, científicamente toda esa riqueza que hay en las comunidades? El sistema milpa fue creado precisamente para responder a estas necesidades humanas. El sistema milpa está pensado para que tenga carbohidratos, minerales, vitaminas y proteínas. Lo que no se complementa a través de la producción del sistema milpa pero siempre nos ha llamado la atención lo sagrado que significa para nuestra cosmovisión: el molcajete y la piedra de moler, que contiene 38 minerales. Y 29 son digeribles en forma inmediata. La piedra de moler, el molcajete, es una herramienta paralela, complemento al sistema milpa. Rudy Rodríguez, Redsag, Guatemala.
Las semillas son una herramienta para la defensa del territorio y en sí mismas son vida. Lo que llaman cambio de uso de suelo u ordenamiento territorial son nuevos conceptos para devastar el territorio, para ocuparlo y utilizar todo lo que allí hay. Este ataque es muy grave.
Por ejemplo para producir una mercancía agrícola, agave para tequila, o aguacate, o soya en la Península de Yucatán, llegan con maquinaria, unas cadenas con eslabones gigantes amarradas a máquinas enormes y empiezan a arrastrar totalmente la selva, los bosques y donde había, así, una diversidad impresionante, no queda nada. El suelo descubierto, destruido, devastado. Luego entran máquinas, aplanan y sobre eso siembran líneas de una sola planta. Plantaciones que pueden ser de cualquier cosa. Donde había plantas y alimentos silvestres para los animales y los humanos diversos, nutritivos, de crecimiento natural, lento, perene, nativo, ahora sólo se produce una sola mercancía que puede ser aguacate —que requiere miles de litros de agua y de pesticidas—, uva para el vino, caña para el azúcar. Y todos éstos no son alimentos, son mercancías para hacer negocio. Y el negocio se hace sobre territorios invadidos, ocupados, obtenidos con fraudes, con corrupción. Y estos territorios campesinos e indígenas los ocupan, pues es negocio, porque no están pagando lo que realmente cuestan. No están gastando como empresa, como corporación, o invirtiendo todo lo que realmente cuestan. Ni piensan reponer toda la destrucción. Un solo producto queda en un territorio que antes era biodiverso o megadiverso. Es un ataque directo a los territorios, a su suelo, a la vida y a las semillas.
En esos territorios donde podremos pensar (ahora de manera urbana y desconectada con la vida) que sólo era un bosque o un panorama que se puede ver y oler, o caminar, también las comunidades se alimentan, y los animales.
Pero aunque desde fuera puede sonar idílica la recolección de alimentos, todavía existe en mi pueblo que es un pueblo más o menos grande. Por lo menos se comen veinte alimentos de recolección que son muy tradicionales y de temporada. Entonces si no hay monte, si no hay bosque, no hay estos alimentos. Y ésas también son semillas. También defendemos las semillas que están en el monte, en los territorios que se preservan y se habitan. Son territorios habitados por todas las personas que los caminan y los disfrutan y quizás no se cultivan pero siempre hay la manita que lleva una plantita de aquí para allá. Y llevas una orquídea de un lugar a otro, un bonete, una parota, guanacaste. Esas semillas también estamos defendiendo, y esas semillas son nutrición, son salud, sin agroquímicos, sin pesticidas y sin destrucción ambiental. Y la agroindustria que son las corporaciones y los gobiernos están devastando los territorios, los contaminan, los desertifican y afectan a todas las campesinas y los campesinos que sembramos de temporal y que ya las lluvias no están llegando cuando tienen que llegar y también se están perdiendo semillas cuando no puedes tener una cosecha de ellas. Evangelina Robles, Colectivo por la Autonomía, México
Queremos entrar a un diálogo que permita dar a este encuentro la finalidad que tiene, que no es lo que se pide normalmente a un tribunal —producir un juicio— sino entrar en la lógica de escuchar ante todo a los que se sienten y son representantes de los derechos y que son los verdaderos protagonistas —o deberían ser los protagonistas— de un tribunal.
Frente a lo que ustedes han dicho, que hemos escuchado —en lo que se considera el cuadro general—, las comunidades rurales al final, en el mundo, son consideradas más como las acusadas de algo y por eso son excluidas de algunos de sus derechos.
