Por qué los movimientos por la justicia ambiental deben combatir el militarismo y el imperialismo

Idioma Español
País Asia

Ante la creciente escalada de violencia en toda Asia Occidental, desde el genocidio en curso que padece el pueblo palestino hasta los ataques contra Irán, los movimientos por justicia ambiental de toda la región de Asia-Pacífico nos hemos unido para reafirmar una verdad que ha guiado nuestras luchas desde hace mucho tiempo: la justicia ambiental no puede separarse de cuestiones como la guerra, el militarismo, la soberanía y la liberación.

Diversos movimientos han venido señalando hace muchos años los vínculos entre la destrucción ecológica, el extractivismo, el colonialismo y la explotación económica. Sin embargo, la escala de la violencia que se está viviendo hoy en día exige nuevas claridades y una acción colectiva renovada. La destrucción de vidas, comunidades y ecosistemas en toda la región no es un fenómeno aislado. Forma parte de los mismos sistemas de poder que impulsan el colapso climático, la extracción de recursos, el despojo de tierras y la desigualdad.

En respuesta a estos acontecimientos, Amigos de la Tierra Internacional y los movimientos aliados emitieron una declaración conjunta en la que condenan el militarismo, la agresión imperialista y la devastación continua a la que se está sometiendo a los pueblos y el planeta. Para muchas y muchos integrantes de nuestra federación, esto marcó un hito importante de unidad política: el compromiso compartido de alzar la voz juntas y juntos contra las crisis interrelacionadas que amenazan a las comunidades de todo el Sur Global.

Para profundizar en estas conversaciones, Amigos de la Tierra Asia-Pacífico organizó un seminario virtual en el que se dieron cita líderes y lideresas del movimiento y defensoras y defensores de la justicia ambiental de toda la región. El debate giró en torno a cómo la guerra, el militarismo, la destrucción ecológica y la dominación económica están profundamente entrelazados, y por qué la construcción de un futuro justo y sustentable nos exige enfrentar todos estos procesos de forma conjunta.

El imperialismo no es historia pasada

Para sentar las bases del debate, Meena Raman, de Sahabat Alam Malaysia/AT Malasia, rastreó las raíces de las crisis actuales hasta las resistentes estructuras del imperialismo que siguen moldeando las realidades políticas, económicas y ecológicas en todo el Sur Global.

Aunque muchos países conquistaron formalmente la independencia política hace décadas, Meena argumentó que los sistemas de dominación económica persisten firmemente arraigados mediante las instituciones financieras internacionales, los acuerdos comerciales inequitativos, las sanciones y la presión geopolítica. Destacó cómo la soberanía sigue siendo socavada a través de la coacción económica, los cambios de régimen impuestos y las políticas que restringen la capacidad de los países para determinar sus propias vías de desarrollo.

Las consecuencias se manifiestan más allá del ámbito económico. Las culturas, los sistemas de conocimiento y las soluciones locales quedan sistemáticamente marginados en favor de modelos de desarrollo impuestos desde el exterior. Al mismo tiempo, los costos ambientales de estos sistemas recaen desproporcionalmente sobre las comunidades del Sur Global, que siguen sufriendo los impactos más severos de una crisis climática a cuya generación casi no han contribuido.

“Esta es la realidad que se vive bajo el imperialismo. No es historia del pasado: está aquí, ahora”.

Su intervención concluyó con un llamamiento a los movimientos para que refuercen la solidaridad entre las distintas luchas, se opongan al militarismo y defiendan el derecho de los pueblos a decidir su propio futuro.

Palestina: justicia ambiental bajo la ocupación

Partiendo de estas reflexiones, la conversación se centró en Palestina, donde las intersecciones entre el militarismo, la destrucción ambiental y la dominación colonial son claramente visibles. Rasha Abu Dayyeh, de Amigos de la Tierra Asia-Pacífico, resaltó cómo las comunidades de todas las regiones representadas en el seminario virtual enfrentan desafíos comunes —entre ellos, la extracción de recursos, el desplazamiento, la militarización y el acceso desigual a los recursos—, pero destacó que Palestina representa una de las manifestaciones más agudas de estas dinámicas.

La destrucción de infraestructuras, la contaminación de la tierra y el agua, el desplazamiento de comunidades y las condiciones de asedio constante demuestran cómo el daño ambiental va de la mano de sistemas más amplios de violencia y control. Sin embargo, las comunidades palestinas siguen resistiendo a pesar de estas realidades, organizándose, documentando los daños ambientales, defendiendo sus territorios y luchando por la justicia. Rasha subrayó:

“La justicia ambiental en Palestina no puede separarse de cuestiones como la soberanía, la dignidad, la supervivencia y la liberación colectiva”.

El debate puso de relieve que la recuperación ecológica requiere no solo reconstrucción, sino también rendición de cuentas, justicia y protección de la vida civil.

Cuando la guerra llega a la vida cotidiana

Vijayan MJ, de Amigos de la Tierra India, llevó el debate a un plano más cercano a la vida diaria de los hogares al analizar cómo los conflictos geopolíticos afectan directamente a las comunidades de todo el Sur Global. Tomando como ejemplo la reciente escalada de las tensiones con Irán y los trastornos en el estrecho de Ormuz, demostró cómo la política energética mundial condiciona la realidad cotidiana del común de la gente. Señaló que, con frecuencia, se espera que los países del Sur Global cumplan con regímenes de sanciones y agendas geopolíticas decididas en otros lugares, a pesar de ser ellos quienes padecen las consecuencias económicas.

