Sobrevivientes de la masacre de Panzós denuncian que siguen siendo víctimas de violencia y desalojos

Idioma Español
País Guatemala
Créditos: Juan Bautista XoL

“No estamos reunidos acá para celebrar una fiesta, estamos recordando un momento sangriento y doloroso, esta historia de Panzós nunca se borrará”, expresaron los sobrevivientes de la masacre en Panzós, Alta Verapaz. Hace 48 años, el 29 de mayo de 1978, el ejército disparó contra pobladores Q’eqchi’ que ese día protestaban en la plaza del pueblo. Al menos 53 personas murieron en ese hecho, aunque algunos testimonios de sobrevivientes indican que fueron cientos.

El 28 de mayo, reunidos en una casa remodelada con block, ubicada cerca del cementerio general de Panzós, Alta Verapaz, las y los sobrevivientes de la masacre señalaron que estaban recordando el día en que sus padres y abuelos fueron masacrados por el ejército de Guatemala cuando buscaban acceso a las tierras para poder cultivar.

A las nueve de la noche prepararon el altar ceremonial, a medianoche prendieron el fuego de la ceremonia donde entregaron sus ofrendas al Ajaw; las abuelas y abuelos bailaron al son de la marimba alrededor del altar, fumaron puro y compartieron b’oj como hacían sus padres, abuelos y demás seres queridos que fueron masacrados.

Foto: Juan Bautista Xol

El temor de aquella masacre aún persiste en algunos de los sobrevivientes. Don Mateo como se identificó llevó una fotografía de su padre a la ceremonia, y dijo a Prensa Comunitaria que no quería que se le tomara fotografía porque aun siente que lo persiguen y siente que algún día lo asesinarían como lo hicieron con su padre, aunque solo es un presentimiento de él, según dijo una de sus hijas.

Foto: Juan Bautista Xol

¿Qué pasó en 1978?

Hace 48 años, el 29 de mayo de 1978, el ejército disparó contra pobladores Q’eqchi’ que ese día protestaban en la plaza del pueblo.

Al menos 53 personas murieron en ese hecho, que terminó con la lucha de las y los campesinos, aunque algunos testimonios de sobrevivientes indican que fueron cientos. 

“Eran alrededor de las nueve de la mañana del 29 de mayo de 1978, cuando cientos de mujeres y campesinos se concentraron en la plaza de Panzós, ubicado en Alta Verapaz, para demandar al alcalde municipal, Walter Overdick García el acceso a sus tierras que estaban en manos de terratenientes, señalan los sobrevivientes”, indica una nota de Prensa Comunitaria.

Según lo publicado por la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), también había soldados en el techo del edificio de la municipalidad, en el techo de la Iglesia y sobre el salón municipal.

Don Mateo manifestó que cada vez que llega este día, su corazón se entristece porque a los 13 años presenció la muerte de su padre y la única imagen que pudo rescatar de él para recordarlo es la que fotografía que presentó en la noche del 28 de mayo.

“Me duele recordar este momento, en la tierra se derramó mucha sangre, la sangre de mi padre don José, además tengo miedo, el miedo que entró en mi desde ese momento”, comentó don Mateo un señor de edad avanzada.

A las 10 de la noche, los sobrevivientes, familiares, hijos y nietos finalmente se reunieron y entre alegría y tristeza de poder reencontrarse nuevamente se dieron la “Paz de alegría” como lo llaman, un saludo para dar la bienvenida espiritualmente de sus seres queridos en medio del altar ceremonial.

Foto: Juan Bautista Xol

Ángela Caal, una mujer Q’eqchi’ que acompaña a las y los sobrevivientes desde hace varios años, lamentó que la nieta de Adelina Maquín (Mamá Maquín), no asistiera a la conmemoración de la masacre debido a que su estado de salud es delicado.

Adelina Caal Maquín, conocida como Mamá Maquín por su liderazgo en defensa de la tierra del pueblo Q’eqchi’ también murió en manos de soldados que eran dirigidos por el militar y presidente, Kjell Eugenio Laugerud García.

En una entrevista con Prensa Comunitaria, María Maquín la nieta de mamá Maquín, informó que en la conmemoración de los 48 años de la masacre no iba a estar presente debido  a  su estado de salud, sin embargo, desde su casa pidió justicia y respeto hacia los derechos de los pueblos indígenas.

El 29 de mayo, los sobrevivientes, familiares, juventudes, mujeres organizadas, defensoras y defensores de derechos humanos y organizaciones civiles se reunieron en el Barrio La Soledad de Panzós, lugar donde partieron los masacrados cuando fueron a pedir a la municipalidad el acceso para cultivar en las tierras.

Desde ese punto los sobrevivientes se organizan para recorrer unos dos kilómetros hasta llegar al parque central donde según los abuelos “derramaron su sangre sus seres queridos”.

Foto: Juan Bautista Xol

Este 29 de mayo, las consignas, porras, manteles y carteles no faltaron. Los jóvenes gritaban: “¡la sangre no se olvida!”, mientras avanzaba la caminata.

Al llegar al parque central, varios comunitarios dijeron que durante estos 48 años siguen siendo víctimas de violencia, criminalización, desalojos y hasta con órdenes de captura por seguir exigiendo justicia por lo ocurrido el 29 de mayo de 1978.

Al finalizar los sobrevivientes agradecieron nuevamente el reencuentro en este 2026 y pidieron que, si algún día no están presentes, es necesario que sus hijos, nietos, y juventudes sigan recordando y exigiendo justicia.

Fuente:  prensacomunitaria.org

Temas: Criminalización de la protesta social / Derechos humanos, Defensa de los derechos de los pueblos y comunidades, Defensa del Territorio

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