Por eso el Tribunal Permanente de los Pueblos se estableció con la idea fundamental de que las víctimas son los protagonistas de los tribunales.
La primera contribución es hacer memoria de cuáles son las ideas de fondo del Tribunal que también se encuentra ante un desafío particular en esta sesión de los Pueblos de las Semillas.
[...] Del Tribunal, de hecho muchas veces se dice que es un tribunal de opinión como si fuera algo que “en la ausencia de un tribunal formal y de la Corte Penal Internacional que no tiene poderes se hace un tribunal que es un poco el sustituto de todo eso”.
Y el Tribunal nace para ser, ante todos, una tribuna de visibilidad y de toma de palabra. Se decía que el derecho que falta más en la historia es el derecho de llamar con sus nombres las cosas que ocurren.
El Tribunal de los Pueblos dice: “mira, hay una estructura del derecho de los Estados que es defender, ante todo, a los poderes”. Pero las víctimas tienen el poder moral —cualquiera que sea— de defenderse, de hacer ver que tienen un otro derecho que está bien.
¿Qué significa “de los pueblos”?, ¿qué es “en favor de los pueblos”? Es un tribunal que los pueblos establecen para justificar algo que le está ocurriendo a la vida de los pueblos. No es el Tribunal que sustituye algo del derecho existente. Propone que el derecho debería transformarse progresivamente en algo que acompañe la historia de los pueblos para garantizar a los pueblos la visibilidad, la toma de palabra y efectivamente el derecho de un futuro.
El Tribunal pretende llamarse “Permanente” no por darse importancia. Al revés. Para dar la idea de que el derecho es una variable dependiente de la historia. No hay un derecho que pueda juzgar la historia. Cada vez que la historia se desarrolla, hay nuevos chantajes al derecho. El “Permanente” significa que es un Tribunal que no tiene una mirada hacia el pasado, a las reglas existentes, que tiene que ser permanentemente atento a lo que puede ser en el futuro. Y a los nuevos pueblos.
¿Quién define qué es un pueblo cuando no se le da la característica típica del derecho, que es la característica del poder?
Evidentemente si el TPP dice que los pueblos son los jueces de lo que pasa en la historia, hay que reconocer que la historia se desencuentra todo el tiempo con imperios que se apropian de la historia de los pueblos. El hecho es que vivimos desde decenas de años como si fuera normal que en el mundo existen naciones que son más naciones que las otras y pueblos que son menos pueblos que los otros. Esto significa que se ha aceptado el chantaje de la novela 1984 que dice: “va el mundo adonde los nombres de las cosas son decididos por los que dominan efectivamente el mundo”...
[...] Al tiempo de la fundación del Tribunal, las multinacionales ni existían, eran pocos grupos. No tenían nada que ver con el poder financiero de ahora. Ni existía una categoría que ahora se utiliza de una manera fantástica para definir a los pueblos que no aceptan las reglas, por eso los llaman terroristas, que no son ni apenas un pueblo. Se aplica “terroristas” a Hamas o a los Tamiles, o los de Rojava. Desaparecen como sujetos de la historia. No son más sujetos, son terroristas. Son los enemigos. De manera que hoy la situación de un pueblo puede imponerse de manera violenta. Si alguien tiene poder, aplica sanciones, y de hecho con eso cancela el derecho del pueblo a determinarse.
En el derecho internacional clásico —como en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas—, el derecho a la autodeterminación, que tenía que ver con una confrontación con el colonialismo, era un concepto absolutamente necesario. Ahora la autodeterminación se enfrenta a algo que en los libros académicos ya es normal, está normalizado. Todos hablamos del neocolonialismo, de todas sus formas. Pero éste no es menos importante o menos trágico que el antiguo colonialismo. El colonialismo financiero económico tiene las mismas características, mucho más sofisticadas, mucho más penetrantes con la única excepción, algunas veces, que no mata explícitamente a la gente.
[...] Evidentemente la historia puede cancelar lo que ocurre a los pueblos llamando lo que ocurre a los pueblos con otro nombre, de manera que en la sensibilidad de los juristas todo eso no pueda ser recordado como derecho.
