Sin vacunas, sin asistencia médica, sin protección: así crecen los niños y niñas en zonas de conflicto
Atendemos a diario a niños y niñas que no solo sufren la violencia directa de guerras y conflictos, sino también las consecuencias invisibles de un sistema sanitario colapsado, donde enfermedades prevenibles y la desnutrición ponen en riesgo sus vidas.
Nuestro compañero Pablo Álvarez, pediatra de emergencias, acaba de llegar de Sudán, un país devastado por el conflicto y sumido en una crisis humanitaria sin precedentes. Allí, cada día, ha atendido a niños, niñas y adolescentes en una de las etapas más importantes de su vida: la del crecimiento.
Esta etapa es también el momento en que los menores deben recibir sus vacunas, fundamentales para el sistema inmunológico, prevenir enfermedades graves y evitar epidemias que, en contextos frágiles, pueden tener consecuencias devastadoras.
Porque, si la pediatría es esencial para cualquier niño o niña, en conflictos como el de Sudán lo es aún más. Y es que en un país en guerra trabajamos con grandes necesidades médicas, con programas de vacunación interrumpidos y junto a familias que viven rodeadas de miedo e incertidumbre. En contextos así, asegurar la salud de la infancia es una responsabilidad urgente: porque cuidar a quienes están empezando a vivir también es una forma de proteger su futuro.
“Imagínate ser niño o niña y crecer en medio de una violencia constante. Demasiado duro y cruel, ¿no crees?”, subraya Álvarez antes de relatar la historia de Munasa, una niña de 3 años que llegó hace unas semanas al Hospital Universitario de Zalengei con una herida de bala en la espalda.
El bebé de Matara fue diagnosticado de sarampión y sufre desnutrición grave: una combinación mortal en zonas de guerra. Diciembre de 2025. © Natalia Romero Peñuela/MSF
“Recibió el disparo mientras jugaba frente a la puerta de su casa. Cuando sus abuelos la trajeron, tras cinco horas de viaje, la niña aún seguía asustada. El proyectil le había perforado el intestino, pero afortunadamente pudimos operarla a tiempo, evolucionó favorablemente en la UCI y hace unos días se fue a casa totalmente recuperada”, recuerda.
Sin embargo, aunque pueda parecer que las heridas causadas por balas o explosiones son la principal amenaza para la salud de niños y adolescentes en un conflicto, la realidad es otra. Cuando la guerra arrasa hospitales, escuelas y barrios enteros, rompiendo el tejido social y sanitario que sostiene la vida cotidiana, la infancia queda totalmente desprotegida. Los más pequeños y pequeñas se convierten en víctimas silenciosas de esa destrucción.
La comida se convierte en un arma de guerra y aparece la desnutrición. Los niños y niñas crecen rodeados de una violencia constante, lo que les causa heridas invisibles que dejarán huella en su salud mental. Las campañas de vacunación se detienen y reaparecen enfermedades que sabemos prevenir, como el sarampión o el cólera. Es entonces cuando nuestro trabajo se vuelve más necesario que nunca.
En Sudán, por ejemplo, hemos llevado a cabo una campaña urgente de vacunación en el Hospital de El Geneina en colaboración con el Ministerio de Salud. Allí, en tan solo 6 días del pasado mes de enero, vacunamos contra el sarampión a 174.000 niños y niñas de entre 9 meses y 15 años en casi 250 puntos de vacunación.
Sayma, una niña de 8 años, acudió a un punto de vacunación en Alsafa, en El Geneina, después de ver a su familia y vecinos participar en la campaña. Sudán, enero de 2026. © Cindy Gonzalez/MSF
Las heridas invisibles de los conflictos
En nuestros proyectos en zonas de conflicto también es esencial la atención psicológica y el uso del juego como terapia. En Zalingei hemos creado un espacio seguro para paliar los devastadores efectos de la violencia en la salud mental de los más pequeños. Además, desde que llegamos a este hospital hace dos años, hemos restablecido áreas tan importantes como las de urgencias, neonatología, pediatría, desnutrición y epidemias.
Acciones como estas, que permiten aliviar el sufrimiento a miles de niños y niñas, no serían posibles sin el esfuerzo de las personas que nos apoyan y colaboran con nosotros: gracias a ellas, muchos menores que viven en países afectados por conflictos armados pueden recibir atención médica gratuita y de calidad.
Con cada persona a nuestro lado, atendemos enfermedades, vacunamos a niños y niñas que nunca han recibido una sola dosis y tratamos la desnutrición y los problemas de salud mental derivados del conflicto. Juntos podemos darles un poco de seguridad y esperanza de vida en medio de tanta violencia.
Fuente: Médicos Sin Fronteras
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