En el caso del sur de Asia, argumentó, los acontecimientos en Palestina, Irán y Asia Occidental no pueden entenderse como asuntos externos distantes. Las repercusiones de la guerra se dejan sentir, en última instancia, a través del aumento de los precios del combustible, la inflación, las presiones de la deuda y el aumento del costo de la vida. Cuando las cadenas de suministro pierden estabilidad y los precios de la energía suben, son las y los trabajadores, las y los agricultores, las y los pescadores, las y los migrantes y las pequeñas empresas quienes primero absorben los costos.

“Por eso, la cuestión de Palestina, Irán y Asia Occidental no son asuntos de ‘política exterior’ para Asia Meridional. Tiene que ver con nuestra comida, el combustible, la deuda, el trabajo, el clima y nuestra supervivencia”.

En su intervención destacó cómo el militarismo y los conflictos geopolíticos son inseparables de las dificultades económicas cotidianas a las que se enfrentan las comunidades de toda la región.

La justicia ambiental exige una redistribución del poder

Hablando de los caminos a seguir, Wahyu Eka Setyawan, de WALHI/Amigos de la Tierra Indonesia, desafió a las y los participantes a imaginar soluciones que no se basaran en la extracción y el lucro, sino en la justicia ambiental y el control comunitario. Destacó la necesidad de contar con sistemas energéticos totalmente renovables y controlados por las comunidades, sistemas alimentarios basados en la soberanía y la agroecología, y una mayor protección de los derechos y territorios de los Pueblos Indígenas.

Wahyu resaltó ejemplos existentes que demuestran la viabilidad de estas alternativas. Más de 1,1 millones de hectáreas de tierra en toda Indonesia están gestionadas actualmente por comunidades a través del marco de gobernanza comunitaria de WALHI, que sostiene a más de 161 000 hogares mediante la gestión colectiva, la protección de los derechos sobre la tierra y los conocimientos ecológicos indígenas.

Estas iniciativas ofrecen una visión de cómo podría ser un futuro diferente, construido en función de las personas y los pueblos y no del lucro. Pero hacer ese futuro realidad requiere algo más que un cambio tecnológico; exige una redistribución fundamental del poder y proteger a las y los defensores del medioambiente, que siguen enfrentando criminalización, violencia e intimidación.

“La justicia ambiental no es solo proteger la naturaleza. Es proteger a las personas y los pueblos, garantizar sus derechos y asegurar un futuro vivible para las próximas generaciones”.

Su intervención sirvió de recordatorio de que ya existen soluciones climáticas genuinas dentro de las comunidades y movimientos de toda la región.

Una perspectiva feminista de la guerra y el imperialismo

Al cierre de la conversación, Sam Castro, de Amigos de la Tierra Australia, invitó a las y los participantes a analizar el militarismo y el genocidio desde una perspectiva feminista.

Sostuvo que los sistemas que generan la violencia contra las comunidades y los ecosistemas son espejo de las dinámicas de la violencia de género: dominación, coacción, control, manipulación psicológica e impunidad. Estableciendo paralelismos entre el maltrato interpersonal y la violencia de Estado, Sam animó a las y los participantes a reconocer cómo opera el poder patriarcal a múltiples niveles, desde las relaciones personales hasta los sistemas imperiales globales.

Al referirse al uso de la violencia de género y sexual en los conflictos, junto con patrones más amplios de militarización y control, hizo hincapié en que los movimientos por la justicia ambiental tienen que entender la destrucción ecológica no solo como un asunto ambiental, sino también como una manifestación de la opresión y de la violencia patriarcal.

“Toda guerra es patriarcado en acción, y el genocidio es la manifestación más extrema de la violencia y el abuso patriarcal”.

En su ponencia abogó por caminos feministas que sitúen el cuidado, la liberación, la rendición de cuentas y la resistencia colectiva como componentes esenciales de la justicia ambiental.

Construir movimientos más allá del silencio

Un mensaje común emergió de este seminario virtual a lo largo de su transcurso: no se puede lograr justicia ambiental mientras los sistemas del militarismo, el colonialismo y la dominación imperialista permanezcan intactos.

Ya sea a través de la devastación ecológica provocada por la guerra, la criminalización de las y los defensores del medioambiente, la coacción económica o el desplazamiento de comunidades, estos sistemas están profundamente interconectados y se refuerzan mutuamente. Las y los ponentes nos recordaron que la justicia ambiental no se reduce únicamente a las emisiones, las tecnologías o la conservación. Es un asunto de poder. Se trata de quién controla la tierra, la energía, los alimentos, el conocimiento y el futuro.

En un momento en que la violencia sigue intensificándose a lo largo y ancho de la región, el silencio no es una opción.

La tarea que tienen ante sí nuestros movimientos no es solamente oponer resistencia a la destrucción ambiental, sino también cuestionar las estructuras que la generan. Desde Palestina hasta Indonesia, desde la India hasta Malasia, desde las comunidades de base hasta las redes internacionales de solidaridad, la consigna es la misma: oponernos al militarismo, defender la soberanía, proteger a las personas, los pueblos y el planeta, y construir un futuro basado en la justicia.

Puedes ver todo el seminario virtual   aquí.

Fuente: Radio Mundo Real

Temas: Crisis capitalista / Alternativas de los pueblos, Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades, Geopolítica y militarismo

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