Me parece interesante tomar el desafío de aceptar y asumir conjuntamente la responsabilidad de armar una sesión del Tribunal. Pero al final ¿cuál es la pregunta que hace este pueblo a un derecho que desde del punto de vista formal no considera que el pueblo que hace la pregunta sea un sujeto de derecho?
Nos parece sugerente hacer evocación de toda la historia. Las semillas han sido una de las expresiones del nacimiento progresivo de los pueblos en todos los milenios. Evidentemente el sembrar es lo que garantizaba o garantiza el futuro. Y que la semillas expresaban con su evolución también la evolución de todo. Es decir, el análisis antropológico e histórico de la identidad inviolable de ser pueblos es que crean su futuro durante milenios, que resisten, que se oponen. Es algo que es evidente si vemos la historia como el lugar donde los humanos buscan su futuro según los términos que aún después de la Segunda Guerra Mundial habían sido reconocidos como tan importante de ser declarados inviolables.
[...] La estructura de la política ahora ha dispuesto que toda la alimentación sea progresivamente transformada en un capítulo de la economía, donde todo lo que tiene que ver con la alimentación sea separado de los poderes de las vidas reales de las personas para ser efectivamente parte del mercado.
El mercado es lo que determina quienes son los que tienen los derechos. Los derechos son los derechos de las cosas que se pueden comprar y vender. Una vez que algo se puede comprar y vender ya no es un bien originalmente común, que pertenezca a la comunidad que lo produce, lo utiliza, y hace de eso una vida... sino algo que se puede poner y mantener en el mercado.
Por eso ahora se habla de la Naturaleza como biodiversidad. Es normal que la naturaleza sea biodiversa. El problema es que si uno aplica el “bio” a los humanos, todo cambia. Es decir, el derecho de diversidad no se considera un derecho humano. El diverso es el nombre más cercano al de enemigo y terrorista. Los enemigos y los terroristas, no necesariamente uno los mata así, nomás. No, se les elimina tranquilamente, después del contrato. Sencillamente modificando otras cuestiones. Nadie se pone a decir: “yo estoy en contra del valor tradicional de las semillas”.
La historia de los pueblos es la historia de sus semillas. Las tantas semillas. Y en manera particular las semillas de algunos lugares. Las cosas que han dicho son esenciales. Por eso la narración y llamar con nombre lo que está pasando es importante, por el hecho de que es muy raro. Es importante que propongan evidencias de que la biodiversidad es algo que incluye la diversidad de los humanos, que viven en interacción con la diversidad. Por el hecho de que la diversidad en sí misma es algo que existe. El problema es cuando la diversidad coincide con el derecho de las personas a vivir de la biodiversidad y no solamente empoderarse económicamente, sino hacer coincidir la biodiversidad de la vida con sus modelos culturales, con su herencia, con todo.
[...] Yo no soy jurista, a no ser que sea un derecho propositivo. Lo que falta al derecho es ser un derecho que mira hacia el futuro a partir de un análisis concreto del presente, que es el juicio más importante que ha que hacer.
El hecho es hacer una narración de lo que pasa a los pueblos concretos a partir de su historia y que incluya lo que falta hoy en un mundo y que está cancelando a los humanos en todos lados. Es importante ahí decir las poblaciones indígenas, o mejor los pueblos de las semillas, y aquí hay un desafío grande que no discutimos ahora pero que es el centro de este encuentro.
Uno de los temas importantes puede ser el hacer de estos pueblos de las semillas efectivamente un término transversal que no respeta las fronteras y que dice que el pueblo de las semillas, los pueblos de las semillas, tienen problemas diversos pero coincidentes, complementarios en África, en Asia, en América Latina. Si no, los pueblos de las semillas se encuentran fragmentados a confrontarse con tantos gobiernos y con tantas cosas. Es importante crear un pueblo con todas las características de un pueblo, de personas que viven, que tienen sus derechos. Hemos hecho algo que es un poco parecido con los pequeños pueblos de pescadores de todos los continentes.
Lo que falta en el mundo es el derecho a la diversidad como algo muy positivo, concreto, imprescindible para la civilización. De manera que los pueblos que representan esta diversidad sean imprescindibles. Que la diversidad es algo imprescindible y viene de los humanos que la representan y de sus historias. Para garantizar el derecho de esos pueblos es importante un Tribunal que sea una tribuna de visibilidad, de invocación y que sea independiente y complementaria con un otro término que, paradójicamente, se está desarrollando: los derechos de la Naturaleza. Gianni Tognoni, Secretario del Tribunal Permanente de los Pueblos.
Yo veo acá palabras claves, desaparición, exclusión, invisibilidad. Nos están afantasmando por decirlo de alguna manera. Éste es un mundo en donde como decía Gianni, el diverso hoy es un terrorista que eliminar, de tal manera que ese diverso que debe ser desaparecido, ese extraño, ese no-pueblo, constituye por oposición un pueblo único, y es el pueblo de los consumidores. Y todo lo demás son expulsiones. El mundo, y este fenómeno que vamos a discutir acá en estos días es un mundo de expulsados, y esas expulsiones, como decía Saskia Sassen, que vivió muchos años en Buenos Aires, esas expulsiones hacen del mundo un lugar más chico. Más manejable. Con métricas más familiares. Porque expulsan a millones de personas que ya no cuentan nada. Entonces el mundo se convierte en un lugar más chico, más manejable, más reportable, pero absolutamente falso. Un mundo no genuino, un mundo que no reconoce la individualidad. Y esta palabra, este concepto, para Chile, para la Argentina, para Uruguay, para Brasil, y qué hablar en Centroamérica, este concepto de desaparición fue mutando. Yo tengo malas noticias en todo esto. Viniendo de la Argentina, les puedo asegurar que no se van a detener. Nadie va a detener esto si no somos nosotros quienes luchamos por esto. Acá se emplea la fuerza física. Camila comentaba que el año pasado murieron 600 personas que no murieron: fueron desaparecidas, fueron asesinadas. En la dictadura militar argentina desaparecieron más de 200 trabajadores del instituto nacional de tecnología agropecuaria. Nos han secuestrado el lenguaje, nos han secuestrado a las personas. Entonces de esto vamos a hablar en estas sesiones para tratar de encontrar mecanismos comunes que ya los estamos adelantando a cada una de las realidades de cada una de las personas. Pero este concepto de crear un pueblo único, un pueblo elegido, ese pueblo único y ese pueblo elegido que es el pueblo de los consumidores, nosotros tenemos que oponernos a esto.
Y tenemos que hacerlo en forma articulada. Vamos a tratar en estas sesiones de encontrar estos cuatro o cinco mecanismos que yo veo por ahora, pero tengo que terminar de confirmarlos como un denominador común a lo que incluso un sociólogo argentino llamó, con muy buen criterio, una práctica social genocida. A veces el genocidio, cuando uno habla de genocidio, piensa fácilmente en la Segunda Guerra Mundial, del 39 al 45, y en hornos y en ese tipo de genocidios y otros genocidios que fueron evidentemente muy dramáticos y muy manifiestos. Carnicerías. Pero Daniel Feierstein, que es un sociólogo argentino, introduce un concepto que me parece que también es importante razonar y pensarlo acá, que es el de la práctica social genocida y que no involucra traslados masivos o desapariciones forzadas ni hornos sino que involucra la desaparición cotidiana, el afantasmar a la gente. El no darle voz. El desaparecerlos económicamente, el desaparecerlos culturalmente y el sacarles lo único que nos queda que es la palabra. Nos queda la palabra y resignificamos los conceptos. Yo escuchaba hoy la cantidad de cosas que estamos resignificando.
Entonces hoy la política dejó de llamarse política y se llama gestión. Hoy el rendimiento es una valoración moral. Y esto, señores, no es una discusión económica, ni científica. Esto es una discusión moral y política. Y hay que darla. Y por eso estoy tan ansioso, tan deseoso y tan agradecido de poder escuchar en estas sesiones que vienen lo que cada una de las individualidades tiene para decir, para constituir este todo. Así que me parece que tenemos un camino por delante muy prometedor y creo que la única mala noticia que tengo es que nos vamos a seguir viendo. Así que bueno, espero que esto se constituya progresivamente en un intercambio más fluido, más de hermanos que de amigos, y poder conversar de esto con todos ustedes. Alejandro Macchia, Tribunal Permanente de los Pueblos.
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